Literatura

Asfalto. Gentes. La Ciudad (Cuento Cubano)

Asfalto. Gentes. La Ciudad (Cuento Cubano) - Literatura

ASFALTO. GENTES. LA  CIUDAD

El artista no tiene que imitar a nadie. Que se lleve la mano al corazón y estudie “eso”, lo que sale de él; si posee la auténtica fibra del artista, “eso” se lo dirá todo. No debe hincharse con los elogios ni atemorizarse con la crítica. Puede prever el futuro, percibir nuevos mundos en su caos y cuando en ese nuevo camino vea allá lejos, muy lejos, una minúscula luz, debe procurar que la oscuridad que lo circunda no le asuste. Que continúe avanzando siempre aunque a veces tropiece y caiga. Que no se preocupe, que se incorpore y siga adelante. Porque una caída es útil hasta a los más grandes maestros.

Giuseppe Verdi

¿qué deseas

mientras dure el silencio?

Más allá

Asfalto gente ciudad

Y por fin

El mar

 

C.V

 

El artista no tiene que sentarse a deshoras a mirar el mar, el artista es la máquina marginada que no atinamos a entender.

Leonardo Almaguer

 

Estas son las reglas del juego. Voy caminando por la oscuridad hasta  topar con el cadáver y aunque está noche he decidido coger la calle alterna para volver a casa, no pensé en tal situación, primero tropiezo con algo y siento la elasticidad del cuerpo, estoy en la oscuridad por que los muchachos han destruido la bombilla del alumbrado pero puedo percibir el rito postmortem que ha de descender para cada uno de nosotros, segundo corrí muy lejos, nada de notificar sobre este cuerpo, ya los gallos en su deleite de horas matinales comienzan a anunciar las primeras luces.

Acabo de salir de la cárcel y  he de encontrarme un muerto, desperté sobre las once de la mañana y apenas puedo recordar el incidente, abro un ojo con el esfuerzo de media  tonelada de voluntad, me sería imposible abrir el otro antes de las doce, pero desde mi posición puedo ver el búcaro de la vieja hecho flecos en el suelo, las astillas formaron como un órbita planetaria sinusoidal, recuerdo perfectamente el día que le regalé el jarrón, terminaba de alistarme en la  milicia, me dijeron que para cumplir misión internacionalista en Afganistán, comencé a rezarle a cada uno de los santos de mi madre, pero al final el psicométrico lo desaprobé y cuando vengo por esa misma calle en un pequeño puesto de ventas encuentro el jarrón y no pude retener los únicos cincuenta pesos que tenía para pasaje y alimentos, pero aquí estaba el regalo, que más era una línea en el recuerdo de ese día que pudo cambiarme, ahora la vieja ya no estaba, había muerto por el cáncer, aún así nunca dejó de fumar y ponerle quilos a sus santos, la muerte vino despacio, como apreciando su vida, la marca indeleble que venía a suplantar para mí y para Gregor mi jodido hermano pequeño, ahora no era el momento para disimular el odio, ahora no tenía nada que reprochar a cada uno de mis seres queridos, pero podía levantarme y recoger la basura como todos los días e imaginar que nadie existía.

La cabeza me dolía enormemente me di unos tragos bestiales para recobrar el pulso y para olvidar, sobre todo para olvidar, el asfalto, las gentes, la ciudad.

La cama parecía succionarme y el sudor me estaba martirizando pero a pesar de todo no iba a levantarme por más que me jodieran las pocas cosas que quedaban en la casa y que iban desapareciendo para comer y para beber y las otras terminaban como el jarrón de porcelana. Me pude voltear con algo de esfuerzo y esta vez la pared con sus trazos de la infancia me cortaron la respiración, los garabatos de mi hermano estaban como el primero y último intervalo que lo revisé. Y estaba mi nombre y el de Alice la mejor mulata que caminaba por el barrio antes y después de la previa y los uniformes, la tuve medio ligada para ese entonces, con un vestido pegado a la piel, enterizo y muy corto, pero podías ver su desnudez, podías tocarla como un trueno fragmentándose en el cielo, y fue mía bajo la lluvia, en la noche, alejándose de la ciudad y sus gentes.

