Literatura

A Quien Pueda Interesar El Escritor Aprovechando Un Resquicio. Novela “la Mercancía

A Quien Pueda Interesar El Escritor Aprovechando Un Resquicio. Novela “la Mercancía - Literatura
El siguiente es un capitulo de mi novela la Mercancía. Es producto de esos vuelos que no se pueden evitar, por la mínima salud espiritual que no podría restringirme ni queriendo.
Como se sabe, en la historia militar contemporánea de Latinoamérica los ejércitos no han tenido más aplicación que la de reprimir al pueblo y dar golpes de estado. Particularmente en Venezuela desde la gesta independentista, el ejército nunca ha tenido mayor función que la de ofrecer a las clases menos favorecidas una alternativa salarial y alguna jerarquía, reprimiendo su propia sociedad cuando son requeridos. Masacres como las del Amparo, Yumare, Cantaura y el Caracaso son ejemplo de una guerra particular entre el ejército y la gente. Gente que después de tales encuentros descubría una forma de identidad forzada en una supuesta lucha revolucionaria, cuando en realidad es un estado postraumático que dificulta la gestación de una identidad productiva común. Una lucha comprensible, claro que sí, porque somos humanos y tenemos derecho a defendernos, pero llamar eso revolución crea una confusión que desorienta a la gente, asociando la búsqueda humana inteligente de un mundo mejor con el resentimiento que capitalizan las aspiraciones señoriales de la inconforme y pequeña burguesía.
Campos de concentración de disidentes y personas “no admisibles” en general como los TO3, lanzamiento de gente por helicópteros, torturas, desapariciones, ruleteo de gente en carros hasta que confesaran y para los que no confesaban encierro indefinido hasta que cambiaran su forma de pensar, coacción laboral, inducción de contenidos sesgados en las aulas de clases, ilegalización de las drogas para secuestrar capital, divulgación de contrainformación, aislamiento de líderes, desaparición de artistas con poder de convocatoria entre muchas otras son técnicas de control ejercidas por cualquier tendencia ideológica que se empeñe en mantener el poder. Porque es una propiedad del poder y de toda ideología. Técnicas basadas en el control y la administración, gestadas por diversas tendencias del mismo pensamiento lineal y demostrable que usufructúa el pensamiento silvestre y ofende nuestras emociones, con todo y sus utopistas.
Yo creo que la ofensa no marca el inicio de ningún proceso y si lo hace ese proyecto necesitará de alguna reacción para renovarse, siempre. El resentimiento puede expresarse en un discurso muy seductor, yo se de eso, pero no tiene nada de revolucionario.
Para hacer una propuesta que supere el modelo de vida basado en la denuncia de su opuesto, creo que hay que buscar premisas en otros lugares del pensamiento, la etimología puede ser un comienzo.
Resulta que la palabra revolución proviene de la observación de las mismas estrellas que permitieron a nuestros ancestros guiarse en las migraciones y predecir estaciones climáticas. Es curioso que además de las aves, el ser humano parece ser el único que puede mirar las estrellas mientras se desplaza. Si a esto sumamos que la lectura de las estrellas no dista mucho de la lectura de libros y que nuestro estado emocional influye en esa lectura, las variantes se multiplican. Despejarlas apresuradamente para resolver la incertidumbre, como se hace desde cualquier ideología, puede reducir posibilidades de encontrar explicaciones diversas de la realidad.
Tenemos entonces dos raíces o fuentes de información que no habíamos tomado en cuenta. Una es el origen conceptual que viene de las estrellas y salva el concepto “revolución” de nuestra estimulada manía del desmontaje abriendo una ventana a la interpretación poética. La otra fuente está en el espectro emocional, manifiesto en un imaginario frecuentemente original pero discriminado por nuestro impulso gregario hacia una sociedad basada en complejos étnicos que subyugan nuestros propios descubrimientos por la adoración de marcas transnacionales o un ídolo como Fidel o Chavez. Me parece que ambos orígenes el estelar u el emotivo ofrecen posibilidades para resolver el desconcierto que hay por lo que significa “revolución” ante tantos fracasos. Para resumirlo en una frase, la revolución sucedió, el mundo que soñamos está en el presente, sólo hay que aprender a leerlo y tanto uno como el otro bando quieren que te sumes a sus lecturas antes de que hagas la tuya.
Desde esta perspectiva, yo veo cuatro arquetipos o modelos de conducta asociados apresuradamente, cuyos orígenes son marcadamente diferentes en las emociones que los mueven.
