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Amor A Primera Vista: La Experiencia Mcdonald’S.

Amor A Primera Vista: La Experiencia Mcdonald’S. - Viajes y ocio

Amor a primera vista, fue el sentimiento que  motivo a Ray Kroc a apoderarse de McDonald’s hasta llegar a convertirlo en la franquicia más grande del mundo de comida rápida.
En lo personal, tenía un conocimiento muy limitado acerca de  los orígenes de esta empresa transnacional, que por cierto sigue estando dentro de las diez primeras del mundo e incluso catalogada como la número uno por algunos medios de mercadotecnia y de negocios. Sin embargo, mi curiosidad aumento cuando vi la película “The Founder”, protagonizada por Michael Keaton, quien dio vida al famoso empresario. Ambientada en los años 50´s, él film cuenta la historia de un vendedor de máquinas para hacer malteada, quien con persistencia, pasión y mucha ambición logro adueñarse de la marca McDonald’s, traicionando por decirlo así, a los hermanos Richard y Maurice Mcdonald, verdaderos creadores del servicio innovador de entrega de hamburguesa en 30 segundos. Lo que cautiva de la película  es la actuación intachable de Michael Keaton, eso sumado al buen trabajo de los actores que encarnaron a cada uno de los personajes que en la vida real formaron parte de la odisea para transformar un pequeño restaurante de hamburguesas en una de las marcas más emblemáticas de los Estados Unidos a nivel mundial,  reflejo del sueño  Americano en su máxima expresión, y por supuesto, los mensajes entre líneas de superación personal, aunque las prácticas utilizadas por el empresario no fueron las más éticas que digamos, pero así es el salvaje mundo de los negocios. Y bueno, este post no es para hacer una crítica de la película o de Ray Kroc y sus métodos, sino para hablar de la experiencia en sí.
Recientemente visite los Estados Unidos, me hospede en casa de una amiga en Perrys, una ciudad ubicada al sur de California. El primer día no tenía ningún plan, lo típico, hacer el menor esfuerzo para reponerme del cansancio del viaje del día anterior, salir a comer algo  y tranquilamente planear un itinerario de visitas para los próximos días.
 Mi amiga tiene un empleo de Chef en el restaurante de un casino en  la ciudad de San Bernardino; mi idea era simplemente anclarme en el centro comercial más cercano para dar un pequeño paseo. Pero el nombre de San Bernardino me trajo a la mente una postal en blanco y negro de un Diner de los años 50´s, y entonces mí memoria hizo lo suyo, «este lugar es donde nació el primer McDonald’s». Inmediatamente acudí a mi celular y cómo hacemos muchos me puse a Googlear para encontrar la dirección o  alguna referencia que me indicara que todavía existía el restaurante y así visitarlo, y para sorpresa mía era un museo.
Diferentes imágenes de la película “The Founder” pasaban por mí mente, y lo más curioso  fue que durante el camino saltaban a la vista varios McDonald´s, pero en particular yo quería visitar ese, me sentía atraído por la historia más que por un menú o una Big Mac.
Finalmente, llegamos a la N. E Street 1398 en la famosa ruta 66, y ahí estaba, el primer McDonald’s, con los colores tradicionales y la fachada alusiva a la de los años 80; por supuesto que  no era como lo imaginaba, pensé que me encontraría con un establecimiento característico de los años 50´s. Y como lo describía el internet, el lugar era un museo, muy caricaturesco, los espacios exteriores decorados con muñecos de plástico de los personajes clásicos del universo de la franquicia, incluso hasta una réplica de la combi llamada “La Maquina del Misterio de Scooby Doo”. En ese momento me resultaba poco atractivo, aunque para cualquiera podría ser una invitación para revivir la nostalgia y los recuerdos de la infancia con todas esas imágenes retro. Yo  lo que buscaba era  vivir la historia, influenciado por la película, dibujaba en mi mente los espacios donde posiblemente Ray Kroc y los hermanos McDonald debieron haber discutido o planeado el futuro de la empresa, desde luego que el entorno físico del lugar no podía seguir igual a como estaba hace un poco más de 60 años.
Sin embargo se hizo presente algo que temía y cuya sospecha la llevaba muy adentro de mi mente, un detalle que casi me desilusiona y que cambio en un instante mi perspectiva del lugar; en  otra sección del museo están las oficinas corporativas de la cadena de restaurantes de pollos rostizados  “Juan Pollo” cuyo propietario es Albert Okura, quien en 1998 compro el terreno para construir sus oficinas, atribuyéndole como a algo relacionado con el destino.
