Literatura

Beso de Ojos



Beso de Ojos - Literatura
El corazón en agonía estaba. Una herida punzante con sangre invisible se debatía dentro de mí.. Una hemorragia que era imposible cercenar. Sentía que iba a desfallecer por aquella profunda lamentación que aquejaba mi alma. Luchando contra mi deplorado estado anímico pude tomar fuerzas y mirar hacia el horizonte, hacia el hermoso sol que yacía sobre el río Alip en Brizke, una de las ciudades más añejas de Taured. Me acerqué a los bordes del hermoso puente que cruzaba las frías aguas y con la mirada perdida en el vacuo espacio de aquel negro y profundo río, hilvané la imagen vívida de Kara; ataviada en su vestido blanco caminando hacia el altar con un hermoso ramo de violetas entre sus delgadas manos.
Había aceptado la invitación a aquella boda, que se volvió en funeral para mi corazón, por el simple hecho que la iba a ver realmente feliz después de un lapso en nuestras ajetreadas vidas. La sola imagen de ella sonriente fue el asesino de un alma que estaba recuperándose de la pérdida de su presencia, la cual fue extraída de mi vida ,cual raíces de un viejo y fuerte roble, luego de nuestro viaje juntos a Francia. No pude terminar el resto de la ceremonia, acaecida en la Gran Catedral de Brizke, debido al tempestuoso mar de emociones que chocaron con mis rocas cerebrales. El sólo escuchar el “acepto” dejando sus suaves labios me heló la sangre en el acto, mis sentidos se convirtieron en uno (el de la vista, para ver por dónde salía de aquella pesadilla), las risas y lágrimas de felicidad alrededor mío eran como el coro del infierno dirigido por el mismo Satán. Ahora en el puente, tratando de ver mi propio reflejo en el cristal líquido de Alip, barajaba la posibilidad de saltar y encontrarme con mi fatídico destino.

