Literatura

Anomia Asiliente

Anomia Asiliente - Literatura

Si vienes buscando algo, la verdad; no creas nada, esto solo son desvaríos de una mente atrapada, de un alma que grita allí, en los confines del juicio y la razón, una vez más si vienes buscando algo, no creas nada, pues quiero que seas mi prisionero, tu cárcel y la llave que te mantiene encerrado, quiero que estés allí, junto a los confines de los que te hablé, pues la verdad, es que estoy al lado tuyo, es que espero que te mantengas ahí, para así tener a alguien a quien contarle esta cosas que veo.
Aunque a estas alturas ya no me creas yo estuve en tu lugar, tal vez no tan así, tal vez estaba donde ahora, pero lo veía desde tu sitio, quizás me entiendas más adelante, quizás te ayude a entender, aunque recuerda que esa nunca será mi intención, quiero que seas mío por tu propia voluntad, quiero que te guardes de intentar ser tuyo pues entonces ya no serías lo que eres ahora. Una vez más, no creas nada.

Una vez hallas acabado recuerda estas cosas que te he dicho, pues solo acaba de empezar, y si no te has visto aquí entonces no vengas más, pues todavía tienes remedio, mas, si de alguna forma sientes la necesidad de volver, entonces ya te tengo. Es así de sencillo, y que te sirva de advertencia pues no soy un dueño benevolente y todo lo que alcanza mi piedad es ser indiferente a tu sufrimiento. Si has llegado hasta aquí es porque ya casi no tienes salida, vete ahora que hay luz, una vez caiga la noche no podrás salir y el día no llega para aquellos que buscan o esperan en este intermedio de existencia.

 

 

 

Anomia Asiliente: Orígenes

 

 

Por: Mastropiero
 

Primera Parte
 

 

 

 

 

I

El disparo le había volado la cabeza a su caballo, el otro no había acertado en él por poco; sin embargo, uno de los virotes había alcanzado el hombro de su pupilo. Con una grácil pirueta había esquivado una mala caída de su animal ya muerto y ahora, rodilla en tierra, rezaba. Sonaron más disparos a su alrededor y varios virotes más volaron; pero ya nada podía tocarlo a él o a su acompañante. Los asaltantes se encontraban a varios metros, ocultos por arbustos y pequeños árboles que salpicaban el camino, o al menos lo que se podía esperar de algo sobre lo que se ha caminado muchas veces, pero se niega a civilizarse. Se habían cansado de fallar y pensaban resolver el asunto de una forma más directa. ‘’Quédate ahí ‘’, le dijo al joven que ya había logrado controlar a su caballo y estaba de pie con parte del proyectil en la mano. La punta del virote había caminado y sangraba, el joven lo miró ausente, el trance en el que se encontraba apenas daba para más. ‘’Defiende el caballo que nos queda si alguno logra pasarme. Atiéndete esa herida’’. Con estas palabras el joven pareció ir volviendo a sí mismo. La persona que había hablado se puso en pie y empezó a caminar en dirección a los asaltantes.

El hecho de ocultar los virotes con los disparos era un viejo truco, uno que funcionaba contra sangre verde, le produjo cierto malestar que su mejor alumno cayera en eso, pero al menos tenía la esperanza de que no volviese a suceder. Aquel hombre era un monje, por lo que vestía como tal. Una larga toga negra con capucha, teniendo en la cintura una cadenita para ceñirlo todo al cuerpo.

La capucha colgaba a su espalada. Al parecer la visión de una cabeza vieja y calva alentó a los asaltantes a salir de los matojos y de detrás de los troncos que los ocultaban, o al menos eso creían ellos; pasaron del simple caminar a la carrera desenfrenada hacia aquella figura. Sonó un disparo, alguien tenía todavía una pistola de repuesto, sin embargo, el resultado no fue como el de antes en lo absoluto. Desde la perspectiva de los atacantes pudiese que el disparo se hubiese escuchado como uno de los suyos, pero no podían estar más equivocados y dos cuerpos completamente destrozados lo confirmaban. El monje tenía el arma, pero ¿qué arma? La confusión fue ganando espacio en los seis que todavía estaban en pie. Sonó otro disparo y la cabeza de uno de los atacantes desapareció, viendo al monje este había bajado la mano, lo que sea que tuviese ya no dispararía más. Con gritos de pura rabia y dándose ánimo entre ellos recorrieron los últimos metros que faltaban.

El primero de los atacantes en embestir lo hizo con un sable de caballería muy largo, dio un tajo oblicuo que hubiese rajado a un hombre del hombro a la cintura, sin embargo, al completar su movimiento había perdido el brazo y el monje en algún momento le había hecho una nueva abertura en su cuerpo justo debajo del gaznate. Debatiéndose entre estos acontecimientos calló aquel infeliz sin apenas notar que moría. Sus compañeros vieron como lo hacía, pero la inercia de la carrera era demasiada como para poder frenar y analizar con más calma lo que había pasado. El asaltante que estaba ahora más cerca del monje empezaba a sentir pánico cuando una hoja apenas visible se hundía en su pecho a una velocidad de vértigo. Aun así, parecía como si el monje estuviese caminado por un jardín, el hecho de haber frenado en seco a un hombre y haberle hundido un puñal en plena carrera no había significado más que haber arrancado una mala hierba. Tarde vinieron a entender que no saldrían vivos de aquel encuentro, aquello no era un monje, era la parca.

El último de los bandidos vio como dos de sus compañeros eran aniquilados en el acto por hojas que entraban y salían de las anchas y largas mangas. Sus piernas no respondieron al presenciar aquel rojo espectáculo. Simplemente se arrodilló y pensó que lo mejor era empezar a rezar. Al ver aquel cambio de actitud tan radical el monje no pudo más que alabar al Señor en silencio. Se acercó al hombre arrodillado que juntaba las manos y escupía palabras tratando de formar lo que sería su primera confesión. Ante su atenta mirada se liberó de muchas cargas que llevaba. Por ejemplo, se liberó de aquellos pecados que él y sus hermanos de camino habían cometido en su campamento o de los tormentos que habían hecho caer sobre los indefensos caminantes que se atrevían por aquellos recónditos parajes. De paso le había dicho al monje donde se encontraba aquel lugar exactamente, además de lo que podía esperar al llegar allí. Oh que bien se sentía, a cada segundo que hablaba con el monje era como si su alma recibiese un poco más de redención. Aquello no podía ser más que el perdón de Dios, ya no recordaba cómo había llegado allí ni nada de lo que había hecho antes, para él se habría un nuevo mundo.

Una vez que supo todo lo que quiso de aquella alma la liberó de su influencia. Murió en el acto. Fulminante, como cuando se apaga la luz de una vela, simplemente dejó de ser.

Tomás había terminado la pelea en cuestión de segundos. Era obvio. Saulo permaneció junto al caballo que les quedaba como le habían dicho, el impacto casi lo había tumbado y los disparos habían inquietado un poco al corcel, al final había terminado en el suelo. Ya estaba de vuelta en sí mismo. En cuanto había escuchado los disparos su vida de entrenamiento habían tomado el control, solo que no notó a tiempo los virotes, le faltaba experiencia en combate real, aunque llevaba casi tres años como paladín iniciado. El trance de batalla era algo que se le habían inculcado desde niño. Al entrarle el virote en el hombro apenas había sentido un roce, en ese estado era capaz de luchar hasta morir, literalmente sin sentir nada. En cambio, había observado atentamente al monje Tomás. Él no entraba en trance. Hacía mucho que había pasado esa fase si es que la había tenido en algún momento. Tomás preparaba su aura para la batalla, además su rezo le confería casi automáticamente la armadura de fe. Todavía estaba analizando el combate de su maestro cuando este le puso una mano en la herida. El dolor lo sacó de su meditación.

– Todavía no has terminado de curarte – Había sido profunda. La herida había manchado la sotana blanca en toda la parte derecha, si hubiese sido en algún lugar vital ahora estaría en problemas, pero probablemente no hubiese muerto.

– Ya la mayor parte está bien – respondió Saulo a quien el dolor lo había tomado por sorpresa. La situación no nos favorece mucho – Trataba de desviar la atención de Tomás, quien había puesto cara de desconcierto al verla todavía semiabierta.

– No es tan mala. – Empezó a recoger sus pertenencias del caballo muerto. Tras un instante en el que colocó lo poco que llevaba su antiguo animal en el caballo de Saulo; continuó – El bandido con el que hablé me comentó que hay un pueblo cerca.

– No he visto tal cosa en el mapa – Era visible la curación

– Yo tampoco, sácalo.

Al empezar a observar el mapa se ubicaron rápidamente en las zonas más periféricas de este, en efecto tal pueblo no aparecía, sin embargo, era imposible que el bandido les hubiese mentido, no en el estado de confesión.

-Maestro, las huellas que seguíamos se detienen aquí. Me imagino que los bandidos tengan algo que ver con eso, ¿no? – Hacía varios días que seguían lo que parecía ser una pequeña caravana. Comerciantes lo más probable. Aunque suponían que su destino era Fuelles, la única ciudad situada tan en la periferia de aquel mapa, tal vez supiesen algo de aquel pueblo.

-Han sido su última víctima, en estos momentos deben de estar en su campamento, o muertos. El señor se apiade de su alma. – sus palabras sonaron frías. El rostro de Tomás no se apartó del mapa.

Mientras conversaba había concentrado todo su prana en terminar de curarse. Le parecía que su maestro y oficial superior le reprochaba no haberlo hecho antes. Para cuando terminó de hablar apenas le picaba el hombro.

– ¿Cree que deberíamos buscarlos? – La curación estaba completa, ahora se sentía bien, casi que quería desquitarse.

– Esto es lo que haremos. Vas a tomar el caballo que nos queda y si sigues este camino hasta una encrucijada, desviándote a la izquierda llegaras al pueblo una vez hallas entrado un poco en el bosque. El bandido me confirmó que allí podíamos hospedarnos y prepararnos para lo que nos falte por recorrer – La inutilidad del mapa a estas alturas era evidente. Tomás pensaba notificar esto una vez estuviese de vuelta. Empezó a envolverlo.

– ¿Y usted que hará?

– Creo que vale la pena averiguar algo de ese campamento, aunque no espero mucho. Cuando llegues a ese pueblo ve directo a las autoridades, es posible que todavía puedas retribuir esa cicatriz – las ganas de Saulo no habían sido desapercibidas – Aunque viendo esto me hago una idea de la competencia de tales organismos – La voz de Tomás era monótona, casi nunca mostraba emoción.

– ¿Cuánto me tomará en llegar? – Ya estaba montado.

– Varias horas, probablemente llegues al anochecer si mantienes un trote suave. Yo en cambio llegaré al alba.

– Entonces, tenga cuidado por favor. Al Señor lo encomiendo. –Se despidió, mientras comenzaba a galopar.

Tomás asintió y le respondió de la misma forma. Él tomó una dirección casi perpendicular. El campamento debía de estar a unas horas de camino, pero antes debía hacer algunos preparativos.

Oculto de la mayoría de los ojos, por debajo de su gran túnica, la mayoría de los monjes guerreros albergaban una cantidad sorprendente de accesorios y artefactos. En el caso de Tomás casi todos tenían algo que ver con la pólvora. Lo variado era la característica más importante de los que se dedicaban a aquel estilo de vida. Desde ascetas que apenas llevaban ropas hasta alquimistas y predicadores, los monjes por lo general reunían conocimientos tan disímiles que sin temor alguno se podía decir que no existían dos iguales. Por supuesto, había un denominador común y era que todos estaban consagrados a la Santa Iglesia, y la mayoría en algún momento se encargaban de instruir más que de servir como oficiales de campo, la denominación monje indicaba más una forma de vida que alguna clase especializada, a diferencia de Saulo que era paladín, por ejemplo.

Mientras sacaba sus pistolones y los recargaba, una maravilla de la ingeniería y su diseño original, se situó en lo que calculó sería el centro del lugar donde se produjo su pequeña escaramuza con los bandidos y se arrodilló una vez más. Mirando al cielo mientras limpiaba los puñales rogó por las almas que hoy había segado. ‘’Perdónalos, Señor’’. Como era habitual, su rezo era desprovisto de emoción alguna. Continuaba realizando los preparativos, comprobando las distintas municiones que tenía, los abrojos, los ganchos, las granadas. El olor de la carne quemada empezaba a alzarse, aunque ningún humo se desprendía de los cuerpos de los ocho bandidos ya casi hechos cenizas.

Aun sin la información del bandido era posible seguir el rastro que dejaba la banda si el que buscaba sabía observar. El camino que había dejado detrás atravesaba una llanura salpicada de árboles pequeños y arbustos que iban aumentando a medida que se aproximaba al bosque. Un trillo se había abierto de las recurrentes idas y venidas de los asaltantes quienes al parecer habían practicado su oficio impunemente por un buen tiempo. Cuando se adaptó a seguir el rastro Tomás empezó a correr. Quería llegar antes del anochecer a las ruinas que ocupaban los bandidos y así aprovechar los restos de la luz del sol para analizar a sus enemigos. Debía de esperar cerca de cien bien armados, pero no quería iniciar el enfrentamiento abiertamente. Su principal objetivo era observar y en última instancia rescatar a algún sobreviviente de las incursiones que le pudiese aportar información significativa.

Continuó corriendo durante dos horas. Ya había entrado bastante en el bosque cuando aminoró su marcha. A partir de ahora debía ir con cuidado pues se acercaba a un terreno preparado con trampas para recibir a huéspedes indeseados. Gracias a la información de antemano pudo evadirlas todas, algunas estaban muy bien colocadas e iban desde simples alarmas hasta una muerte segura para el incauto. ¿Cómo era posible la existencia de semejante grupo en las cercanías de un pueblo? La región en la que se encontraba era de las más periféricas del Reino de Ferrara, hay quienes incluso dirían que era tierra de nadie, pues el bosque en el que se adentraba era completamente salvaje y representaba el fin de la civilización, al menos de la humana.

El bosque era la antesala a todo un complejo montañoso que se extendía por centenares de millas. Esta enorme región llena de todo tipo de recursos había sido y continuaba siendo codiciado por los Reinos circundantes, pero resultaba muy complicado un intento de colonización o explotación ya fuese por la resistencia de los elfos o por las disputas entre Reinos. El pueblo al que se refirió el bandido interrogado era el logro más significativo que se había hecho con respecto a extender el dominio humano civilizado a aquellos parajes, estaba claro que estas áreas representaban el cielo para los forajidos, sin embargo, era muy extraño la aparición de un grupo tan poderoso en una zona que no tenía ningún interés, al menos de momento, y estaba tan alejada de riquezas más potenciales. Una razón más para investigar a conciencia pues en el mapa que había estudiado no se hacía referencia a tal asentamiento, de eso estaba seguro. A medida que en su viaje se fue alejando de las zonas más pobladas se iba encontrando con errores como aquel, los mapas y las guías de viaje que consultaba al parecer estaban obsoletas.

