Salud

4 Consejos Para Tu Salud Mental En Las Redes Sociales

Una parte considerable de la literatura sociológica contemporánea define nuestro tiempo actual como la era de las sociedades de la información y el conocimiento. Así lo plantea el sociólogo español, Manuel Castells, en su conocida trilogía de libros La era de la información: economía, sociedad y cultura, publicados entre 1996 y 1998.
Un rasgo característico de estas sociedades es el hecho de que nos encontramos expuestos a una cantidad inconmensurable de información para la cual tenemos poco tiempo de procesamiento. Con cada día que pasa este hecho es cada vez más evidente. El creciente impacto de las redes sociales en nuestras formas de socialización nos está llevando a respuestas automáticas (“dale RT”, “comparte”, “me gusta”) que amenazan con vulnerar, hasta hacerla polvo, nuestra capacidad de discernimiento.
Ya sea a través de nuestro teléfono móvil o desde nuestras computadoras, estamos siendo constantemente bombardeados por “noticias” que asaltan nuestras emociones, desnudando nuestro raciocinio y haciéndonos creer lo que en ocasiones no son más que burdas mentiras.
Todas y todos hemos sido víctimas, alguna vez, del fenómeno de las Fake News, en especial durante momentos de tensiones sociales, económicas y políticas. Los principales impactos de la escalada de noticias falsas que abundan en las redes sociales van desde la alteración (en distintos grados y niveles) de lo estados de conciencia, pasando por la exacerbación de angustias, ansiedades y temores, hasta llegar a la disociación cognitiva.
En lo que sigue, sintetizo en cuatro consejos muchas de las recomendaciones que uno encuentra en la web, y que forman parte del movimiento de Fact Checking (FC) o verificación de hechos.
Antes de comenzar, sugeriría que indaguen en sus comunidades que iniciativas de Fact Checking están en marcha. Eso les va a ahorrar cualquier infoxicación (intoxicación informativa).

1.- Analiza en detalle la estructura argumentativa.

Títulos sensacionalistas, redacciones alarmistas y llamados a “compartir urgentemente”, a “que esto le de la vuelta al mundo”, o a “que nadie se quede sin saber lo que está pasando”, tienen toda la intención de afectar nuestras emociones, propiciando identificaciones irreflexivas con sentimientos de rabia o euforia.
Generalmente, estos mensajes efusivos están cargados de errores (y en algunos casos horrores) ortográficos que, de entrada, deben servirnos como un dispositivo de alarma para saber que estamos ante una noticia falsa.
Además, debemos prestar atención a detalles sutiles como la dirección URL (el link) que en ocasiones puede ser muy, pero muy similar, a la de portales de noticias de prestigio, lo que requiere de nosotros afinar nuestras miradas para detectar esas “cosas mínimas” que pueden hacer la gran diferencia.
También puede ocurrir que, en lugar de texto, la “noticia” sea una imagen, un vídeo, o un audio. De ser así, debemos prestar atención a que las imagenes o los videos no estén fuera de contexto. Es común que suela usarse una fotografía de un hecho anterior para ilustrar un acontecimiento falso. Plataformas como Google Images son de utilidad para verificar en que otro momento han sido utilizadas las imagenes que acompañan el mensaje, o utilizar descriptores o “palabras clave” para buscar el origen del vídeo más allá de YouTube, donde pueden subirse perfectamente estos videos descontextualizados sin que ello signifique que sean verídicos.
Y para el caso de los audios se aplica el mismo procedimiento. Resumir la idea principal, extraer palabras claves e introducir los términos en diferentes motores de búsqueda por internet. Personalmente, desconfío automáticamente de cualquier “nota de voz” que se hace viral. Les sugeriría lo mismo.

2.- Desarrolla el hábito de la verificación.

