Ciencia

10 Tiburones Extraños De Los Abismos

Con la película hollywoodense “Meg” todavía en cines, es de esperarse que la popular idea de la supervivencia del megalodonte (Carcharocles megalodon) se vuelva todavía más popular. Si no saben de lo que hablo, es básicamente ésto. C. megalodon fue un tiburón colosal de entre 15 y 20 metros, que dominó los océanos del mundo durante el Mioceno y el Plioceno, esto es, hace aproximadamente 23 a 2 millones de años. Aunque no existe absolutamente ninguna evidencia de que haya sobrevivido hasta nuestros días, mucha gente (especialmente en el Internet) parece obsesionada con la idea de que este formidable animal se encuentre todavía escondido por ahí, quizá en lo más profundo de los abismos, y a menudo esgrimiendo el argumento de que solo hemos explorado una pequeña parte del fondo océanico.

Dejando de lado ésta controvertida opinión, es cierto que los abismos son hogar de tiburones extraordinarios, algunos de los cuales han permanecido prácticamente sin cambios desde épocas prehistóricas. Ninguno de ellos se compara en tamaño al C. megalodon, por supuesto, pero ciertamente le superan con mucho en lo que se refiere a lo extraño de su apariencia, y aunque existen en éstos mismos momentos, muchos de ellos son tan misteriosos como el propio megalodonte. Así pues, mi primer artículo- en forma de lista, porque ¿a quién no le gustan las listas?- está dedicado a los 10 tiburones más extraños de los abismos.

10. Bruja (Scymnodon ringens)

Conocido también con el no menos inquietante nombre de “diente de cuchillo”, éste tiburón no suele pasar de 1.10 metros de longitud, pero sus dientes son proporcionalmente inmensos y muy afilados. Se le encuentra en aguas profundas en el Atlántico oriental, desde Escocia hasta el sur de África, y también en el Pacífico sur, en los alrededores de Nueva Zelanda. Es posible que se encuentre en otras regiones también, pero como la mayoría de tiburones abisales es muy difícil de encontrar y se sabe muy poco de él. Lo que si es obvio es que esos dientes enormes no están ahí de adorno; éste es un depredador que probablemente se alimenta de cualquier animal, vivo o muerto, que pueda encontrar y dominar. Y la oscuridad de los abismos no es obstáculo; esos grandes ojos verdes fosforescentes pueden ver en la penumbra al menos dos veces mejor que los gatos.

9. Tiburón duende (Mitskurina owstoni)

Naturalmente, en un océano en que hay tiburones bruja no hay razón para que no haya también tiburones duende. En realidad, el nombre de ésta especie proviene de los tengu, unos seres sobrenaturales del folclor japonés que se distinguen por su enorme nariz; el nombre en japonés de éste animal es tengu zame, que significa “tiburón tengu”, pero pasó a otros idiomas, incluyendo el nuestro, como “tiburón duende”.
Ésta especie antiquísima -que ha cambiado muy poco desde la era de los dinosaurios- tiene un largo hocico lleno de electrorreceptores, es decir, órganos especiales para detectar la electricidad producida por los sistemas nerviosos de otros animales. Incluso en la más absoluta oscuridad, el tiburón duende puede detectar a sus presas- normalmente peces más pequeños, moluscos y crustáceos-, a los que después captura con sus extraordinarias mandíbulas extensibles.
El tiburón duende puede medir hasta cuatro metros, pero la mayoría de especimenes capturados han sido mucho más pequeños.

8. Tiburón de bolsillo (Mollisquama parini)

El tiburón de bolsillo se llama así no porque sea pequeño (que lo es), sino por los dos misteriosos “bolsillos” o sacos que tiene detrás de las aletas pectorales, y que miden aproximadamente un 4% de la longitud total del animal. Éstos bolsillos son sumamente misteriosos; los científicos todavía no saben para qué sirven, aunque suponen que podría tratarse de glándulas de algún fluido luminiscente o feromona para atraer a su pareja en la oscuridad.
No sorprende que sepamos casi nada sobre éste pequeño escualo, ya que hasta la fecha solo se han encontrado dos ejemplares; uno de cuarenta centímetros en 1979, y otro de apenas catorce en 201o. El primer espécimen al parecer no estaba completamente crecido, así que es probable que ésta especie llegue a ser más grande, pero hasta ahora, casi todo sobre él sigue siendo un misterio.

