Política

21D – Jornada de Reflexión

A pocas horas de celebrarse las elecciones al Parlamento de Cataluña, en plena jornada de reflexión, veo cómo la tensión se acrecienta en el ambiente.

 

Una tensión que desde el sábado 16 de diciembre se ve más acusada al observar a los diferentes grupos ciudadanos residentes en Cataluña. Grupos de amigos y conocidos, que se juntaban hasta hacía pocos días en parques y jardines; esos que cuando pasaba alguna persona cerca de ellos se daban media vuelta hacia sí mismos para que el presunto intruso no pudiera saber de qué estaban hablando con sus interlocutores.

 

Desde aquél fatídico 17 de agosto, fecha en la que se empezó a tejer un montón de bulos y mentiras interesadas por unos y otros sobre los verdaderos culpables de la tragedia acontecida en esa hasta entonces comunidad acogedora, amigable y llena de recuerdos parta esos visitantes de todas las regiones, países y etnias. Esa tranquilidad que antes se respiraba pocos meses antes, de golpe revertió en una agria tensión, tristeza, y falta de solidaridad entre los que antes se conocían del colegio o de las tiendas habituales.

 

Yo estudié varios años fuera de mi tierra, y jamás viví una situación tan extremadamente tensa como la acontecida desde el famoso 1-O. Se dice que cuando tienes que espabilarte solo cuando eres muy joven, sales más fuerte. Yo no lo creo del todo, pero sí sales más sensible para poder entender mejor esos silencios, esas miradas cruzadas entre los grupos de personas cuando alguien que presuntamente no tiene tu ideología se acerca a tu entorno.

 

Yo misma, que soy una persona con fuertes valores de tolerancia hacia los que no piensan como yo, tanto a nivel de religión como de ideología en general, me he visto obligada a distanciarme de comprar en algunos comercios que se volvieron hostiles, por sentir cómo personas de edades similares a la de  mis abuelos sólo entraban en la tienda para cuchichear y hacer gestos a una vendedora que ni por su edad ni condición tenía nada en común con ellas. Personas mayores que ni siquiera compraban en el comercio ni se les veía ningún tipo de interés por los productos que ahí se vendían. Así como por otro lado unos grupos de jóvenes sin hijos y presuntamente educados en familias de alto nivel adquisitivo, a pesar de su cuidadosamente improvisado y desarrapado look compran con cupones de descuento artículos de una tienda en la que no por no hacer no te regalan ni un caramelo en Navidad aunque seas cliente fijo.

 

La razón de esta distinción entre unas personas y otras está muy clara, llegando a sentirte discriminada.

 

El silencio a veces puede hablar más claro que un cruce de palabras.

 

Planea en el ambiente una desunión, un malestar, una aflicción, y total desarmonía entre los que éramos compañeros de colegio, instituto, universidad, o entre tus primeros clientes, los de tu primer trabajo, o aquellos vecinos que te conocen desde la niñez.

 

Siento nostalgia de alcanzar otra vez esa sensación de concordia total de antaño y de ver otra vez a esos turistas campando a sus anchas por las calles de Cataluña, disfrutando de nuevo de nuestra compañía, el clima, y el ambiente general que se respiraba antes de aquel 17 de agosto tras el que se llegaron a decir tantas y tantas mentiras hacia el de ideología contraria.

 

No puedo vaticinar cuál será el resultado de las votaciones, pero sí puedo augurar que será muy reñido, y ambos lados tienen miedo y sienten desconfianza hacia el adversario.

 

Por desgracia, creo que tras el 21-D nada volverá a ser igual que antes, y ahora se necesita el voto de esos indecisos que acostumbran a pasar de todo, necesitamos que todos demos nuestra opinión, sea la que sea, y calibrar con sentido común todo lo que nos jugamos.

 

Las novelas con finales de color rosa solo pueden estar en la ficción escrita, y la vida real no es nunca tan perfecta como la cuentan algunos políticos.

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Acerca del autor

Silvia Prg

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