Juro que en cuanto pueda ponerme en pie y caminar hasta la cocina voy a vomitar todo el asfalto del mundo, voy a vomitar las margaritas y los pasteles de los domingos con la tía Zulema, el chocolate humeante saliendo de la cafetera recién abierta, pastel de chocolate, caramelos de chocolate y galletas rellenas de chocolate, le obsesionaba el chocolate, tenía la cara más regordeta que conozco y sus ojos como las marejadas, inconstantes e impredecibles capaces de ver a través  de ti, cuando tomaba de su chocolate podía predecirte el futuro, ese era su secreto, los domingos nos reuníamos a degustarlo y a esperar el rito de servirlo en un juego de tazas especiales de origen hindú, le pasaba su dedo pulcro tres veces alrededor del filo y servía el líquido en un ángulo de veinticinco grados, entonces dejaba la nubecilla reacomodarse en su nueva forma de taza y procedía a ventilar en una sola dirección el tufillo mágico, luego su mirada y su cuerpo en estado de trance, asfixiando el mundo a su alrededor, hasta que ya las premoniciones venían como las llamas de los Andes con el peso necesario, al final me ponía la mano en la cabeza como si fuera la bola de cristal que usan los adivinos y sentía la santidad de su acto y nunca me quiso hablar de mi futuro.

La tía Zulema ya estaba ciega pero aún cuando tomaba su chocolate podía seguir auscultando la gente, diciéndole los males y tratándolos, para mi ya era más un trapo que una mujer, tal vez el uso de su poder la condenaba a podrirse de adentro hacia fuera y todo a su alrededor hedía a su pesadilla, se pudo mudar (apenas) a una casa de madera lejos de la gente, a esperar los otoños y la muerte, la cual de ocurrir, yo marcaría en mi odiosa pared.

2

 

Alice era más que la obsesión, era una la maldita apuesta de todo el barrio alguien sería el primero, y bueno lo que yo podía entender, para estar con ella era tener casa, dinero o carro y a falta de una casa decente y carro,  claro que el dinero no es la felicidad, solo una copia bastante buena que nadie quiere rechazar, menos ella joven y llena de sueños, sueños casi imposibles como los míos, para cuando tuve el dinero ya nada era interesante en ella, los senos no como se imaginaron o se pintaron, la piel maltratada por el sol y la falta de productos que no llegaban a tiempo  o faltaban y ya hasta su sonrisa de diosa marina había sido sustituida por una mascara de la comedia, cuando vino a mi cuarto fue más la ilusión, los miles de encuentros en la noche y la lluvia, (en mi ilusión) fueron recuperados desde cada ángulo desde cada olor y sabor, ella como los animales acorralados se sentó al borde de la cama y esperó paciente, fui por un baso de agua tratada o ron no recuerdo, entonces ella tuvo tiempo de registrar toda la pared, algunas manchas que odiosamente persistían, y que a pesar de tener como medio siglo eran mi álbum familiar, quiso hablar pero le puse el dedo índice en la boca, toqué por vez primera los labios con un color degradado, y pude recordar la inauguración del cine en nuestra tierra, por los hermanos Lumiére y una película sobre las Partidas de cartas, recuerdo los grises sin sonido, las palomitas vendidas en la entrada, bueno la verdad es que fue una proyección de una proyección hasta el infinito después pusieron la película de Greta Garbo Mata Hari  y fue emocionante ver la mujer en acción, pude comparar los labios de ella con los de Alice, los antepuse como si una fina manta de luz y látex nos separara, Alice me chupó los dedos como si estuviesen embadurnados en miel y se desnudó sobre la mesa que estuvo a unas fracciones de segundo de explotar por el esfuerzo, la estuve mirando a los ojos como a un daguerrotipo de finales de la guerra, con una muchacha amarilla rodeada de margaritas y una insignificante pala de plantar flores, una bufanda tejida a mano, que supongo era roja y azul, pero que se mostraba verde y gris, y una casa de madera achicándose, reacomodando el tiempo y los campos de cultivo, en la tarde de plomo y borrascas, los sauces en hileras desde la entrada, con adoquines como plantados, como nabos del mismo tamaño y en la misma dirección, contraria a los árboles que le hacían de cortina y que a pesar del mal estado de la foto se les veía frondosos.

Pude tomar el aliento y antes de darle el dinero, miró mi desnudez y dijo como un gruñido nada me debes, ha sido especial y me dejó como la carne de los hombres quemada en hoguera y servida con condimentos exóticos, comprendí que pude tenerla mucho antes sin dinero y la miré alejarse despacio, convirtiendo mi vida en un tornado que como algunas palabras pasan cortando cortando.

