Salud

Biblioterápia (Parte 3)



Biblioterápia (Parte 3) - Salud

Esta vez hablaremos del tema del Alcoholismo y qué lecturas se recomiendan.

Alcoholismo

Lecturas recomendadas: «El resplandor» de Stephen King y «El Corredor» de John L. Parker.

Son tan frecuentes los borrachines de los bares como los que frecuentan las páginas de los libros. Con esto quiero decir que el Alcoholismo, el bebedor o el alcohólico es un tema que se repite mucho en Literatura. También existen multitud de escritores alcohólicos,de hecho, casi todos. No es tan curioso si pensamos que el alcohol es un psicoáctivo que pone la mente en funcionamiento y al alcohólico le da por hablar, hablar, hablar….😂😂😂. En el caso del escritor narrar, narrar, narrar… Y, claro, es preferible leer las aventuras que ha escrito un borracho que aguantar a uno a tu lado, sin compostura ninguna y mal aliento contándote sus batallitas.

Los siguientes ejemplos de novelas te ayudarán a dejar el alcohol motivándote y, aunque no sea la mejor forma pero resulta efectiva, metiéndote un poco de miedo en el cuerpo.

Jack Torrente, el protagonista de la famosa novela «El resplandor» de Stephen King, hace años que no bebe. Sin embargo, aunque su esposa sigue a su lado, perdió su fe en él cuando en uno de sus ataques de agresividad en el que, además, había bebido demasiado, rompió un brazo a su pequeño hijo Danny.

Jack piensa que el invierno en el hotel Overlook de las rocosas montañas de Colorado mientras trabaja como vigilante le hará recuperar la buena relación con su esposa y su hijo Danny que ahora tiene cinco años y retomar su carrera de escritor trabajando en una nueva obra de teatro.

Los dos grandes impedimentos de Jack para llevar una vida feliz junto a su familia han sido sus ataques de cólera y su adicción al alcohol, desde luego, no una combinación muy recomendable para llevarse a un grandísimo y fantasmal hotel solitario donde quedarán aislados durante semanas en el momento que empiece a nevar.

Jack está convencido de lograr su propósito pero el caso es que las circunstancias no le acompañan. No le resulta nada fácil ser testigo de los continuos cambios de diseño de la arquitectura del hotel ni las fantasmales apariciones de cócteles como por arte de magia. Al principio son irreales, sin saber si el motivo es que el hotel está embrujado o Jack está padeciendo un deliriums tremens pero el caso es que, más adelante, el difunto Batman aparece sirviéndole una copa de vodka real. Todo apunta a que el latente alcoholismo de Jack escapará de su guarida dejándole indefenso y fuera de control de su enfermedad. Ser testigo del deterioro constante y cada vez mayor de Jack y las espeluznantes anécdota que ocurren en el indeseable hotrl Overlook, sin duda, te meterá el miedo en el cuerpo y cuando vuelvas a verte en un bar lleva el volumen contigo y míralo: te decantarás por un zumo de naranja.

Pero he aquí un libro con un mensaje mucho más esperanzador que no te arrepentirás de leer no solo por la ayuda que pueda prestarte sino por su gran calidad. Se trata de «El corredor» de John L. Parker. Este libro fue un clásico underground en el año 1978 y llegó a ser Biblioterápia en acción sirviendo a corredores de competición como nivela-manual. «El corredor» nos cuenta la historia de Quenton Cassidy que pertenece al equipo de Atletismo de la universidad Shouteastern en los Estados Unidos y de su objetivo de recorrer una milla en cuatro minutos bajo las órdenes del entrenador Bruce Dentón (medallita de oro olímpico). Bruce lleva al protagonista hasta límites insospechados mientras Quenton Cassidy se recrea disfrutando de cada vuelta que le hace correr su entrenador. Llega a forzar tanto su cuerpo que, en una ocasión, llega a orinar sangre y a llorar sin disimulo ni vergüenza mientras «sus piernas duras como la madera de caoba» no paran de correr bajo ningún concepto. En el «Nirvana» de su entrenamiento se siente «muy lleno de vida, muy rápido, casi inmortal».

Ojalá que «El corredor» cambie la relación que tienes con tu cuerpo para forzarlo y llevarlo incluso al límite pero de una manera sana. Ponerlo a prueba para ser maravillado por las proezas que puede llegar a hacer.

Normalmente los alcohólicos solo esperan a que pase el tiempo, tan tedioso para ellos, entre copa y copa. Quenton, sin embargo, apura cada segundo viviendolos con una intensidad y disfrute envidiables. Cambia ese placer hedonista por el dolor que causa el esfuerzo de correr y la determinación de la velocidad que, aunque no lo creas, se asemeja al hábito de beber.

Cómprate unas deportivas y sirvete esta novela, cada noche, antes de dormir.

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Acerca del autor

Lorena Caballero Ortega

2 comentarios

  • Cuánta razón tienes. Ya el franquismo, prohibiendo el derecho de reunión, sentó las bases para que España fuera un país de alcohólicos, ya que empujó a la gente a ir a la taberna. Y de allí a la discoteca, en detrimento de las fiestas participativas. La larga legislatura del PSOE completó el trabajo de Franco, llenando las principales ciudades, al menos Madrid, bajo la alcaldía del entrañable Enrique Tierno Galván, de cuchitriles en los que beber hasta saciarse, convirtiendo el alcoholismo en una verdadera lacra. Era el precio de la estabilidad política.

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