Literatura

Akane: el diario de una vida, parte IX.



Akane: el diario de una vida, parte IX. - Literatura

Perderse y fallar.

Nunca he sentido lo de perderme, no es como si supiera hubiera sabido quien soy, lo que soy, y lo que hago, ha variado constantemente durante los años, soy como una persona nueva todos los días, pero no necesariamente significa que soy una buena persona, ni que cada vez que cambio significa que es para mejor; a veces, cuando no tengo nada mas que mis escritos y mi soledad, pensaba, ¿Quién soy?, y fantaseaba con cosas tan abruptas y desagradables que hasta el más cruel de los humanos, en el sitio mas cruel del mundo, se sentiría cohibido de mis pensamientos.

Me perseguían, insectos radiactivos, recuerdos que habían sido modificados por mi propia mente para crear alguna especie de monstruo de memoria, y solía pensar tanto, sobre tantas cosas, me preocupaba tanto sobre tantas idioteces, que cuando se resolvían solo quería pedirme perdón, por aquellas noches sin dormir, y por fracasar.

Porque así se sentía, así se siente el perderse.

 

— Bonito escrito.

 

Pronuncio, otra de las tantas voces, que podía oír constantemente.

 

— Gracias.

 

Le sonreí, usualmente la gente suele pensar que las voces son crueles, así hasta las describen los psiquiatras, ¿pero lo son?

 

— Claro que no.

— El libro es mío, ¿puedes callarte?

 

Me interrumpe constantemente, y cuando eso pasa, cuando puedo oírlo tan seguido, me doy cuenta de que me estoy perdiendo.

 

— ¿Dónde estoy?

 

Le pregunte, pero no respondió, solo se sentó a mi lado, para así desaparecer, como siempre; usualmente desaparecen, que tortura. Una persona que sigue conmigo, siempre, a veces es bueno, la soledad es relativa. Pero me gusta.

 

— Al final todo se trata del nombre, del apellido, y de quien soy.

— ¿Salimos a dar un paseo?

Bromeo.

 

Para reencontrarnos a nosotros míos, debemos hacer algo que nos apasione, y no importa si lo hacemos mal, no importa si sentimos que no somos nadie, o que se nos acaba el tiempo. El tiempo no se acaba, siempre continua, siempre hay un mañana para volvernos a encontrar, o para reencontrar las voces y el sufrimiento.

 

— Gracias.

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Mori

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