Economía

Bastiat, Keynes y la dichosa ventana.



Bastiat, Keynes y la dichosa ventana. - Economía

Ni Mises ni Hazlitt; fue Frédéric Bastiat quien, antes de siquiera Jhon Maynard Keynes haber nacido, refutó la integridad de las conjeturas keynesianas sobre los beneficios de la destrucción y el multiplicador.

A mediados del siglo XIX, en su ensayo Lo que se ve y lo que no se ve, Bastiat ya nos decía:
En la esfera económica, un acto, una costumbre, una institución, una ley no engendran un solo efecto, sino una serie de ellos. De estos efectos, el primero es sólo el más inmediato; se manifiesta simultáneamente con la causa, se ve. Los otros aparecen sucesivamente, no se ven; bastante es si los prevemos. Toda la diferencia entre un mal y un buen economista es ésta: uno se limita al efecto visible; el otro tiene en cuenta el efecto que se ve y los que hay que prever.
A lo largo de este mismo ensayo, nos ejemplificaría esto con un ejemplo al que él mismo denominaría como la falacia de la ventana rota. Echémosle un vistazo:

Bastiat nos relataba una historia; la historia de un panadero llamado Juan Buenhombre, que -como todas las mañanas- hoy se levantaba de su cama para abrir su panadería  y cocinar el pan que sería vendido aquel mismo día. Luego de varias horas dentro de su local, vendiendo panes a los clientes que allí se dirigían, un vándalo (que en el ejemplo de Bastiat era el hijo de Buenhombre, pero no tiene relevancia alguna en el argumento) destroza uno de los ventanales de la panadería con una piedra. El panadero se entristece al saber que tendrá que gastar parte de su fortuna, quizás el fruto de su arduo trabajo durante días, en reparar aquel cristal. Pero su vecino lo intentaría aliviar: «no hay por qué ponernos así» -le diría-, «qué seria de los cristaleros si no se rompieran ventanas. Gracias al dinero que destinará usted a reparar su ventana rota, el cristalero podrá comer hoy, y probablemente alimentará a su familia, y quien le haya vendido la comida a este podrá obtener unos zapatos nuevos, generando riqueza en todas estas industrias y retroalimentándose. así el círculo, reactivando la industria general y produciendo riqueza en el país.»

La actitud de este bienintencionado -pero no menos equivocado- vecino es a lo que denominamos la falacia de la ventana rota. A primera vista, sí, podríamos observar una reactivación y un crecimiento en las industrias del zapato, la carne y el cristal. Pero el problema radica en lo que denominamos el coste de oportunidad. El coste de oportunidad es a lo que renunciamos cuando tomamos una determinada decisión, incluyendo los beneficios que podríamos haber obtenido de haber escogido la opción alternativa, la cual, en el caso de nuestro panadero, podría haber sido el adquirir un nuevo par de zapatos con el dinero que destinó a reparar su cristal, produciendo también esta «riqueza» y «reactivación» de las industrias anteriormente mencionadas, pero con una ventaja: en este caso, la economía general del país obtiene el beneficio de un par de zapatos nuevos, aumentando así la riqueza total. En el caso del cristal roto, sí, el cristalero adquirirá también este par de zapatos, sumándolos al monto total de bienes del país, pero a coste de la ventana de Juan, la cual representará una reducción para la economía. Sin tener en cuenta que quizás el dinero destinado a reparar aquella ventana era un ahorro que iba a ser utilizado en la compra de un nuevo horno, no solo generando el efecto anteriormente mencionado sino también generando un aumento de la capitalización, con su consecuente incremento en la productividad del panadero, que significará una mayor oferta de panes, lo cual, a su vez, significa menores precios y un aumento de la riqueza total del país e individual de sus clientes, al poder ahora adquirir más panes por el mismo monto.

 

En el caso de las conjeturas de Keynes sobre los beneficios de la destrucción y el multiplicador, podemos ver esta falacia representada de esta manera: El vándalo que rompe una ventana es la guerra o una catástrofe natural (que, según keynes, producen un aumento de la riqueza y reactivan la economía), la ventana son los bienes destruidos por esta catástrofe y el horno es aquella inversión de capital que nunca llegamos a ver debido a que el ahorro que sería destinado a este fin deberá diferirse a la reparación de los bienes destruidos (la ventana, en el ejemplo de Bastiat). Aunque el PBI total de la economía haya aumentado, quizás, en 10 millones de dólares (varias veces más de lo que lo haría en condiciones normales), la riqueza total del país no ha aumentado realmente, ya que lo único que se ha hecho es consumir el ahorro, que sería mas adelante utilizado en una inversión de capital que sí repercutiría en un aumento de la riqueza de la sociedad como conjunto y del salario tanto de los trabajadores en las industrias inversoras que capitalicen como en los consumidores de sus productos.

Siguiendo esta misma -y equivocada- línea de pensamiento, Keynes propone una serie de reformas y medidas económicas de aumento del gasto público, expoliación fiscal y expansión monetaria y crediticia con el fin de combatir una recesión igualmente refutables con la falacia enunciada por Bastiat hace ya casi dos siglos. Esto lo desarrolla más a profundidad Henry Hazlitt en los primeros capítulos de Economics in a Lesson y en la integridad de The Failure of the New Economics.

 

¿Keynes tenía razón?

 

Veamos ahora cómo ha sobrevivido la conjetura keynesiana en el plano de la evidencia empírica. En julio del año 2014, los los economistas Solomon M. Hsiang y Amir S. Jina observaron los efectos económicos a largo plazo de los ciclones. Más de seis mil ciclones ocurridos entre 1950 y 2008 y sus consecuentes efectos fueron estudiados en la investigación publicada en la National Bureau of Economic Research. Las conclusiones fueron que cuanto peor fuera el desastre, más sufría el crecimiento económico a largo plazo. Según sus datos: «cincuenta años después de un acontecimiento, el PIB es 0,38 punto porcentuales menor por cada velocidad de viento de 1 milla por segundo«.

 

Así, concluimos que Keynes no solo fue refutado antes de haber nacido por el mismo Frédéric Bastiat, luego por Von Mises, Hayek y Hazlitt en el plano de las ideas, sino también refutado empíricamente en cuanto a sus afirmaciones sobre los beneficios de la destrucción.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

5.00 - 8 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Archilolo

1 comentario

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información