Literatura

Un año literario – Octava Parte

Un año literario – Octava Parte - Literatura

Aquí tenéis ya el artículo número ocho de esta colección: “Un año literario”, donde os voy desglosando algunas anécdotas del mundo literario. Espero que sean de vuestro agrado, no dejéis de valorar y de compartir.

El 30 de junio de 1861, en una habitación de hotel que daba al campo de batalla de Waterloo, donde en 1815 se había derrumbado el sueño napoleónico, Victor Hugo escribe la palabra “fin” en el manuscrito de “Los miserables”. Acababa de matar a Jean Valjean, pero “sin duda en la sombra estaba de pie un ángel inmenso, con las alas desplegadas, esperando al alma” de su héroe.

El 1 de julio de 1923, Margaret Mitchell, joven periodista de The Atlanta Journal, entrevista al actor Rodolfo Valentino y se ve obligada a saltar con él por una ventana para huir de sus admiradores. Años después escribiría el melodrama “Lo que el viento se llevó”, uno de los libros más vendidos de la historia, y toda una leyenda tras su adaptación al cine.

El 5 de julio de 1925, Edith Wharton invita a tomar el té en su elegante salón a Francis Scott Fitzgerald, que acaba de publicar “El gran Gatsby” y le ha enviado un ejemplar. La reunión, al parecer, fue un desastre: Scott Fitzgerald apareció borracho y Edith Wharton se mostró más estirada que nunca.

 

El 6 de julio de 1535, Thomas More, acusado de alta traición por negarse a jurar el Acta de Sucesión (a favor de los nuevos hijos de Enrique VIII y Ana Bolena) y el Acta de Supremacia (que declaraba al rey cabeza de la nueva Iglesia anglical) es decapitado en la Torre de Londres. Su obra más famosa es “Utopía”, de 1516.

El 10 de julio de 18…, el narrador inicia su espeluznante descenso al Maelström en el relato de Edgar Allan Poe, que convertiría el gigantesco remolino en un gran mito literario: el capitan Ahab, de Melville, hablaría de él en “Moby Dick (1851) y el capitán Nemo”, de Jules Verne, desaparecía con el Nautilus en su interior en “Veinte mil leguas de de viaje submarino” (1869-1870).

El 12 de julio de 1389, Geoffrey Chaucer, que está escribiendo “Los cuentos de Canterbury”, es nombrado maestro de obras del rey Ricardo II. “Es un trabajo duro, pero bien remunerado: dos chelines al día”. Mientras ocupó ese puesto dirigió varias obras en el palacio de Westminster y en la Torre de Londres.

El 14 de julio de 1916, Hugo Ball lee el primer manifiesto dadá en el Cabaret Voltaire de Zurich. Tristán Tzara,  poeta francés de origen rumano, sería el principal impulsor de este movimiento de vanguardia.

 

El 15 de julio de 1851, Nathaniel Hawthorne firma el prólogo de su “Libro de las maravillas”, que termina con estas palabras: “Los niños tienen una sensibilidad incalculable para todo lo que es elevado y profundo, en imaginación y sentimiento, siempre y cuando sea también sencillo. Solo lo artificial y complejo los desconcierta”.

El 16 de julio de 18…, el señor Bernier escribe a su mujer Hortense para anunciarle su regreso a casa después de una larga ausencia. Así comienza el curioso vodevil criminal “Un error trágico”, el primer cuento que publicó Henry James a los 21 años.

El 22 de julio de 1823, Lord Byron recibe en Livorno, donde se ha refugiado de un temporal, unos versos de ánimo que Goethe le envía desde Weimar al enterarse de su intención de marchar a luchar por la independencia de Grecia. Ambos autores habían mostrado gran admiración mutua por sus obras. Byron dedicó su tragedia, “Werner”, al autor alemán.

      

El 23 de julio de 2003, se publica la última entrevista de Roberto Bolaño, unos días después de su muerte: “Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el Diccionario filosófico de Voltaire, que es una de las obras más amenas y modernas que conozco (…). Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe.

El 26 de julio de 1852, Gustave Flaubert escribe a Louise Colet refiriendose a “La señora Bovary”: Al escribir este libro soy como un hombre que tocará el piano con balas de plomo en cada falange. Pero, cuando domine el teclado, si cae en mis manos una melodía de mi gusto y que pueda tocar con los brazos arremangados, quizá lo haga bien.

Bueno, queridos lectores, hasta aquí otra parte más de este “año literario”; espero que, a la publicación de la parte nueve, sigáis ahí, leyéndome. No os olvidéis valorar, dejar vuestros comentarios y compartir. Muy pronto, más historias en “Una estela de relatos”.

 

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