7. Tiburón dormilón (Género Somniosus)

Los tiburones dormilones no son una sola especie, sino un género que incluye al menos siete especies. Al contrario que los anteriores, los tiburones dormilones pueden llegar a ser de gran tamaño. Uno de ellos (específicamente de la especie Somniosus pacificus) causó revuelo en 1989, cuando una cámara submarina lo captó alimentándose de una carnada colocada a gran profundidad cerca de la bahía de Tokio. Una experta en tiburones calculó que el tiburón en el video mediría al menos siete metros, es decir, ¡tan grande como los mayores tiburones blancos registrados!
Éste mismo video a menudo es usado como (falsa) evidencia por los defensores de la idea de que el C. megalodon sigue con vida en las profundidades.
Sin embargo, el más famoso del género Somniosus es sin duda el tiburón de Groenlandia, que se encuentra en las heladas aguas del océano Ártico. Éste tiburón tiene muchas peculiaridades; para empezar, es enorme (también ronda los 7 metros de longitud máxima), sumamente longevo (hasta 500 años según algunos estudios), su carne es tóxica debido a su alto contenido en amoníaco, y aunque normalmente es de movimientos muy lentos, se cree que puede acelerar súbitamente cuando así lo desea, puesto que se han encontrado restos de focas e incluso de un oso polar en el estómago de éstos peces. Más extraño aún; casi todos los tiburones de Groenlandia son ciegos, no por naturaleza, sino porque cierto crustáceo parásito se alimenta de la córnea de su ojo. Por fortuna, un tiburón ciego todavía puede orientarse en la oscuridad gracias a sus otros sentidos, muy desarrollados.

6. Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus)

También llamado tiburón de gorguera, éste es un tiburón sumamente primitivo; tanto, que a primera vista pocas personas le identificarían como tal. Su cuerpo es alargado, y sus mandíbulas se parecen más a las de una serpiente o lagarto extraño que a las de los escualos “clásicos”.
Además, cuenta con seis pares de aperturas branquiales, al contrario que la mayoría de otros tiburones, que solo cuentan con cinco pares.
Con una longitud de hasta dos metros (las hembras normalmente son más grandes que los machos), el tiburón anguila es extremadamente raro de ver, ya que pasa la mayor parte de su tiempo en los abismos. No obstante, por la noche llega a subir a aguas más superficiales para alimentarse, y en ocasiones se desorienta y se encuentra incapaz de volver a las profundidades por el día. Cegado por la luz y agobiado por el calor al que no está acostumbrado, el tiburón anguila suele morir rápidamente fuera de su entorno.
Hay que mencionar que durante el período Cretácico, en plena época de oro de los dinosaurios, existió una versión mucho más grande de éste tiburón, llamado Chlamydoselachus goliath. Los científicos estiman que pudo haber medido alrededor de seis metros de longitud.

5. Tiburón cigarrillo (Isistius brasiliensis)

El tiburón cigarrillo se llama así por su forma de puro y su minúsculo tamaño; de hecho es uno de los tiburones más pequeños, con una longitud de apenas 40 o 50 centímetros. Es notable por tener los dientes más grandes, proporcionalmente, de cualquier tiburón, así como un estilo de vida muy inusual. Escondido en la penumbra del océano, éste tiburoncito acecha a presas mucho más grandes que él mismo, desde peces grandes como el atún o el pez espada, hasta delfines, tiburones (incluyendo al gran tiburón blanco) e incluso ballenas.
Una vez encontrada su presa, ajusta sus mandíbulas a su piel, y por medio de movimientos circulares y vibraciones de las mandíbulas (¡como un cuchillo eléctrico!) arranca un trozo circular de carne que devora a continuación. No es nada inusual encontrar las cicatrices en forma de cráter (de hasta siete centímetros de profundidad) dejadas por éste tiburón en otros animales, e incluso se sabe que llegan a morder el recubrimiento de los cables submarinos de telecomunicaciones. También se tiene constancia de ataques a humanos; en 2009, el nadador profesional Mike Spalding fue atacado por un tiburón cigarrillo que le arrancó un trozo de carne del pecho y otro de una pierna. También se sabe de fotógrafos subacuáticos que han sido mordidos por éste escualo.
Quizá la anécdota más notable sobre ésta especie es que durante los años setentas, varios submarinos nucleares fueron dañados de tal forma por las mordeduras de éstos peces que tuvieron que ser reparados y cubiertos con armadura de fibra de vidrio.
¡Puede que sea pequeño, pero es evidente que el voraz tiburón cigarrillo no le tiene miedo a nada!

4. Tiburón cerdo o cerdo marino (Género Oxynotus)

Muy poco se sabe sobre éstos curiosos tiburones, de aspecto inconfundible. Sus cuerpos rechonchos, con aletas dorsales altas y hocicos romos indican que no son animales muy rápidos, y probablemente nadan despacio cerca del fondo marino en busca de invertebrados y pequeños peces de los qué alimentarse. Al igual que los demás tiburones, carecen de la vejiga natatoria que le sirve a otros peces para regular su flotación; en cambio, utiliza su hígado, rico en aceites, para el mismo fin. Son ovovivíparos, es decir, los huevos eclosionan en el interior del cuerpo de la hembra, que entonces da a luz a las crías ya perfectamente formadas. Normalmente tienen unas siete u ocho crías por “camada”.
Existen varias especies de cerdos marinos, que rondan normalmente entre 1 y 1.5 metros de longitud. A veces se les captura por accidente en redes pesqueras.