3

 

Alice quiso tener hijos, una casa decente y comida, no quiero más que comida y ahora, aire y algo de libertad y además necesito que mates a alguien por mí, me lo debes por lo del otro día, recuerdas y no pude recordar, me detuve a rebuscar en el pasado y solo encontré algunos cartuchos y un revólver, una cama fría y el remordimiento, yo no sirvo para ninguna de esas mierdas, para eso hay que tener un tipo de personalidad especial, una materia inerte y pútrida y las palabras se le quedaron en la cabeza como suele hacerlo la lluvia. Bueno entonces no habrá otra vez. La miré desde mi otra dimensión, desde cuatro grados norte suroeste, y cuando pude despegar un poco los labios le dije que no importaba, entonces me pidió un cigarrillo, le extendí la cajetilla que había comprado para ella.

Se apoyó en la pared.

Enciende uno y aparenta un poco de tranquilidad.

Bajando por sus senos pude notar los contrastes, donde antes la luz no podía llegar por la oscuridad y el alcohol, la pude degustar un poco más. Aspirando su humo. Las ondulaciones de las caderas y el pelo como una construcción modernísima y entrelazada. Desde mi lugar podía sentir un olor a champú muy caro y quise abrazarla.

Mira. Alguien tiene que arreglar esto. Le dio otra bocanada al cigarrillo y esperó una respuesta que la trajera de su letargo. La lluvia comenzó a repiquetear sobre el zinc de la casa y algunas gotas pasados los estrictos cinco minutos comenzaron a caer sobre una cubeta que ya había yo acomodado antes de sostenerle nuevamente la mirada. Lástima, pero nada que hacer, le dije.

Dio otro soplo al cigarro y bajó la mirada, lo estuvo mirando un largo rato y me habló de que todo era fácil.

Me recosté en una destartalada silla que tenía para mí, y antes de decirle toda la mierda predecible del mundo le pude sonreír, armar un croquis sobre la punta de la mesa, tuvo tiempo de oírme maldecir, de acomodarme en otra posición más incomoda, para eso no tengo respuesta y no quiero tener nada que ver con ningún acontecimiento en el futuro.

  • Tienes toda la razón.
  • He estado en el Center penitentiary solo una vez y no pienso volver.
  • Tú no entiendes. La vida es como la montaña rusa, te puedo asegurar que casi siempre estas cuesta arriba, para luego caer vertiginosamente. ¿Tienes otro cigarrillo para mí?
  • Detrás de esa maseta hay mil dólares.
  • Estos cigarros son bastante fuertes.
  • Y detrás de la tostadora otros mil dólares más, tómalos.
  • ¿Tienes algo de té, me he puesto nostálgica?

 

Pareciera como que sabes algo de mí, pero no sabes nada, le dije por lo bajo. Puedo morir en este punto, o en esa cama. Poner los ojos fijos en mi pared y morir. Llevarme el recuerdo de mis muertos para siempre. Tener una bomba dentro y estallar, si no puedo destruir la pared, por lo menos mancharla, hacerla tan ilegible y mal oliente que nadie la estudiara.

Pero ni si quiera puedo suicidarme.

  • ¿Sabes las reglas de todo juego?
  • La mayoría de las personas no las saben o las obvian, cada uno reacomoda el mundo a su forma, pero todo juego debe tener un final como regla primera. Ahora una idea ineficiente es como un juego donde te faltan fichas. Si has fracasado, toma toda tu mierda y vete a otra parte, nadie más quiere saber de tu vida y tus recuerdos. Este juego es bastante sencillo. Matar.
  • ¿Qué sabes de la escayola? – dije por hablar.
  • ¿En este cajón están los sobres de Té? – me preguntó, y puso a calentar el agua, la cafetera comenzó su cínico ruido de gases.

4

 

No debía de existir un caos para un tipo que piensa diferente, que sobre todo solo piensa en ideas difusas, las va enmarcando y atándole cordones y las ordena por fecha, las supervisa una vez por semana y se sienta a hacer un informe para si mismo, un loco no es ningún loco si su locura es soñar o pintar o entretejer el tiempo.

A veces converso con mi doble. Le digo los errores cometidos. Le explico. Solo que a veces no me entiende y se multiplica (tal es el efecto secundario del alcohol)

5

 

Estoy escuchando desde mi cama, una pareja se ha puesto cerca de mi ventana a conversar del hombre muerto, lo encontraron en la fábrica de asfalto, le dejaron caer en el tanque y estaba irreconocible.