Metí la mano al bolsillo de mi abrigo y saqué la foto que tenía con Kara en un restaurante de Francia donde había probado por primera vez el ratatouille . Sonreí sutilmente al fijar la vista en sus ojos llenos de vida para luego dejar caer dos grandes gotas de agua salada humana. Doblé la foto y apretándola con todas mis fuerzas la lance al abismo negro que se extendía junto a mí. “Adiós último beso de ojos” pronuncié débilmente mientras veía la foto caer al agua. Odié verla flotando y no hundirse ipso facto como queriendo extender la tortura por algún tiempo más. Cara arriba, la foto arrugada seguía un extraño vaivén en las aguas mientras Kara me clavaba esos ojos hermosos.
No es que tuviera vista de halcón, pero la Kara fotográfica estaba retándome con la mirada a olvidarla, a cortar de tajo los momentos que tuvimos y a echar a las brasas ardientes del olvido las palabras que intercambiábamos. Cerré los ojos para disimular el dolor que estaba aún atosigándome con fuerza sobrenatural; y cuando los abrí caí en la cuenta que casualmente me había ido a parar enfrente del bar donde tres semanas antes la había visto por última vez antes de su boda. Destellante y hermosa, su sola sonrisa logró desplegar un aura de gloria por el espacio de un minuto en mi interior. No dije una palabra, sino que me limité a verla mientras queda y pausadamente bajaba los párpados controlando los movimientos sin dejarlos ir en automático. Estaba dando un “beso de ojos” a aquel ser que era motivo de muchas alegrías y tristezas en años posteriores al viaje que lo desencadenó todo.
Kara no se inmutó, sino que rebosaba una frialdad venenosa por los ojos que acababa de besar, sólo exhaló un suspiró y sin mediar palabra soltó:
-¿Eso qué es?
-Un beso de ojos.
-¿De qué?
-De ojos, los míos te tocan a distancia telepáticamente y tú se supone que debes enviar otro en señal recíproca.
-Jaa- dijo mientras le daba un sorbo a su cerveza- no quiero ser infiel ni siquiera telepáticamente.
-¿Entonces por qué estamos aquí , solos, en Brizke,- repliqué con tono de enfado- bebiendo cerveza mientras nuestras piernas se rozan debajo de la mesa?
-No hay mal en eso-dijo Kara tajante- sólo quería decirle algo a mi amigo que tanto aprecié desde el viaje a Francia.
Al oír la palabra “amigo” sentí que algo se quebraba dentro de mí, una oscuridad se cernía sobre mí inexorablemente.
-Me caso en esta ciudad en tres semanas- un silencio sepulcral puso como locas a mis emociones mientras Kara tragaba saliva- y me gustaría que vayas. Tienes que estar ahí.
En ese momento alguien me dio un martillazo y me partió en mil pedazos de forma intrínseca. Vi cómo una sonrisa genuina se le formaba a Kara mientras me estaba incorporando de entre medio de los pedazos de aquella inexistente ya esperanza. Esperanza de estar con ella para siempre. Esperanza de amanecer con ella por los 50 años que me restaban. La visión se me nubló, pero como coche en medio de la niebla pude entrever como Kara juntaba sus párpados de forma armoniosa mandándome un delicado beso de ojos. Odié en ese momento su sonrisa , odie ese beso de ojos , maldita sea, es como querer calmar el hambre de un niño desnutrido sólo enseñándole fotos de comida. Un insignificante beso de ojos era lo único que me mandaba aquella mujer para calmar la destrucción que estaba desarrollándose en mi mente, extendiéndose como un cáncer a todos los rincones emocionales. El cielo perdió su brillo y un sol negro pendía sobre la superficie de Alip.
-Ahí estaré- fue lo que dije tras hacer un esfuerzo sobrehumano por controlar mi caos interno.
Intercambiamos unas palabras más y me incorporé hacia la salida. Aún recuerdo que el camino de vuelta fue el más triste y carente de propósito de toda mi vida. Sabía que estaba caminando, pero ya había perdido el rumbo y el porqué; la gente sólo pasó a ser sombras efímeras que pasaban rozándome. Deseaba que algún evento desfavorable pasará acabando con mi existencia de una vez por todas. La gente confunde sexo con amor, escuela con educación, ir a la iglesia con estar más cerca de Dios y eso fue lo que me pasó. Mis sentimientos, intuición y corazonadas confabularon para hacerme creer que eran una verdad infalible y que debía seguirla a costa de las situaciones desfavorables por las que me enfrenté en esta cruzada. Sentía que Kara y yo podríamos fundirnos en uno sólo pero solo fue eso: ilusiones, confusión y tal vez una pizca de obsesión. Confundí ilusión, confusión, una pizca de obsesión y sexo con amor. Me maldije en silencio mientras la foto estaba despidiéndose de mí, podía ver a ella entre el agua, agitando su mano para decirme adiós para siempre. Yo sonreí vagamente y pensé que tal vez las ilusiones, la