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Literatura

Al Límite

Al Límite - Literatura

Mis compañeros de excursión se habían adelantado, yo seguía fotografiando al detalle las plantas del camino. El sol hacía que el color de las flores me atrajera como el polen a las abejas, sin lugar a duda estaba en un estado hipnótico.
Miré adelante y no quedaba rastro de nadie solo un viejo puente de cuerda y tablones delante de mí, por supuesto se merecía una veintena de disparos antes de cruzarlo.
Guardé la cámara de fotos en su funda y continúe agarrándome fuertemente a las cuerdas, nunca he sido amiga de las alturas y el acantilado era un abismo que terminaba en un pequeño riachuelo salpicado de grandes rocas.
A mitad de camino supe que algo iba mal, el puente se ladeo sin previo aviso y mi cuerpo calló hacia un lado dejándome suspendida en el aire, solo mis manos agiles y rápidas pudieron agarrarse a la cuerda que aún seguía tensa.
Cuando fui completamente consciente de mi situación, comprobé que mis manos estaban enrojeciendo por el esfuerzo y mis nudillos marcados tenían un color amarillo pálido. En un momento dado pensé que mi brazo se desprendería del cuerpo. El brazo seguía aferrado a la cuerda.
La cámara pesaba demasiado, el miedo me agarrotaba tanto que pensar en soltar la cuerda era como decirme que me tirara directamente. En un acto de valor y temeridad solté una mano y lancé rápidamente desde mi cuello la mochila con la funda. Mi Nikon voló al fondo del abismo.
Antes de volver a agarrarme enrollé mi brazo en la cuerda e instintivamente me sentí más sujeta, realicé un pequeño balanceo y mi pierna izquierda consiguió engancharse en la cuerda. Mis brazos recibieron una leve relajación de tan magnánimo esfuerzo.
No pude pensar durante unos minutos y cuando tuve una idea clara de qué debía hacer, vino a mi mente una imagen. Recordaba aquellas madres que daban de comer a sus bebes diciéndoles una por mama, otra por papa y otra por la tia……
No podía echar marcha atrás en la cuerda, pero podía intentar avanzar con las dos manos y una pierna a pequeños deslizamientos. Debía no cansarme demasiado porque de lo contrario mis músculos se negarían a obedecerme y caería irremediablemente.
Entonces lo convertí en un juego, un empujón por mi madre (que siempre esta cuando la necesito), otro empujón por mi padre (un hombre trabajador, que no sería justo que perdiera a su única hija), otro empujón por Laica mi perra pastor (quien iba a sacarla y darle todo tipo de chuches caninas) y asi sucesivamente hasta acabar agotada, dolorida, asustada y a punto de morir en una caída, a primera vista, interminable.
Las fuerzas me fallaron, solo quedaba un metro y mi pierna se deslizó arrastrándome hacia abajo. Tenía tan fuertemente cerrados los ojos que no veía que estaba pasando. No sentía nada, solo el aire y un zumbido ensordecedor en los oídos.
Abrí un ojo y allí seguía yo, colgada de la cuerda por una mano. Lo primero que pensé cuando miré mi mano firmemente aferrada a esa cuerda fue que, si sobrevivía, mandaría hacer una reproducción de ella en oro, aunque tuviera que empeñar todos mis ahorros en hacerlo.
Levanté la otra mano y agarré de nuevo la cuerda, no tenía suficiente fuerza para subir la pierna, pero si para mover las manos despacio, una detrás de la otra y pensar que ese último metro era por mí, porque no merecía morir de aquella manera, estrellada contra unas rocas frias que nunca contarían que luché por sobrevivir.
Ya estaba llegando al final de la cuerda, solo tenía que soltarme, veía la hierba a unos escasos centímetros de mis pies, pero seguía allí aferrada a esa cuerda. Tenía miedo de soltarla caer y rodar hacia abajo. La inclinación del terreno no era mucha, la cuestión era ¿y si fallaba? Si caía mal o me daba con una piedra o me torcía un pie.
No recuerdo si decidí soltarme o las fuerzas me fallaron, pero cuando recuperé la consciencia estaba tumbada en la hierba verde más bonita, fresca y maravillosa que había sentido nunca entre mis manos.
Di gracias a Dios, a mis padres por darme una genética fuerte, a mi perra que seguro que mandaba energía positiva para que yo regresara a cuida de ella y en general al universo por esta segunda oportunidad.

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Acerca del autor

Miriamdejuana

1 comentario

  • Todos nos enfrentamos a momentos complicados a lo largo de nuestras vidas, y es precisamente en estos momentos cuando nuestra fortaleza interior debe permitirnos superar esos obstáculos. Un bello relato de superación con el apoyo del amor por los seres queridos.

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