Literatura

Algunos escritures y sus manías



Algunos escritures y sus manías - Literatura

El dramaturgo irlandés Bernard Shaw contestó a The New York Times, sobre una encuesta relacionada con la inspiración, que para él eso no existía; dijo textualmente: «Para mí la inspiración es un asunto de nalgas». Cuando se le interpeló por lo de «nalgas», respondió que durar ocho horas diarias o más frente al papel exigía tener dos buenas reposaderas. A pesar de que algunos escritores consideran la inspiración como un asunto de transpiración, de trabajo duro, constante y diario, no deja de sorprendernos algunas anécdotas sobre extrañas manías de consagrados autores al momento de escribir. Aquí les refiero algunas para que disfrutemos con esas inusuales ocurrencias.

El escritor norteamericano Hemingway confesó que debía escribir parado, a mano y apoyado en una plataforma en forma de púlpito. Escribía de pie para evitar la soñolencia. Sin estas condiciones, afirmaba que las ideas no llegaban y el lápiz se paralizaba. Además, llevaba un conteo de palabras mínimas por día. Sí no cumplía esa meta por algunas actividades recreativas que a veces se permitía, como ir de pesca, se castigaba obligándose a escribir el doble al día siguiente. O si la salida estaba anticipadamente programada, escribía con anterioridad las palabras que ese día no podría escribir. ¡Eso es disciplina!

Otro escritor, Gabriel García Márquez, necesitaba una flor amarilla para poder escribir. Su esposa era la responsable de comprarla diariamente y tenerla en el florero destinado para ello, justo antes de que el escritor iniciara su labor diaria. El narrador colombiano confesó en una entrevista que una vez pasó horas frente al papel en blanco sin ninguna idea que le entusiasmara. Cuando notó que no estaba la flor, su esposa lo había olvidado, enfureció porque comprendió la razón por la cual no escribiría nada ese día. Durante la escritura de «Cien años de soledad», él renunció a todo oficio que no fuese la escritura de aquella obra que le venía obsesionando desde hacía dieciocho años. Mercedes, su esposa, se comprometió a resolver los problemas del presupuesto doméstico y a pesar del duro déficit durante todo un año, tiempo que llevó la creación de la obra, nunca faltó la flor amarilla en el escritorio de Gabo ¿Trajo buena suerte aquella disciplina del escritor y de su esposa?

Otro literato latinoamericano, Pablo Neruda, necesitaba de los amigos y de las algarabías en momentos de sequía, en cuanto a inspiración. Se conoce que el poeta organizaba fiestas y reuniones con íntimas amistades y, en torno a las conversaciones y a los tragos, los recuerdos y las anécdotas, el escritor provocaba un estímulo de tal magnitud que nunca llegaba al final de esas reuniones, a pesar de que era el anfitrión. Es decir, en los momentos de mayor disfrute de las fiestas, se dice que Neruda desaparecía, se aislaba y no se le veía más por días.

William Faulkner, novelista estadounidense, decía que el mejor lugar para escribir y vivir era un bar. Pues de noche tratas con cuántas vidas y anécdotas variadas puedan existir y por las mañanas, momento ideal para crear, todo es paz y silencio en el recinto. Como ven Faulkner y Neruda coinciden en las reuniones y los festines nocturnos para provocar el impulso creador.

Marguerite Duras, célebre escritora de lengua francesa, se impulsaba a escribir desde el recuerdo que evocaba en ella las fotografías. Los álbumes eran siempre su fuente de inspiración. Muchas veces, cuando su entusiasmo decaía, ella solo debía recurrir a las imágenes de otros tiempos y en cuestión de minutos, confiesa, se tejía en su memoria historias dignas de ser relatadas.

Ciertamente la lista es más larga pero vamos a dejarlo hasta aquí, por ahora, porque no deseo cerrar este breve artículo sin compartir algunos consejos que estos maníacos escritores dejaron para los jóvenes o inéditos creadores. Hemingway decía, por ejemplo, que no se debe dejar de escribir sin tener más o menos claro lo que se escribiría al día siguiente. Hay nóveles escritores que dejan de escribir cuando ya están fatigados o cansados o sienten que ya no tienen más ideas que desarrollar, para Hemingway esa es una mala decisión, pues al siguiente día las ganas y el entusiasmo se ven vapuleados por la falta de nociones claras sobre qué escribir. Así que no abandones una jornada de creación literaria sin una idea algo precisa de cómo vas a continuar al día siguiente, de lo contrario te embargará el desánimo, ¡que te lo digo yo!

Una de las novelas que han hecho más famoso a William Faulkner es «El sonido y la furia». Sin embargo, para el narrador norteamericano esta obra representa uno de sus más rotundos fracasos de creación, ¿por qué? Él confiesa que nunca pasó del primer capítulo, pues lo reescribía constantemente al no encontrar una perspectiva (punto de vista del narrador) adecuada para relatar la historia (anécdota). Así transcurrió el primer capítulo, contado por un personaje, luego por otro, después por aquel y luego por este. Cuando ya creía que abandonaría el proyecto literario, buscó todos los manuscritos y al leerlos de una sentada, se dio cuenta de que había logrado un experimento literario jamás ejecutado hasta entonces. Aprendizaje, ¡nunca deseches lo que consideras un error, pues en literatura los errores brillan y, más aún, cautivan!

García Márquez decía que la inspiración existe pero es importante que cuando aparezca te encuentre escribiendo, porque de lo contrario, de nada sirvió su súbita aparición. Neruda siempre recomendaba anotar todo lo que llegaba a tu mente, imágenes, una frase, una palabra. Así que siguiendo el consejo de estos dos latinoamericanos, no dejes de escribir todos los días, aunque te sientas fatigado, porque la inspiración llega sin previo aviso y, ¡ojo!, no dejes de llevar contigo una libreta de anotaciones, especialmente cuando salgas con amigos…

Por último, Marguerita Duras decía que cuando escribía, toda la casa escribía con ella. La memoria de las cosas se desplaza, se deja moldear por el teclado. Por lo tanto, aquel dicho de que escribir es un acto solitario, está por verse, pues cuando se escribe se trae el mundo entero de nuestra memoria al papel en blanco. Escribir es una forma de revivir.

¿Has pensado en lo estimulante que puede resultar para ti ver un álbum de fotografías, escuchar música, reunirte con amigos o un domingo familiar, para tu creación literaria? Quizás te llegó el momento de aferrarte a una manía o simplemente de escribir todos los días hasta que la inspiración llegue…¡y recuerda aquellas palabras de Horacio Quiroga, mientras escribas no pienses en aplausos, es de mala suerte!

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Acerca del autor

J. D. Medina Fuenmayor

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