La policía está detrás del caso, detrás detrás detrás del caso, ya tienen sospechosos en la comisaría, lo descubrieron por casualidad, de no ser por un vagabundo que trataba de robar un poco para embadurnar unas paredes.

La conversación me pareció lejana, en otra dimensión como si no existiera ese yo.

6

 

A veces me llega la musa, la visión tranquilizadora del mundo, el nuevo mundo neo- globalizado, la escasez económica, ni siquiera me afecta (moralmente), esa parte de mi es obviada y reelaborada por otras personas, yo solo existo, pienso y me recuesto en este cuarto del tercer mundo. Pero las necesidades de otros, no son las mías , nada me contamina, puesto que soy inmune al espacio que me rodea, he colocado una cuenta regresiva en esta pared, para mí las semanas solo tienes seis días. El miércoles no existe, mi día de las cenizas, la tía me predijo a través de un sueño mi futura muerte y mi anterior excarcelación.

Necesitaría todo el chocolate del mundo para sobrevivir a la cárcel, entre por problemas de otros, por lo que callé o decidí obviar, pero ahora solo pienso si fue lo correcto, pagué una suma considerable de dinero y nada resultó, me condenaron por un año y pasaron siete, cuando he llegado a mi tierra, ya todos están muertos, las casas se han deteriorado y han crecido árboles por todas partes, me ha sido difícil entender el lenguaje, los nuevos signos sociales, las nuevas tendencias y el amor.

Necesitaría además  toda la paciencia del mundo para entenderme, la casa estaba con una densa capa de polvo, me habían embargado unos cuantos artículos, los demás casi pútridos, la respiración casi imposible y el recuerdo reacomodándose, volví a ver la pared, los palitos organizados de seis en seis y algunas fotos con los bordes destrozados.

7

 

Casi podía extrañar la cárcel, había hecho muchos amigos, algunos tan inocentes como yo, ha de ser que la justicia no siempre es tan justa, y el ser humano se equivoca constantemente.

Recuerdo el día que vinieron a buscarme, estaba calentando agua para el té, entonces tocaron fuerte y pude imaginar la cara del policía, un tipo con una mujer insoportable, de seguro su mujer le pegaba los tarros y pasaba malas noches. Cuando abrí se me tiraron encima, parecería una de las películas de gángster, de seguro el tipo podía de esta forma liberar su furia reprimida, exorcizar sus demonios, la mujer una gorda puerca y maloliente a colonia de rosas (después lo supe) lo engañaba en la propia casa, pero en ese momento pude ver sus ojos, explorar la inmediatez, describir como sería su vida más allá de estas esposas y el papeleo en la oficina, me agacharon la cabeza al montar el carro, todavía y me cuidaban para no darme golpes y la multitud creciendo, ese dragón que se expande rápido e inmisericordioso, entonces yo sería el criminal que me pintaron, y desde ese punto hasta hoy solo he pensado en volver, establecerme en lo que me pertenece, recordar mis muertos y pensar en el futuro, aunque tan incierto como la nieve, que apenas puedes tocarla y al comerla puede herirte.

Ese día me tuve que fajar.

Me pusieron en una celda oscura por conflictivo, eso fue el primer miércoles de mi semana.

8

 

Desde la humedad de la cama escucho los pasos de Alice, la conozco perfectamente, siempre se detiene tres minutos frente a mi puerta antes de tocar, es su rictus de iniciación, las horas para ella, tienen el mismo significado, el tiempo no es una dimensión ilusoria, las horas de las madrugadas, son (para ella) las que influyen en los sentimientos y en la forma en que transcurrirá el día, además para ella, las dos y veinticinco minutos es la hora del sexo.

Puedo predecir sus ajustadores de encaje de color rosado, de encajes y una saya corta, la más sensual  posible, se ha tatuado un pequeño colibrí en una nalga y un demonio de tasmania en el vientre, puedo predecir el perfume Carolina Herrera, y una loción de Zara, ahora levanta la mano y toca dos veces suaves y una tercera un poco más fuerte, entonces al no recibir  respuesta, tiene que brincar por el jardín una pequeña caseta para perros y dar la vuelta por la cocina, entonces dirá se que estabas, por eso he dado la vuelta.

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leonardoalma

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