Literatura

1938: Recuerdos Del Ebro

«La historia que se narra a continuación, está basada en hechos reales, los cuales ocurrieron en el contexto de la Guerra Civil Española, durante la Batalla del Ebro (25 julio-16 noviembre de 1938).»

La fría noche del‭ ‬nueve‭ ‬de octubre‭ ‬de‭ ‬1938,‭ ‬Ramón Berenguer,‭ ‬un joven artillero de Solsona,‭ ‬y Enrique Márquez,‭ ‬un gaditano que llevaba desde el inicio de la guerra corriendo de frente en frente hasta llegar a Cataluña,‭ ‬se encontraban cerca‭ ‬del municipio de Cervera‭ ‬haciendo una misión de reconocimiento.‭ ‬La ofensiva del Ebro había sido un desastre para los republicanos,‭ ‬y ahora, la resistencia se trataba más de cuestión de fe que de efectivos.‭ ‬Enrique y Ramón caminaban en silencio,‭ ‬pues sabían que las tropas sublevadas se encontraban cerca del lugar.‭ ‬Sobretodo temían encontrarse con los italianos del CTV,‭ ‬o peor aún,‭ ‬con los‭ ‬moros del cuerpo de regulares.‭ ‬Esos malnacidos eran bien conocidos por su crueldad.‭ ‬De todas maneras,‭ ‬ningún fascista les perdonaría su lealtad a la República,‭ ‬así que mejor no toparse con nadie.‭ ‬Enrique se lanzó repentinamente al suelo e hizo una señal a su compañero para que hiciera lo mismo.‭ ‬Arrastrándose llegaron a lo alto de una pequeña elevación y asomaron la cabeza.

-‭ ¿‬Ves lo mismo que yo,‭ ‬amigo‭? ‬-‭ ‬Preguntó Ramón a su compañero en el tono más bajo que su voz pudiera hacerse escuchar.

-Los fascistas están ensanchando sus filas para intentar rodearnos.

-Corramos a avisar a nuestro capitán.

Ramón y Enrique salieron corriendo hacía la línea republicana sin percatarse que muy cerca de ellos se encontraban unos hombres del bando sublevado.‭ ‬Al percatarse comenzó el tiroteo.‭ ‬Ramón,‭ ‬escondido tras el tronco de un árbol disparó‭ ‬su‭ ‬Máuser alcanzando a uno de los soldados fascistas en el pecho.

-‭ ¡‬Sanitario‭! ‬-‭ ‬Gritó el compañero que estaba al lado.-¡Hombre herido!

Aparecieron dos hombres más portando una camilla y una bolsa con una gran cruz roja bordada.‭ ‬No parecían soldados.‭ ‬Uno de ellos hizo un gesto negando con la cabeza.‭ ‬El soldado fascista había sido alcanzado de pleno en el corazón.‭ ‬»Un fascista menos»,‭ ‬pensó Ramón‭; ‬aunque todavía‭ ‬quedaban cuatro,‭ ‬pues los sanitarios parecían no querer participar en el tiroteo.‭ ‬El intercambio de disparos‭ ‬continuaba.‭ ‬Enrique hizo una señal a Ramón‭; ‬debían cambiar rápidamente de posición,‭ ‬pues los fascistas se les estaban acercando.‭ ‬A la de tres salieron corriendo y comenzaron a zigzaguear entre los árboles de la linde del camino.‭ ‬Los soldados del ejército sublevado‭ ‬dispararon.‭ ‬Las balas silbaban entre los árboles,‭ ‬algunas impactando entre sus duras cortezas,‭ ‬otras perdiéndose para suerte de los dos fugitivos.‭ ‬Los dos últimos tiros del soldado Álvaro Manrique,‭ ‬un madrileño estudiante de políticas que se había alistado‭ ‬alentado por los discursos de Falange y por el odio que sentía por los asesinos de José Antonio Primo de Ribera,‭ ‬alcanzaron la espalda de Ramón.‭ ‬Enrique continuó corriendo sabiendo que el duro golpe contra el suelo que había escuchado a sus espaldas era el cuerpo de su amigo muerto.‭ ‬Cien metros más adelante,‭ ‬Enrique notó un fuerte impacto en uno de sus muslos que lo tiró bruscamente al suelo.‭ ‬La caída le provocó una dolorosa fractura en el hombro.‭ ‬Unos‭ ‬segundos después,‭ ‬tres fusiles apuntaban al gaditano,‭ ‬que se revolvía de dolor en el suelo.‭ ‬Ya no importaba.‭ ‬Si no lo mataban las balas lo mataría la pérdida de sangre de la herida en el muslo.‭

-‭ ¿‬Qué hacemos con él,‭ ‬cabo‭?