La construcción original había sido demolida, pero a pesar de todo, Okura reconoció el sitio como el lugar original donde Dick y Mac abrieron el primer McDonald´s en 1940. Su idea nunca fue  la de poner un museo en memoria de los McDonald’s, pero debido a los rumores que circulaban en diferentes medios con la noticia de que esa era la causa, le dio la idea de habilitar una parte del edificio como un área de exhibición y decorarlo con murales pintados en las paredes exteriores del inmueble, estas pinturas son como una proyección de los episodios simbólicos de la historia de San Bernardino a través de los años y desde luego la relación de McDonald’s con la ciudad. También como parte de la decoración se encuentran colocados letreros  emblemáticos de la franquicia. Okura hizo todo esto con la intención de preservar el patrimonio de la historia de San Bernardino.
El interior del inmueble tiene un par de hileras de muebles de vitrina, que forman dos pasillos, donde se exhibe una extensa variedad de artículos de toda la historia de McDonald´s, desde  los años previo a que Ray Kroc se hiciera con la franquicia hasta la actualidad; menús, juguetes de la cajita feliz de todas las décadas, vasos, contenedores, letreros, dispensarios, maquinas de refresco, premios, fotografías de personajes famosos que han participado en diferentes eventos organizados por McDonald’s, artículos de noticias, todo lo que me podía imaginar allí estaba. En otro espacio del museo me llamó la atención encontrar maquinas de refresco y envases de las décadas de los 50’s y 60’s, me preguntaba si todos estos artefactos eran los originales utilizados cuando los hermanos McDonald estaban al frente del restaurante, mis dudas al respecto  se debieron a que al platicar con el encargado del museo acerca de la originalidad de algunos objetos, me contesto que en su mayoría han sido donados por ex empleados y ciudadanos. Por cierto, el acceso al museo no tiene ningún costo, pero se aceptan donativos a consideración de lo que cada visitante desee aportar.
Con  la basta información y la distracción de todas las monerías que se exhiben en el lugar, casi había olvidado el verdadero propósito de mi visita, por lo que continué con la búsqueda  de alguna cosa que enriqueciera mi recorrido y que lograra convencerme de que había valido la pena la visita, esto no quiere decir que el ver vasos y servilleteros de hace más de 30 años no me fueran atractivos, simplemente no eran algo que verdaderamente saciaban mi entusiasmo.
Y así pasaron los primeros 40 minutos, no es que el lugar sea muy grande, pero es como un cofre del tesoro  de  McDonald’s  con todo tipo  de cosas, verlos uno por uno y si encuentras alguno con el cual te  identifiques y te transporte a alguna época de cuando tu o tus hijos eran pequeños, son  momentos que hacen que tardes más de una hora.
¡De pronto! en la parte de en frente de la sala, (empecé mi recorrido de final a principio), apareció ante mí, colocada en uno de los mostradores, una vieja máquina de batidos, y según la referencia escrita en la ficha de exhibición, esta pertenecía a la empresa de Ray Kroc cuando trabajó como vendedor y era una de las maquinas que fueron vendidas a los hermanos McDonald. Frente a mi estaba el artefacto que cambio la historia, de no haber sido por ella probablemente Ray jamás hubiese conocido a los hermanos y tal vez McDonald’s no se hubiese convertido en lo que es el día de hoy, y digo esto porque de acuerdo a la película a los hermanos se les caracteriza como empresarios brillantes, trabajadores  y entusiastas, pero carecían de visión empresarial.
Ese momento fue el triunfo de mi visita, regresó a mi esa emoción de revivir un momento histórico, me podía imaginar tal y como se muestra en el film, a Raymond sosteniéndola (tal vez esa no era exactamente  la batidora original, ya que supuestamente las ocho maquinas que compraron los McDonald les fueron enviadas desde la empresa), dándoles la explicación de su funcionamiento a Dick y a Mac, con ese entusiasmo de vendedor apasionado muy bien caracterizado por Michael Keaton, y después me imagine a ellos dándole a Ray un tour por el restaurante, explicándole paso a paso el ingenioso diseño de operación de servicio rápido; ese fue el génesis, el momento crucial. Y en efecto, tenía que preguntarle al encargado del museo y como lo imagine, no era la batidora de malteadas que fue utilizada por Ray para explicarle a los hermanos como funciona, pero si era una de las ocho compradas por  Dick y a Mac a Ray, motivo por el cual los visito la primera vez.
La mayoría de las veces como consumidores cuando visitamos algún establecimiento para adquirir algún servicio, lo habitual es prestar atención a los detalles básicos por naturaleza para decidir nuestra compra, como por ejemplo, si el producto está de moda, cual es su precio, la calidad de lo que estamos consumiendo, y es que ¿Cuántas veces hemos consumido algún producto en un restaurante de comida rápida?, llámese McDonald’s, KFC, Burger King, Carl’s Jr., por mencionar algunos, ¿Cuántas veces hemos leído o escuchado las críticas acerca de la calidad de la comida que venden y que tan saludable es?.
