Literatura

Aquella noche



Aquella noche - Literatura

Yo los conocí, eran tan comunes como todas las personas, pero entre ellos se miraban de manera especial, sus nombres no importan ya, los nombres son solo títulos que tienen sentido en el mundo de los vivos, pero ellos han dejado de vivir, no me mal entiendan, siguen respirando, piensan y tal vez aun sueñan, solo basta saber que eran un hombre y una mujer. 

Se conocieron, ¿cuándo fue?, no lo recuerdo bien, tal vez sus almas se encontraron en otra vida, en alguna época distinta a esta, en algún lugar en la historia donde pudieron ser felices, no lo sé, sus vidas se aliaban  de manera sublime, no he conocido pareja alguna con la conexión que ellos tenían, ¿era amor?, no lo sé, probablemente lo fue, o lo es; cuando alguien ama de verdad es como una gran herida abierta en el alma, herida que se cura únicamente con el alma de la persona amada y que ama, el amor es tan perfecto que no hay amor que no sea correspondido. Probablemente muchos de ustedes se confundirán con está atrevida afirmación, y es lógico, en esta época es fácil confundir el amor, hay tantas cosas en el mundo que la verdadera esencia de los más bellos sentimientos se ha difuminado al grado de casi desaparecer, pero en este mundo tan ruin donde todos creen que algo así no existe, que es fantasía y nada más, aquí vivieron ellos, vivieron, se amaron y se aman aun, ellos vinieron de aquí, se conocieron aquí, todo eso paso y se ha quedado para siempre aquí, en este lugar, en esta casa, aquí vivieron, aquí se ocultaron, aquí fue donde ellos más se amaron. 

Ambos jugaban a la vida, los dos jugaban al amor, cada uno con distintas personas, cada uno creyendo en una felicidad inexistente en ese momento de sus vidas, hasta que al fin la vida los unió, o debería tal vez decir que nos unió, nos conocimos al tiempo, yo y ellos, ellos y yo. Eso fue a finales de un verano, uno de tantos que he vivido, ¿porque la vida así nos unió? No lo sé, primero fueron ellos, después llegue yo, y juntos al fin su amor se me presento, como si fuera un error, como si fuera traición, como si debieran negar aquello que la vida amablemente les fue a regalar, yo solía mirar, luego me alejaba para que en secreto se pudieran besar, eso paso cuando la pasión que bajo su piel se escondía ya no se podía ocultar. 

El primer encuentro de aquel par fue algo común, sucesos normales que pasan a diario, conocer personas era necesario para ese par de amantes de la soledad y de un espejismo de felicidad; se conocieron en este mismo lugar, esta casa los albergo esa y muchas noches más, pero no se piense de la manera tan vulgar que se suele pensar en una situación similar, esa primera noche paso en un segundo y el sol así, juntos y hablando los sorprendió, se despidieron con nostalgia en su rostro, con la esperanza de un mañana, deseando verse de nuevo, se despidieron como lo hacen los grandes amigos, pero en el trasfondo de aquellas palabras y los fugaces abrazos ya veía yo nacer el amor. 

Semanas pasaron, un día tras otro se fue olvidando, ellos a hablar no se atrevían, después de esa noche en ningún lugar coincidían, seguían jugando a la felicidad, seguían pensando que la felicidad existía con alguien más, una noche, de tantas que salían a vagar, se encontraron en un bar, y tal fue la coincidencia que a ese lugar fui a dar, un saludo cordial, un par de tragos más y después salimos de aquel lugar, nos fuimos para mi casa, que es esta que ahora ven, y recordamos la noche, esa que su amor vio nacer, hablamos por horas y horas, nuevamente nos sorprendió el amanecer, otra despedida, otra noche feliz, otra vez no hubo caricias pero el amor estaba ahí. 

Al poco tiempo después aquí los tenía otra vez, en estas grandes paredes celebrando como otras veces, ellos traían compañía, una pareja formal, una historia que ya había oído nombrar, se miraron uno al otro con tristeza en la mirada, no había manera de reclamar, ellos no eran nada, esas personas les daban seguridad, y el destino otra vez hizo un trabajo digno de reconocer; la música se hizo sonar y ambos querían bailar, era un tango espectacular, era mi favorita, la pieza maravillosa que me hacía desvariar. Un poco disgustados, cada uno por su lado, se alejaron del gentío y tomaron una copa de vino, coincidieron cerca de un cerezo en flor, una pintura que había hecho yo, observaron el detalle, una serie de errores, bromearon sobre mi pésima técnica y rieron, de mi o de ellos, tal vez de la vida,  hablaron de sus parejas, motivo por el que no bailaban, y se atrevieron entonces a tomarse de las manos, dejar las copas a un lado y bailar, bailar como el acto más sublime que pude yo presenciar. 

