Literatura

30 de abril



Se encontraba sentada en un viejo banco en el centro del pueblo, la plaza parecía no haberse dado cuenta del día que era. Estaba nublado, pronto comenzaría a llover. Él tampoco recordaría la fecha, pues estaba lejos. Ella miraba hacia el final de la calle esperando que apareciera. Eso no iba a ocurrir, volvió lentamente a la realidad, las campanas de la iglesia comenzaron a sonar; eran las siete de la tarde, y comenzó la lluvia.
Se quedó allí sentada mientras el agua empapaba su cuerpo, a la vez que sus lágrimas se mezclaban con la lluvia. Cada lágrima que derramaba, era un recuerdo; el día que se conocieron; cuando se dieron su primer beso; cuando se dijeron el primer te quiero; su primera noche juntos; su primer desayuno.
Y llegó el día en que decidieron sellar su amor ante todos. La siguiente primavera, el mismo día en que se conocieron. Pero algo en él cambió, ya no era aquel enamorado que la llenaba de besos, que la adoraba, aquél que dedicaba todos sus instantes a amarla.
Se distanciaron, tomaron rumbos distintos, él viajó por el mundo, pero un día se dio cuenta de que ella era el amor de su vida. Se lo hizo saber. Le prometió que volvería.
Pero al igual que en todo cuento de príncipes y princesas, siempre existe una bruja malvada, y esta, se aseguró de que él la olvidara. Distancia, era el nombre de esta arpía.
Entre ellos cayó el crudo invierno, y decidieron no volver a verse nunca más.
El tiempo siguió su avance tirano, deshojando los días despiadado en el calendario, pero ella continuaba esperando. No tenía razón, causa o argumento alguno, pero creyó que él recapacitaría, que volvería a su lado, hasta que por azar un día, se enteró que se había casado, que era feliz, y que tenía familia.
Creyó morir de pena, la agonía la consumía por dentro, el dolor la atenazaba desde fuera, pero sacó fuerzas de donde no las había y siguió viviendo. Y llegó el día 30 de abril. Siempre creyó que ese día sería caluroso, con un sol espléndido, pero ese día, hoy precisamente, era todo lo contrario, el cielo estaba negro, llovía con fuerza. El frío se había apoderado de la tarde.
Las siete de la tarde, la lluvia cae sobre su cuerpo, sus lágrimas sobre su cara. Ese era su día; el día en el que toda mujer está más hermosa que nunca. El día de su boda.

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Aicrag

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