Política

America Great Again….or Impeachment



America Great Again….or Impeachment - Política

Unos cuantos meses atrás, la prensa británica había hecho pública la valoración que el embajador británico en EEUU había extraído de la figura del Presidente Donald Trump, que lo describía literalmente como «inepto», «incompetente» e «inseguro».
Evidentemente el Gobierno de su Majestad, probablemente un poco abochornado por darse a conocer un informe reservado en exclusiva para el gabinete, salió en poco tiempo al paso para aclarar que las valoraciones personales de su personal diplomático eran absolutamente libres pero que en modo alguno suponía que el Gobierno británico se alinease con aquella conclusión.
Pero Trump ya le había devuelto el golpe al embajador, como si de una pelea de patio se tratase, elevando un punto el tono de los calificativos, y demostrando de nuevo que el inglés no andaba muy errado en sus apreciaciones: «chiflado», «estúpido» y «tonto pomposo» sentenció el Presidente norteamericano de Kim Darroch, el embajador, que tuvo que presentar su dimisión, no por sus valoraciones sino por haber permitido que las mismas se filtrasen a la prensa.
Pero es que ese viene siendo el tono habitual de desafío que emplea el magnate cuando a alguien se le ocurre cuestionar sus declaraciones o su política interior o exterior. Incapaz de mantener un tono institucional a la altura de su cargo, se arremanga y entra al trapo de cualquier valoración negativa que se haga de su persona hasta conseguir ridiculizar al contrincante, preferiblemente durante alguna acto institucional público y amplificado en las redes a través de su omnipresente Twiter.
Es un hombre muy rico, que nació y creció en una familia rica, y que supo demostrar cierta habilidad para granjearse la admiración del público de masas, creando una imagen del hombre hecho a sí mismo, triunfador, brillante en los negocios y negociador implacable. Rodeado siempre de bellas mujeres, que utiliza y descarta a su antojo. Así lo justificaba él mismo, en declaraciones personales, como una fanfarronada más de las que le gusta divulgar públicamente. Aseguraba que cuando eres famoso, te puedes permitir hacer lo que quieras con las mujeres;«Me siento automáticamente atraído por las guapas y empiezo a besarlas. Es como un imán. Las beso. Ni siquiera espero. Y cuando eres una estrella te dejan hacerlo. Puedes hacer cualquier cosa. Lo que quieras. Lo que sea.»
Ha empleado los medios televisivos para acrecentar su propia leyenda, y su fortuna personal. Las 14 temporadas de «El Aprendiz», en la televisión, que protagonizaba y presentaba hasta su misma elección como 45º Presidente de los Estados Unidos de América, parece que le han reportado beneficios personales por algo más de 200 millones de dólares.
Ha ocupado el puesto de accionista mayoritario durante muchos años en casposos certamen televisivos como Miss Universo, Miss EEUU y Miss Teen EEUU, con notable popularidad, hay que decir.
Buena parte de su fortuna personal y empresarial procede de negocios relativos a inversiones inmobiliarias, hoteles, casinos, campos de golf, regalías. Negocios que el padre, Frederick «Fred» Christ Trump, ya había iniciado con éxito, y de cuya experiencia y valiosos contactos políticos, financieros y empresariales, el hijo supo extraer provechoso beneficio.
En sus tres años como Presidente no ha cesado nunca de generar continuas y reiteradas polémicas. La llamada «trama Rusa», por la que, supuestamente, asesores personales del candidato Trump establecieron contacto extra-diplomático con determinados cargos rusos con el fin de desestabilizar y desprestigiar la candidatura presidencialista de la demócrata Hillary Clinton, jamás le ha abandonado.
Ha desmantelado unilateralmente importantes acuerdos de libre comercio, como el famoso TPP (Trans Pacific Partnership o Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica) con el fin de recuperar antiguas barreras proteccionistas y arancelarias sobre diversas materias primas y colaboraciones tecnológicas, iniciando una pugna internacional muy controvertida, especialmente con una de sus mejores socios comerciales, China, que sin embargo ha sabido mantenerse prudente y conciliador frente a la línea dura dialéctica de Trump. Lo que se estimó en su momento como un gran acuerdo para la economía norteamericana y mundial, se convertía ahora para el Presidente en un «mal acuerdo» que había que revisar en su totalidad. No contaba Trump con que Xi Jinping , Presidente de la República Popular China, le tendiese de inmediato una mano serena y dialogante con el fin de buscar soluciones a las discrepancias que el norteamericano pudiera objetar contra algunas cuestiones estratégicas de ese acuerdo, incluso cuando desde la misma Casa Blanca se emitían órdenes ejecutivas que prohibían cualquier tipo de relación entre el sistema operativo de telefonía Android y el gigante tecnológico HUAWEI, acusado por la administración norteamericana de poco menos que de espionaje.