Las ruinas que ocupaban los bandidos eran lo que quedaba de un puesto de avanzada de un fallido intento de expansión por parte de Ferrara. Por supuesto no había tampoco referencia alguna a ellas. Los bandidos sin ser ingenieros ni constructores la habían reparado e incluso ampliado, ahora todo el bastión lucía de forma sorprendente. Tomarlo por la fuerza costaría bastante a cualquiera que lo intentase. Desde la copa de un árbol Tomás observó detenidamente el asentamiento, tenía un pequeño catalejo que lo ayudaba bastante, un recuerdo de sus días como artillero. Rodeado de un ancho foso bien excavado, profundo y lleno de estacas, sobre un montículo de más de cinco metros se alzaba una gruesa empalizada donde el muro original no llegaba. En cada esquina un torreón circular, las cuatro formaban un macizo bloque lleno de escoria. Era posible ver desde aquella altura las carretas de los comerciantes capturados, aunque no se veía ningún prisionero.

 

Ya había perdido la cordura. Primero fueron los golpes, al estómago de tal forma que no pudo respirar, después a la boca lo que significó perder varios dientes y la mitad de un labio; después vino la violación y aún continuaba. En los momentos que pudo su garganta había gritado tanto que ya no podía hablar, sus uñas yacían debajo de ella, así como mechones de lo que en algún momento fue su querido pelo. Algo de lo que se sintió tan orgullosa ahora servía como rienda de la cual tiraban a su antojo cualquiera que se propusiese montarla. Sus rodillas sangraban, sus muslos sangraban, su vientre sangraba, sus pechos, sus nalgas, su boca, sus ojos. Ya no era una mujer. Desde el momento en que fue capturada se había convertido en un objeto. Su hija había corrido la misma suerte, solo que su juventud le había propiciado una muerte más temprana. A su esposo lo mataron en el acto, al igual que a todos los hombres que los acompañaban, dichosos habían sido. Solo quedaba ilesa la pequeña de apenas algunos meses. No se decidían sobre qué hacer con ella. Mientras discutían sobre esto y algunos otros planes, la seguían embistiendo, penetrando, violando; uno tras otro, se empecinaban en llegarle a sus entrañas, en mostrarle que tanto tenían, en morderla hasta el punto que soltara otro quejido, algún grito, cualquier señal de vida para así poder absorberla. Ya no se resistía, pero todavía pensaba en su hija muerta y la niña viva.

Después de una serie de violentísimos espasmos en los que el jefe bandido se había corrido en su interior una vez más, tuvo un momento de descanso. Su cuerpo fue arrojado al suelo como un saco. Había repetido tres veces, pues las primeras fueron fugaces, la abstinencia que había llevado por la ausencia femenina en aquel lugar hacia que el solo hecho de ver a un vestido lo pusiera a mil, encontrarse una mujer con la que pudiese follar era un verdadero milagro. Como jefe, Jordán había disfrutado de ser el primero en ambas. Primero a la madre,; después le tocó a la hija, solo que no duró mucho; con trece años no se está suficientemente preparada para una violación; que desperdicio de carne pensó. Entonces quitó a uno de sus oficiales y siguió con la madre, que al parecer había aguantado, aquello era otro milagro.

Tras soltarla una vez más se dispuso a recuperar un poco el aliento y de paso repasar las ganancias de aquel día. Había dos carretas bien provistas en su patio. Principalmente aceites y telas finas, había pequeñas bisuterías para mujeres y niños, espejos, vestidos y juguetes. Todo aquello se vendería muy bien al otro lado de las montañas, en el Intermedio. Si bien él y su banda no podían poner un pie en ningún asentamiento de la zona, a veces podía negociar su entrada de forma clandestina, junto con la de alguno de sus hombres.

Se encontraban en aquella habitación él, la mujer y un bebé que no paraba de chillar. Tenía instrucciones de mantener a aquella bebé con vida, de hecho, todo aquello era por ella, lo demás quedaba en sus manos. Se daba cuenta de esto ahora que estaba un poco más sedado, lo único que le había importado cuando le dieron la orden fue el hecho de poder hacer lo que quisiera con lo demás. Caminó hacia aquella bola de tela cuando vio que la mujer se movía hacia su mismo objetivo. Hallaba graciosa aquella escena. Arrastrándose sin apenas poder, balbuceando cosas inentendibles y sollozando. Contempló divertido todo el suplicio de la madre por alcanzar a la beba. Ella estaba completamente desnuda, con el cuerpo desfigurado, se arrastraba con los codos y rodillas. Mientras seguía observando aquel drama, empezó a notar una potente erección. Sabía que aquella mujer no resistiría otra violación, aunque también sabía que no se iba a calmar hasta matarla.

Cuando al fin llegó al bebé no pudo hacer otra cosa que intentar tocarlo. Sus dedos y sus manos eran un manojo de nervios incontrolables y ensangrentados, aun así, la bebé reconoció su tacto y por un momento, sólo por un momento calló; pues no pasó un instante cuando el jefe se encontraba una vez más sobre ella. Luchó con su alma por impedir que la separaran de aquella niña. Bastó que de un manotazo Jordán la arrojara fuera de su alcance, había olvidado que no podía dañar a aquella creatura. El golpe aumentó considerablemente el volumen de los gritos del infante. Por última vez la mujer también gritó, sin embargo, una vez más se encontraba inhabilitada.

Seguía embistiendo mientras tironeaba del pelo, apenas consciente por el placer, cuando fue bruscamente interrumpido. Aquello le costaría la vida al que sea que fuese. Sin embargo, su ira fue desvaneciéndose extrañamente, el objeto de su interrupción llevaba una capucha que dificultaba mucho verle la cara. De alguna forma sabía que era algo angelical, sublime y al mismo tiempo atroz, algo que lo consumiría de una forma absoluta. El miedo en altas dosis era capaz de paralizar e incluso matar; al ser él un emisario del miedo mismo, muchas veces había presenciado experiencias en ese sentido, solo que ahora se invertían los papeles. Estaba muriendo de miedo, su cuerpo se paralizó y su mente pasó del cálido placer al insondable abismo del pavor, a lo irracional e inexplicable y eso fue todo lo que su cuerpo fue capaz de tolerar. Murió, aunque en su mente duró una muda eternidad.

Tomás había observado por largo rato el asentamiento bandido. No le costó divisar con su catalejo lo que sería su cuartel general dentro de aquella fortaleza y para cuando arribó de forma sigilosa, lo peor ya había sucedido. Llegaba tarde para salvar a aquella mujer.

Si bien su plan original había sido mantener la intervención al mínimo, al ver lo descuidada que estaba la seguridad fue adentrándose cada vez más. Su trayecto no había pasado desapercibido, aunque la alarma general no se había dado; varios bandidos se habían tropezado con el monje el cual los había despachado de forma fugaz. Su sigilo no era de los mejores, pero ayudaba bastante el hecho de que el jefe estuviese realmente ocupado con aquella mujer. El plan que se había propuesto mientras avanzaba consistía en mantener el anonimato la mayor cantidad de tiempo posible y aprovechar esto para cualquier rescate, después se encargaría de los bandidos de la forma que estimase conveniente, aunque hasta el último momento se decía que no exterminaría aquel lugar. Luego de merodear un rato por el interior del piso principal asegurándose de que cualquier bandido que lo viese pereciese en el acto pudo sentir el aura de los capturados, o de la capturada pues el bebé apenas emitía. Al encontrarse con la habitación del jefe y contemplar el espectáculo que se estaba desarrollando incluso su templado espíritu sufrió un sobrecogimiento. A estas alturas todavía no se acostumbraba a ver a mujeres y niñas destrozadas por bestias conscientes. Había cosas que él no podía perdonar, aunque no perdonar era pecado. ‘’Si alguno es inocente entonces que el Señor me juzgue como le plazca.’’ Esa fue su plegaria. Cerró firmemente la puerta tras él y se dispuso a matar como tantas vece había hecho en el campo de batalla.

Reuniendo en sus pies al cadáver de la niña de trece años, al bebé y a su madre se disponía a desatar un poder sobre aquel lugar que no dejaría nada en pie. En su ira apenas se había percatado de que la madre aún vivía, no emitía absolutamente nada, en cambio al tocar al bebé notó una familiaridad como la que dos híbridos solamente pueden experimentar, aquella niña era igual que él o Saulo, ¿Cómo había ido a parar a aquel infierno el objetivo de su viaje?

Cuando notó el toque de aquella mujer destrozada, se asombró de la fuerza que aún le quedaba para agarrarle el tobillo de aquella manera, era increíble que todavía se moviese. Con sus ojos, lo que quedaba de ellos, trataba de transmitirle algo, al tocar su frente pudo ver. Un sentimiento arrollador, era una turbulencia de emociones, se necesitaba de una concentración magnífica para no dejarse llevar por otra alma cuando se entra en contacto con esta, más aún cuando había sufrido tanto en tan poco tiempo. De esta forma experimentó las vivencias más recientes en el plano psíquico de Aura, al mismo tiempo que le permitía a esta poder decir sus últimas palabras, que fueron dedicadas a aquella bebé, ‘’ ¡sálvala!’’, fue lo único que dijo, aunque no estaba seguro; no solo se refería a sacarla de aquel lugar, hacía mucho tiempo que habían estado huyendo. Por desgracia no le alcanzó su cordura para decirle más, ni siquiera el nombre de su protegida.

Aura no había muerto en paz pese a los intentos del monje por apaciguar su alma en sus últimos momentos. La niña recién nacida estaba en la espalda del sacerdote, atada con las telas que la habían cubierto, dos cadáveres estaban a sus pies y un mar de llamas se extendía a lo largo y ancho de lo que en algún momento fue el asentamiento bandido. Aquella noche las llamas fueron visibles a muchísimas millas a la redonda, el espectáculo llamó tanto la atención que incluso desde su posada Saulo lo observó, aún más, pudo sentir lo que hizo Tomás y estaba casi seguro de saber cómo era que había terminado aquella pelea sin haber empezado realmente.

El cielo se había abierto y había arrojado una cascada de llamas sobre todo aquel lugar. Como acero fundido sobre un molde. En un momento se había acabado. La invocación realizada no había afectado en lo más mínimo al invocador que se había cubierto con su fe, así como a la bebé que llevaba y a los cadáveres de la madre y su hija. La caída del pilar de llamas aún continuaba y el fuego en marejadas se extendió centenares de metros a la redonda. En su centro el monje hacía lo posible por consolar a la niña mientras que fuera, los gritos de los bandidos cada vez eran menos.

El mar de fuego ya se extendía a más de un kilómetro de Tomás cuando empezó a caminar. Sabía que al dejar aquel puesto Aura y su hija se quemarían junto al resto de los bandidos, cosa que no le pareció justa, así que decidió llevarse sus cuerpos, unos en cada mano. Las llamas se habrían a su paso. Caminaba lentamente cerciorándose que todo lo que dejaba detrás eran cenizas o trozos de carbón. Estaba un poco cansado, pero era más el cansancio espiritual. Tras caminar un buen rato por entre las llamas que ya parecían devorar todo el bosque decidió que era momento de pararlas. Poco a poco el fuego fue menguando hasta que desapareció y junto a él una sección enorme del bosque. Una mancha muy negra en lo que sería el verdor predominante, aunque a la luz de la luna parecía un pedazo de infierno con el suelo todavía crispando. El calor que aún se desprendía de los restos humeantes haría imposible cualquier tipo de tránsito por aquel lugar, no había humo, aunque el mismo aire quemaba los pulmones.

Mientras se alejaba Tomás reflexionaba en la naturaleza salvaje que guiaba los instintos de aquellas personas. No eran bárbaros los que habían hecho esto, cuando los escuchó hablar había distinguido las lenguas de los Reinos circundantes, personas que en su momento habían sido civilizadas. En su ira no había interrogado al jefe, cosa que ahora lamentaba, y eventualmente esto le pesaría. Tal vez había rozado con algo muy distinto a lo que originalmente era su propósito por aquellos parajes, aunque en el camino se había topado con este, la Santa Sede debía de conocer de aquellos sucesos y prepararse a conciencia, al mismo tiempo llevaría a aquella niña a los pies del mismo Pontífice, era la primera híbrida femenina en casi un siglo.

Las influencias de aquel grupo no habían sido eliminadas y si bien estaba seguro de haber acabado con todos los del campamento, todavía debían haber más, los que se comunicaban con el mundo exterior, las bestias más elegantes y las más peligrosas. Por ahora se limitaría a investigar aquel pueblo donde estaba su acompañante. Los acontecimientos de aquella noche darían mucho de qué hablar en toda la zona, aunque probablemente hablarían con más calma, la sombra de aquella villanía ya no pesaba sobre sus cabezas, o quizás no.

Después de haber salido de cualquier rastro de tierra quemada, en el mismo bosque y en el tronco de un frondoso árbol había enterrado Tomás a Aura y su hija. Había excavado con sus cuchillos y sus manos. En todo este tiempo la bebé no había parado de llorar, su malestar fue apaciguándose lentamente hasta que su llanto se convirtió en sueño inquieto, ya casi no tenía fuerzas y es posible que hubiese muerto de no ser por las protecciones invisibles del monje. Cuando terminó el enterramiento Tomás se arrodilló, colocó a la niña en sus pies y empezó a rezar. Las dos tumbas estaban al lado una de la otra, no puso nada que indicara que allí descansaba alguien. Con el paso de unos días no quedaría rastro alguno. Con su rezo Tomás hacía varias cosas, estaba marcando aquel lugar de forma espiritual, ningún animal se acercaría allí, alguien normalmente no lo notaría; lo menos que podía hacer era consagrar aquel lugar de tal forma que fuese lo más pacífico posible. Al mismo tiempo calmaba el espíritu de la niña sobreviviente. Aun sin estar consiente aquel suceso lo llevaría por siempre. Nada que hacer con respecto a eso. De lo que se ocupaba ahora era de alejar la sombra de muerte, restaurar un poco el cuerpo de la niña con su prana, así como de alimentarla con él. Las precauciones básicas que un sanador hubiese hecho mucho mejor, pero que mantendrían a la chiquilla fuera de peligro por un tiempo.

Cuando empezó su viaje al pueblo era recién pasada la media noche. Como le había dicho a su pupilo, llegaría al alba y acompañado. Con más calma ahora notó algo que en su furia había pasado por alto, Aura no era una híbrida, luego aquella bebé no podía ser su hija. Normalmente existían dos formas en las que un híbrido surgía, una era descender de una madre híbrida, y la otra era provenir del vientre de una elfa que se hubiese embarazado por un humano. Ambos métodos estaban estrictamente sujetos al control del estado, y aún más de la Santa Sede. Era casi imposible que naciese un híbrido y no se tuviese ningún registro de él, y aún más, ¿Dónde estaba la madre que lo había engendrado? El control sobre las híbridas femeninas era mucho mayor dado la rareza con que se producían. Ya no era posible encontrar a los elfos y menos a sus mujeres, luego la única opción era que descendiese de algunas de las pocas familias de híbridos que existían de este lado de la Cordillera o en el Viejo Continente, pero eso era imposible, dado el control que existía. Además, en el caso de que una familia híbrida decidiese tener un bebé y ocultarlo esto tampoco sería posible pues, si bien eran casi inmortales, podían reproducirse solamente los primeros cien años, produciéndose un híbrido si ambos padres lo eran o si lo era la madre, aunque este último caso podía dar lugar a humanos normales. De acuerdo a los registros, todas las familias híbridas o habían reportado sus cruces o ya estaban en una edad en la que no podían engendrar.

La genética de los híbridos era algo sumamente complicado y que necesitaba de largos años de estudio para poder confirmar algún resultado. En sus orígenes fueron necesarias muchísimas generaciones para poder ver el desenvolvimiento de los primeros experimentos, aunque ayudaba bastante el hecho de que inicialmente se pudiesen raptar a las elfas, despues de la Gran Separación eso fue imposible. De eso hacía ya casi quinientos años.

