Literatura

Ataque de celos (Paranoia)



Ataque de celos (Paranoia) - Literatura

Por culpa de mi nebulosa alcohólica, imagino en otras manos a la mujer que me prometió fidelidad eterna. Mientras deambulo por la ciudad, otro hombre ocupa el sitio que me corresponde. Además, comete el error de olvidar mi regreso, suceso que debería obligarle a tener un poco de respeto hacia un compañero de sensaciones. Ahora el muy cabrón se esconde debajo del colchón, desaforado por derrocarme, pero incomodo por su posición, también por mi presencia. Su única suerte es que todavía conservo cierto raciocinio que evita el confrontarme con él en una lucha de machos sin sentido. Congratulado conmigo mismo, paso despectivo camino del baño, e ignoro a ese hombre desnudo que ha pasado la mitad de la noche debajo de mis ronquidos, quizás intentando explicarse el motivo que tiene para meterse en líos.

A mi padre lo llamaban avaro desde niño debido a que todo lo que recibía de la familia no volvía a emerger a la luz pública. Ya lo decía el tontísimo de tío Pedro, al que papá siempre reía mientras guardaba la moneda dada. Debo aclarar que, según decían, ya de aquella mi difunto padre reía con la boca cerrada, pues no quería enseñar una dentadura en la que los dientes sucios indicaban el ahorro en pasta de dientes.

No había ojos suficientes para todo lo que mi padre quería ver, eran otros tiempos; en algunas cosas mejores, sobre todo porque la gente iba de frente, no había puñaladas por la espalda a diestro y siniestro como ocurre ahora. Todo encuentro de miradas no entraba en el mercado sucio de los celos. No había dinero pero, por lo general, la gente era pobre pero honrada; lo que os digo siempre me lo recalcaba mi madre, y aquí hago una excepción a lo que suelo pensar sobre sus aseveraciones; definitivamente, y viendo a lo que hemos llegado, debo darle la razón.

Por otro lado, debería dejar de pensar en el pasado, también me vendría bien dejar de lado mi afán por la juerga y la bebida. ¿Qué hacer entonces? Quizás dedicar más tiempo a mi esposa, aunque signifique abandonar el lado poético de la vida. Acabaría así con mis revoluciones, y me volvería en un adepto a su gregarismo. Podría evitar, de esta forma, el ser desplazado a la antípoda de lo rebuscado, cosa que por otra parte forma parte de mi mecanismo de defensa. Por desgracia, siempre que me pongo ese objetivo, el encontronazo con mi integridad lo derriba. Sé que en el fondo rindo pleitesía a mis intervenciones impostadas, y que quizás pudiera irme mejor si aparento un estado más afectuoso y menos frío, tal vez si me basase más en la interpretación que en el instinto. Mientras pienso esto, abro la puerta del cuarto de baño y apuro el paso. En un instante llego al retrete y vomito la cena. Entonces comprendo que pensar en mi curación da nauseas, que en definitiva no hay remedio para mi asco.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

5.00 - 1 voto
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Juan Carlos Pazos

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información