3. Tiburón víbora (Trigonognathus kabeyai)

Otro tiburón que probablemente daría bastante más miedo que el gran blanco, si tan solo fuera de tamaño comparable. En realidad, es raro que ésta especie pase de los 50 centímetros de longitud, pero es un depredador formidable por derecho propio. Sus mandíbulas están erizadas de dientes largos y puntiagudos. De día, descansa en las profundidades océanicas, pero de noche sube a aguas más superficiales para capturar peces con esas mandíbulas extensibles, que pueden abrirse enormemente para el tamaño del animal.
Eso sí, durante éstas expediciones de caza el propio tiburón víbora se arriesga a convertirse en presa de peces más grandes. Por ejemplo, se han encontrado especimenes de tiburón víbora en el estómago de grandes atunes.
Se le encuentra principalmente en aguas japonesas, pero también se han capturado algunos cerca de Hawaii. En general, parece estar limitado al océano Pacífico. Al contrario que el tiburón cerdo, es bastante más prolífico; se sabe que puede dar a luz a 20 o 30 crías por vez.

2. Tiburón linterna (Etmopterus virens)

Éste tiburoncito de no más de 30 centímetros es notable por varias razones. Para empezar, es bioluminiscente; posee órganos productores de luz en la parte inferior del cuerpo, los cuales le sirven tanto para disimular su silueta (protegiéndole de potenciales depredadores) como para comunicarse con otros miembros de su especie. Y es que el tiburón linterna parece ser un animal social, que a menudo se encuentra en grupos. Incluso se ha sugerido que varios tiburones linterna llegan a atacar en grupos coordinados a presas más grandes que ellos mismos, usando la bioluminiscencia para mantenerse en contacto unos con otros o quizá incluso para confundir a su víctima. Ésta hipótesis se basa en el el hecho de que a menudo en el estómago de tiburones linterna capturados accidentalmente en redes se han encontrado pedazos de animales mucho más grandes que ellos, a los que no habrían podido dar caza por sí solos.
Aunque los tiburones son famosos por el “frenesí alimenticio” (en el que varios tiburones atacan furiosamente una fuente de alimento, a menudo mordiéndose también entre sí), la habilidad para cazar de forma coordinada a presas mayores es muy rara entre los escualos; el tiburón linterna es por tanto objeto digno de estudio, aunque la profundidad de su hábitat y su pequeño tamaño le vuelven muy difícil de observar.
Eso sí, el tiburón linterna no está exento de ser atacado él mismo; su peor enemigo es probablemente el percebe parásito Anelasma squalicola, un crustáceo que se especializa en incrustarse en la piel de varias especies de tiburones de aguas profundas, extrayéndoles nutrientes directamente del torrente sanguíneo con los filamentos de un órgano especial (llamado pedúnculo) e incluso, eventualmente, atrofiando el desarrollo de su huésped.

  1. Tiburón megaboca (Megachasma pelagios)

El tiburón megaboca (o boquiancho) es considerado uno de los descubrimientos más espectaculares del siglo XX, en lo que a ictiología se refiere. Fue en 1976 cuando uno de éstos escualos de aguas profundas quedó atorado en el ancla de un barco, y posteriormente identificado como una nueva especie, a la que se nombró Megachasma, o “gran boca”, pues ésta puede medir más de 1.30 metros de anchura.
Desde entonces, solo se han encontrado alrededor de cien ejemplares, casi todos capturados accidentalmente en redes, o hallados ya muertos en las playas. Entre los tiburones de gran tamaño, pocos son más misteriosos. Sabemos que llega a medir más de cinco metros y medio, y que se alimenta principalmente de pláncton; sus dientes son minúsculos, y hay manchas de color plateado luminiscente alrededor de la boca, las cuales probablemente le sirven para atraer a sus minúsculas presas a su perdición. También sabemos que sigue los movimientos del plancton desde aguas profundas a aguas superficiales y de regreso, todo muy lentamente (¡a alrededor de dos kilómetros por hora!).
Su aspecto es extraño, con un cuerpo más bien blando y una cabeza enorme y bulbosa, prácticamente sin hocico; en realidad, no se parece a ningún otro tiburón. Por eso, y por el hecho de haber eludido a la ciencia moderna hasta hace relativamente poco tiempo, a pesar de su enorme tamaño, considero que el tiburón megaboca merece el primer puesto en ésta lista.
¡Lo que es yo, considero que el megaboca es igual de interesante, e incluso de impresionante que el legendario C. megalodon!

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Acerca del autor

Eraldo Pendragon

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