Con todas estas cosas en la cabeza, Tomás empezaba su viaje hacia el pueblo desconocido. Sus acciones le debían de haber provocado cierta incomodidad a Saulo, que seguro se vería en la necesidad de explicar cómo un pilar de fuego había surgido de la nada y había barrido con varios kilómetros de bosque, pero había sido inevitable, además ahora estaba seguro de que debía reconocer mejor aquella zona y retroceder hacia el lugar del que habían venido, es posible que allí se les hubiese pasado por alto algo, o peor aún que los hubiesen engañados, cosa que traería terribles consecuencias para Ferrara. En cualquier caso, tenía algunos datos que le servirían para poder identificar a la caravana que habían seguido, con ellos podría averiguar algo en Brizas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

Con un trote apurado había llegado Saulo al pueblo. Se encontraba avanzando un poco en el bosque y era mucho más grande de lo que se había imaginado. Un muro de tres metros rodeaba el asentamiento y sobre él la ronda nocturna empezaba su guardia. Llegando casi al anochecer la puerta principal estaba cerrada, una identificación fue exigida con malhumor desde arriba. Los oficiales de la Santa Sede trascendían las leyes usuales de los distintos reinos afiliados al Credo. Con solo mostrar el sello que llevaban consigo eran capaces de entrar hasta los aposentos de reyes. Saulo llevaba el suyo en un bolsillo interior cerca de su pecho y pensó hacer uso de él, pero recordó las palabras del monje acerca de la discreción, entonces pensó que tal vez sería mejor tomar otro camino.

– ¿Qué coño quieres a estas horas? – el guardia siguió parloteando por lo bajo con un compañero.

-Una caravana fue asaltada cuando se dirigía a este lugar, soy el único que pudo escapar de los bandidos, mis compañeros están muertos, solo pido llegar a un lugar seguro y poder denunciar este crimen.

-Chico de ciudad. ¿A quién se le ocurre venir por aquí sin escolta? Eso les pasa por ser demasiado confiados ¿Cuántos eran?

-Veníamos ocho en tres vagones – Era mentira el ocho, aunque había visto las marcas de las ruedas en el camino.

-Está bien, puedes entrar e incluso puedes denunciar lo que ha pasado, pero hasta ahí llegaras chico, los hombres de Jordán ruyen estas tierras y no hay nadie que pueda impedírselo –  Con esto la puerta se abrió un poco, lo justo para que pasase un hombre desmontado, pues la que habían abierto no era la puerta principal sino otra más pequeña que se encontraba en esta. Saulo entró con cierto recelo, sospechando de todo. Le preocupaba la falta de interés de la guardia por lo sucedido. Cuando entró tres figuras bien armadas acudieron a él.

Saulo llevaba sobre sus hombros una larga capa cerrada en el cuello y que le cubría todo su cuerpo, así era como había ocultado su sotana y sobre todo las manchas de sangre, además dado que era un paladín de la Santa Iglesia no se veía en la necesidad de llevar armas o armaduras, por lo que a simple vista era un viajero cualquiera. Cuando vió a las tres figuras acercarse pensó que lo revisarían como sería lo normal.

-No me interesan tus razones, y estoy claro de que has contado una mentira allá afuera, tal vez te motives a hablar con más sinceridad si te presionamos un poco. Cualquier intento y te rajo, imbécil.

Las palabras surgían de un barbudo que solo en el último momento salió de las sombras, llevaba un pistolón en la mano y un sable corto en la otra. Había ocultado su presencia de tal forma que Saulo no lo había visto hasta que habló, cosa que le preocupó un poco más que las amenazas. No era Tomás, sabía que no podía armar problemas en aquel lugar e incluso si se producían no estaba seguro de que tan bien saliese de ellos. Dado que la discreción había fallado desde un primer momento entonces no le quedó más remedio que echar mano a su posición.

Se desabrochó la capa y mostró lo que llevaba debajo, los cuatro hombres se sorprendieron al ver la sotana blanca y dorada ceñida a la cintura por un fajín negro y que cruzaba el pecho en diagonal, la mancha de sangre resaltaba mucho; entonces Saulo habló lo más calmado que pudo,

-Vengo en nombre de la Santa Sede, soy Saulo de Hermite, paladín de Su Santidad, de la Orden Piadosa, en mi pecho llevo la identificación. No todo lo que dije afuera es falso, una caravana fue asaltada por bandidos, junto a mi venía un monje, también de la Santa Sede y de la misma orden, está investigando los hechos y probablemente a los responsables – Mientras hablaba lentamente extrajo la insignia de paladín de su pecho, era un medallón que llevaba una virgen en posición de rezo sobre un escudo, era de marfil sobre oro, alrededor del escudo se leían las palabras Deus lo Volt, el rezo de la Orden de la Piedad, la más temida de todas las órdenes militares de la Santa Sede.

A medida que fueron escuchando las palabras de aquel joven los cuatro hombres presentes en aquella habitación empezaron a sudar y su resolución era vapuleada por aquella figura que parecía acrecentarse a momentos. El barbudo que había hablado era el capitán de la guardia, al ver aquel medallón sintió un inminente peligro sobre él y todos en aquel lugar, no solo la habitación sino el pueblo entero.

-El motivo de mi engaño lo debo explicar ante el encargado de este pueblo, ¿eres tú el jefe de la guardia?

-Ai, soy yo, por supuesto lo guiaré enseguida a ver al gobernador, por favor discúlpenos a mí y mis hombres, ya ha visto lo que ronda por la zona y los extraños son todos enemigos a primera vista para nosotros – Estaba muy molesto, y su fingida caravana hacia Saulo fue toda una provocación.

-No se preocupe usted – Anotó muy bien en su mente al matón que tenía en frente.

Una señal apurada, con la prisa uno de los guardias por poco cae al suelo, el barbudo gesticulaba casi más de lo que hablaba, exigiendo una disciplina a la que no estaban acostumbrados unos hombres a los que la presencia del paladín le resultaba salida casi de un cuento. Saulo era visto con ojos que oscilaban entre el miedo reverencial y la curiosidad inquieta, era un poco incómodo. El barbudo a cada dos pasos se volteaba a observarlo; por cualquier desorden, sus hombres, la suciedad, aquel cabo, sus armas, las de ellos, el olor; era desesperante. Saulo se lamentaba de haber fallado en mantener su identidad en secreto y analizaba como hubiese podido pasar desapercibido, aquel estudio incesante sobre él era agobiante.

Cuando llegó al interior del pueblo, al parecer ya todos lo conocían. El matón que lo escudriñaba, de nombre Berto, había organizado lo que a su entender era una escolta, montados a caballo iban por la calle principal del pueblo, la diferencia entre las bestias era tan notable que las que iban a su lado eran intimidados por su corcel. Ya la noche había caído, aun así, el tráfico de personas era un poco inusual, por lo que los encargados de ir delante se habrían paso casi a golpe de palos. Toda una bienvenida, Tomás le reprocharía bastante. Tratando de alejar de si este pensamiento empezó a estudiar aquel lugar. Se veía mucho mejor de lo que esperaba para estar tan alejado de la civilización. La calle por la que iban estaba bordeada por altas casa de madera que en su mayoría eran los principales negocios del pueblo. Una herrería, varios aserraderos, carpinterías, pescaderías y mercados. Había mucha vida en aquel lugar, era casi desconcertante. Al trotar por diez minutos llegaron a lo que era la mitad del pueblo. Un rio de cinco metros dividía al asentamiento y sobre este un pintoresco puente lo atravesaba. Entonces entraron en la plaza. Un gran círculo de cincuenta metros de radio, en un extremo se encontraba el ayuntamiento y sede de la alcaldía, a un lado se encontraba la iglesia, y al otro los cuarteles de la guardia. Estos tres edificios con sus anexos ocupaban un espacio mucho mayor que cualquier otro. En el centro de la plaza una fuente muy trabajada adornaba todo el conjunto. Sobresalía que fuese de mármol, aunque estaba muy sucia; todo lo demás era de madera. Al pasar cerca de ella notó las dos figuras que la adornaban, dos amantes entregados uno al otro, el escultor no había tenido reparos en detallar el momento de clímax, aunque actualmente los detalles estaban tan desgastados que no se distinguían mucho. A Saulo le pareció un poco obscena.

En la misma entrada del ayuntamiento una pequeña comisión de tres personas esperaba al paladín. El de mayor rango, quizás un gobernador o cabildo, en dependencia del lugar de procedencia, era un viejo flaco muy alto que se alisaba su largo pelo blanco, estaba muy calmado. Sus dos acompañantes eran el sacerdote local, no tan mayor como cabría esperar de su posición y el jefe de la guardia, tan gordo como tres barriles, aunque casi del mismo alto del gobernador. El trío resultaba muy peculiar a la vista, fuera de aquel contexto sus ocupaciones serían imposibles de adivinar.

 

Las presentaciones fueron muy cortas y concisas. En cuanto hubo terminado Berto se marchó y el gobernador invitó con un gesto de su mano a pasar al ayuntamiento al inesperado huésped. Había seguido con la vista al paladín desde que entró al pueblo y mientras pudo no le despegó sus ojos. En cuanto lo perdió se volvió a mover. Era como una sombra que se deslizaba, tan a la vista de todos y sin ser notada, había aprendido desde la más tierna infancia a pasar desapercibida. Muy pronto dejó las rutas principales, se dirigía al único burdel de aquel pueblo, era una puta, aunque no cualquiera, dicho sea de paso; aquella puta alcanzaría la iluminación en cuestión de horas, pero aquel paladín amenazaba con acabar con todo. ¿En qué cabeza cabía que existiesen esas cosas?, si por única existencia se tenía a aquel bosque, ¿de qué mundo venía aquel ser? Su vestido se pegaba a su cuerpo a medida que aumentaba la velocidad de su paso, como si su prisa acelerase el desenlace de los hechos que debían ocurrir aquella noche.

Al llegar al burdel entró por detrás, una puta nunca usaba la entrada delantera, de la misma forma que un cliente nunca usaba aquella por donde ella iba. Se movía con absoluta destreza en la más negra oscuridad de aquel túnel, sobre su cabeza se escuchaba todo lo que podía oírse en un burdel, sonidos que la habían acompañado desde que nació y que a lo largo de su vida habían significado diferentes cosas. El túnel descendía y los sonidos cada vez se amortiguaban más, cuando solo hubo silencio llegó a una puerta que solo ella podría haber notado, cualquier otro hubiese seguido de largo a lo que probablemente hubiese sido una muerte agobiante. Llamó tres veces, con intervalos cada vez más prolongados, la puerta se abrió y pareció tragársela. Colgó la capa que la cubrió todo su camino y se arregló un poco el desorden que tenía por cabello, había terminado con un cliente cuando se había enterado de la noticia del recién llegado por lo que no había tenido mucho tiempo de atenderse. En ningún momento dejó de caminar. Estaba en una sala muy grande, iluminada por antorchas que sobresalían de un bosque de columnas. En algún lugar algunas se habían derrumbado y aquel espacio semejaba un claro, en él había varias figuras.

-He venido lo más rápido que pude, ¿quiénes faltan? – Lanzó la pregunta a un calvo frente a ella con la cara picada por una fea cicatriz, lo que realmente quiso decir fue que hacían los que no estaban allí.

-Jean y Luisa están trabajando, Kabir está viendo qué averigua. Aún no sabemos nada de nuestro Padre.

– ¿Crees que …?

-Ni se te ocurra seguir – Una voz muy deteriorada vino de un rostro aún más deteriorado. La anciana que hablaba parecía seca, solo su rostro era visible debajo de muchísima tela negra. Miró a la puta recién llegada con gran ira.

-Todos sabríamos si algo le hubiese sucedido a nuestro Padre, bueno excepto tu Teresa. Compartimos un vínculo espiritual muy fuerte. Un vínculo que se supone tú ibas a desarrollar esta noche, pero dado los acontecimientos lo más prudente será esperar. – El que había hablado era un hombre de mediana edad, se veía como un señor y hablaba como un maestro, su voz era muy suave.

Teresa se había calmado un poco. La voz de Lucas tenía ese efecto en la mayoría. Le gustaba mucho, aunque nunca se lo había dicho; una puta con vergüenza, la idea le pareció divertida.

– ¿Viste al paladín? – continuó Lucas.

– Lo vi, es bastante joven, a lo más veinticinco años. Su caballo sobresalía sobre todos.

– La juventud juega a nuestro favor, ¿crees poder seducirlo si se diera el caso? – El calvo cuando hablaba solo movía su boca, su mirada parecía perdida.

– Tendría más suerte con una piedra. A esos les cortan las ganas desde niños. Además ¿quién se fijaría en ella? – La vieja había envidiado muchísimo a Teresa desde que se unió al grupo, si bien Jean y Luisa eran bien hermosas, la inocencia de Teresa, al menos la que aparentaba, junto con sus facciones tan aniñadas hacían que rápidamente hubiese escalado en la jerarquía del burdel, de tal forma que una noche con ella era solo posible a los más ricos, en aquel extraño grupo, al parecer también ganaba admiradores con facilidad.

– No estaría tan segura de eso abuela. ¿De verdad crees que no tengo chance si me lo propongo? – Teresa la provocaba.

– Chiquilla, ¿Siquiera sabes lo que es un paladín?

– Un santurrón estúpido, alguien que nunca ha visto a una mujer y si una se le entregara no sabría dónde meterse, o meterla – Soltó una risita.

– Cuidado ahí Teresa, creo que es verdad la parte de no saber dónde meterla, pero si tú te le arrojases, así como si más, probablemente terminases en la hoguera – la voz de Lucas impartía una lección – Los paladines no son humanos en el sentido usual, como humanos sienten, es cierto, pero muchos solo sienten a Dios – al mencionar esto hizo una pequeña pausa.

– Hace mucho tiempo que no se ve a un elfo por aquí, y el último híbrido que apareció no duró mucho – no podía resistir perder una oportunidad para hablar con Lucas – ¿Qué hace a un paladín tan especial, por qué tanto revuelo?

– En mi tierra natal, Altabrisa; existe una academia. Son muchachos la verdad desafortunados. Su destino está decidido desde antes de nacer. Por lo general se convierten en paladines aquellos hijos de nobles que pudieron costearse una elfa o vienen de familias híbridas que ya son nobles. Desde que nacen no tienen ningún chance en heredar nada. El hecho de ‘donar’ una creatura así a la Santa Sede le da mucho prestigio a la familia, y algún chance al muchacho de llegar a ser alguien. Los híbridos son especialmente dotados para la magia. La mayoría de los muchachos que ingresan como paladines tienen una especial simbiosis entre las armas y la magia, aunque el término paladín se refiere a los sirvientes del palacio, el grado más bajo, con el tiempo se especializan, es un proceso brutal. Los que salen, regresan con no pocos traumas, en dependencia de la orden que lo halla entrenado. Son cinco órdenes, Coraje, Temple, Virtud, Gracia y Piedad. Conocí a varios de la Gracia, son los más tratables. El caso que nos ocupa es especial, nuestro joven paladín es de la Piedad. Es la orden exaltada, aquella que solo se encarga de asuntos que tengan que ver directamente con su Santidad – escupió cuando mencionó esto, aun este gesto no le hacía perder su toque académico –  Son reclutados de las otras órdenes, lo más exquisito. Si alguien así ronda por aquí significa que su Santidad quiere hacernos saber que está por aquí, es por ello que debemos tratar esta situación con extrema cautela.