confusión, la pizca de obsesión y el sexo están para llenar lo que aún falta por conocer. Como la droga para el adicto. Lo transporta a un mundo de fantasía imposible, y a pesar de no ser real , el adicto es capaz de matar por sentir la misma suerte de enajenación todas las veces que su cuerpo aguante. El mundo de fantasía le da lo que aún le falta por hallar. Una ilusión, al igual que lo que tal vez pude sentir hacia ella. Tal vez sólo caí en este hoyo para saber que experimentar amor era lo que aún estaba tratando de hallar. Pero demonios, yo sentía que la amaba y no podía aceptar que el conocerla hubiera sido un simple error del destino. La amaba y me rehusaba a creer que carecía de fundamento y un porqué el hecho de haberle dado un lugar sumamente especial en mi vida. La fuerza creadora no podía jugar a los dados de esta forma y hacerme el partícipe de una broma cruel divina. Fruncí el ceño atisbando en la lejanía una Kara imaginaria saltando del puente que se hallaba en dirección diametralmente opuesta a donde estaba. Me saludaba mientras se aferraba al borde con una mano como invitándome a hacer algo. Luego vi que era ese “algo”. La Kara imaginaria se soltó y se perdió en las aguas para siempre. Para siempre. Extrañado por aquella ilusión que había tenido metí mi mano al bolsillo y sentí fría y plástica aquella foto que había lanzado al río Alip, a la cual le había dado un último beso de ojos.
“Debo estar volviéndome loco” pensé, ya que esa foto se suponía que debía estar ahogada en el abismo negro. Tal vez todo lo había imaginado, tal vez todas las cosas (incluida la boda) habían sido una horrible pesadilla. Me pellizqué para despertar en mi cama nuevamente con mi mamá trayéndome el desayuno pero nada paso. La realidad se había vuelto frágil y ahora no tenía idea si la foto ahogándose, si Kara saltando al río, la boda y mi amargura actual eran en realidad verdaderas.
“Es un sueño, un trágico y amargo sueño del que debo despertar”. Decidí volver a la realidad. A aquel lugar seguro donde Kara aún no me decía que se iba a casar, donde aún andaba por la vida con alguna vaga esperanza de estar con ella. Me paré encima del borde del puente y me aventé al abismo negro “Sí, eso me despertará”. Todo el mundo se congeló, el tiempo no existió más y mientras veía alejándose el puente vi el momento en que la conocí, vi cuando viajamos juntos, vi cuando hicimos el amor por vez primera, recordé cuando estuve en una relación con Ángela pero no podía hacer otra cosa más que ver a Kara en ella
“Lo siento Ángela” susurré mientras seguía cayendo al abismo negro. Alip me despertaría de esta maldita pesadilla. Oí gritos en inglés, francés y español por todas partes. Yo sólo ansiaba el momento de la maldita caída para despertar y tratar de arreglar la realidad. Lo primero que haría sería decirle a Ángela que lo sentía por el daño que le pude haber causado; a Marie que no podía seguir saliendo con ella y luego ir directo a donde Kara para expresarle lo que de verdad quería para con ella. Por fin, el frío abismo me tocó y sentí como si miles de cuchillos se clavaran derredor mío. “En cualquier momento despertaré” me decía mientras esbozaba una sonrisa. Pude ver gente aglomerada en el puente y a los alrededores de Alip. Entre una de las tantas personas pude vislumbrar a Kara con su vestido de novia. Estaba haciendo ademanes y desgañitándose en desesperación mientras urgía a otras personas a hacer algo. Entonces todo se volvió negro. “Ya despertaré”. Sentía los cuchillos atravesando cada parte de mi piel. “¿Es tan doloroso despertar?”

Jamás desperté. No vino mi mamá con el desayuno, no vi a Ángela para disculparme ni mucho menos corté con Marie. Y lo peor, no pude decirle a Kara cuánto la amaba. Sólo me vi a mi mismo cayendo más y más profundo en el río Alip. Iba a ser realmente difícil para los equipos de rescate encontrarme. Me dejé de ver y seguí emergiendo de entre las aguas. Vi a la multitud loca que estaban reunidos por morbo alrededor del puente, vi a Kara vestida de novia, subí más y vi a la bella ciudad desde las alturas, subí más y vi al planeta Tierra. Y por última vez, cerré mis ojos lentamente para mandarle un beso de ojos telepático a Kara. Observé la bola azul un momento y luego seguí subiendo para perderme en el cosmos, tal vez me darían una bella casa con jardín para esperar; tal vez podría comer bizcochos y leer los libros que quisiera mientras anhelaba la llegada de Kara para cuando su destino decidiera que era hora de despertar de la realidad. Y entonces, mi dicha estaría completa.
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Acerca del autor

Jared Olvera

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