Literatura

ARDEN LOS SIGLOS

ARDEN LOS SIGLOS - Literatura

ARDEN LOS SIGLOS ( A Notre Dame)
La llama es la despedida del siglo que se marcha. El tiempo entró inocente en la luz. La naturaleza lloró. El Sena fue agua ardiente, sonrojo último de ella que no vuelve. Dios abrió los ojos y la pena amontonó las cenizas de los santos: La altura entró en la eternidad. La muerte tomó la mano de la belleza y se hicieron respiración.Cerró sus ojos el cielo y el pecho del agua se avergonzó cuando los muros se desvestían para ahogarse en su centro frío. Se ha marchado, cuando una hoguera breve cubrió tu desnudez y los apóstoles tuvieron ojos de zafiro como noche tórrida caída bajo su piel de roca. Los muertos murieron por fin, dejaron de ser mortales. La memoria cogió del brazo a la Inocencia y en la llama se mezclaron, tuvieron hijos sin pasado, parieron efectos sin causa. Hoy carece de ayer y el sol apartó su rostro y la selvas absorbieron aire sagrado liberado por la llama,… ¿Las ternuras de obispos y vírgenes se hicieron lenguas, volvieron al calor de la piel que acaricia un rostro breve, que echa de comer siglos a los minutos? Desde hoy sólo habrá mañana, no desciende suavemente del pasado el tiempo. ¿recordaremos la herida donde la sucesión detuvo el silencioso grito de las eras?

Hay locos insensibles que dicen que el templo se destruye pero la fe permanece. A ellos les digo: Pereció el templo de Zeus en Dodona, el templo de Apolo en Delfos, el templo de Maat, diosa egipcia de la Justicia en Alejandría…. Los dioses no parece que quieran sobrevivir a la destrucción de la belleza que les dio forma palpable. “La fe permanece aunque el templo se hunda”… y muchos preferirían destruir todos los templos para fortalecer la fe, suicidio de los dioses en el hombre, porque creer es algo ultraterreno que se marcha con la sensación ,pero la belleza es un testimonio sensible que alcanza a miles de generaciones que pueden leer con los sentidos lo que la fé siente. Los dioses no poseen más sustancia que la que tengo yó y el tiempo, romántico iconoclasta, siente una amorosa afinidad por los templos vacíos pero le desagradan los dioses eternos. Llegan a grados de locura sublime hasta dislocar la razón… Dicen que la energía se conserva y no se destruye y por tanto no hay que temer a la muerte. Se los explico con un ejemplo claro: La luz choca con la materia y se degrada en calor: Intentad restituir el calor en luz de nuevo. Imposible. Pues si no hay vuelta atrás para un simplícimo rayo de luz ¿La pretenderé para la energía que irriga mi cerebro, infinitamente más compleja que el mas conspicuo rayo de luz? ¿Dónde estaba Dios para proteger su milenaria mansión y ordenar con voz de monarca, que el calor se convierta otra vez en fuego, que el humo vuelva a recomponerse en madera, que las ascuas abandonen su ceniza y se levanten en retablos, que el arbotante vuelva a encajar en la clave?

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Acerca del autor

Amilcar Hamilton

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