Literatura

Anthony – Primera Parte

Anthony – Primera Parte - Literatura

En el área de emergencia había más de 20 personas esperando por pasar a consulta, en la de observación rápida no había camillas disponibles, y en hospitalización sólo estaban vacías una cama en la sala de mujeres y una en la de hombres – dos historias menos para actualizar – así que no debía perder tiempo.  Al concluir la revista médica, decidí empezar las actualizaciones historia por historia, antes de que la ansiedad se apoderara de las enfermeras y para disminuir un poco la carga del turno que recién comenzaba. Ordené el escritorio: las gráficas a la derecha, las hojas blancas a la izquierda, mi carpeta de acordeón y mi cuaderno de notas al frente; y tomé la primera.

Apenas tuve oportunidad de ubicar la página de actualización del día cuando escuché que la licenciada me buscaba. Era la supervisora del turno de la mañana y, sin siquiera haberme visto la cara, amenazaba con reportar al grupo de turno como había hecho con el del día anterior por haber dejado a un paciente en el área de cirugía menor sin al menos historia de observación. Yo desconocía por completo del caso y salí a preguntarle a la licenciada cuál era la condición del paciente lo que resultó un completo desastre.

El paciente era un joven de 23 años, de muy bajos recursos económicos – Graffar V – y con discapacidad intelectual severa. Tan solo verlo, su piel y su ropa, se traducía un caso de total desidia y pobreza extrema, y sólo se obtenía una respuesta al interrogarlo: Doctora, teno hambre.

Tantas cosas pasaron por mi mente en menos de un minuto que me cuesta incluso ordenarlas. Lo primero que se hizo fue bañarlo y tratar de conseguirle algo de comer, inmediatamente después tratar de ubicar a algún familiar que pudiera relatar la forma en la que este chico había llegado a un estado tan increíble e indignante.

Mientras las licenciadas me ayudaban con eso busqué al médico que me había entregado el turno. ¿Cómo era posible que no comentara su caso en la revista? Y peor aún, ¿Por qué no había hecho nada por él? Para variar, no existía argumento alguno que mermara mi molestia.

El nombre del paciente era Anthony, su padre lo había llevado a consulta el día anterior en horas del mediodía debido a que hacía algún tiempo lo notaba “hinchado” – edematizado en lenguaje técnico – y tenía lesiones en las regiones sacra e ilíaca. Un médico lo había recibido, lo ubicó en una camilla del área donde lo encontré, le colocó una sonda de Foley, y volvió a sus labores para luego retirarse de la institución sin comentarles el caso a ninguno de los médicos que quedaban de turno.

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Acerca del autor

Francheska Herrera Marvez

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