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‘amanece Que No Es Poco’: El Disparate Nacional

‘amanece Que No Es Poco’: El Disparate Nacional - Cine y Televisión

Raro es que nadie reaccione, para bien o para mal, ante alguna escena, algún diálogo o algún pasaje de la película “Amanece que no es poco”, de José Luis Cuerda. Es una de las películas más particulares de nuestro cine y, sin duda, se ha ganado un puesto en la memoria de cualquier cinéfilo que se precie.
Se estrenó en enero de 1989 y después de un mes en los cines, desapareció sin pena ni gloria. La crítica no fue muy benevolente con ella y el público tampoco parecía entender de qué iba aquel sindiós argumental. Su eslogan: “Parece lo de siempre y es lo nunca visto” es totalmente cierto. A simple vista se podía ver en el cartel promocional a la guardia civil, el cura, el alcalde y a los labriegos de cientos de películas españolas enfocadas en la posguerra, pero esta es diferente. Porque con los mismos ingredientes el guiso sale muy distinto a lo esperado.
La película, escrita y dirigida por José Luis Cuerda, es la segunda entrega de una trilogía de humor surrealista formada por “Total”, la primera de todas y “Así en el cielo como en la tierra”, la última. Berlanga la definió como “el mejor reparto del cine español” y lo cierto es que efectivamente, cuenta con nombres que ya son leyendas de nuestro cine: Luis Ciges, Sazatornil, Manuel Alexandre, Rafael Alonso, Antonio Resines, Chus Lampreave y un largo etcétera.
La película nació por un encargo de TVE a José Luis Cuerda. Querían hacer una serie parecida a “Crónicas de un pueblo” pero con los personajes de “Total”, la anterior película de Cuerda. José Luis escribió cinco capítulos pero al final no se llevó a cabo. Esos capítulos son la semilla de lo que luego fue “Amanece que no es poco”. De hecho, la serie comenzaba con esa misma frase.

La idiosincrasia del guión
 
Aparte del magnífico elenco de actores, podemos decir sin miedo a equivocarnos que el guión de Cuerda es el responsable de que esta película sea recordada después de 29 años y que haya sumado un nutrido grupo de fans, los llamados “amanecistas”, que cada año se reúnen para encarnar a los personajes del film y conmemorar algunas de sus escenas más memorables.
Quizá la mayor virtud del guión es fusionar el surrealismo y el absurdo con el costumbrismo más recalcitrante de la España de posguerra, de tal manera que los personajes actúan dentro de su propia realidad absurda, sin forzar lo más mínimo el humor ni las situaciones hilarantes que se crean. La comedia surge precisamente de ese abismo infranqueable entre la realidad cotidiana de los personajes y nuestra visión lógica y cuadriculada. Es como si miráramos por unos prismáticos y viéramos cosas tan disparatadas que escapan a la razón y no tuviéramos más remedio que reírnos.
Se trata de una película coral sobre los habitantes de un pueblo de la sierra albaceteña con algunas peculiaridades:

  • Los habitantes del pueblo tienen al escritor William Faulkner como su máximo exponente.
  • El cura es una estrella mediática indiscutible, ovacionado por los feligreses con verdadero fervor en su misa diaria.
  • El borracho del pueblo es capaz de desdoblarse a su antojo
  • Los guardias civiles son cultos y amables y supervisan la ingesta de alcohol igualitaria para todos
  • Los labradores del pueblo son intelectuales
  • Hay asambleas de mujeres que se ríen cada día de un hombre y eligen democráticamente a la adúltera, la puta, la marimacho y la monja del pueblo
  • Un padre y un hijo de lo más extraño que llegan en sidecar
  • Hombres que brotan de la tierra
  • Un negro que camina en zigzag y que alguno huye de él porque no se acostumbra a verlo en el pueblo después de 40 años
  • Un grupo de jóvenes yanquis dispuestos a copiar todo lo que se hace en el pueblo para ejercer el poder omnímodo
  • Un profesor que da sus clases cantando como en un musical de Broadway.

Este humor absurdo, surrealista e irreverente de Cuerda es realmente el impulsor de la cinta. En algunos momentos puede parecer una sucesión de sketches, porque no hay un hilo argumental sólido que vertebre la historia (aunque sí personajes con más peso que otros), pero realmente nos da igual, porque al ser una película que rompe las reglas desde el principio, lo que queremos es que nos sorprendan continuamente con situaciones cada vez más absurdas y disparatadas si cabe.
Porque efectivamente, como dijo Cuerda: “Esta película se beneficia de sus defectos. Lo aguanta todo”. Y a los espectadores nos encanta que esté llena de defectos. Lo perdonamos todo a cambio de esa sobredosis de transgresión y surrealismo que tanto se echa en falta en nuestro cine.
 
Una película con pasajes inolvidables
 
El rodaje, según el propio Cuerda, fue muy complicado. Fueron seis semanas muy agitadas del verano de 1988, con mucho calor, falta de medios, sin tiempo y donde se llegaron a rodar hasta 28 planos en un día. Algo impresionante. Cuerda comentó al respecto: “solo está al alcance de imbéciles como yo”. Sí, quizá esta rapidez e improvisación se note en algunos pasajes del film, pero qué más da. La gente no va a recordar los posibles errores, sino las escenas y diálogos extraordinarios que tiene esta película.
Escenas como la del cura y el sacristán ante sus fans en la iglesia, la de la madre que da a luz gemelos diez minutos después de terminar el acto, o los diálogos hilarantes entre el padre y el hijo recién llegados al pueblo, son impagables:
 
JIMMY (Luis Ciges en la cama): Supongo que me respetarás, ¿eh, Teodoro?
TEODORO (Antonio Resines en la cama): ¿Qué guarradas está usted pensando, padre?
JIMMY: ¡Déjate, déjate! Que un hombre en la cama siempre es un hombre en la cama ¿eh?
 
Otras frases célebres del film:

  • ¡Alcalde: todos somos contingentes, pero tú eres necesario!
  • Yo le doy unas prestaciones sexuales a tu mujer muy buenas.
  • ¡Que quería yo hablarle de Dostoievski!
  • ¡De ordeeen del señor curaaa, se hace sabeeer que Dios es uno y trinoooo!

Por estas, y otras muchas razones que escapan a la razón, “Amanece que no es poco” pertenece por derecho propio a la memoria colectiva de nuestro país. Porque muchos de los diálogos y escenas de la película, se transmitirán de generación en generación como las grandes enseñanzas que perviven por los siglos de los siglos. Amén.

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Rauli Jiménez

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