Literatura

A Marte

A Marte - Literatura

Amé a una mujer. Creo que ella también me quiso. No estoy seguro, aunque lo sé, lo siento. Quizá me engaño a mi mismo. El caso es que pasó el tiempo y… la historia no cuajó. Quizá por miedo a… no sabría a qué. Al amor, a estar vivo, a perder lo que una vez casi tuve. ¿Acaso podemos poseer al ser amado? De ningún modo, eso no sería verdadero amor. Entonces… ¿A qué teníamos miedo? Los dos. Sé que ella también encerraba algún tipo de fatalidad en su interior que la impedía dar el salto al vacío. Ese empujón que nos haría libres a los dos. Aunque siempre lo fuimos, quizá no lo sabíamos. ¿Qué mas da ahora?

Pasó aún más tiempo y… llegó la lluvia, esa época que nos acabó ahogando a los dos. Nos separamos, dejamos de vernos y zas… De pronto un día me enteré de que se había echado novio. ¿Cómo era posible? A ella le gustaba yo. ¿Acaso no nos conviene engañarnos un poquito a todos? Eso me decía la gente. Pablo, te has hecho falsas ilusiones. Pero… ¿Acaso me engañaban mis entrañas?

Nunca pude olvidarla, tan perfecta ella, para mi. Mi falta de audacia hacia ese ángel, me había conducido al abismo de mi propia mente. Unos años más tarde… perdí la cabeza… literalmente… zas… Exceso de sensibilidad, la sensación de saber que te has desviado del amor de tu vida y no has podido remediarlo. Tuve lo que comúnmente los psiquiatras denominan como brote psicótico. Delirios de otra vida, quizá otro universo, otra estrella, diferentes constelaciones, un mismo sino. La responsabilidad, total y completamente mía.

Es obvio, amar es a veces doloroso, pero aferrarte a algo que para todo el mundo está muerto, lo es aún más. Sobre todo si ese algo todavía subsiste en lo más recóndito de tu espíritu. Pasaron aún más años y… tras recuperarme anímicamente del golpe decidí hacerlo. ¿El qué? Ir a buscarla. Iría a Australia y… vaya idiota… Seguro que ella no se acuerda. Al fin y al cabo han pasado casi veinte años desde… Quizá esté casada… Posiblemente todo estuvo siempre en mi mente. Pero los triunfadores persisten y yo… quería ser uno de ellos.

Fui a Australia… le intenté hacer una campaña de amor… idiota… sí, pero enamorado y… ella, por miedo o lo que sea, posiblemente a mi ser. Denunció a la policía. Doblemente idiota. ¿A quién se le ocurre amar en la espiral del tiempo a un amor ya vencido?

Ahora entiendo todo, debo dejar ir, sin reproches ni sentimientos amargos. De eso va ésta historia, esa es la fuente de la vida, es lo mejor que puedo hacer. Dejarte libre, aún teniéndote muy presente. Al menos en ésta dimensión en la que me encuentro. En otra galaxia.  Ahora lo sé, fui creado para “AMARTE”.

 

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Pablo Palacios

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