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Bromas: ¿Diversión o Humillación?

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Bromas: ¿Diversión o Humillación? - Salud

Antes de comenzar con el artículo quiero señalar, que todas las imágenes que aparecen han sido proporcionadas por la página de Facebook “libres de Bullying”. Desde aquí les doy las gracias, no solo por brindarme su apoyo, sino también, por la gran labor que realizan cada día en favor de la dignidad humana.

A lo largo de nuestra vida, hemos minimizado siempre el significado de lo que es una broma. Todos, en algún momento, hemos tratado de poner nuestra nota de humor, en los que teníamos alrededor, bromeando con alguien, quizá para romper el hielo en algunas ocasiones, para hacernos los “guays” o simplemente, para pasarlo bien. Siempre hemos considerado las bromas como algo inofensivo, que carecen de importancia, algo que no cala en el otro, y cuyo objetivo es pasarlo bien.

A su vez, nosotros mismos hemos recibido bromas de otras personas, que puede que lo único que quisieran, fuera divertirse un poco, pero aquí, la visión ya cambia, porque la broma, en este caso, la recibimos nosotros. Muchas veces, son cosas totalmente inofensivas, que solo hacen que todos pasemos un buen rato, sin ninguna trascendencia de ningún tipo, pero otras, puede que la broma sea pesada, o que estemos en un momento de baja autoestima o susceptibilidad extrema, y en ese caso, o bien nos enfadamos con el que nos gasta la broma, o bien disimulamos, haciendo ver a los demás, que no nos ha afectado en absoluto, cuando realmente, si que ha habido un impacto sobre nosotros, que suele ser, por lo general, negativo. Pero… ¿Por qué nos afecta, si se supone que son inofensivas?

Solo era una broma…

A veces el bromista, tiene que echar mano de esta frase para especificar, cuando nota que el que recibe la broma, se empieza a sentir ofendido. Y es que, las bromas, siempre llevan un mensaje oculto, que suele contener, una parte de verdad para la persona que la realiza, y utiliza ese medio, quizá por falta de valor a la hora de decir, en un tono más serio, lo que piensa. También puede que crea equivocadamente, que mediante una broma, puede hacer cambiar, un mal comportamiento de la persona a quien va dirigida. Otro motivo puede que sea, el miedo a ser juzgado por lo que se dice, o porque, la broma sea el resultado de un prejuicio.

Con la broma, se rompen un poco las reglas, permitiendo, lo que de otra manera podría traer ciertos problemas. Por otro lado, la persona que recibe la broma, en muchos casos, si percibe que es una simple guasa, puede no sentirse aludido, pero, en el caso de que no sea así, puede quedar con la duda de si es verdad lo que ha recibido, sintiéndose algo confundido, abrumado e incluso, en muchos casos, enfadado.

Pensemos como ejemplo por un momento, en una broma que mi marido me hacía continuamente, para ver el mensaje oculto que llevaba. Desde que los smartphones han llegado a nuestra vida, mucho nos hemos visto atrapados por sus atractivas redes, produciéndonos lo que se llama, nomofobia u obsesión al teléfono móvil. Hubo una época en la que yo estuve inmersa en una depresión (puedes leer el artículo sobre mi experiencia pinchando aquí). Uno de mis escapes de aquel entonces fue precisamente, mi teléfono móvil. Mi marido, me decía continuamente que estaba obsesionada, pero yo no hacía caso alguno a sus comentarios, por lo que él buscó otras formas de decírmelo sin palabras, como por ejemplo, escondiéndome el teléfono. Mediante una broma, me daba su mensaje. Se aliaba con mis hijos para esconderlo en los lugares más insospechados. A todos les resultaba lo más divertido del mundo el ver, como yo me enfadaba, cada vez que mi móvil desaparecía de mi radar de visión. No podía bajar la guardia. En cuanto me descuidaba, el móvil aparecía en un lugar insospechado de la casa, y tenía que volverme loca hasta encontrarlo.

