Humor

Un billete de 10€ partido no son 20€

Un billete de 10€ partido no son 20€ - Humor

Eran casi las 12 de la noche y el único rastro de brujas que se respiraba en el ambiente era el terrible perfume “Eu de armarié cerradé” que se respiraba en el ascensor de mi bloque, cortesía de los 250 años y tres meses del DNI de mi querida vecina de arriba. Había luna llena pero ni los hombres ni los lobos parecían tener el más mínimo interés por la zona. Tenía hambre. Tenía sed. Tenía sueño. No tenía comida. No tenía bebida. No tenía con quién compartir mi cama. Habría llorado de no haber quemado el perfume de Lady Matusalén mis añorados lagrimales. Salí a pasear.

Just another day in paradise!

Me senté en el único banco que aún me daba crédito, el del parque cercano a mi casa con la única mujer que todavía quería escucharme, mi querida perra Wendy y me puse a dejar pasar el tiempo, algo en lo que había alcanzado el nivel “Dios”. Debo reconocer que de haberse celebrado en Fuenlabrada el campeonato mundial de “no hacer absolutamente nada”, mis años de experiencia me habrían llevado a competir por las más altas posiciones. Era (soy) un auténtico maestro en la disciplina. ¡Y a pelo! ¿eh? Nada de móvil, nada de libros, nada de cigarrillos consumiendo vidas y segundos…nada. A pulmón libre. A calzón quitado. Mira mamá sin manos.

Reflexión. Es curioso lo que ocurre con la luna. La oscuridad convierte a todo el mundo en sospechoso, no importa las vidas que hayas salvado durante el día. Estoy seguro que hasta la misma Madre Teresa con el bolso colgado paseando a medianoche por mi calle, haría que se encogiera el más duro de los esfínteres. Y qué decir si Iniesta apareciera como si tal cosa junto a mi banco. De vampiro para arriba, vamos. Hay un monstruo bajo mi cama.

Pues ahí me encontraba yo, recuerdo. Hambre, sed, sueño, banco, perrita y luna. Me encantaría usar el filtro Instagram de la realidad alternativa y vender la escena algo del tipo: hombre de 41 años, con barba frondosa y actitud bohemia disfrutando de una sana noche de Verano reflexionando sobre su vida de forma sana y constructiva.

¿La realidad? Que tengo de hipster y bohemio lo mismo que de trapecista y trabajador del metal y que la reflexión más profunda que se me ocurrió sentado en aquel banco fue una del tipo “coño, tengo pies de hobbit” y “mataría por unos gusanitos”.

Wendy (perra) empezó a mirarme de ESA forma y recordé una por una todas las decisiones que me habían llevado al hambre, la sed, el sueño y la soledad. Me habría encantado culpar al karma, al destino, al Metrosur y al odioso atún pero hacerlo habría tenido el mismo sentido que llevar peine a la convención anual de calvos ilustres o cerebro a una cena con Trump.

¿Qué le voy a hacer? En el reparto de buenas decisiones vitales a mi me tocó el pack “suerte, amigo” que traía consigo “hambre, sed, sueño y sábanas frías”.

Nadie es perfecto.

Pero oye, no me quejo.

Podría ser peor.

Podría llover el perfume de Lady Matusalén.

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Acerca del autor

Jose Rodriguez-Trillo

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