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Baraka: Un mundo maravilloso

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BARAKA: UN MUNDO MARAVILLOSO

Como reza el título de este artículo, Baraka (1992) nos habla de un mundo maravilloso, que, en cierto modo, y sobre todo en algunos lugares, está en riesgo de extinción.

Fue dirigida por Ron Fricke y producida por Mark Magidson, y llama la atención porque cambió por completo la forma de entender un documental, perteneciendo prácticamente a un nuevo estilo de cinematografía, ya que es una película hecha solo con imágenes y música. No hay diálogos ni narración alguna, ni siquiera textos. El espectador tiene que sentir y entender por sí mismo lo que ve.

La película está altamente influenciada por la trilogía Qatsi, formada por Koyaanisqatsi (Life out of balance,1983), Powaqqatsi (Life in transformation) (1988) y Naqoyqatsi (Life as a war, 2002). Todas ellas dirigidas por Godfrey Reggio y cuyos títulos hablan por sí mismos

La palabra Baraka proviene de una palabra de origen Sufí que significa “aliento de vida”, y, en cierto modo, lo es.

Rodado en 24 países, como Tanzania, China, Brasil, Japón, Kuwait, Camboya, Irán, Nepal, Tokio, Turquía y diversas zonas de Estados Unidos y Europa, el filme nos muestra todo tipo de monumentos, y todo tipo de homenajes, ceremonias, cultos, tributos, rezos, dioses diversos, espíritus y tradiciones ancestrales, especialmente en Asia, África y Australia, al igual que en Sudamérica o Japón. Básicamente los países más espirituales de nuestro mundo.

Judíos en el muro de las lamentaciones, monjes coptos, lugares como la tumba de Mahoma, la cultura Masai en Kenia y Tanzania, las favelas de Brasil, el teatro del No en Japón, los monjes tibetanos, los típicos bailes turcos y tribus que se identifican pintándose el cuerpo y vistiendo de manera peculiar, al igual que sus danzas y tradiciones. Todo esto queda contrastado con imágenes del metro de Tokio donde se observa a cientos de personas o un gran tráfico de coches a cámara rápida en Nueva York.

La película no está exenta de críticas a la globalización, mostrando fábricas de cigarrillos, granjas de pollos y/o gallinas apiñados en pequeñas jaulas, así como la tala de árboles en el Amazonas, cosa que probablemente provocará la extinción de varias tribus ancestrales. También se muestra la contaminación que asola nuestro mundo y de la que no parece que acabemos de tener conciencia.

La película está llena de espiritualidad, de unas imágenes excepcionales que nos transportan a otros mundos, todo ello acompañado de la música original de diversos compositores, entre los que destacan Lisa Gerrard, Brendan Perry, Michael Stearns e Inkuyo. Por supuesto, la banda sonora incluye los cánticos, rezos y ceremonias de diversas tribus, a los que en mi opinión hay que atribuirles cierta magia. El tema a destacar en mi opinión es The Host of Seraphim, de Dead can dance, un tema trágico y espectacular donde los haya.

Como decía al principio, el filme nos muestra unas imágenes realmente maravillosas, llenas de espiritualidad, que contrastan con la increíble falta de la misma en los países occidentales.

Algo de lo que podemos y debemos aprender, más pronto o más tard

Rafa Mateos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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