Las palabras de Lucas fueron un cubo de agua bien fría para todos, en especial para Teresa. Sentía que la habían regañado, al mismo tiempo se sentía ignorante y su temor por el recién llegado aumentó mucho.

– No creo que estemos en peligro todavía, la verdad es que no hemos hecho nada para merecer tal atención – la vieja repasaba la historia reciente del grupo – Creo que la visita del paladín se debe a algo rutinario, de vez en cuando tienen la obligación de peregrinar, aunque nunca van solos, lo que me preocupa es que su acompañante no venga con él.

– Al Mercado Negro le va a preocupar como quiera – Cara Cortada seguía sin mirar a nadie, le hablaba al vacío – Si hemos pasado desapercibidos hasta ahora es gracias a que hemos sabido prever este tipo de incidentes. La última vez que nos reunimos dije que había un monje y un paladín en la ciudad de Brizas. Creo que Jordán hizo una estupidez muy grande esta vez.

– ¿Qué podemos hacer? – La perspectiva de otro híbrido en el pueblo asustó más a Teresa

– Confiad, no estamos solos hijos.

El Padre apareció como invocado por la pregunta en medio de todos los reunidos. Su llegada fue súbita, sin aviso o la típica fanfarria de los hechiceros al teleportarse. Con su llegada una ola de aire frio se extendió por toda la habitación. El grupo como uno hincó la rodilla a la espera de la bendición. Junto al Padre se encontraban Jean y Luisa. Iban solamente con una ligera túnica que mostraba más de lo que ocultaba y llevaban adornadas sus frentes con una diadema. El Padre besó las cabezas de todos y la última fue Teresa frente a la que se detuvo.

-Esta noche seguiremos como lo planeamos. Esta noche ascenderás.

– Pero Padre ¿qué hay con el paladín?

– Hija, eso es solo una prueba, ¿dudas?

– No.

 

Saulo había explicado lo sucedido antes de llegar al pueblo a las autoridades tal y como Tomás se lo había pedido. Al mismo tiempo le había dicho el propósito original de la presencia de dos miembros de la orden por aquellos parajes. Al menos la versión oficial. Su Santidad deseaba conocer a sus más alejados devotos, así como extender su gracia y manto protector. Es por ello que enviaba a dos de sus más cercanos servidores en peregrinación a las más lejanas fronteras de los Reinos de Ultramar, como inspiración y guía a aquellos que se encontraban a las puertas de la barbarie. Saulo llevaba consigo una copia de veinte cartas firmadas que avalaban lo que había dicho y debían de servir como una muestra de buena voluntad. Su viaje hacía dos años que había empezado y la que acaba de dar era la última, aunque originalmente no pensaba hacerlo allí. Su plan inicial era haber terminado el viaje en la ciudad de Fuelles, la última de Ferrara. Su camino se había desviado bastante al este por el incidente que habían tenido con los bandidos. Había hecho hincapié en la brutalidad que merodeaba por la zona y les había reprochado a los tres presentes que la permitiesen. El jefe de la guardia se había indignado, comenzó una perorata sobre la cantidad de enfrentamientos que había sostenido con la banda pero que; y a partir de ahí una serie de excusas que a oídos de Saulo eran vacías. Sus únicas palabras hacia el gran barrigón fueron las de cállese. Estaba empezando a molestarse un poco. El jefe pasó por tantos estados que pareció abrumarse por aquellas palabras, no habló más. El cura rápidamente se apresuró en organizar una misa por los fallecidos y desapreció, llevándose de paso al todavía en estado de shock jefe de la guardia.

Esta versión inicial era un buen resumen de las intenciones de la Santa Sede. Si bien hacía más de cien años que los Reinos se habían librado en su mayoría de sus colonizadores originales, los lazos religiosos eran más duraderos que los políticos. Es por eso que periódicamente misiones de este tipo eran enviadas. La idea de sentirse parte de algo mayor era muy fuerte para las personas de aquellas tierras. Tal vez sus líderes habían decidido que no necesitaban de sus metrópolis, sin embargo, no era lo mismo con su religión. Existía también otro punto en su agenda de viaje, uno mucho más sutil. El Nuevo Continente hacía cien años que era libre de sus colonizadores originales, la Santa Sede no había intervenido en la guerra de forma abierta en ninguno de los dos lados hasta el mismo final, sin embargo, perder las principales colonias de ultramar fue un duro golpe para los Viejos Reinos en general, incluyendo a la propia Santa Sede

El impacto que había tenido la independencia, más allá de las cuestiones políticas y económicas, había afectado la vida misma en el viejo continente. Hacía casi un milenio que se habían descubierto las nuevas tierras que hoy eren los Reinos de Ultramar, y junto a tal vastedad habían aparecido los elfos; una raza muy similar a los humanos. Hubo quien dijo que se trataban de hombres que habían perdido el contacto con el resto del mundo, pero la principal diferencia era que vivían alrededor de tres veces más que el más vetusto de los hombres comunes, aún más importante, esta prolongación de vida podía ser transmitida a la descendencia si una elfa daba a luz un hijo de padre humano. La criatura que salía de dicha unión era totalmente humana excepto en cuanto al cómputo de los años, llegando a ser prácticamente inmune al paso de los años

Este descubrimiento fue mucho más excepcional a nivel del mundo hasta entonces conocido que el hecho de tener nuevas tierras donde habitar. Significaba un nuevo paso en la evolución de la humanidad; ahora la muerte no parecía tan al acecho. Para los elfos en cambio, significaba la cacería de sus mujeres y el inicio de una guerra que se prolongaría por casi quinientos años. La búsqueda y captura de las mujeres elfas se convirtió en una prioridad para toda la humanidad, que ahora había encontrado la fuente de la juventud, aunque no había que beber de ella para que diese resultado. Las primeras colonias estables vinieron a surgir casi tres siglos después del primer contacto.

Con la independencia, como es lógico, el flujo de elfas hacia los viejos reinos paró de forma abrupta. Varias Reconquistas se lanzaron, algunas con mayor éxito que otras. La importancia de los elfos era fundamental por varios motivos. El primero era la prolongación de la vida, el otro era la magia. Los humanos antes del encuentro con los elfos practicaban cierta magia rudimentaria, con algunas excepciones de brillantez. Los nacidos de la unión de un elfo y un humano, los híbridos, tenían un don especial con la magia; es por eso que quien controlase el flujo de elfas, tenía el control del futuro desarrollo de la magia. Si bien los hombres nuevos, como se les llamó a los híbridos eran muy escasos, la mayor parte se encontraban al servicio de la Santa Sede, quien fue la primera en descubrir este hecho y lo mantuvo en secreto durante bastante tiempo. Los pocos híbridos que no estaban afiliados a la Santa Sede estaban en su mayoría en las colonias y pertenecían a poderosas familias que se habían asentado y desarrollado mucho desde su llegada; por lo que cuando estalló la rebelión la ventaja que supuso estos nuevos usuarios fue abrumadora, hasta tal punto que la Santa Sede intervino como mediadora obligando la firma del tratado de paz que otorgaba la independencia a las colonias, estas a su vez reanudaron el tráfico, pero bajo sus términos. El precio acordado por una elfa podía sostener a una familia noble de por vida.

Este monopolio establecido por los Reinos de Ultramar, había comenzado a afectar a la propia Santa Sede, y si bien se alzaba como la gran potencia mundial al tener en sus filas a la mayoría de los hombres nuevos y al mismo tiempo los más avanzados usuarios mágicos, la probabilidad de que un híbrido fuese mujer era una entre diez mil; contándose estas excepciones como rarezas, y por lo tanto muy valiosas. Cualquier híbrido femenino quedaba automáticamente bajo control de la Santa Sede, fuese de cualquier facción, en cambio, la Santa Sede garantizaba la preparación de cualquier híbrido que dicha facción tuviese en la Rama que estimase conveniente para para su desarrollo. El híbrido no tenía potestad en este asunto, y cualquier intento de resistencia por su parte se vería penado por severas restricciones. A un híbrido nunca se le condenaría a muerte, salvo contados casos en los que representaba una amenaza muy grave.

Saulo y Tomás habían partido de las principales sedes de la Santa Iglesia en el nuevo continente en la búsqueda de mujeres híbridas. Dado que ellos, híbridos de nacimiento, reconocerían de inmediato a uno de los suyos, partieron diez grupos similares a recorrer todos las ciudades y asentamientos de los Nuevos Reinos. Hasta ahora no habían tenido suerte, ojalá al resto le hubiese ido mejor. Cuando comentó esto al gobernador del pueblo, ahora solo, apenas se inmutó. En una zona tan alejada como aquella, la presencia de tales seres era considerada casi un cuento y si bien eran los que mayores probabilidades de encontrar a un elfo tenían, desde el Gran Rito, las probabilidades de encontrar a una elfa eran muy bajas. En la ruta original que él y Tomás habían trazado, Fuelles debía ser su destino, la última gran ciudad de Ferrara, pero para arribar a ella faltaban casi cien millas. El gobernador le explicó esto, incluso le mostró en un mapa todo lo que se habían desviado. Antes de dar por terminada la conversación Saulo debía hacer la advertencia, cualquier intento de ocultar a una híbrida era penado con la muerte.

Faltando dos horas para la medianoche, mientras Saulo descansaba en la mejor habitación de la mejor posada del pueblo, sintió el terrible rasgón que Tomás había producido sobre el campamento bandido. El rezo de un monje era su más acabada forma de magia; el rasgón era lo que podría considerarse como un milagro el cual sucedía después de que el mismo Dios escuchase la plegaria. Esto solo era posible para un número muy limitado de personas, los santos, contándose Tomás entre ellos. Como paladín pudo sentir el milagro momentos antes de que sucediese, asomándose a la ventana vio como un pilar de fuego descendía sobre algún lugar, y así estuvo largo rato, vio como las llamas se extendían y como se iluminaba el bosque, también como el pueblo notaba todo aquello y el crescendo que tomaba el murmullo hasta convertirse en revuelo y agitación, no transcurrió mucho tiempo para que el gobernador viniese a su habitación, entró solo, aunque sabía que había toda una escolta en el piso inferior.

-Asumo que su compañero nos está librando de un terrible mal, joven paladín.

-Así es – el tono del gobernador mostraba preocupación y tal vez cierto temor, al mismo tiempo sonaba la ironía y el descontento – la banda que tanto mal causó ya debe de haber desaparecido.

-No lo dudo, también lo ha hecho gran parte de nuestro bosque, a ese paso las llamas llegarán por la mañana a nuestro pueblo.

-Él parará las llamas cuando estime conveniente – de paso un poco de reproche- No corren ningún peligro si usted, Malcom, y su pueblo permanecen fieles a Dios, y a nosotros – a Saulo no le gustaba para nada aquel hombre o cualquier cosa que hubiese visto desde que entró a aquel lugar.

-Oh joven, nunca he sido un gran devoto, pero dada la alternativa, empezaré a ir a la iglesia todos los días si es necesario.

-El miedo es un gran incentivo para la fe, aunque ojalá su conversión se tornase más optimista, después de todo usted ha sido de gran ayuda, ¿o no? – antes de que dijese algo más Saulo quiso dar por terminada la conversación – Si no tiene alguna otra inquietud me gustaría estar solo, le repito que no corre usted y su gente ningún peligro, también le recuerdo que el monje Tomás llegará al amanecer, no tendrá ningún problema para reconocerlo.

-Por supuesto, solo una última cosa, señor paladín, el pueblo está muy agitado, tal vez sería bueno que hablase con ellos para calmarlos un poco, de la misma forma que lo ha hecho conmigo

-Encárguese usted – la molestia era muy evidente en Malcolm, aunque la disimulaba bastante -para algo es el gobernador. A Dios lo encomiendo.

El gobernador se había retirado rabioso, pero en las calles el pueblo estaba cada vez más conmocionado. Cuando lo vieron se abalanzaron a él exigiendo una explicación, algunas mujeres estaban llorando de desesperación. Enseguida la escolta entró en acción, hizo un círculo alrededor de Malcom con no poco trabajo.

-Escuchadme por favor – Saulo escuchó su voz, se alzó por encima de todo el bullicio, era un buen orador – Estamos en presencia de un milagro, uno concedido por nuestra Santa Iglesia, esta noche la banda que asolaba nuestras tierras, los hombres de Jordán y él mismo han conocido la ira del señor a través de uno de sus sirvientes. Ya deben de saber de la llegada a nuestro pueblo de un enviado de la Santa Sede, pues bien, esto fue el preludio, ante nosotros tenemos una gran responsabilidad, mañana al amanecer conoceremos al artífice del milagro, y junto a su compañero que ahora mismo nos observa desde su habitación en la Yagua Abanderada – su articulado discurso hizo particular hincapié en esto, e incluso señaló la habitación – tendrán la amabilidad de explicarnos lo sucedido, por favor tengamos fe y regocijémonos, el Santo Padre no nos ha olvidado.

Era cierto que Saulo presenciaba todo desde la ventana de su habitación, no se esperaba esta maniobra del gobernador, cosa que lo molestó muchísimo. Su inexperiencia le había pasado la cuenta. Vio como en el pueblo entero volteaban sus cabezas y lo observaban, fue testigo de cómo el miedo mezclado con admiración crecía en estas personas, sin embargo, era sobre todo miedo. Malcolm se le había quedado mirando hasta el último momento, despues desapareció en la muchedumbre, así como él lo hizo tras la puerta que daba al balcón.

Trató de meditar un poco, se sentó en el piso al borde de su cama, con su espalda recostada a esta y los pies cruzados uno sobre el otro. Cerró los ojos y se adentró en meditación. En este sentido los paladines eran como los monjes. Podían estar días enteros meditando, tratando de buscar la respuesta a algún problema, la maestría de una técnica, cualquier cosa. Se adentraban en lo profundo de sus mentes hasta llegar a un estado de resonancia mental en el cual podían percibir la misma esencia del prana, a esto lo llamaban consciencia exaltada. Al arribar Saulo a este estado se encontró con perturbaciones muy anormales que le impedían casi el mantenerse en aquella condición. Buscó por todos los medios el origen de aquella anomalía sin embargo todo lo que percibía era tumultuoso y caótico. Al final, abandonó cualquier intento y regresó a la normalidad, el desgarrón de Tomás al parecer había producido una fuerte conmoción en todos los planos, aunque no estaba seguro de que fuese el origen de las anomalías que había percibido. Necesitaba hablar con el monje en cuanto antes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

La ceremonia había dado comienzo al terminar Jean y Luisa los intrincados dibujos en el suelo, se habían tardado casi tres horas. A medida que trazaban iban pronunciando una letanía ininteligible, muy bajito, a Teresa el movimiento de los labios le parecía hipnótico. Los trazos tenían como punto de convergencia el lugar donde estaba de pie, a una distancia de cinco metros. En una perfecta circunferencia alrededor de ella se encontraban el resto de los miembros de la Logia, todos mantenían una letanía distinta, pero se complementaban, esto aumentaba aún más el efecto hipnótico.