La emoción que teníamos de pequeños y nos movía para pedir a nuestros padres que nos llevarán a esos lugares era tal vez para ir por una cajita feliz y obtener el juguete de moda o montar los juegos y estar rodeados de los personajes de ese mundo de fantasía que promovía la empresa con su emblemático payaso Ronald McDonald; y como adultos, llevar a nuestros hijos como parte de un día de paseo o por la facilidad de obtener un alimento de forma rápida y práctica por el ritmo de vida que llevamos, un servicio que le ha funcionado a todos y a todas.
Todos tenemos una historia que contar, y son esas historias las que atrapan, los acontecimientos que captamos a través de un libro, la televisión, el cine, la radio o cualquier otro medio; la forma en la que estos influyen en nuestra imaginación, despiertan en nosotros emociones e inquietudes que nos motivan a viajar y a conocer algún lugar en específico. Continuamente estamos en búsqueda de canalizar esas sensaciones  a través de la experiencia, y en mi caso, fue la historia contada a través de una pantalla lo que me llevó a San Bernardino.
Al final, me fui satisfecho, fue un paseo espontaneo que no estaba dentro de mis planes, y la experiencia fue muy motivadora, por muy simple que esta el museo y aunque no encontré de forma tangible la originalidad física que esperaba del lugar, me fui con una idea diferente de todos los negocios de comida rápida y de otras corporaciones en general, además de darme un poco de inspiración emprendedora y redactar una anécdota digna de compartir.
Por último, hay un dialogo muy poderoso entre Ray Kroc y Dick McDonald  en la película,  el cual quiero compartir, pero antes, quiero agregar algo más; no sé hasta qué grado el personaje de Ray Kroc se posesiono del señor y actor Michael Keaton  y hasta qué punto la historia que protagonizó lo conmovió, quiero suponer que fue  todo un viaje ya que su actuación como siempre fue impecable, o puede ser que ya es parte de su trabajo por ser todo un profesional el transformarse en diversos personajes y que sea una costumbre, pero lo que si se por los comentarios del personal del museo es que siguen esperando con ansias su visita y que gracias a la película ha aumentado el número de visitantes al pequeño museo.
Aquí les dejo el dialogo.
Dick McDonald: Solo quiero preguntarte una cosa, algo que nunca comprendí.
Ray Kroc: Muy bien.
Dick McDonald: Ese día que nos conocimos, cuando te dimos el tour por el restaurante.
Ray Kroc: Uh huh. ¿Qué tiene?
Dick McDonald: Te mostramos absolutamente todo. Todo el sistema, nuestros secretos. Fuimos un libro abierto, porque simplemente tu no…
Ray Kroc: ¿Robar la idea?, solamente robar sus ideas e irme a poner mi propio negocio…utilizando todas esas ideas suyas. Hubiese fracasado.
Dick McDonald: ¿Cómo lo sabes?
Ray Kroc: ¿A caso fui la única persona a quien le dieron un tour por su cocina?, seguramente han invitado a mucha gente antes que a mi ¿cierto?
Dick McDonald: ¿Y?
Ray Kroc: ¿Cuántos de ellos han triunfado?
Dick McDonald: Mucha gente ha abierto restaurantes.
Ray Kroc: ¿Tan grandes como McDonald’s?
Dick McDonald: Claro que no.
Ray Kroc: Nadie lo hecho y nadie nunca lo hará porque todos ellos carecen de una cosa que hace especial a McDonald’s.
Dick McDonald: ¿La cual es?
Ray Kroc: Ni siquiera tú lo sabes.
Dick McDonald: Ilumíname.
Ray Kroc: No es solo el sistema, Dick. Es el nombre. Ese glorioso nombre, McDonald’s. Podría ser, cualquier cosa que tu quisieras que sea…es algo sin límite, es abierto…suena uh…suena como…suena como América. Eso compáralo con Kroc. Que Croc…Que delicia de Croc… ¿Comerías en algún lugar que se llame Kroc’s? Kroc’s tiene ese sonido eslavo. Kroc´s.  Pero McDonald´s, oh dios. Ese es una belleza. ¿Un tipo que se llame McDonald? Jamás tendrá presión alguna en su vida.
Dick McDonald: Ese no es claramente el caso.
Ray Kroc: Entonces, ¿no tienes ya un cheque en tu bolsillo por 1.3 millones de dólares? Adiós Dick.
Dick McDonald: Entonces quiere decir que si no puedes contra nosotros, nos compras.
Ray Kroc: Recuerdo la primera vez que los visite y vi el letrero con el nombre extendido afuera de su establecimiento. Fue amor a primera vista. Fue el momento en el que supe que…Tenía que tenerlo. Y ahora lo tengo.
Dick McDonald: Tú no lo tienes.
Ray Kroc: ¿Estas seguro de eso?
Ray Kroc: Adiós Dick.

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Ramon Parra

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