Bailaron, perdidos en la multitud, con pasión y alegría, disfrutando cada movimiento de sus cuerpos admirando la perfecta sincronía que entre ellos mantenían, el anonimato de los danzantes fue su perfecto escondite, así a la vista de todos en medio de la pista al terminar la pieza de baile ella se acercó, despacio, con cautela, con un brazo aun en su espalda y tocando con la mano izquierda su rostro, entonces pasó, entonces fue que ella lo besó; en un beso tranquilo lleno de ternura se perdieron, hicieron desaparecer al mundo, se olvidaron de todo, incluso de ellos, pensaban el uno en el otro y así se quedaron sin bailar los últimos pasos hasta que la música cesó; entonces apenada por la situación y culpando al alcohol de él se apartó y entre la multitud regreso por una copa que le regresara el aliento que en aquel beso entregó, él la siguió y encontrándola con aquella copa la abrazó, no dijo nada solo la miro y después se marchó. 

Bebió dos copas más y me encontró entre la gente, me abrazo y me contó lo que pasó, ya era más de media noche y casi todos se habían marchado, entre los que quedaban estaba aquel a quien ella invitara, le pedimos se marchara, ella quería pasar la noche en mi casa, un poco desconfiado se retiró de inmediato. Quedaban ocho o diez personas y la puerta se abrió desde afuera, apareció entonces en ella la figura de aquel que hacia una hora la había dejado sola, sus ojos se iluminaron, él no iba acompañado, se dirigió hacia ella mirándola desde la puerta, entregaba en su mirada toda el alma que la amaba, se sintió ella viva, regresaba a su mente la calma que creía perdida, hubo preguntas, algunos porqué, finalmente pudieron con calma besarse al pasar ya de las tres. Fueron mil explicaciones que yo nunca voy a conocer. Así ocurrió la primera vez, ocultos en mi casa hasta el amanecer, ocultos una vez más, sin tiempo para hablar, usaron ese tiempo solo para amar, sus cuerpos cansados después de amarse tanto seguían deseando continuar aquel acto. 

Fue una noche tan solo, la primera, la que logró desatar aquella locura. Yo los veía ir y venir, en mi casa, los veía amarse y odiarse, veía su deseo arder en la piel, los veía envueltos en llamas, quemándose por las ganas de estar cerca; un día me fui, deje está casa que resultaba muy grande para mí, hacia casi un mes de aquellos casuales encuentros, me fui porque sentía en cada muro ocultarse su pasión, su amor no declarado, su juego de engaños, encontré entonces que está casa era más suya que mía, encontré que la fidelidad que ellos no se daban la casa, mi casa se las había dado, ella los había visto besarse y amarse cada noche que, estando yo o no, llegaban hasta la habitación que tenía mejor vista que el resto, aquella que dejaba entrar los rayos de luna y el brillo de las estrellas del cielo, esa fue la habitación que los resguardo de ojos extraños y de jueces innecesarios, ambos sabían lo que hacían, ambos creían que sabían; todo parecía a veces un juego, más luego entraban los celos, la desconfianza, y aunque ya desde antes se amaban era imposible que en ellos confiaran, los dos tenían pareja, relaciones sin amor que se llenaban con la costumbre y la comodidad mientras se vaciaban de amor y comprensión, viciando el ambiente con engaños y rencor. 

Me fui, les deje esta casa, les deje sus recuerdos, vivieron juntos aquí por algún tiempo, se amaro de una manera que yo no conozco igual, se amaron como si el mundo dependiera de que ellos se amaran, pero ocultos, en secreto, sin intervención de terceros, confiando cada vez más en ellos, el tiempo pasó y lograron la perfección en su relación, todo era bello y perfecto, pero seguía siendo un secreto; todo eso lleno sus vidas y al final, creo que no pudieron más, supongo que fue demasiado, ocultar tanto amor debería ser un pecado, después de algunos años termino, aquellos encuentros cesaron, tal vez fue la presión social, tal vez no tenían fuerza para amarse más, no conozco el motivo del mayor error que cometieron mis amigos. 

Aquel amor era oculto a todos, era y me atrevo a decir que es el más perfecto amor, un amor como ninguno, un amor que jamás nadie olvidará, un amor que, aunque parece prohibido y lleno de secretos es tan perfecto que no desaparecerá y que, aunque ellos no estén juntos el eterno ciclo del universo los espera para que se amen más. Está vida ya se les ha escapado, viven sus vidas lejos, cada uno por su lado siendo felices con alguien a quien quieren, pero amándose aún como la noche en que se conocieron, él con el alma de ella y ella con la de él desde aquella noche esa que su amor vio nacer. 

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Hima

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