Cuando los trazos estuvieron completos ocuparon su lugar, manteniendo el coro con el resto, el Padre todavía se encontraba sentado delante de todos, en lo que bien podía ser un trono, de donde controlaba toda la ceremonia. Se encontraban en una iglesia abandonada, ya en ruinas; bien alejada del pueblo. Había sido un vano intento de monasterio, en el cual todos los involucrados habían muerto de una forma atroz a manos de los elfos salvajes. Ahora la Logia ocupaba el lugar y lo tenía para sus iniciaciones y encuentros formales, los elfos salvajes no habían interrumpido ni una vez.

El trono del Padre, en el extremo de la nave principal, estaba sobre una pequeña plataforma, justo debajo de esta era que se desarrollaba la iniciación de Teresa. A medida que pasaba el tiempo estaba cada vez más bajo el efecto del ritual. Era indispensable que se dejase guiar por las voces de sus compañeros, al mismo tiempo que se autoinducía en un estado de meditación profunda mientras se acercaban las once de la noche, hora en que empezaría la parte principal del ritual, llevado a cabo por el propio Padre. Cuando Jean y Luisa se unieron al coro eran las diez y media, a partir de ese momento el Padre comenzó a dar vueltas en torno al grupo, repitiendo una y otra vez

-La misa de San Secario solo puede hacerse en una iglesia en ruinas, donde los búhos dormitan o ululan, donde los murciélagos se remueven y revolotean en el crepúsculo, donde los espíritus de los muertos por espada vienen a lamentarse, donde los sapos se esconden bajo el altar profanado.

A coro repetía el resto de la Logia:

-Alabado sea, alabado sea, alabado sea aquel que ahora yace, alabado, sea alabado, sea

-La misa de San Secario solo puede hacerse con aquellos que han abandonado lo que eran, con aquellos que son como la iglesia en ruinas, como los búhos que dormitan, los murciélagos que se remueven, los muertos que se lamentan, los altares profanados. Los indeseados.

-Alabado sea, alabado sea, alabado sea el indeseado, aquel que yace ante nosotros humillado, alabado, sea alabado, sea.

-La misa de San Secario es para ti, Teresa, humillada, profanada, y ahora exaltada por nosotros, que venga a ti, Teresa, el don.

La letanía continuó hasta dar la media noche, sin embargo, para ese momento hacía rato que Teresa estaba en trance, los círculos alrededor de ella comenzaban a resonar y brillar de forma tenue en un principio, el Padre giraba alrededor del grupo y entonaba el rezo, la resonancia y el brillo se hacían cada vez más incesantes y más penetrantes, hasta que llegó el punto en que su conciencia simplemente se desvaneció, entró en lo que sería otro plano de existencia, otra forma de ella misma, su reflejo en un estanque; ahora era el reflejo, el estanque era su mundo. Comenzó por notarse a ella misma, se sentía ampliada, aunque llena de bordes, sus manos eran como si pudiesen tocar más lejos, pero era como tener una correa en los codos que las hacían retroceder, sus dedos más largos pero informes, su vista más clara, pero en una gran oscuridad, a pesar de que todo era imperceptible en el lago, no sabía cómo lo sabía, pero eso no tenía nada que ver. En el mundo del lago empezó a caminar, rumbo a un destino que era sugerido por una voz que no sabía de donde venía, sus pazos eran firmes, a pesar de que no había nada que pisar. Cuando caminaba seguía percibiendo nuevas cosas, cada vez más imperceptibles y al mismo tiempo cada vez más tangibles para ella, era consciente de que el mundo del lago, ¿o era quizás el lago de un mundo?, se abría cada vez más para ella; más bien era que sus sentidos se ampliaban hasta que eran capaces de captar la vibración, la vibración con la que tenía que estar a tono para algo en específico, ampliarse. Las formas que surgían en sus sentidos, tanto viejos como nuevos eran figuras multidimensionales que recordaban a lo que estaba adaptada a ver, claro que lo que veía normalmente eran sus reflejos, no, eso era un error; veía sus sombras. Ahora entendía su verdadero alcance. Era como si toda la realidad a la que estaba adaptada fuese una proyección, una sombra tridimensional de algo mayor, los sentidos eran una dimensión más allí, el tiempo era superfluo, su mente era y al mismo tiempo no. Ahora podía entender el propósito de la Logia, pues estaba rodeada por la Logia, solo que su forma era la verdadera, era el origen de la sombra de lo que conocía en los sótanos del burdel, eran aquellos los seres que de verdad actuaban tras los cascarones de Jean y Luisa, del hermoso Lucas, del Cara Cortada, de la horrenda Vieja, de Kabir y sobre todo del Padre. A todos los reconoció en sus formas más allá de las formas, en sus verdaderas dimensiones. La verdad era que no se había movido en todo el tiempo que había estado divagando, el tiempo no tiene sentido para la consciencia, así como tampoco el movimiento. Todos estaban allí en su espléndida informidad y al mismo tiempo apreciaba la unicidad de cada una de las entidades que eran. La mayor de todas, a la que reconocía como el Padre atravesó el círculo, pues de todas las formas el círculo permanece invariante, eso lo había dicho alguien más al que podía escuchar sin saber de dónde venía, al mismo tiempo que todos empiezan a materializarse adoptando sus figuras cada vez rasgos más humanoides, como cubiertos por muchas capas, como si debajo de estas solo hubiese aire, de los rostros de todos aparecen tenues luces, y sobre todo del Padre las luces parecen emitir calor. Cuando el Padre está justo a su lado extiende lo que sería un brazo cubierto por muchos pliegues, la atrae y entonces se da cuenta que empieza a absorber toda aquella luz, siente como sus extremidades abrazan al Padre, y como la luz que emite es transmitida a ella; esta luz viene acompañada de una comprensión cada vez mayor, una compresión que hace que su consciencia aumente cada vez más, que sus sentidos se amplíen mucho, que cada vez quiera absorber más luz; ya es capaz de sentir coherentemente en ese plano, se expresa, se mueve. Tiene los siete sentidos físicos completamente afinados con la vibración, tiene cinco sentidos más propios del plano en que se manifiesta, aún necesita dos más para estar a un nivel superior, mira hacia abajo y ve como su cuerpo humano jadea y gime mientras el Padre la posee, mira arriba y ve el infinito y vuelve a ver y ve más, ve toda la realidad ampliada en que se encuentran.

Más allá del círculo de la Logia hay otros seres atentos a su mirada, Teresa se percata cada vez más de que son observados, aquí la observación es mucho más. A pesar de que quiere ver no le es permitido, el Padre no lo permite, así como tampoco los residentes de aquel plano, casi todos. El círculo a su alrededor los mantiene a raya, no pueden pasar sin permiso, lo saben; peor aún, no lo soportan, ahora es capaz de ver y saber que aquellos seres no están de acuerdo, ¿con qué? Sabe que son extranjeros allí, forasteros a los que nos les corresponde aquel dominio y que por alguna extraña razón pueden mantenerlo. Todo fuera del círculo es hostil, repugnante, el mundo del lago ya no es un lago, parece un estanque sucio, era aquel estanque sucio por el que se asomó y emergió, llegó arrastrándose allí, como un feto mal nacido, era una abominación, lo único que la mantiene a salvo es la Logia y su círculo, el círculo que es su matriz y del que se nutre, el círculo del cual es el centro; no, el centro es el Padre, ¿no ella?, pero si está allí. Yo estoy, luego estás tú, el Padre hace que sus sentidos lo noten, todos. Como feto al fin, todo le llega por el cordón umbilical, en este caso es el rostro del Padre el que le transmite todo. En aquel rostro ella ve, y siente, siente qué debe ser y cómo serlo, pero sabe que lo que le llega pasa por el filtro del Padre, todo su ser pasa por ese filtro, está siendo esculpida a su imagen y semejanza en aquel lugar, y ella se rebela ante él; el centro soy yo. ‘Nada es el centro pues yo soy el Círculo, el sentido y la luz, nadie entra a mí si no es por mí, tú eres otra de mis formas. Mira’, y vio las formas de la Logia. En lo que en un inicio había visto la distinguible unicidad de cada ser, ahora veía como era que estaban unidos, como se borraban las diferencias entre ellos para formar una amalgama que se entretejía toda por todas partes y que ahora mismo entraba cada vez más en ella. A medida que el Padre habla, que la hace ver y que la filtra, se siente cada vez más de él, como si se desbordase una copa despues de mucha agua y su contenido original se desparramase fuera, cada vez menos ella, cada vez más afuera. Está desapareciendo, es como si todo el circulo la licuase, por supuesto que es así, yo soy el Círculo, el sentido y la luz, nadie entra a mí si no es por mí, tú eres otra de mis formas.

Los residentes cada vez se acercan más, no están de acuerdo con lo que está sucediendo, no toleran visitantes en aquel lugar, menos inferiores, al mismo tiempo quieren tomar a aquellos extranjeros y arrebatarles todo, algunos hasta se lanzan contra el círculo y salen despedidos tremendamente rápido, otros son más cautos y esperan, rodean y esperan; dan vueltas como buscando una apertura, una grieta, pero el círculo es fuerte, cerrado y acotado; y no deja que nadie pase, ¿y si pudiese salir? Hay que dejar que salga, dicen algunos de los que esperan, hay que dejar que la nueva abominación salga, para que así podamos entrar. Entonces saben, demasiadas veces han visto aquello, ya no los toma por sorpresa, y es posible que se imaginen como funciona, así que prueban lo que habían discutido la última vez que sucedió. Varios de los que aguardan se unen, y entre ellos empiezan a formar un coro de voces que viaja por todas las partes, algunos de los residentes hasta les parece extraño toda aquella algarabía, y no falta aquel que se lanza también contra el coro, pero para su sorpresa se encuentra arrastrado cuando se acerca mucho, y luego, contrariamente al círculo, al estrellarse contra él es absorbido, y el coro crece cada vez más. El coro dice básicamente una cosa, ‘Sal’.

La idea le provoca cierto temor al Padre, y entonces por un brevísimo instante la idea llega a Teresa, y ya sabe lo que tiene que hacer. Ya que me estoy desbordando, entonces romperé el dique. El Padre está asustado, por lo que el circulo se torna débil. Con sus manos ella toma al Padre y absorbe toda la luz que puede, mientras más luz absorbe, más se desborda, el Padre más se asusta, el círculo más se debilita. Los otros se lanzan entonces más frenéticamente, sienten el miedo. Sienten que pueden tomar toda la luz y crecer un poco más, a todos los atrae el poder poseer algo más, aun así, algunos todavía esperan y los que esperan se unen al coro, y de los que rebotan algunos van a parar allí también. Ella y el Padre se funden cada vez más, sabe que cuando se rompa el círculo serán devorados, se perderán en cientos de otros, otros se harán con todas sus partes y nunca más volverán a ser, ya no hay vuelta atrás, ni siquiera sabe dónde empieza ella y termina él, pero no le importa desaparecer con tal de no ser parte él, al menos no sólo, y eso a él le aterroriza, muy tarde se percató. Asumió que sería como el resto de su Logia, que lo aceptaría como centro resistiéndose, que se dejaría ahogar pataleteando, que simplemente se uniría para ser algo mayor, hay quienes no quieren pertenecer a algo más grande. No es así, hay quienes siempre buscan algo más.

Cuando el círculo se rompió, todos se lanzaron a ellos. El mundo del lago parecía un océano en tormenta; el círculo roto formó un vórtice junto con todos los que se lanzaban, cada uno tratando de ser más. Poco a poco se fue formando un verdadero huracán, una espiral de existencia que cada vez crecía más en todas las dimensiones, ahora arrastraba al que se encontrase en su camino hacia su interior, incrementándose. Los que a lo lejos miraban todo aquel desastre empezaban a preocuparse, y entonces tuvieron que decidir, el coro o el huracán, y había que contener la espiral. Poco a poco empezaron a unirse, empezaron a entonar junto a ellos, pero ya no cantaban ‘Sal’, ahora decían ‘Yo Soy’. Poco a poco los que iniciaron el coro para detener la espiral fueron formando otra, pero era mucho más estable, más concéntrica, y sobre todo esta tenía una voluntad clara. Los que iniciaron esta segunda espiral fueron unos pocos, pero sabían que, aunque muchos no quisieran, una vez comenzado la rotación no habría marcha atrás. Tenían que ganar en velocidad lo que habían perdido en tiempo, pues de lo contrario su sacrificio sería en vano. El vórtice original, debido a su tamaño, era muy inestable, y no solo eso, era débil porque había muchas voluntades que entre ellas se destrozaban por ser, y era como una tormenta sin sentido que hacía agitar todo, donde todo naufragaba y lo que salía a flote era vuelto a cubrir por olas de nada en realidad.

Y entonces chocaron, pues desde un primer momento ese fue el objetivo de los pocos que esperaron, de los que se sacrificaron con tal de ser realmente algo más; y en verdad que fueron algo nuevo, algo que nunca antes se había visto.

 

 

– Muy bien, entonces dices que el Señor nos creó perfectos, somos su obra maestra, los más caros a su corazón, ¿no es cierto?

– Bueno, sí, es lo que por años trato de meterte en esa cabeza tuya.

– Entonces respóndeme esto, ¿para qué el Señor, en su infinita misericordia, nos concedió los pelos en el culo?

– Cuidado Franco, estas rayando la blasfemia.

– No en serio, ¿es que nunca te lo has preguntado en esa sagrada cabeza tuya? No puedo creer que alguien consciente nos haya hecho semejante atrocidad. Cada vez que cago tengo que ir a por un balde de agua, y ahí derrocharla toda en mi culo por unos jodidos pelos, tal vez si creyese los pelos se me caerían, ¿no crees que eso sería un buen incentivo para tu fe, Brian?

– Ojalá el señor pueda perdonarte por tus comentarios, en lo que a mí respecta estas tan condenado como los pelos de cualquier culo.

– Ja, Brian, ¿ahora quién es que está rayando la blasfemia? Después de todo hablamos de la creación de Dios.

– Cállate, qué coño sabes de Dios, mira ya llegamos.

Habían llegado al borde de la tierra quemada. Desde donde estaban se contemplaba toda la desolación que en su momento había sido el campamento bandido más grande de la región y parte importante de un bosque. Hasta un bocón como Franco quedó en silencio unos instantes. La noche anterior habían visto la columna de fuego, sabían que algo grande había pasado, sin embargo, el hecho de que estuviesen allí ahora, contemplando la terrible catástrofe hacía que sus pelos se erizaran, incluso los del culo.

– Oye Brian, ¿qué coño pasó aquí?

– ¿Cómo coño quieres que sepa, es que no viste lo mismo que yo anoche?

– Apuesto a que todos están muertos, no han quedado ni los huesos.

– Joder Franco eres un genio, ¿te ha costado mucho?

– De verdad que a veces quiero rajarte esa cara tuya, no me busques o conocerás mejor a tu Dios.

– ¿De verdad Franco? La idea de que cada vez seamos menos tal vez te haga gracia, pero a mí ni una pizca, ¿Qué le decimos a la Logia? ¿Cómo vamos a ir al Mercado Negro ahora?

– A estas alturas ya deben de saber mejor que nosotros lo que pasó, no creo que haya sido buena idea venir aquí sin ir a verlos a ellos primero.

– Uno no va a ver a la Logia, menos unos imbéciles como nosotros. ¿Qué le hubiésemos dicho? Hola, ¿vieron los fuegos de anoche? Creo que nuestro asentamiento está en llamas, ¿por qué no echar un vistazo?