Hay ocasiones donde las noticias falsas pasan el filtro de las malas estructuras y su presentación es mucho más elegante. Hasta disponen de cifras y números con la intención de dar robustez a los argumentos planteados. Aquí la indagación debe ser mucho más minuciosa. Comencemos identificando si existe o no un autor (o autora) que firme la “noticia” y, de ser así, verificar quién es la persona, cuál es su trayectoria y si en efecto tiene alguna relación verificable con lo expuesto. Por ejemplo, el mensaje puede ir firmado por un Pedro Pérez, Director General de X área en el ministerio Z, y no por ello es verdad (por que no hay forma como verificar la existiencia de un comunicado oficial).
Si la elegancia de la mentira va acompañada con datos y cifras, nuestra tarea es verificar si las fuentes de los mismos son citadas, si no, no hay nada más que hacer que desconfiar del mensaje enviado. En caso contrario, toca verificar si las cifras están siendo usadas en su contexto respectivo o hay un manejo tendencioso de las mismas con el objetivo de otorgarle credibilidad a lo expuesto. No nos llamemos a engaño, nuestras subjetividades han sido moldeadas para creer, casi que con demasiada facilidad, todo lo que venga acompañado de un “estudios demuestran tal cosa”, “científicos argumentan que”, aún cuando no se mencione explícitamente cuáles son los estudios o los científicos en cuestión.
En ese sentido, las “confianzas extendidas” tampoco son de mucha ayuda. Todas y todos hemos sido víctimas de estos juegos psicológicos, de manera que aún si es tu mejor amigo(a) del alma, súper brother (sister) forever, quien te envía la “noticia”, no está de más preguntarle dónde accedió a la misma o cómo se enteró de ella. Debemos reconocer que incluso nuestras amistades “dateadas” (que manejan información relevante) pueden contraer una infoxicación.

3.- Toma previsiones en materia de seguridad.

Aunque es poco común, hay momentos en los que el revuelo de las noticias falsas se presta para que programas espías (spyware) accedan a nuestra información personal. Así que recomiendo ser cautelosos si en el marco de un breaking news, real o falso, se crean campañas relámpagos a través de páginas poco conocidas para recoger firmas -en el mejor de los casos-, solicitar donaciones a través del suministro de información de datos bancarios, o pedir que llames a un determinado número telefónico para acceder a un beneficio particular (por ejemplo, el recibir un tratamiento médico costoso gratuitamente).

4.- Lo más importante: poner en práctica el pensamiento crítico.

Entiendo que todo esto pueda parecer desolador, particularmente el punto anterior. Más que fomentar una sociedad de la desconfianza como antídoto a la intoxicación informativa, lo que quiero resaltar es que sin el desarrollo de un pensamiento crítico somos víctimas psicológicas de los juegos mass-mediáticos.
Sin importar cuál sea tu ideología política, creencia religiosa u orientación sexual, entre otras cosas, debes ser capaz de seguir estos consejos y cuestionar incluso los fundamentos de tu propia posición. Muchas veces, asumimos automáticamente como cierta una “noticia” afín a nuestras visiones de mundo, sin analizar su estructura argumentativa, ni verificar los datos que en ella se mencionen. Peor aún, somos capaces de dar, sin chistar, nuestros datos personales por solidaridad automática con alguna campaña relacionada a una noticia falsa.
En un momento en el que todas y todos podemos ser potenciales generadores de contenido, términos como “calidad”, “veracidad” y “confiabilidad” de la información empiezan a tambaléarse, toda vez que erróneamente creemos que a mayor grado de viralidad, mayor validez tiene lo transmitido.
Sólo reinvindicando y asumiendo un pensamiento crítico, evitaremos caer en las arenas de la desinformación. Ciertamente, es nuestro derecho el estar informados, pero ello va de la mano con nuestro deber ciudadano de verificar los contenidos y ser parte de la solución a este creciente problema. Es un asunto de salud mental pública.
Si encontraste interesantes, y útiles, estos consejos, por favor comparte. Apoyándonos mutuamente, podemos hacer frente a las noticias falsas.
[La imagen de la entrada fue tomada de Pixabay.com]

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Ma-jokaraisa

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