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♦ Historia Random 3 ♦

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♦ Historia Random 3 ♦ - Literatura

-911, ¿en qué puedo ayudarle?

-¿A mí? Oh, querida, yo estoy bien. Pero creo que deberían venir por estos niños.

-¿Podría ser más específico, señor?

-¡Claro que sí! Soy un buen ciudadano y eso es lo que hacen los buenos ciudadanos, apoyan a la policía.

-¿Me podría dar su localización?

-Señorita, no nací ayer. Sé que ustedes pueden rastrear mi domicilio.

-¿Cuál es su nombre?

-¿Importa? Darle mi nombre sería un error. Gran, gran error. Podría inventar uno, pero detesto las mentiras.

-Señor, no está cooperando…

-Es una lástima.

-Si esto es una broma, tenga en cuenta las consecuencias. Es un delito federal.

-No, no, no, no. No, claro que no. No me cree, usted no me cree. Le daré una prueba de que esto es real.

-¿Qué fue eso? ¿Acaba de ejecutar un disparo?

-Así es. Tuve que matar a un niño para que me creyera. Significa que esto es culpa suya y no mía. ¡Ja!

-Ya he enviado varias patrullas de policía para allá. Por favor permanezca en la línea.

-¿Se sabe un buen chiste? Me gustaría escuchar uno bueno antes de volarme los sesos.

-Resista por favor, llegarán a ayudarle en unos minutos.

-Nadie puede ayudarme.

-¿podría describirme qué ha pasado señor?

-¿Qué ha pasado? Oh, cielos, han pasado muchas cosas. Veamos, hoy fui a sacar la basura, leí el periódico, desayuné pan tostado con mermelada… y fui al parque. Ah, cierto, además rapté a siete niños que estaban jugando en ese parque. También vi un show raro de concursos japoneses.

-¿Por qué lo ha hecho?

-Cariño, si lo supiera, quizá me hubiera detenido. No lo sé, me gustan los niños y quise que vinieran a jugar.

-¿Los niños están bien?

-Acabo de matar a uno por su culpa, y también maté a otro porque no quería jugar.

-¿Habla en serio?

-¡Se lo juro! No quería jugar. Qué niño tan raro, ¿no lo cree?

-No me refería a…..

-¡En fin! Ya escucho la sirena de la policía desde aquí. Será mejor que me despida de mis compañeritos de juego antes de asesinarlos. Seguiremos jugando en el cielo, ¿no lo cree?

-Le ruego que no lo haga señor. Por el amor de Dios, no los mate.

-No hay vuelta atrás, señorita. La vida no perdona. O no, no lo hace. Es cruel. Se llevó a mi pequeño Matías, pero juré que esto no se quedaría así. Esto va por mi hijo, que murió injustamente. Tengo un mensaje que dejar antes de terminar con esto.

-¿Cuál es?

-Dígale a mi esposa que tenía razón: Estoy loco. Chau chau.

Siete disparos terminaron con la llamada. La mujer de la línea nunca olvidará la extraña risa de aquel sujeto y los gritos inconsolables de los niños inocentes.


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Acerca del autor

Felicritor

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