– ¿Bueno y qué piensas hacer ahora? Somos los únicos que quedamos, no podemos ir al pueblo, no podemos ir al Mercado Negro, no podemos ir a la Logia, creo que después de todo hubiese sido mejor quedarnos aquí y habernos rostizado junto al resto – La voz de Franco rayaba la histeria.

– El único que tenía algún reconocimiento en todo lo que has dicho anteriormente era Jordán, era el juguete de todos, el muy imbécil se creía la gran cosa por eso, pero los más viejos lo sabíamos. Franco, mi idea es recoger y empezar a viajar ahora mismo, pasaremos hambre dos o tres días hasta que el Señor nos conceda algún viajero para asaltar, y con lo que cojamos compraremos algo en Fuelles, de ahí ya veremos.

– Pues valla mierda de cabeza que tienes si lo único que se te ocurre es eso, yo digo que veamos a la Logia, pueden que todavía necesiten a matones como nosotros para sus trabajos, lo que me dices me suena a una horca segura.

– ¿Que parte de que a la Logia no se va a ver no entendiste? Para empezar ¿Dónde piensas que están?

– En el burdel, ¿es que nunca has escuchado a las putas?

– ¿Las putas Franco?

– Las putas, Brian, tal vez deberías prestarles más atención, suelen saber mucho sobre lo que les conviene, incluso sobre lo que no les conviene.

– Bueno Franco, creo que prefiero follarme a la puta antes que escuchar lo que tenga que decir.

– Y ya es un milagro hasta que folles, escúchame, debajo del burdel existen viejas construcciones, por una vieja puerta en la parte de atrás es posible entrar, solo que esta entrada es solo el comienzo, llegar a donde se reúnen requiere que seas miembro. Te digo que esperemos y veamos a todos los que usan la entrada, estoy seguro que a estas alturas conocerás algún miembro, ¿no?

– He oído algún que otro rumor sobre eso que has dicho, ¿qué puta ha sido la que te lo ha contado?

– Fue Gigi Silbidos, cree que Teresa está por entrar y le tiene muchísima envidia. Cierto o no, Jean y Luisa pertenecen a la Logia, todos en el burdel lo saben, por eso hace ya rato que no aceptan a cualquier cliente. Una noche las seguí a las dos, estaba bien borracho y por Dios te juro que si les echaba el guante así fuese en la plaza me las tiraba, vi por donde entraban solo que no salieron, al menos mientras me mantuve despierto. Te digo que esperemos allí, esta vez sobrios como monjes y las agarremos desprevenidas, solo les diremos que queremos seguir trabajando para ellos, que a cambio nos den los privilegios que tenía Jordán, joder si hasta podemos hacerlo mejor que ese imbécil.

– Tu idea estaba muy bien Franco, solo que la cagaste al final. El hecho que hallas seguido a Jean y Luisa, como dices, dos miembros de la Logia; me confirma que casi siempre un acto de valor es de hecho una estupidez hecha a ciegas. ¿Sabes lo que podía haberte pasado?

– ¿Me las podía haber follado? ¿Qué iban hacerme dos chiquillas?

– La Logia no controlaba a Jordán porque este fuese un imbécil. Todos en la Logia tienen algo de magia con ellos, por eso casi nadie entra, no son híbridos, son puristas, aprecian el don innato con que nacen algunos, odian a los híbridos más que a nada, y por lo que parece pueden hacerles frente, aunque eso lo dudo. Si esa noche Jean y Luisa te hubiesen olido, no estuviésemos hablando ahora, ten por seguro que hubieses muerto.

– Lo único que habrían matado esa noche eran las ganas que les tenía, ¿Jean y Luisa con dones?

– Llevo diez años al lado de Jordán, bueno llevaba. Como dijiste conozco de vista a todos los miembros de la Logia. Al que llaman Padre, a ese lo vi solo en una ocasión, fue él quien domesticó a Jordán y te digo que fue toda una experiencia. Yo acababa de unirme y tenía al hideputa por el techo, solo que cuando lo vi delante del Padre, ahí mismo perdió todo su brillo. Esa persona es diferente, no sé si es un híbrido, no lo creo por el odio que les tiene, pero pensar que un humano sea capaz de hacer lo que esa persona nos hizo. Pensamos que era un comerciante más, otro mercader, para cuando nos dimos cuenta, la mitad de nosotros estábamos agonizando, y el Padre tenía a Jordán a sus pies suplicando por su vida. Desde ese día se hizo con todo, la banda, el pueblo y la Logia. Las personas que escogía a la vista no parecían especiales, pero con el tiempo, joder cambiaban, eran algo más. Hace solo un par de años, justo antes de tu entrada, la escuadra de Rick quiso no sé qué con Lucas, un fulano que nunca habíamos visto, todos muertos, después nos enteramos que pertenecía a la Logia, lo que llevó de rodillas una vez más a Jordán; si hubieses visto los cadáveres Franco, te digo que esas personas no son normales, desde ese día tengo bien claros todos los rostros de esos en especial los de Jean y Luisa, ellas son las manos del Padre, siempre van con él según Jordán. Nos decía cuando podíamos entrar al burdel que ni se nos ocurriese follar con ellas, ni si se nos echaban encima, si ellas no nos mataban, el mismo lo hacía.

Franco estaba desconcertado. Su momento de lucirse había durado bien poco, después de todo Brian llevaba mucho más tiempo por la zona y en banda de Jordán.

-Bueno Brian, lo que me dices me deja un poco pasmado, aun así, me parece que debe existir alguna forma, tu plan me parece suicidio.

– Como sea, tenemos que salir de aquí, ya es un milagro que no haya llegado alguien antes que nosotros. Lo más importante amigo mío es no desesperarnos, si te soy sincero, esperaba algo como esto, solo que no de esta magnitud, y continuando con la sinceridad tengo algunas cosas preparadas. No me estoy lanzando al suicidio.

En la medida que su conversación había fluido, Brian y Franco no se detuvieron y se mantuvieron dando tumbos por los restos del campamento, al final vieron que no tenía sentido todo aquel vagabundeo, así que decidieron poner los pies en el sentido que Brian había sugerido. Su llamada preparación consistía en pasar por el lugar de un viejo conocido, más allá del pueblo y bien adentrado en el bosque, no era un bandido como ellos, ya no, su edad no se lo permitía, pero en sus tiempos buen bribón que había sido. Una vez en ese lugar, recogerían dinero que Brian guardaba allí y se surtirían con algunas provisiones para, al menos, el inicio del camino.

El viaje no era corto del campamento a la casa de Ulzuin, y más si se hacía evitando las rutas principales, atravesando el bosque. Todo el día se les fue en aquella labor, que continuó bien entrada la noche. A pesar de la oscuridad, Brian conocía bien el camino y casi no se perdían. Entre los quejidos de Franco y alguna que otra blasfemia avanzaron hasta que estuvieron en los límites de las propiedades de Ulzuin, sin embargo, a Brian algo no le parecía que iba bien. Cuando vio la cabaña frente a ellos, no se notaba la más mínima luz, y eso que era casi media noche. Como viejos bandidos, sus instintos se activaron, sus pasos entraron en sigilo y sus manos fueron a las armas, sable en una mano y pistola en la otra, esperaron. Nada. Se mantuvieron al acecho como depredadores, aun así, nada, y luego esperaron más. Definitivamente algo había pasado. Brian le hizo una seña a Franco de que lo siguiera, y sin esperar su consentimiento empezó a avanzar en dirección de la ventana, la cabaña se alzaba a unos veinte metros y tenía dos pisos. Era una buena construcción que no cualquiera podía permitirse. Ulzuin se había retirado bastante rico, y disfrutaba de una buena posición gracias a sus días de bribón. Antes de Jordán había sido el maleante local, supo ver a su sucesor natural y se retiró antes de que lo retirasen de mala manera, Brian había trabajado como su segundo a pesar de su entonces temprana edad. Siguió con Jordán y escaló, pero no llegó a ser lo que fue con Ulzuin, aun así, Jordán confiaba bastante en él, y casi siempre las operaciones que requerían de sutileza eran conducidas por él.

Cuando llegó a la ventana trató de ver hacia dentro, estaba entreabierta, daba a un costado de la cabaña y correspondía a la sala en la que normalmente Ulzuin recibía a sus invitados. La oscuridad reinaba en todo el lugar, sin embargo, sus ojos de búho notaron la escalera, los muebles, trataba de observar algún indicio de lucha, algo que delatase aquella calma innatural. En la cabaña se encontraban siempre tres sirvientes, los que no duraban mucho tiempo pues iban y venían de acuerdo al apetito sexual del dueño, a veces un joven, a veces una muchacha, a veces los dos, Ulzuin era muy promiscuo a pesar de su edad.

El somero escudriño que podía realizar desde su posición no revelaba nada, le hizo una seña a Franco de que iba a entrar, este asintió y lentamente fue empujando la ventana lo suficiente como para que cupiese un hombre, no le llevó mucho esfuerzo a Brian colarse por una rendija por la que una persona normal no metería sus hombros. Una vez dentro, empezó a deslizarse por las sombras con la experiencia de toda una vida, un poco más alejado lo seguía Franco que no se quedaba detrás. En menos de cinco minutos recorrieron toda la planta baja. No había rastro de persona. Todo estaba en su puesto, no había señales de lucha, cuando no les quedaba más remedio que subir por las escaleras los dos se encontraban bastante turbados.

Subieron de forma imperceptible. Cuando llegaron al segundo piso, rápidamente cubrieron todo el lugar, y llegaron al mismo resultado. La casa parecía un cementerio. Cuando lo consideraron seguro dejaron de caminar a hurtadillas y de comunicarse por señas. Al principio fueron susurros, luego su voz fue aumentando, pero nunca recuperaron el tono usual.

–  Al parecer tu contacto se marchó y no te avisó.

– Eso es una mierda Franco, aquí pasó algo.

– Acabemos con esto Brian, no soporto estar un minuto más aquí, coge lo que sea que hallas venido a buscar y larguémonos.

– No, aquí paso algo, y no voy a irme hasta que sepa.

– Brian, no estoy para tus sandeces, espabila, que si nos quedamos nos cogen.

– Que se jodan! Aquí paso algo.

– Aquí paso lo mismo que en nuestro campamento, lo que sea que fuese no me interesa saber lo que fue, recoge las cosas de una puta vez y vamos.

La visión que tuvieron entonces no fue en lo absoluto aterradora. Era una mujer que caminaba desnuda hacia ellos. Tenía un largo pelo negro que le caía indistintamente sobre parte de su pecho y espalda, era bastante alta y delgada. Las circunstancias que rodean determinado acontecimiento hacen de este algo aterrador o no, normalmente este tipo de visón resulta harto agradable, pero una vez más, las circunstancias. La reacción de los dos viejos bandoleros fue inmediata, dispararon sus armas, blandieron sus sables, y todo pasó a través de la figura de la muchacha desnuda, que pese a todo ese grado de hostilidad no reaccionó. Como buenos bandidos al ver que no podían hacer nada, echaron a correr. Sin ver al lado, sin mirar atrás. No tomaron las escaleras. Brincaron. Corrieron hacia lugares distintos, las ventanas que estaban abiertas, pero cuál no sería la impresión de nuestros viejos bandidos cuando se vieron de nuevo delante de la muchacha desnuda en el segundo piso. Inmutable. Una vez más repitieron su acto de fuga, solo para llegar al mismo resultado y empezar un bucle que duró algo de tiempo. Una vez se supera un miedo terrible, o más bien se acepta la causa de ese miedo terrible, lo que surge es simplemente resignación a lo inevitable, cuando sus músculos ardían, cuando sus pulmones no podían absorber más aire, Franco soltó un grito tal que se hubiese oído a lo lejos en una noche silenciosa como aquella, sin embargo, esto tampoco salió de la cabaña. Los viejos bandidos se encontraron rendidos a los pies de la muchacha desnuda de cabello negro, que aún no se había movido o siquiera hecho el más mínimo gesto, a pesar de eso no dejaron de notar cierta expresión de diversión en su rostro.

– ¿Que cojones quieres, bruja, demonio?

– ¿Te resulta gracioso vernos correr, eh, que quieres?

– ¿Dónde está el viejo que vivía aquí?

– ¿Qué estás haciendo? No, no me toques, no,

– Shhhh, shhhh, ya no hay nada que temer, ahora están conmigo – El toque de su mano era muy frio, pero aliviaba. Se encontraban bastante cansados- Shhhhh, shhhhh, son míos, al igual que el viejo y sus muchachos, desde que entraron a la cabaña son míos, miren, allí están sus cuerpos, ¿ven? Sus cuerpos nunca abandonaron la ventana por la que habían entrado.

-Ahora son míos, mis nuevas almas. No teman, no hay más nada, solo yo. Vengan.

La muchacha desnuda condujo a las almas a las habitaciones de la cabaña y de allí las ubicó junto al resto de los moradores originales en su limbo. Era la proyección de la habitación en el plano de las almas, allí se encontraban en paz, y allí ella los puso a dormir, hasta que necesitase de ellos en algún momento. Volviendo al plano terrenal, en el cual seguía como una muchacha desnuda, al tocar los cuerpos de los dos bandidos estos desaparecieron, era como cuando se sopla un montón de ceniza. La muchacha desnuda tenía ahora todo el tiempo que necesitaba para prepararse, esta vez sin interrupciones. Debía confeccionar bien el cuerpo que usaría durante su estancia en el plano físico, uno que sirviese bien a sus propósitos. Recordaba, que en algún momento Teresa había sido, si, ella era un buen prototipo, de no haber sido la puta que fue, su cuerpo hubiese sido perfecto, sin embargo, al analizarlo más de cerca, notó que Teresa hubiese muerto en cuestión de tres años, la infección que tenía se propagaría y la mataría, gajes del oficio. Por otra parte, al ver el resto de los cuerpos que tuvo a su disposición cuando llegó por primera vez al plano físico, notó que los humanos eran muy frágiles, albergar una entidad como ella en un cuerpo humano era casi imposible. Ni siquiera el Padre, que había sido un gran mago y su cuerpo estaba en correspondencia con la entidad que había albergado podía sostenerla en lo más mínimo. Es por eso que había decidido crear a un recipiente que cumpliese con su propósito.

Aun en las ruinas de la iglesia, tomando como material los cuerpos allí abandonados trató de dar forma a algo semejante a un ser humano que pudiese habitar, pero fue en vano. La carne es un material muy frágil y quebradizo, debía hallar algo que se adaptase más a su plano. Se manifestaba como algo informe, algo que no tenía cabida en la realidad física, por lo que dejó de adoptar tan grotesca forma y se contentó con manifestarse en un estado de transición donde si bien casi no podía interactuar, era visible y capaz de controlar con su voluntad bastante de lo que la rodeaba. Básicamente no podía tomar un vaso de agua, pero podía ordenar al agua que fuese a su boca o al vaso que flotara. Le tomó cierto tiempo mantener su geometría de forma inconsciente. La forma femenina que escogió le resultaba la más cómoda, si bien en esencia no tenía género, sus arquetipos coincidían bastante con esa representación. Para cuando llegó a la cabaña se desempeñaba bastante bien en su nueva forma, los humanos que la recibieron no parecían de la mejor calidad, una lástima. Fue un encuentro provechoso, no obstante, supo lo que era la violencia en este plano, a pesar de que era imposible que resultase herida, si observó al inicio con interés como la agredían, en especial el viejo, que pese a su edad era quien buscaba las formas más elaboradas, pistola, daga, movimientos. Al sondear su mente, y más adelante, su alma, descubrió una serie de conocimientos relacionados al tema de como practicar la violencia de forma organizada. Ya había visto algo así en los miembros de la Logia, sin embargo, era un enfoque muy próximo al de ella, este resultaba distinto, más humano, y pese a ser completamente inefectivo, le resultaba curioso, y quería experimentar. Algo más que añadir a su creación.