Pero por otro lado, las tensiones belicistas que se incrementaron y alimentaron bajo la administración de Obama en la cuestión norcoreana, paradójicamente han quedado por el momento anuladas gracias a la intervención directa del Presidente Trump, quién al margen de hilarantes twits en los que presumía de que su botón nuclear era mas grande y funcionaba mejor que el del dictador norcoreano, ha conseguido un histórico encuentro personal con el despótico mandatario Kim Jong Un, que si bien no se ha traducido de momento en ningún tipo de acuerdo concreto, ha superado claramente las posiciones negociadoras del anterior presidente y, recordemos, Nobel de la Paz.
A su vez, durante su mandato, y como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas del Ejército de los E.E.U.U., ordenó el lanzamiento de la GBU-43, «LA MADRE DE TODAS LAS BOMBAS», el proyectil guiado de mayor potencia no nuclear. El primer lanzamiento de este temible artefacto en combate real, sobre Afganistán, y cuyo objetivo pretendía finiquitar a tropas del Estado Islámico en aquel país. Objetivo un tanto paradójico si tenemos en cuenta que el Estado Islámico se extiende por zonas tan amplias y dispersas geográficamente como parte de Siria, Irak, Yemen, Libia, Nigeria y Afganistán, por lo que la finalidad de aquel lanzamiento parece responder más a fines propagandísticos de su política belicista que a objetivos reales de combate.
Igual que cuando hace escasos días anunció la retirada de las tropas norteamericanas de Siria, dando por finiquitada una intervención tan polémica como estéril, incapaces de garantizar la seguridad de amplias zonas en conflicto que han quedado arrasadas y a merced del salvajismo más incomprensible en tiempos modernos sobre una parte muy importante de su pacífica ciudadanía, incluyendo bombardeos indiscriminados sobre zonas residenciales, colegios, hospitales, y el uso prohibido de armas químicas. Un país sometido a un desmembramiento colectivo en el que presumibles tropas fieles al Presidente Bashar al-Ásad se esforzaban por defender amplios territorios de un país invadido desde Irak por los mercenarios del Issis, pero también disputado por Turquía, Rusia, Irán, y poblaciones kurdas. Así que ahora los kurdos, los únicos que han demostrado hacer frente al poderoso ejército del Estado Islámico, batallando poblado a poblado en muchas ocasiones junto con los soldados estadounidenses, quedan desamparados entre la facción radical islamista y las tropas turcas que desde hacía años las combatían por considerarlos miembros activos del PKK, un grupo terrorista kurdo que disputa territorios del Kurdistan con el imperialista estado turco. Los soldados norteamericanos regresan y Trump, frente a los ataques unilaterales de Turquía sobre las poblaciones kurdas del norte de Siria, envía una carta al autoritario Erdogan recomendándole que «No seas tonto», que no se involucre en acciones bélicas en ese territorio,«que de la misma forma en que seguramente no quieres verte como responsable del fallecimiento de miles de víctimas inocentes, yo tampoco quiero ser responsable de la destrucción de la economía turca». Y la UE, calladita, esta boca es mía, bajo la amenaza verbal del presidente turco de abrir sus fronteras y permitir la entrada masiva de miles de refugiados sirios, libios y afganos que se agolpan en sus fronteras evitando que se adentren descontroladamente por los países miembros de la Unión Europea.
Desconcertante.
Y tenemos también al yerno del Presidente, Jared Kushner, marido de su hija Ivanka Trump, elevado a una incomprensible posición de asesor del Presidente en asuntos internacionales, sin gozar de un puesto definido oficialmente, pero con amplios poderes para acceder a información sensible de Estado, ejerciendo labores de negociación y contacto con diversos gobiernos, en especial de nuevo el ruso, con fines eminentemente económicos y por lo que se adivina, lucrativos personales. De ahí que el fiscal encargado de la investigación de la «trama rusa» también lo incluya en sus pesquisas. Y de ahí también, a su vez, que el jefe de gabinete de Trump, el general John Kelly se haya visto obligado a negarle el acceso a esa información reservada y limitar con ello su creciente influencia en el entorno de la presidencia. En cualquiera de las democracias avanzadas, esta conexión le hubiera costado el cargo a su presidente.
