Cine y Televisión

Atado A Una Silla



Atado A Una Silla - Cine y Televisión

El máximo esplendor del voyeur

Con la rigurosidad del yeso de su pierna, con la soberbia de los marcos de sus fotos se presenta Jeff. Aparentemente viejo, contraído, no obstante, el más vivo del film, encarnando todos los destellos de emociones. Sobrevive al aplastante tedio de lo cotidiano embarcándose en nuevas motivaciones, fantasías forjadas de su última necesidad, obsesivo. Cada uno de sus actos deja una estala de sensaciones e ilusiones que embaucan a todo aquel que decide escuchar sus locuras como a Stella o Lisa. Su inquebrantable hiperactividad se deja ver en cada momento, en cada aportación. Por el contrario, la experiencia, sensatez, se plasma en las aportaciones de Stella, que no sirven para otra cosa que fortalecer el carácter bohemio y soñador de un fotógrafo reconocido, el mismo carácter que le llevo al éxito.

De todos modos, la presencia de la cuidadora es elemental para entender y justificar las acciones de la cinta. Al lado de Jeff, casi siempre,  Stela propone un discurso hastiado, pausado. Promete, de esta forma, un ritmo inherente a las acciones de la película que poco han de servir, pues la verdadera acción solo nace de los pensamientos impropios y obligados a sobrevivir de aquel Jeff, que con una losa en la pierna no puede hacer más que imaginar mundos en los que nada puede retratar. Desde su ventana un fulgurante sentimiento de zozobra le invade el cuerpo, los pelos como escarpia, pupilas dilatadas y el corazón taquicárdico, aunque en muchas ocasiones impávido como un león.

No existe ningún discreto ápice de letargo en la película, pues desde el inicio hasta el final del largometraje, las cuatro paredes de la habitación son las observadoras por obligación de las acciones, de cada secuencia. Ellas quietas y frías observan como el tullido y cojo protagonista imbuye un sentimiento de ilusión que acaba por colonizar las mentes  procrastinadas de sus acompañantes.  La vigilia que mantiene a Jeff se transmite impune en los espectadores desde la lente de la cámara hasta el proyector del film. Mientras tanto, unas , banales e insignificantes acciones, la vida de sus vecinos se cuelan por las retinas de Jeff, quemando su inteligencia, entreteniéndole, aunque el vicio de observar lo que no debe ahonde más aun en su personalidad, en la oscura parte que todo fotógrafo tiene la maldición de soportar, sin ella no sería un gran fotógrafo.

La película, pareciendo más una purificación, un crisol del protagonista o una evolución mientras madura sorteando obstáculos vitales se convierte en una crítica social del acervo más arraigado que soporta occidente. Aquel pensamiento de envidia, de observar y criticar mientras uno mismo se ve cómodamente sentado en un sillón.

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Deo

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