En el momento que irrumpieron Brian y Franco se encontraba desarrollando su proyecto todavía en varios planos superiores al físico, pero fue capaz de detectar su presencia mucho antes de que arribasen a la ventana por la que entraron. Su incorporación a su limbo de almas hizo que sus experiencias se añadiesen a lo que sería su creación. Ahora esperaba no ser interrumpida, despues de todo no importaba en que plano estuvieses, la prueba y el error eran el método que siempre arrojaba más resultados, así que, aunque su prueba condujese a un error, no podía decirse que no hubiese un resultado. Todo lo que hacía como entidad era nuevo y le provocaba un gran placer, como aquel que descubre que la vida es algo que se manifiesta hacia adelante, aunque todo eso fuesen límites.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

Cuando Tomás y Saulo se reunieron, ninguno estaba muy contento, aunque las razones que los turbaban a ambos eran muy diferentes. Tomás había llegado como había dicho al amanecer y desde que vio el movimiento de la guardia en los muros supo todo lo que le había ocurrido a Saulo. Cuando llegó a la puerta lo esperaban con toda una formación y encabezando esta se encontraban las principales autoridades responsables de aquel lugar. Una vez más el estirado gobernador, el inflado capitán y el sacerdote lampiño. Cuál no sería la sorpresa de estas figuras al ver que aquel viejo calvo sostenía en su espalda a un bebé. Se atrevieron a especular que nadie además que aquel monje sobreviviría al torrente de llamas, pero al parecer los caminos del señor son insondables, o algo como eso; aun despues del pequeño shock fue dado el recibimiento al cansado Tomás y a su infantil compañía.

Como más tarde le explicó Saulo, debían de afrontar la jugarreta del gobernador. Sus identidades estaban al descubierto de la peor forma posible e incluso fueron puestos en la situación de tener que dirigirse al pueblo para calmar sus exaltados ánimos. La presencia de su Santidad sería recordada en estas tierras largo tiempo y su poder liberador harían de aquellas personas unos mejores seguidores, siguiendo esa lógica todo estaba bien, sin embargo, algo que era intangible les decía que eso era tan real como el propósito que había declarado Saulo la primera vez que conversó con el gobernador. Simplemente había algo que no estaba bien con aquella gente, pero no importaba; Saulo también fue testigo de la bebé que traía Tomás y entonces supo que por muy mal que les hubiese ido hasta ese momento, o incluso si empeoraba la situación todo había valido la pena. Su mirada no dejaba de posarse en aquella niña mientras Tomás calmaba al pueblo. Al mismo tiempo todos fueron testigos de la misma existencia. En un primer momento llovieron los ofrecimientos para hacerse cargo de la que ya era conocida como el milagro de las llamas, pero muy amablemente y en una forma que no admitía réplicas Tomás dijo que necesitaba velar por el estado de aquella infanta un tiempo hasta que él estimase seguro que podía ser atendida por otra persona. Por ahora lograban tener un margen de tranquilidad, pero el tiempo jugaba en su contra.

Una vez se libraron de las formalidades y lograron estar en la habitación de Saulo, empezó el escrutinio.

-Maestro, verdaderamente siento mi falta de juicio – las palabras de Saulo eran dichas con verdadero pesar.

-Eso no importa, ayúdame a examinarla ahora que está dormida, en cuanto empiece a llorar, habrá que hablar con el gobernador para encontrar a una mujer que sea capaz de amamantarla, eso debe hacerse con cuidado, no puede ser cualquiera.

-Como usted diga Maestro, sin embargo, ¿cree que haya alguien en quien confiar?

-No espero eso, aun así, la niña necesita nutrientes apropiados.

-En verdad es un milagro que haya sobrevivido a tanto, bueno, usted estaba allí despues de todo.

-No te dejes impresionar Saulo, la mayoría de los milagros son en parte mentiras convenientes – el frio monje una vez más – a estas alturas ya deberías de saber eso.

-Hmm, si alguien lo oyese lo acusaría de hereje – Saulo dejó escapar una sonrisa de resignación.

-Yo los quemaría a todos, este pueblo está lleno de ellos – Tomás todavía sostenía a la niña, con cuidado la puso sobre la cama – Pero ahora lo importante es ella. Cámbiale esos trapos que lleva.

Saulo nunca había tenido en sus manos a un bebé, mientras retiraba los harapos con que se cubría notó este hecho de una manera muy reveladora, casi eufórica, ahora eso se convertía en simple nerviosismo. Al mismo tiempo sabía que era una híbrida, la primera en muchísimo tiempo que la Iglesia tomaba. Normalmente, con los híbridos la Iglesia procedía en dependencia de cómo se había desarrollado hasta el momento de su encuentro. Dado que muchos eran de la nobleza, estos eran el caso más fácil, pues desde su nacimiento se preparaban para ser entregados, a los diez años pasaban a formar parte de monasterios especiales que se encargarían de encaminarlos en dependencia de los talentos que fuesen desarrollando, era el comienzo del infierno; Saulo había sido de estos. Ahora bien, dado que la iglesia también reclutaba fuera de la nobleza, los candidatos que salían de fuentes aleatorias eran sometidos a un escrutinio de varios niveles. El primero por supuesto era comprobar la sangre híbrida y esto era lo más sencillo, bastaba con que un híbrido estuviese cerca para notar alguna sensación que podía ser de calor, escalofrío, ojos acuosos, alergia repentina. La gama de sensaciones que podían sentirse eran bastante amplias y no se limitaban a una de ellas, esto no era más que la forma que reaccionaba un cuerpo sensible a una perturbación mágica como la de un híbrido no entrenado, en ese estado un híbrido no era consciente de su propia naturaleza, por lo que llamarlo perturbación no estaba en lo absoluto injustificado, en los registros de los primeros hubo casos muy graves como incendios repentinos o pueblos sobre los que no paraba de llover.

Desde que la vio el escalofrío que sentía Saulo no dejaba de manifestarse, al mismo tiempo, cuando la tocó por primera vez, sus ojos se llenaron de lágrimas.

– ¿Qué sentiste cuando la viste y ahora que la tocaste? – Tomás estaba sentado bebiendo leche caliente que había tomado de la cocina de la posada, era para la bebé, había dicho.

-Escalofríos y lágrimas.

-En mi caso cuando la vi no sentí nada, sin embargo, cuando la toqué por primera vez, la mano se me entumeció. De hecho, tuve que reprimir mucho de su ser para poder cargarla, sino me hubiese acalambrado todo el cuerpo.

Saulo tocó su frente, y de una forma absurda intentó cargarla para comprobar las reacciones de su maestro, sin embargo, todo lo que percibía era como al inicio, escalofríos y lágrimas. Con el movimiento la niña se empezaba a quejar un poco.

– ¿Ahora está reprimida?

-No

-No siento ningún calambre.

-Ya veo. ¿Sabes lo que eso significa, el hecho que sintamos distintas cosas con esta niña?

-He escuchado que en dependencia de lo que se siente es la manifestación del poder del híbrido.

-Eso que dices es más o menos cierto. Por lo general la sensación es la misma para cualquiera, sin embargo, con las híbridas femeninas y algunas excepciones masculinas, ocurre que provocan casi toda la gama de sensaciones entre los distintos observadores. – Era como estar de vuelta en la academia, las lecciones del viejo Tomás, estaba calmando a la niña con su mano mientras de alguna manera se mantenía en el regazo de Saulo – No está del todo confirmado, pero se cree que eso indica que pueden manifestar cualquier poder, o sea, en el futuro pudiesen dominar cada una de las Ramas. Esa es una de las causas más importantes de tener en nuestro poder a las híbridas hembras, son especialmente dotadas. La otra por supuesto es la reproducción.

– Nunca vi a ninguna híbrida en la Orden, dado que son especialmente dotadas, ¿no se supone que deberían estar en la Piedad?

– Las híbridas casi nunca han entrado a alguna orden directamente, una vez han pasado el período de aprendizaje el Santo Padre la usa libremente, oficialmente pertenecen a nuestra orden, solo que nunca las veras en un campo de entrenamiento junto al resto de los híbridos.

– Me imagino que también esté de alguna forma relacionado con la reproducción – A Saulo le parecía que toda aquella separación era para impedir desafortunados incidentes del tipo preñez; despues de todo tenían prohibido cualquier contacto con mujeres, por lo menos abiertamente.

La niña seguía dormida pero cada vez se inquietaba más. Al colocarla Saulo en la cama, Tomás se acercó dejando el vaso a un lado, tomó la cabeza de Saulo algo sorprendido y juntando el índice y el dedo del medio de su otra mano los colocó sobre la frente de la pequeña.

– Ahora trata de concentrarte, y dime que vez.

– ¿Va a hacer una regresión?

– Cállate y concéntrate

Las regresiones eran técnicas de médium donde una tercera persona podía ver el pasado más inmediato del sujeto que se sometía a la prueba, el médium actuaba como un espejo de la persona, ya que en muchas ocasiones si este se sometía a la regresión sufría una carga de estrés considerable, además los recuerdos del sujeto podían verse reinterpretados y por tanto cambiados, luego una visión ajena resultaba mucho más exacta.

-Hay muchísimas llamas, una mujer trata de tocarla, es todo muy confuso, está muy maniatada, no veo nada, creo que ahora percibo la caravana, no puedo entender lo que dicen, una vez más la mujer, es humana, espere ¿qué significa esto?

-Ahora no, sigue – el esfuerzo de Tomás era notable

-Ahh, nada, no entiendo lo que estoy viendo, hay una ciudad, la misma mujer la lleva por las calles, la cuidad es Brizas, están en algún barrio muy sucio, ahh, veo, no veo nada, hay un hombre que la está sujetando, la observa, dos mujeres detrás de él están preparando alguna clase de hechizo, pero algo sale mal, creo que hay una explosión, son interrumpidos por…

-Ahhhh – el monje Tomas lanzó una exclamación como alguien que lleva cargando un peso inconmensurable mucho tiempo, estaba arrodillado con una mano en la cama y la otra en el suelo, jadeaba y las gotas de sudor eran una cascada.

– ¿Está bien maestro? – Saulo se apresuró a levantarlo. Lo llevó a la silla, donde estaba antes. – Esto es muy grave, ¿de dónde salió esta niña?

Tomás estaba exhausto, la regresión tenía que hacerse lo antes posible, si hubiese esperado más habría perdido muchos más detalles, una mente tan infantil es incapaz de conservar recuerdos claros por mucho tiempo. Al menos ya tenía algo.

-El hombre que viste, ¿lo puedes describir bien en tu mente?

-Creo que sí, pero…

-Quiero que hagas una imagen mental de ese hombre lo mejor posible, luego me la das. – La telepatía era algo básico entre híbridos entrenados, con solo rozar una parte del cuerpo con sus manos dos híbridos eran capaces de pasarse entre ellos enormes cantidades de información, la regresión era un tipo muy elaborado de telepatía. Para los más avanzados usuarios incluso las distancias no eran una barrera para la comunicación.

-Maestro el origen de esta niña es desconocido, ¿cómo es eso posible? – Tomás estaba tendido en aquella silla, la había empujado contra la pared de tal forma que pudiese recostar su cabeza.

-Ahora mismo no se me ocurre nada, o más bien lo que se me ocurre era imposible hasta ahora.

– En todos los recuerdos tuve la sensación de que la mujer que la llevaba estaba huyendo, creo que el hombre que vi era el responsable.

– Aura, la mujer se llamaba Aura, aunque dudo que haya usado ese nombre, era el verdadero; y si, antes de morir me confirmó lo que acabas de decir.

– Esto cada vez está peor – Saulo miraba desconcertado a la niña que empezaba a quejarse – Ya hemos hecho dos pruebas ¿Qué sigue? – Era una forma de huir del problema

– Estoy demasiado cansado para seguir con las pruebas, ahora debe comer, comida de verdad para niños, leche materna, ahí tenemos un problema urgente el cual vas a resolver.

– ¿Cómo hago para elegir a la mujer?

– Tienes que hablar con el gobernador, que reúna a todas las mujeres que se encuentren lactando en este momento, úngelas a todas con agua, esto le dará a su aura una pequeña sensibilidad, la que mejor reaccione a la niña es la elegida, debes verificar tú mismo la reacción.

– Voy a hablar ahora mismo con el gobernador.

– Cuando regreses probablemente esté dormido, coge a la niña y no me despiertes hasta mañana.

– Entendido, a Dios lo encomiendo.

– Espera, pásame la imagen del hombre.

– Si – le extendió la mano y Tomás la sostuvo un instante.

– Bien, haz lo que te he dicho.

Cuando Saulo dejó la habitación Tomás se dirigió a la cama que estaba vacía en el otro cuarto, antes de acostarse se quitó todo lo que llevaba y lo puso ordenadamente en el borde, luego lo cubrió todo con su túnica, hecho esto se tendió bajo la sábana y tomó uno de los puñales y lo colocó bajo la almohada, nunca se era lo suficientemente precavido, aunque en su estado dudaba de ser capaz de reaccionar correctamente ante una sorpresa, bueno para eso contaba con Saulo. La imagen de aquel hombre le rondaba la cabeza, mientras durmiese meditaría en eso.

 

Una vez más las palabras del joven paladín le sonaban al gobernador Malcolm como si le estuviesen clavando pequeñas agujas en su estómago. Junto a él se encontraban el padre Jevier, el joven padre. Estaba muy pálido.

Traer a la plaza a todas las mujeres que se encontrasen en estado de lactancia y allí aguardar hasta que se presentase con la niña, la persona encargada de amamantarla no podía ser cualquiera por lo que debía hacerse un riguroso escrutinio. Esas fueron sus palabras, una vez las dijo había retornado a su habitación. Ya había enviado a Jevier a avisar al gordo Amílcar para que organizara a las mujeres, su esposa tendría a su disposición una lista bastante actualizada de todas las lactantes del pueblo. Con esto se había quedado solo.

Malcolm siempre había sido un hombre reservado, cuidadoso en sus maneras; lo que le había ayudado mucho a lo largo de su vida y en particular a la hora de ascender, despues de todo, la empresa del pueblo del bosque se había hecho casi en su totalidad gracias a su guía. En su pequeño despacho no resaltaba nada, no había pinturas ni ninguna planta, no había alguna estatua de una ninfa o alguna alegoría a la imaginación, la verdad era que Malcolm no era un hombre de los que pudiésemos llamar imaginativo, se limitaba a ser lo más práctico posible y desde hacía treinta años esta forma de ser suya no había hecho otra cosa que crecer. Aquella habitación estaba llena de libros de cuentas, balances, cartas y manuales de economía, algunos folletos de política y algunos atlas, todo dispuesto en un orden militar, aunque nunca había ejercido tal oficio.