Muy controvertido, a su vez, por la polémica construcción del muro con la frontera de México y la orden ejecutiva de identificar indiscriminadamente a ciudadanos susceptibles de ser inmigrantes ilegales con el fin de deportarlos a sus países de origen, deteniendo a los que están en situación irregular y recluyéndolos en centros de inmigrantes en los que familias con hijos menores han visto como hijos y padres eran separados, y llevados a centros de internamiento diferentes. Una medida que complace sin duda a buena parte del electorado supremacista blanco del Presidente Trump, quien no ha dudado en calificar públicamente a los mexicanos como «violadores» y «criminales», y realizar declaraciones tan desacertadas como » ¿ Para que queremos a haitianos aquí? ¿ Para qué queremos a toda esa gente de África aquí? ¿ Por qué recibimos a gente de países de mierda?», agregando que esos lugares eran «agujeros de mierda», y que era preferible para Estados Unidos recibir a más inmigrantes de Noruega en lugar de esos países.
Ninguna de estas polémicas declaraciones y situaciones habían significado hasta ahora ningún proceso de recusación al Presidente. A lo sumo, declaraciones políticas de la oposición y lecturas críticas de una parte de la prensa demonizada por el mismo Trump, quién acuñó el término de FAKE NEWS (noticias basura, noticias falsas)para algunos medios muy críticos con su política.
Ese proceso de recusación lo ha provocado, sin embargo, el ascenso político de un candidato demócrata a la Casa Blanca que se perfila con fuerza para las próximas elecciones. El ex- Vicepresidente Joe Biden. Figura inquietante de la administración Obama, que hasta ahora había permanecido en un segundo plano discreto, y con un perfil público bajo, para no ensombrecer la posición del primer presidente de color de los E.E.U.U., y la posterior candidatura de otro Clinton, Hillary que perdió contra todo pronóstico las elecciones frente a un irreverente Trump, encumbrado por los votantes ávidos del discurso populista y anti-sistema del hombre de negocios favorito de los norteamericanos.
Pero Biden, elegante en sus formas, experimentado político, blanco, conocedor de los entramados entresijos de la Casa Blanca parece que representa una amenaza para la futura reelección del magnate, por lo que en una supuesta conversación telefónica con el Presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, (el mismo que recibió personalmente a la mega estrella hollywodiense Tom Cruise, y del que afirmó ser mucho más guapo en la realidad que en sus películas) parece, se dice, se especula que el Presidente Trump le sugirió la idea de investigar a su rival político, imaginamos también para sacar a la luz los viejos trapos sucios del candidato Biden, y con ello dinamitar de nuevo su candidatura.
Trump se defiende negando lógicamente estas acusaciones, y sostiene que se trató de una llamada absolutamente cordial, sin ningún tipo de trascendencia personal ni política.
Sin embargo, la cosa parece más seria de lo que el Presidente pretende transmitir. Los miembros del partido demócrata de la Cámara de Representantes del Congreso han presentado una denuncia con el fin de iniciar el impeachment. En esta primera votación en el Congreso, el resultado tiene que reunir una mayoría simple. Y de ahí, continuaría en el Senado, en el que la votación deberá aglutinar a dos terceras partes de los miembros de esa cámara para que la destitución del acusado se apruebe.
La Casa Blanca ya ha manifestado su decisión de no colaborar activamente con el proceso de investigación. Pero alguno de los indicios que ha podido extraer la parte acusadora plantean serias dudas a cerca de la intrascendente llamada que Trump sostiene que mantuvo con el presidente ucraniano.
Por lo visto, un paquete de ayudas por valor de 400 millones de dólares para adquirir armamento por parte del gobierno de Ucrania, quedó bloqueado pocos días antes de que tuviera lugar aquella conversación telefónica entre uno y otro presidente.
Sea como fuere, el mandatario de la nación más poderosa e influyente del mundo se enfrenta ahora al que sería el 4º proceso de impeachment llevado a cabo hasta la fecha en toda la larga lista de presidentes de Estados Unidos.
Johnson fue destituido en 1868. Nixon, en 1973, prefirió dimitir antes de que lo despacharan. Y Bill Clinton superó la votación del Senado con alivio, a raíz del bochornoso «caso Lewinski».
Estaremos atentos al final de este proceso contra el Presidente Trump, decepcionados en todo caso no sólo por la cuestionable calidad humana del mandatario, sino también por la total ausencia de un candidato libre de los influjos de los poderosos lobbies que mueven y deciden la política interna y externa de los Estados Unidos de América.

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OGB1974

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