-Pegadle un tiro y apartarlo a un lado del camino.

Uno de los soldados fascistas cogió a Enrique por los pies y lo arrastró hasta apoyarlo en el tronco de uno de los árboles que quedaban al lado izquierdo del camino.

Ese hombre necesita atención‭ ‬médica.‭ ‬-‭ ‬Dijo de pronto uno de los sanitarios.

-‭ ¿‬Acaso pretendes salvar a ese sucio rojo,‭ ‬sanitario‭? ‬-‭ ‬Contestó el cabo Sánchez,‭ ‬un‭ ‬fanático de falange que solo veía comunistas donde quiera que‭ ‬iba.‭ ‬-‭ ¿‬Acaso simpatizas con estos bolcheviques‭?

-Es mi deber como médico.‭ ‬Hice el juramento de atender a cualquier herido sin preguntarme nada más.‭ ‬Es mi deber.

De pronto, el cabo sacó su‭ ‬pistola y apuntó al cuerpo del sanitario.‭ ‬Los otros soldados habían quedado estupefactos observando el espectáculo y habían dejado por un instante de vigilar a Enrique,‭ ‬que intentaba escabullirse como podía del lugar donde iba a ser fusilado.‭ ‬El dolor no le dejaría avanzar demasiado.‭ ‬El cabo Sánchez seguía amenazando la vida del sanitario,‭ ‬aunque este no parecía amedrentarse.‭ ‬De pronto intervino el otro sanitario.

-¡Cabo,‭ ‬baje el‭ ‬arma! ‬-‭ ‬Ordenó con voz firme y contundente.

-‭ ¿‬Y si‭ ‬no‭? ‬-‭ ‬Contestó en tono chulesco el cabo.
-Sino lo enviaré de una patada a un consejo de guerra,‭ ‬y yo mismo procuraré que lo condenen por traidor a la patria.‭ ¡‬Me ha entendido con claridad‭! ‬Es una orden.

De pronto, el cabo Sánchez visualizó unos‭ ‬galones en su guerrera.‭ ‬Estaba hablando con un sargento del cuerpo de sanitarios.‭ ‬Lo había tomado por un sanitario sin rango,‭ ‬igual que el hombre que le había plantado cara.‭ ‬El cabo Sánchez guardó la pistola en su funda lanzando‭ ‬una mirada de rencor al sanitario que minutos antes había estado a punto de disparar.
Los dos hombres del servicio médico comenzaron a atender a Enrique,‭ ‬que a pesar del dolor y la pérdida de sangre había sido espectador de excepción de toda‭ ‬la escena.‭ ‬Los dos sanitarios le estaban taponando la herida y administrándole un poco de morfina cuando de nuevo las balas volvieron a tomar el espacio que había entre los árboles.‭ ‬Uno de los fascistas cayó desplomado cuando una bala le atravesó la cabeza‭; ‬los otros tres se pusieron a cubierto.‭ ‬Tres hombres disparaban desde el otro lado del camino‭; ‬habían venido a por Ramón y Enrique.‭ ‬Los soldados del bando sublevado cayeron uno a uno hasta que tan solo se escuchó disparar desde un lado del camino.‭ ‬Los tres soldados republicanos salieron corriendo hasta encontrarse a Enrique,‭ ‬malherido pero consciente,‭ ‬atendido por esos dos médicos del bando contrario.

-‭ ¡‬Apartad las manos de nuestro camarada‭! ‬-‭ ‬ordenó uno de los milicianos.

-Si queréis que vuestro amigo‭ ‬viva mejor que nos dejéis hacer nuestro trabajo.

-‭ ‬Me han salvado la vida.‭ ‬-‭ ‬Les dijo Enrique a sus compañeros.‭ ‬-‭ ‬Si no llega a ser por ellos,‭ ‬esos cerdos me habrían fusilado.‭ ‬Estos hombres están intentando salvarme.

