Literatura

Adiós



Adiós - Literatura

La casa llena de muebles esta vacía, y los recuerdos donde yacíamos felices se van convirtiendo poco a poco en sombras que me persiguen y acechan en cada rincón.

Las sabanas lloran y chorrean sangre, y  la cama enorme que tan chica nos quedaba punza con cada una de sus partes sobre mi pecho al despertar, antes de dormir y entre sueños.

Los gatos notan la ausencia, pero sus miradas no buscan tantas respuestas como lo hago yo. Pasean por la casa, deteniéndose cada tanto a olfatear o a jugar con algo, y saben que te has ido pero en el fondo no les importa porque no tienen empatía que les carcoma la sien.

El placard vacío quema mi ropa con sus estantes de madera que pronto se pudrirán. Las moscas vuelan porque ya no hay quien las mate graciosamente y la mesa se perpetua a lo largo de la cocina mientra yace un plato vacío muerto de hambre y dolor sobre la punta izquierda.

La puerta no se abre de madrugada, pero al invierno no le importa porque siempre encontrará la forma de entrar y comerme los huesos, porque ya no hay abrazo ni cercanía que me salve, ni Dios, ni padre al que rezar desconsoladamente cuando las rodillas se quiebran y caes al piso inundada de dolor, rogando salvación, rogando volver el tiempo atrás.

El pecho se siente apretado, punzante, cerca de un corazón que no quiere decir adiós, cerca de un alma que se pregunta segundo tras segundo si todo esto es lo mejor, si algún día dejará de doler, si  mañana será mejor que ayer.

Los ceniceros rebalsados y las botellas de vino vacías me dejan un recuerdo amargo donde busco escapar de la soledad y solo me encuentro con la resaca y los pisos mugrientos.

La tormenta aún no ha pasado, caen colillas grises sobre mi techo, hay olor a tabaco y humedad. A lo lejos, unos rayos de sol amenguos amagan con alumbrar, pero la tormenta negra aún no esta dispuesta a irse.

Los amigos abrazan y tratan de permanecer presentes mezclando mi tormenta con la de ellos, y así el agua venenosa no sabe tan mal y nos quema a todos juntos como si estuviéramos debajo de la misma tempestad.

Mañana comenzará un nuevo día, y aunque los rayos de sol no entren por mi ventana aquí estaré esperando el momento perfecto para decir adiós, para decir por fin que mi vida sin vos está mejor.

 

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Acerca del autor

Candela Niechwiadowicz

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