Hacía treinta años Malcolm era un pequeño comerciante en la ciudad de Brizas, una de la más próximas a la frontera salvaje de Ferrara. Conocía muy bien la geografía local y era poseedor de una amplia gama de contactos, probablemente el mejor de ellos fuese la banda de Ulzuin, a quien conocía de mozalbete. Si bien no podrían decirse que fuesen amigos de la infancia, esta relación se convirtió en algo mucho más próspero, un comensalismo del cual se servían el uno al otro. Ulzuin eliminaba la competencia, al mismo tiempo que creaba demanda, Malcolm por su parte controlaba la demanda y se encargaba de generar más competencia, era un ciclo muy productivo. Todo esto cambió cuando la banda de Ulzuin conoció al Padre, casi al mismo tiempo que apareció Jordán. El Intermedio lo había tocado, cosa que originalmente no hubiese creído que existiese, un hombre tan práctico como él. Malcolm era un delincuente muy sagaz y dentro de la delincuencia de los Reinos de Ultramar, tanto la callejera como la de cuello blanco existían ciertos rumores del Intermedio y el Mercado Negro. Los rumores se propagaban a otros círculos por supuesto, sin embargo, eran en estos ámbitos donde dichos lugares alcanzaban los grados de confirmación más altos. Nunca los había atendido, de hecho, rechazaba a cualquiera que entablase alguna conversación al respecto. Cuando tuvo la confirmación su vida entera cambió. La existencia o no de un grupo criminal que controlase el bajo mundo era lo de menos, había sido seleccionado por una fuerza superior, una que podía controlar los destinos de muchos, más allá de las sombras, fronteras y políticas. El pueblo del bosque era una sucursal del Mercado Negro, que era la parte más activa en los Reinos del Intermedio, una a plena luz, y una de las entradas al propio Intermedio.

Desde que supo de la destrucción de la banda de Jordán esperaba de un momento a otro que alguien de la Logia se pusiese en contacto con él, pero hasta ahora el silencio por aquella parte había sido rotundo. La Logia eran los responsables de velar por los intereses del Intermedio en aquel lugar. El pueblo del bosque consistía en formar poco a poco una comunidad que incluyese tanto naturales intermediarios como ajenos, por supuesto los primeros mantendrían una discreción con respecto a sus orígenes, aquel sería un experimento para ir introduciéndose poco a poco en la vida los Reinos. Aquella falta de comunicación hacía que con cada paso que daba se preguntase si estaba haciendo lo correcto para la organización, cada vez que cooperaba de alguna manera con los enviados de la Iglesia pensaba que traicionaba, no sabía si el término víctima de las circunstancias era el mejor para explicar su caso, aunque estaba seguro de que no le serviría de nada cuando llegasen para la rendición de cuentas. Para esa situación en la que estaba existía un plan de acción, uno que había llevado a cabo desde que vio al monje aquella mañana. Colgando de su cuello llevaba una cadena cuyo dije había quemado, eso era todo. El Padre le había advertido que, si por alguna eventualidad no podía comunicarse con él, o si lo hacía y no hallaba respuesta inmediata, quemase aquel pequeño dije con forma de flecha en cualquier fuego, y entonces esperara.

La oficina estaba en la segunda planta del ayuntamiento y de ella podía ir viendo cómo se iban reuniendo las mujeres en la pequeña plaza, alrededor de la fuente, creía que todas tenían una idea de por qué estaban allí, desde un primer momento le había mandado a decir a Amílcar que les explicase para así evitar revuelos. La idea de amamantar al milagro de las llamas les debía de dar una sensación de orgullo, siguiendo con la falsa de la Iglesia. Razonaba que aquella bebé debía ser una híbrida, una a la que Jordán tenía órdenes de llevar al otro lado, al verdadero Intermedio, pero que por alguna desgracia se habían cruzado con aquel monje que también estaba en la búsqueda de híbridos y resulta que todo convergía a él, que quería que cosas como aquella estuviesen lo más lejos posible. A este paso es solo cuestión de tiempo se dijo a sí mismo, ya el mensaje fue dado, cualquier cosa que pase no es mi responsabilidad.

Con un toque suave Berto llamó a la puerta y sin esperar confirmación entró al despacho, le avisaba que las mujeres estaban listas, ahora era su turno. Sin decir nada salió, iba a ver a Saulo de Hermite, para sus adentros una vez más las agujas, avanzaba rápido y sin alejarse mucho de él iba Berto. Cuando salió a la plaza miró los rostros de aquellas mujeres, muchas estaban ansiosas, otras no tanto, estas debían ser intermediarias originales, ellas sabían lo que estaba en riesgo, por otra parte, había desde putas hasta amas de casa, muy jóvenes o cuarentonas, había varias docenas.

Cuando llegó a la habitación no tocó, sino que se encontró la puerta abierta, y una visión lamentable de un joven tratando de calmar a un recién nacido, a pesar de todo por un momento encontró la situación muy divertida. Aclarándose la garganta declaró su presencia, aunque sabía que era bien notado.

-Las mujeres está en la plaza a la espera – Malcolm lucía toda su estirada altura en una muestra casi burlesca de refinamiento frente al malparado paladín.

– Muy bien, entonces vamos allá, pero antes, ¿podría usted ayudarme? – Saulo se encontraba evidentemente descontento por tener que pedir aquel favor y más a aquella persona, pero al parecer era preferible esto a sus patéticos intentos de cargar a aquel bulto que ahora gritaba a viva voz.

– Por supuesto – su voz era comprensiva – se nota que el Señor le ha dado otras responsabilidades.

Malcolm era padre de un muchacho, extraoficialmente tenía en su haber varios bastardos, sabía cargar aun recién nacido y así lo hizo, tomó en sus brazos a la bebé que era todo llanto y siguiendo a Saulo la iba calmando, Berto cerraba la marcha.

Como le había dicho Tomás, lo primero que hizo fue rociar a las mujeres con agua bendita, las había organizado en cuatro filas de alrededor de diez y fue una por una dejando caer unas pocas gotas en sus cabezas. Las mujeres lo miraban con los ojos muy abiertos y se encogían cuando sentían el líquido en sus cuerpos, hasta ahí todo había salido bien. Cuando llamó al gobernador para que acercase a la niña fue cuando comenzó el problema, la primera mujer que sostuvo al bebé se desmayó, si no hubiese sido por sus reflejos la misma híbrida habría corrido peligro; aquello desencadenó el pánico. Hubo que obligarlas a acercarse y el gobernador intervenir en todo momento diciendo que aquello era pasajero, que era debido al efecto del milagro de las llamas, que considerasen ese hecho como la redención por sus vidas pecaminosas y sus pensamientos impuros. Estaba claro que era un hombre que sabía sacar provecho de cualquier situación. Bastó una orden muda de Malcolm al padre Jevier para que este siguiese lo que había empezado, de todas formas, la plaza estaba rodeada de los hombres de Amílcar que no estaban menos asustados, pero, aunque sea evitaban una fuga masiva de las lactantes.

La situación no mejoró, la segunda mujer poco despues de tocar a la niña hubo que sostenerla por las fuertes arcadas de vómito que le surgían, a la tercera no le sucedió nada extremo, solo llanto descontrolado. Así fue avanzando la fila de mujeres, la mujer de Amílcar y este mismo se encargan de sostener a la próxima en acercarse, todas reaccionaban a la infanta, dolores, gritos, sonsera, a la décima se encontró Saulo a una posible candidata, pese al nerviosismo, no mostró ninguna reacción, fue separada y puesta en espera. La cola continuó y siguieron apareciendo reacciones extremas, ataques de tos, de histeria, más desmayos, mientras tanto el llanto de la niña era cada vez más desconsolado. Cuando quedaban siete mujeres fue el turno de una jovencita que no pasaría de los veinte. Era una muchacha que parecía una pordiosera, estaba muy mal vestida y sucia, Saulo consideró por un momento si debía ponerle las manos encima a la niña, reacio le indicó al gobernador que se acercara. Para su sorpresa notó que la muchacha no estaba nerviosa como el resto.

– ¿Me ha traído hasta sus mendigos? – Saulo estaba claramente ofendido

-No es lo que piensa, esta muchacha ha sufrido grandes pérdidas, recientemente a su hijo, el luto que lleva la hace lucir así, pero le aseguro su integridad como persona – Malcolm buscó apoyo en la esposa de Amílcar, asintiendo esta de forma estúpida. La niña lloraba en sus brazos y ya le había mojado todo el hombro de su levita con sus mocos, lágrimas y orine en cambio, la sotana del paladín, ofrecía una vista muy reconfortante, toda blanca reluciente con bordados dorados y ceñida a la cintura con un fajín negro aterciopelado que tambien cruzaba el pecho.

-Continúe – el asco era evidente.

Al menos estaba lo bastante calmada como para que sus brazos no le temblasen cuando recibió a la híbrida, la acercó a su pecho y empezó a acunarla, meciéndola suavemente luego hizo algo inesperado, se volvió a Saulo y le preguntó cuál era el nombre de la criatura, a lo que le joven paladín no supo responder. Aquella fue la madre escogida.

Saulo le indicó a Malcolm su decisión, a la muchacha la condujeron a su habitación la esposa de Amílcar y varias mujeres, su primera tarea sería bañarse a consciencia, también Saulo indicó que le llevasen algunos conjuntos de ropa mejores, su luto había terminado; unos guardias se encargaron de aquello. El nombre de la chica era Liara, nunca se supo quién era el padre de la creatura que había acabado de perder, vivía sola y se las arreglaba como podía.

Cuando todo hubo acabado el sacerdote Jevier, el que a diferencia de Saulo lucía su anchísima sotana carmelita que parecía atraparlo, se acercó a Malcolm, llevaba un pedacito de papel estrujado, sin medir una palabra se lo entregó y sin más se dirigió a su iglesia. Malcolm continuó en el medio de la plaza, caminó hasta la fuente donde se quitó su levita, era un hombre muy pulcro y por muy milagrosa que fuese la chica mocos y orine eran mocos y orine. Maquinalmente dobló la levita mientras miraba a la pareja de mármol entregadas al placer, no distinguió el género, ahora que lo pensaba aquella estatua la había encargado él mismo, la habían traído del mismo lugar que aquel papel en su mano. Ya todo estaba bien.

Unas horas más tarde Malcom se encontraba en el burdel del pueblo, un pintoresco edificio de tres plantas, estando la primera por debajo del nivel del suelo, allí estaban las mejores habitaciones y por supuesto las mejores compañías, aunque esto no era el caso de su visita. La dueña de aquel establecimiento era una intermediaria, y para cuando Malcolm arribó ella ya sabía lo que tenía que hacer, sin decir nada lo llevó hacia la mejor habitación donde había tres personas esperando, y cerró la puerta una vez que Malcolm entró.

-Malcolm, es una desgracia tener que vernos así, siéntate por favor – El que había hablado era un hombre adulto, con pelo largo recogido y barba muy negra, estaba sentado con los pies cruzados y los brazos abiertos en un gran sillón, aun así, parecía como si en cualquier momento fuese a saltar.

Malcolm se inclinó profundamente, la persona que tenía delante era la mayor autoridad que había conocido en su vida, la persona que lo había seleccionado, y el jefe de todo lo que había visto.

-Es sinceramente una desgracia – diciendo esto se sentó al frente, las otras dos figuras estaba a sus lados, eran Sombras.

– ¿Qué sabes? -En la voz de su jefe no existía enfado, estaba tranquilo.

– Ayer en la noche llegó el paladín, hoy por la mañana el monje con la niña, en ese mismo momento quemé la flecha, pero la Logia no me ha respondido, no sé nada más.

– ¿Has visto a Ulzuin o a algún criado suyo?

– Desde la semana pasada que vino por sus provisiones no veo a nadie.

Despues de esto hubo un silencio. El hombre de enfrente miraba a la nada, absorto en sus pensamientos, por fin volvió a mirarlo y empezó a hablar.

-Ayer sobre la media noche el monje Tomás acabó con los hombres de Jordán y su campamento, al mismo tiempo sobre esa hora la Logia entera desapareció, no sabemos nada del Padre, o de algún miembro, parece ser que algo salió muy mal con su último ritual, lo que nos lleva a Ulzuin, que resulta que también desapareció.

Malcolm no se movía, apenas respiraba y no alzaba la vista. Por la tranquilidad de aquel hombre sabía la gravedad de todo lo que le decía, en menos de veinticuatro horas el Intermedio había perdido a todos sus activos excepto a él y sus hombres.

-Siguiendo con nuestros problemas, ¿no te han dicho cuando se van nuestros invitados?

-No han hablado de eso – Malcolm sabía todo lo que ocurría en la habitación de Saulo, por lo menos hasta donde sus capacidades humanas se lo permitían.

Con toda tranquilidad el jefe se levantó de su asiento, tenía una larga casaca negra abierta, dejando al descubierto su pecho y abdomen, fue y se sirvió un vaso de vino para él y de paso le llevó uno a Malcolm.

-Esta empresa ha fracasado, hay que limpiar. Malcolm has sido uno de mis mejores hombres de este lado, pero lo que ha pasado hasta ahora y lo que va a acontecer te van a costar la vida, así como a todos los de este pueblo. – En aquellas palabras había un poco de pesar- Dado que ya te puedes considerar un cadáver, te voy a explicar lo que va a suceder a continuación, ¿puedo seguir contando contigo?

Malcolm se sorprendió un poco al escuchar la noticia de su muerte, no esperaba que sucediese aquello, sin embargo, el hecho de que se lo dijesen era todo un detalle, sabía que estaba muerto no por alguna falta suya, había sido una víctima de las circunstancias.

-Es por la niña.

-Sí, es por la niña, es por nuestra culpa que estás muerto – su jefe le dijo estas palabras con verdadero pesar. Lamentaba mucho haber perdido a Malcolm.

-Entiendo, ¿cómo les puedo ayudar muerto?

– En aproximadamente dos días vamos a atacar a este pueblo, hasta ese momento, nuestros invitados no pueden salir de aquí, usa cualquier medio a tu disposición.

– Haré todo lo que pueda hasta ese momento

– Voy a dejarte estas dos Sombras mientras tanto, ten por seguro que no te va a pasar nada hasta la hora que he designado para ti. Eso es todo – El hombre de la casaca negra le tendió la mano a Malcolm y este se la estrechó, se miraron por un breve momento asintió, luego de soltar su mano dio tres pasos y desapareció en una mancha muy oscura que se abrió en la nada por un instante y se cerró tras él. Malcolm tacó a cada Sombra en su frente. Eran literalmente sombras tridimensionales, con su toque Malcolm habilitaba una de sus muchas habilidades, tomarían la forma de la persona que les había transmitido, lo que implicaba que estas dejarían de existir en ese mismo momento, serían reemplazadas por aquellos seres. Malcolm habría elegido a Liara, pero al estar tan cerca de los agentes de la Iglesia pensaba que notarían el hechizo, y pensaba bien, así que eligió al gordo Amílcar y a Jevier, sus dos hombres más fieles, de esta forma morían sin saberlo, creía que eso estaba bien. Hecho esto las sombras desaparecieron como llevadas por el viento.

Antes de salir de aquella habitación quiso comprobar su estado, así que se dirigió al gran espejo que había en uno de los laterales y se abrió la camisa. En el centro de su pecho tenía tatuada la marca de los condenados, un reloj de arena que le indicaba el tiempo que le quedaba, ahora mismo estaba casi llena la parte de abajo, y arriba contaba treinta puntos, que debía interpretar como horas.

 

 

 

 

Fin de la Primera Parte

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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