Enrique,‭ ‬con la morfina haciendo efecto y con las fuerzas que le quedaban,‭ ‬explicó a sus compañeros lo sucedido:‭ ‬Lo que habían visto,‭ ‬como había caído Ramón,‭ ‬y como el coraje de ese sanitario le había salvado la vida.‭ ‬Los dos médicos desinfectaron y taponaron la herida de bala que Enrique había sufrido en el muslo.‭ ‬Había sido una herida limpia,‭ ‬y la bala había salido sin dañar ningún tendón.‭ ‬La fractura en el hombro era más grave.‭ ‬Le habían inmovilizado la articulación,‭ ‬pero necesitaría calmantes y antibióticos en caso de una posible infección.‭ ‬No tenían mucho en el botiquín,‭ ‬así que su suerte ahora dependía de las reservas que pudieran tener‭ ‬en el bando republicano.

-Ahora llevaros a vuestro amigo,‭ ‬nosotros debemos regresar a nuestro campamento,‭ ‬sino quizá vengan a buscarnos.‭

-‭ ¿‬Por qué habéis ayudado a Enrique si somos enemigos‭? ‬-‭ ‬Preguntó el que parecía el jefe de los milicianos,‭ ‬un tal sargento Agustí Folch,‭ ‬originario de la Lleida.

-La guerra nos ha hecho enemigos,‭ ‬pero en tiempos de paz,‭ ‬quien sabe si no hubiéramos compartido una buena mesa,‭ ‬o quizá un buen‭ ‬vino.‭ ‬-‭ ‬dijo‭ ‬el sargento del cuerpo‭ ‬de sanitarios

Los milicianos dieron las gracias a esos dos hombres y entre los tres se llevaron a su camarada.‭ ‬Enrique los paró,‭ ‬y dirigiéndose a los sanitarios del ejército sublevado les dijo:

-Si salgo vivo de esta maldita guerra quiero saber los nombres de los hombres que me salvaron la vida.‭ ‬Siempre estaré en deuda con vosotros.

Los dos sanitarios‭ ‬dieron el nombre a Enrique y le desearon buena suerte.‭
Enrique murió‭ ‬cuatro meses después durante un bombardeo de la aviación fascista en las últimas defensas de los republicanos en Cataluña.‭ ‬Los dos sanitarios habían hecho un buen trabajo,‭ ‬y sus heridas sanaban correctamente,‭ ‬pero la crueldad de la guerra acabó con sus esperanzas para siempre.‭ ‬Por‭ ‬su parte,‭ ‬los dos sanitarios del cuerpo médico‭ ‬del ejército fascista‭ ‬sobrevivieron a la contienda y regresaron a sus vidas en una España devorada por el odio y la miseria.
El primero de ellos era‭ ‬el sargento‭ ‬Nemesio Casas,‭ ‬originario de Zaragoza y médico de familia de profesión.‭ ‬Se había alistado como voluntario médico al iniciarse la guerra,‭ ‬alcanzando en un año el rango de sargento.‭ ‬Después de la guerra regresó a Zaragoza,‭ ‬donde ejerció de nuevo el oficio que nunca dejó.‭ ‬Murió en el‭ ‬1998‭ ‬a los‭ ‬91‭ ‬años de‭ ‬edad.‭ ‬

El otro de los sanitarios,‭ ‬el hombre que plantó cara al cabo Sánchez arriesgando su vida por salvar la de Enrique era el soldado Pedro Crespo,‭ ‬originario de Alfambra,‭ ‬Teruel.‭ ‬A pesar de haber simpatizado con el comunismo,‭ ‬Pedro,‭ ‬de profesión carpintero,‭ ‬se vio obligado a alistarse en el ejército de Franco cuando los soldados sublevados tomaron Alfambra y amenazaron a los hombres en edad de tomar las armas con matar a sus familias si no lo hacían.‭ ‬Pocos meses antes había acabado el servicio militar bajo mando republicano,‭ ‬y la suerte de excedencia de cupo de soldados y un hijo recién nacido le habían salvado de iniciar la guerra.‭ ‬Al acabar el conflicto regresó a su trabajo como carpintero.‭ ‬Se‭ ‬mudó a Monzón,‭ ‬un pequeño pueblo de Huesca,‭ ‬para volver a hacerlo años después,‭ ‬esta vez a Cataluña,‭ ‬donde muchos años antes había luchado en la guerra.‭ ‬Pedro murió en‭ ‬1982‭ ‬a la edad de‭ ‬70‭ ‬años,‭ ‬meses antes del nacimiento de su nieto Miguel Ángel,‭ ‬el mismo que con esta historia rinde homenaje a un hombre valiente y‭ ‬justo que nunca llegó a conocer,‭ ‬pero que siempre le acompaña donde quiera que vaya.

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miquelangelo

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