Economía

Algunas disquisiciones sobre el liderazgo



Algunas disquisiciones sobre el liderazgo - Economía

» Un pesimista ve la dificultad en cada oportunidad, un optimista ve la oportunidad en cada dificultad». Así argumentaba Churchill durante una de sus numerosas intervenciones públicas frente a la intimidada ciudadanía británica que veía con desánimo cómo la imparable maquinaria bélica de la Alemania nazi no encontraba rival que le hiciera frente en todo el continente.
Algunos años después, y desde otro continente algo más alejado, un hombre menudo y convencido de que el pacifismo era la única vía para conseguir la independencia de una nación milenaria advertía de que «ojo por ojo y todo el mundo terminará ciego». Porque Mahatma Gandhi tenía muy claro que el tutelaje del Imperio Británico sobre la India debía finalizar sin el recurso a la violencia y únicamente mediante de la desobediencia y la resistencia pacífica.
Como aquel otro líder que después de pasar 27 años de su vida entre rejas, maltratado, torturado, aislado, procesado por un ideario político que trataba de dar dignidad a toda una nación gobernada de manera abiertamente hostil y excluyente por una minoría poderosa en lo económico y en lo militar, cuya mera diferencia genética era un tono de piel diferente, no dudaba en refrenar el ánimo rebanchista de las masas afirmando que «derribar y destruir es muy fácil» y que «los heróes son aquellos que construyen y trabajan por la paz». Así lo creía Nelson Mandela que desde la cautela, la generosidad, el espíritu reconciliatorio y la negociación constante consiguió llevar a Sudáfrica, por la vía de la democracia, a una transición pacífica que hiciera sentir a todos orgullosos de esa misma nación.
Unas pocas décadas antes, desde el otro lado del Atlántico, una nación joven se había erigido en nuevo árbitro internacional de la geopolítica mundial. Su tardía intervención en la IIª Guerra Mundial no influyó en el hecho de que su participación se conviertiera en absolutamente determinante para el resultado de la contienda. Y sin embargo, a pesar de que sus mandatarios eran elegidos por un sistema de democrático, una parte importante de su ciudadanía era sometida cada día a un proceso de segregación racial intolerable. Desde Washington, DC, un 28 de agosto de 1963, frente al monumento a Abraham Lincoln, y frente a más de 200.000 personas, Martin Luther King declaraba haber tenido un sueño. Un momento de catarsis colectiva en el que recordaba que los padres de la Constitución y de la Declaración de Independencia había emitido «la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad», aclarando más adelante, en su histórica intervención pública, que «No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. No debemos permitir que nuestra protesta degenere en violencia física.»
En todos los ámbitos se necesita un líder, un referente, esa persona de confianza hacia la que todos los demás se giran cuando conviene tomar una decisión importante ya sea en el corto, en el medio o en el largo plazo. Es algo muy frecuente.
La misma naturaleza del hombre lo exige porque vivimos en sociedad y nuestras decisiones personales van a trascender, seguro, más allá de nuestra esfera de privacidad individual.
Exactamente ese mismo comportamiento ha sido identificado en sociedades complejas colaborativas, en fauna salvaje, o no tan salvaje. Bonobos, gorilas, paquidermos, lobos, hienas, orcas, delfines, antílopes… Diversas líneas de parentesco genético guiadas y gobernadas a diario en ambientes hostiles por la figura dominante de una matriarca experimentada y el macho fuerte que ha sabido imponer su derecho de cópula con el único propósito de proveer de alimento, agua y la seguridad suficiente que garantice la pervivencia del mayor número posible de miembros del clan.
Así que el líder nato es aquel que necesita tomar la iniciativa con el fin de aportar soluciones a los problemas que se presentan cada día. Su interés personal es en el colectivo. Su ambición va más allá de su esfera personal porque entiende perfectamente que la tranquilidad emocional y material del grupo redundará de forma inevitable en la suya propia.
Es un buen comunicador y mantiene un contacto directo y permanente con su entorno más frecuente pero no se arrenda si lo tiene que hacer con jerarquías superiores cuando convenga. No toma posición abiertamente por nadie sino es absolutamente imprescindible. Equidistante, equilibrado pero decidido y abierto siempre a nuevos enfoques que puedan mejorar el suyo propio. Porque escucha y permanece atento no sólo al rendimiento profesional de sus subordinados sino también a su estado emocional. Alienta, anima, confiere coraje y recompensa los pequeños méritos ordinarios. Pero también refuerza las carencias o amonesta discretamente al subordinado si éste no ha estado a la altura de las circunstancias cuando así se requiere.
Esteve Jobs, gurú carismático fundador de Apple, tenía atemorizados a todos sus creativos. Pero a pesar de esos terribles momentos de violencia verbal, la rotación laboral que experimentó su compañía se mantuvo siempre en un nivel mucho menor que en otras grandes empresas. Y ello se debía, según explican sus más allegados, a la capacidad innata de Jobs de saber alimentar de forma certera la capacidad creativa y visión de producto que su líder proponía.
Nada tienen que ver con un liderazgo positivo aquellas técnicas de dirección orientadas a la intimidación personal, la amenaza física o verbal, la descalificación colectiva o el escarnio público de uno o varios empleados.
Así manejaba Hitler sus asuntos en Alemania, o su amigo Mussolini en Italia, e incluso su acérrimo archienemigo común , Joseph Stalin, en la URSS, que desde el terror doblegaban voluntades o aniquilaban figuras discrepantes.
Cierto día, cierto hijo entregó a su madre una carta de la escuela que sólo sus progenitores podían abrir y leer. La madre la leyó atenta e inmediatamente después, entre lágrimas, leyó de nuevo, en voz alta para su hijo el contenido de la misma: » Su hijo es un genio, esta escuela es muy pequeña para él y no tenemos buenos maestros para él. Por favor, enséñele usted.» El tiempo demostró lo acertado de aquellas palabras, dado que aquel niño se convertiría en uno de los inventores más reputados de la historia, con más de mil doscientas patentes a su nombre. Muchos años después de que su madre hubiese fallecido, ordenando en su propio domicilio antigua documentación familiar, el afamado genio localizó entre aquella maraña de papeles la vieja carta de la escuela que su madre leyó para él. El caballero en cuestión se llamaba Thomas Alva Edison y al igual que su propia madre hizo en su momento no pudo evitar que un mar de lágrimas lo sumieran en un llanto doloroso. La carta, realmente, decía lo siguiente: » Sí hijo está mentalmente enfermo y no podemos permitir que venga más a la escuela.»
De nuevo la matriarca del clan hizo lo que debía justamente hacerse. Precisamente lo que todos esperaban de ella; proteger a los suyos, y alimentar sus sueños.

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OGB1974

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