Salud

Automedicación y medicación inapropiada



Automedicación y medicación inapropiada - Salud

Es posible que ante un dolor de cabeza o de espalda, fiebre o dolor de estomago acudamos al botiquín antes que al médico de cabecera.

Automedicarse es un importante factor de riesgo y acarrea numerosos problemas. Cuando nos automedicamos o tomamos más fármacos de los que en verdad necesitamos, menor adherencia terapéutica conseguimos, es decir, no encontramos la mejoría clínica esperada. Es más, en ocasiones lo que estamos haciendo es agravar más la situación. Además, la incidencia adversa debida a fármacos inapropiados aumenta exponencialmente el riesgo de efectos secundarios, como el declive en la función hepática, renal o cardíaca.

La autopolimedicación se define como la toma simultánea de varios medicamentos. Está demostrado que a mayor número de medicamentos mayores consecuencias negativas en la salud. Esta correlación parece particularmente más acusada cuando se superan los cinco fármacos. Estamos hablando, claro está, del uso de fármacos no indicados o no apropiados, independientemente de su número.

Es un mal hábito frecuente ir directamente a la farmacia y, sin consultar con el profesional, adquirir un medicamento que algún conocido nos ha aconsejado para combatir una determinada sintomatología, sin ser conscientes de que cada persona tiene unas determinadas características que sólo el médico puede tener en cuenta a la hora de imponer un tratamiento. Por eso lo que para un paciente es bueno, no tiene porqué serlo para otro.

Se calcula que casi un 30 % de la población se automedica, y de ese porcentaje, el 70% suele tener reacciones no deseadas.

Debemos tener siempre presente, que el farmacéutico puede ayudarnos a decidir si es necesario tomar un medicamento o no, y elegir en su caso el que sea más adecuado. Esto es especialmente relevante, porque puede existir la posibilidad de que haya contraindicaciones o interacciones con otros medicamentos que podamos estar tomando y que por supuesto nosotros desconocemos.

Es verdad que las autoridades sanitarias promueven lo que definen como automedicación responsable, que es la decisión de utilizar medicamentos por decisión propia para el tratamiento de afecciones leves o síntomas específicos. Pero, hay que diferenciar entre automedicación y autoprescripción.

La automedicación, cuando es responsable, ha de considerar siempre la figura del médico como asesor sobre la salud. En la autoprescripción, sin embargo, se prescinde complemente de él y pasamos a decidir qué fármaco tomar en situaciones concretas.

Como ya sabemos, las farmacias no dispensan antibióticos si no es previa presentación de la correspondiente receta. La legislación se ha endurecido bastante y ya no es posible automedicarse con fármacos que precisan de receta médica y cuyo consumo no responsable puede ocasionar importantes efectos adversos. Ello ha motivado que en la actualidad el concepto de automedicación se circunscriba al uso de medicamentos que no necesitan receta y que además se pueden publicitar en medios no especializados.

Si optamos por automedicarnos, recordemos cuando menos que hay que hacerlo por un espacio de tiempo limitado, y sólo en aquellos casos en los que ya conocemos de forma clara, y por antecedentes, la sintomatología. Y sobre todo, únicamente con medicación en la no sea necesaria la receta previa. Como cuando aparece una cefalea o dolor de cualquier tipo ya conocido, entonces podremos tomar medicación, generalmente analgésicos simples ya prescritos previamente por el médico en alguna ocasión anterior similar.

Pero en ninguna circunstancia si estamos ante una sintomatología nueva, por muy leve que nos parezca. En ese caso debemos consultar previamente al médico. Como norma general, en caso de duda siempre hay que consultar al médico o al menos al farmacéutico.

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Aicrag

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