Sociedad

5 casos documentados de niños ferales

Los niños ferales o niños salvajes son aquellos que crecen sin la supervisión de humanos, totalmente alejados de la sociedad. Existen casos increíbles en los que el niño logra sobrevivir gracias al cuidado de animales. A lo largo de la historia se han registrado varios casos de niños ferales, algunos de los cuales resultaron ser fraudes. A continuación, te presentamos cinco casos que se han presentado como verdaderos. Tú decides si creer o no.

5. Andrei Tolstyk

Un niño de siete años fue descubierto por trabajadores sociales en la fría Siberia. El niño no hablaba, caminaba a cuatro patas y tenía actitudes de perro, como morder a las personas y oler la comida antes de ingerirla. Al investigar, descubrieron que Andrei había sido abandonado por sus padres a los tres meses de edad y que el perro de la familia había cuidado de él, ayudándolo a sobrevivir.

Andrei fue enviado a un orfanato, con la esperanza de que convivir con otros niños le ayudara en su recuperación. Al llegar, el niño se mostró agresivo y asustado; sin embargo, pudieron comunicarse con él a través de señas. Después de dos semanas, ya caminaba en dos pies, comía con cuchara y tendía su cama. Incluso hizo amistad con una niña, con quien se comunicaba por medio de señas.

4. Marcos Rodríguez Pantoja

Marcos tenía siete años cuando su madrastra lo vendió a un terrateniente y éste, a su vez, lo entregó a un cabrero. El niño se fue a vivir con el cabrero a una cueva y cuando éste murió, se vio solo en medio de la naturaleza española. Once años después fue encontrado por la Guardia Civil, quienes tuvieron que llevárselo amordazado porque aullaba y mordía. Marcos sobrevivió porque encontró una cueva habitada por una manada de lobos y se crió junto con los cachorros.

Sin nadie que se hiciera cargo de él, fue trasladado a un convento en donde le enseñaron a hablar de nuevo, a caminar erguido, a comer con cubiertos. Luego fue enviado a un hospital y estuvo allí hasta que se convirtió en adulto y pudo reintegrarse a la sociedad. Trabajó, luego, en un hostal, en un bar y hasta fue pastor. No tuvo buenas experiencias entre los humanos, ya que fue objeto de burlas y engaños; sin embargo, ya no puede volver a vivir con los lobos, porque, según él, ya huele demasiado a humano.

3. Vicente Cau Cau

Campesinos chilenos encontraban muertas a sus gallinas y sospechaban que se trataba de una manada de pumas. En una fría noche de invierno la policía se unió a la búsqueda y entre los matorrales hallaron al culpable: un niño de unos diez años, cubierto de vellos y que caminaba a cuatro patas. Se trataba de Vicente, un niño cuya madre alcohólica lo había abandonado y que se refugió en el monte para escapar de su padre. Allí se habría encontrado con un puma que cuidó de él, amamantándolo.

Sin saber qué hacer con el pequeño salvaje, que ya había mordido y rasguñado, lo metieron a la cárcel. Vicente logró escapar y fue hallado horas más tarde de nuevo en el bosque, en donde comía ferozmente un salmón. Sin saber qué hacer con el niño, lo enviaron a un hospicio y allí unas monjas cuidaron de él y le enseñaron algunas palabras. Vicente progresó poco a poco, pero algunos rasgos salvajes jamás lo abandonaron: seguía aullando en las noches de luna, tenía una fuerza descomunal, una excelente visión nocturna y un gran olfato.

Después de un tiempo, lo enviaron a vivir con una maestra de lenguaje para que aprendiera a comunicarse correctamente. Vicente logró adaptarse y hacer algunas tareas para sobrevivir. Fue aceptado en la sociedad, hasta que finalmente murió a los 74 años.

2. Oxana Malaya

Esta niña ucraniana tuvo la mala fortuna de nacer en un hogar con padres alcohólicos y negligentes. A los cuatro años había sido dejada afuera de la casa y buscó refugio en la perrera que había detrás de la propiedad. Al parecer, los padres nunca notaron su ausencia y ella vivió cinco años con los perros, siendo una más de la manada.

Finalmente, un vecino descubrió la situación y llamó a la policía. Cuando la encontraron, les gruñía y ladraba. Los perros que la habían cuidado no dejaban que se le acercaran y los policías tuvieron que distraerlos con carne para llevarse a Oxana. Fue trasladada a una institución para rehabilitarla; aprendió a caminar erguida, pero su manejo del lenguaje es muy limitado. Actualmente, vive y trabaja cuidando vacas en una granja y se dice que su mentalidad es la de un niño de seis años.

1. Marina Chapman

Cuando tenía cuatro años, Marina fue raptada del jardín de su casa. Unos hombres la durmieron con cloroformo; cuando despertó, estaba en una camioneta junto con muchos otros niños. La intención de sus captores no era clara, ya que la abandonaron en algún lugar de la selva colombiana. La única compañía que tuvo Marina fueron unos monos capuchinos, de quienes aprendió a trepar árboles y a identificar qué podía comer y qué no. En una ocasión comió una fruta que la enfermó y uno de los monos la hizo beber agua del río para que vomitara y salvarle, así, la vida. Marina calcula que pasó cinco años en la selva, con los monos.

Unos cazadores furtivos la encontraron y la vendieron a un prostíbulo. La dueña del lugar la obligó a hacer tareas domésticas y la maltrataba porque no podía hablar ni comer con cubiertos. Marina logró escapar y para sobrevivir en las calles usaba las habilidades que había aprendido de los monos para poder robar y escabullirse sin ser atrapada. Tiempo después, consiguió trabajo como empleada en una casa de familia, pero terminó siendo esclavizada y maltratada de nuevo. Una vecina le ayudó a escapar y la mandó a vivir con su hija.

La familia que la adoptó se mudó a Inglaterra y allí Marina encontró el amor y formó su propia familia. Siendo ya una mujer adulta conservó sus habilidades para trepar árboles y atrapar conejos con facilidad. Su increíble historia fue objeto de un documental de National Geographic, “Woman Raised By Monkeys”.

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Andrea C

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