Literatura

Bosque de frío árbol maulla

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Bosque de frío árbol maulla - Literatura

Era de noche, muy de noche. La oscuridad cerrada, daba un miedo de pánico total. Los gritos de auxilio se perdían en el profundo bosque. Pobre criatura, me dije desde el cielo, sentada en la nube más cómoda que conseguí. Amo estas historias de suspenso donde el miedo escribe, donde el silencio de las puertas rechinan, donde nadie responde al quién está allí, hola.

La ansiedad de apresurar el final no deja que ese pobre ser sufra mas. Qué tanto se puede llorar por piedad, me pregunto mientras veo que el canalla de la pluma se sonríe viendo su escena intacta. Se para de la mesa, camina lento, asoma su cara por la ventana. Quiere estar seguro que la tortura no cesa. Hay un hombre atado al árbol más viejo, el de la sabiduría. Mi Gato Gordo está junto a mí en este santo lugar, está feliz de verme escribir de nuevo.Me interrumpe para decirme en su lenguarada de felino, una cucaracha aquí en el cielo, corramos. Esta vez no saldré de mi paz, aquí todos somos aceptados, no importa qué tan insectos hayamos sido en vida.

Le lanzo un manotón porque no quiero perderme la historia que sucede en el bosque, y lo que vendrá del luego famoso árbol centenario condenado a condenar un inocente. Agarré a mi gato, lo puse debajo de la nube, le canté una canción de cuna para gatos celestiales y listo. Abajo estaba la cosa por suceder de película. La cuerda apretaba muy duro, no daba espacio para soltar ningún dedo, el frío helaba la voz del ser casi fantasma.

Dime tu nombre completo, escuchaba el bosque entero, no respondía nadie. Un rostro de ojos abiertos, cerrados por segundos, querían salir del lugar. Desde esa ventana,no dejaba de mirar. Le juraba que no le pasaría nada más malo, que confiará. Solo decir una palabra lo liberaba.

Es muy cómoda esta nube, lamento se me terminara el chocolate, las cotufas, el café, las galletas y algunas torrejas. Abajo veo que una luz se enciende cerca del árbol, es pequeña, alguien curioso ha hecho camino para disipar la duda. El nombre de esta persona, todo el lugar clama por el fin de tanto frío, el suspenso aumenta.

El papel sobre la mesa no tiene nada escrito, un hombre piensa en otro hombre. Y ese, no tiene mas fuerza.  LLueve desde hace rato. Bajé, tomé la pluma y escribí Hermidio Pomada. Atrapar a quien cerró los graciosos maullidos de Gato Gordo y mi noble respiro, merecía todo un drama de oscuro bosque.

 

El Pomada me recordó apenas, sus manos lanzaron al vacío una bola de pelos anaranjada, lo amaba demasiado. El hombre pidió perdón , su nombre lo puse en la mesa. La cucaracha no era buen regalo para alguien que desmayaba al ver aunque fuera una. Gordo se la traía de regalo.

 

 

 

 

 

 


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Acerca del autor

Thais Garcia Belandria

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