Uno es el revolucionario verdadero que lee libros, estrellas, miradas, formas de caminar y todo lo que signifique para hacer una propuesta y ejecutarla sin burocracia, osea, de manera efectiva más que inspiradora. Nace y encuentra un espacio para aplicar su talento, desde siempre. Es este mismo germen revolucionario el que de posiciones encorvadas nos fue irguiendo hasta que logramos caminar. Usó la mano para construir, se reveló en todas las oportunidades que pudo y en las que no pudo se las ingenió para encontrar espacios donde crear nuevas cosas. Descubrió la fonética y la escritura para escribir y liberarse de la vulnerabilidad de la memoria, nombró dioses para comprender sus emociones y después los cuestionó cuando apareció la consciencia, hasta descubrir que la tierra gira al rededor del sol y no al revés. Osea, descubrió que no es centro del universo. Descubrimientos puntuales e irrefutables le permitieron posicionar en la historia su propia forma de contarla, la cual tiene la propiedad de revolucionarse a sí misma.
Luego está el luchador social que por difícil que parezca, decide resolver necesidades de su propio contexto con una técnica efectiva. Proviene de todas las clases y tiene cualquier forma. Siempre ha existido y se define mejor con ejemplos como Salomón, Jesús Cristo, Gandhi, Princesa Diana, Malcom X, Clair Cameron Patterson, Martin Luther King, Milagros Salas, Aquiles Nazoa, Charlie Chaplin, Salvador de la Plaza… son como las estrellas, muchos más de los que podemos contar. Chávez ha podido ser una de ellas, pero prefirió el poder.
En tercer lugar está el guerrillero que forma parte de la industria armamentista con beneplácito del imperio y las empresas multinacionales. Su mayor expresión es el Che Guevara, derrotado siempre salvo en la contienda que su benefactor ya había negociado en muchas formas. Su peregrinaje, penuria y calvario por los oprimidos rescató más el principio cristiano del medioevo europeo, debilitado desde el renacimiento que ninguna movilización verdaderamente popular. Ese rescate de los sentimientos de culpa por el martirismo del Ché convino tanto al imperio como la bahía de Guantánamo y la mano de obra cubana que migra buscando mayor calidad de vida para mandar dólares a sus familias, lo que actualmente sucede en nuestro país.
Por último está el lamentable pensador de izquierda, frecuentemente inútil e improductivo cuyo sueldo no puede sino provenir de la explotación y del extraccionismo de la cultura avasallante, como ellos mismos dicen. De manera que vive de los pobres como cualquier explotador pero se lava las manos criticando los poderes que subsidian su vida. El resultado de sus análisis es frecuentemente útil para el empresario y el académico pero no para el pueblo, porque aunque lo aspira carece del elemento técnico que necesitan las soluciones prácticas para hacer factibles otros modos de producción, osea, el talento. Más bien se complace con el reconocimiento de gente con carencias relativas de formación, en una determinada escuela de pensamiento, justo antes del descubrimiento que se necesita.
La única salida de nuestras crisis está en la integración, pero no con nuestros amigos o semejantes, eso es fácil, sino con lo que consideramos contrario y eso se logra investigando a la diversidad más que a los camaradas formados en la misma linea de la misma escuela de la misma universidad. El que viene con verdades no tiene tiempo para preguntar, ni los líderes ni nos académicos saben preguntar a la gente. La revolución, es decir, el cambio social, tiene que apelar a su propia experiencia como conocimiento y eso comienza con la comprensión de lo que tememos, de lo que somos como individuos y comunidades. La burguesía es el diablo en el que apenas puedas te vas a convertir, porque si no has construido otros ese será el único camino, el único modelo de vida. Así que en lugar de espetarlo agrace que existe. Asaltar el poder creado por los que rechazas te convierte en uno ellos.
Ahora bien. A pesar de la gran cantidad de gente que acaba de abandonar esta lectura, o será precisamente por eso, esta no es una historia política sino de amor, en medio de todo y en más de un sentido, a quien pueda interesar. Trata del amor entre el sentimiento y las ideas, entre un hombre y una mujer, entre el ser humano y la gente, entre una mujer y su cultura, entre el escritor y los lectores, entre el individuo y la comunidad, entre el misto y sus maestros, entre el universo y la palabra, entre la música y la soledad, entre dos y más amigos, entre la naturaleza y las manos, entre los sueños y la realidad, entre la ciudad y el pueblo, entre el cielo y los ojos, entre mi hijo y yo quien entiende que mis defectos son un resquicio de mi soledad donde él es un sentido de la vida.
Esta historia trata sobre cómo, al igual que alguna vez las estrellas sirvieron para guiar el camino de nuestros ancestros hacia tierras más fértiles, ahora nuestras emociones, tan abundantes y diversas marcan una pauta para comprenderlas, leyendo entre las propias cómo podemos vivir también las ajenas, sin importar quien haya podido aprovechar nuestra ingenuidad hasta el momento, porque quizá fue al revés. Es como descubrir la realidad desde adentro, sólo si alguien nos ama. Justo a tiempo
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Acerca del autor

Argimiro Serna

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