Lo curioso de ésto, es que mis hijos han aprendido a la perfección, el modo de actuar, simplemente por imitación, por lo que, a veces se dedican a esconder cosas, con el resultado de que, se divierten mucho, cuando son ellos los protagonistas que esconden, mientras que se enfadan, cuando son las víctimas que no encuentran lo que les han quitado. Y es que, aprendemos el comportamiento, lo normalizamos en nuestro interior y lo imitamos, aunque no nos guste lo que sucede, cuando somos nosotros los que lo sufrimos.

Volviendo al ejemplo, y a mi obsesión declarada por el teléfono, comentaré, que cuando estás inmerso en una obsesión por algo o alguien, y ese “algo” desaparece de tu vista, la angustia y la ansiedad que te genera es enorme, ya que, te están “quitando” aquello de lo que dependes totalmente, para evadirte de todo a lo que no te quieres enfrentar. Te sientes desprotegido e inseguro, porque las personas que te están haciendo la broma, tienen el poder sobre ti, por lo que, estás en sus manos y apareces vulnerable ante ellos. Imagina por tanto, cual era mi reacción cada vez que me quitaban el móvil. Me sentía rabiosa, porque veía en su broma, su deseo de fastidiarme, como cuando quitas a un niño su juguete favorito para castigarle. Por supuesto, cuanto más me enfadaba yo, más lo hacían ellos, y más se reían.

La broma reiterada del móvil, era la manera que utilizaba mi marido, de decirme indirectamente, lo que yo no aceptaba cuando me lo decía de frente, es decir, que prestaba más atención al móvil, que al resto del mundo. Evidentemente, con esta broma yo sufría en gran medida, puesto que mi obsesión por el móvil, no me permitía estar tranquila si éste desaparecía, aunque fuese por un minuto. Y es que, la broma era realmente como un castigo humillante, por prestar más atención a una pantalla, que a mis seres más queridos.

Afortunadamente, pero no gracias a las bromitas, pude empezar a reflexionar, sobre el daño que mi obsesión, estaba causando tanto a mi persona, como a mi familia, y poco a poco, pude quitarme el problema, hasta que mi relación con el móvil se normalizó. Desde entonces, nunca me han vuelto a hacer esa broma pesada, que tanto me hacía sufrir. Una vez que el problema se terminó, no había más necesidad de lanzarme esos mensajes, a través de este medio.

Cuando alguien sufre, no es una broma

Las bromas también llevan siempre un rol de poder para el que las hace, y un rol de víctima para el que las recibe. Pensemos por ejemplo, en los niños en el colegio. Es típico que el líder de un grupo busque una víctima indefensa y le quite un objeto de valor. Ese objeto, lo irá pasando entre sus compañeros aliados, mientras que la víctima, trata desesperadamente de recuperarlo. Ésto se podría considerar una broma muy típica e inofensiva, en la que un grupo de personas, se divierten “a costa de otro”. Mientras que todos se ríen, la víctima sufre.

En este caso, el grupo, tiene una posición de poder, frente a su víctima, que aparece indefensa, desamparada y ridiculizada. Posiblemente, cuando se cansen, tirarán el objeto al suelo o incluso a algún sitio cubierto de suciedad, provocando una nueva humillación, para la persona que lo tiene que recoger. Después, se reirán a sus espaldas, disfrutando de los detalles, de esa persona desesperada y con el rostro desencajado de miedo, por perder aquello que para ella tiene gran valor, y de vergüenza, por todo lo que se han reído a su costa.

He puesto este típico ejemplo, pero en el ámbito escolar, se podrían poner muchos más, que suceden a diario y que se ha aprendido a ver, como algo normal e inofensivo, cuando en realidad, el daño puede ser importante, para la persona que está en la diana del “bromista”.

Si pensamos que el punto de partida, de muchas situaciones que acaban en acoso escolar, son las bromas de un grupo de personas, hacia otra más vulnerable, ya podremos empezar a ver otro matiz diferente, que sobrepasa con creces, la delgada línea de la diversión, para adentrarse en el campo de la humillación.

“Tu sufrimiento alimenta mi fuerza”

En el caso del Bullying, el acosador se alimenta del sufrimiento de su víctima, para curar sus carencias mediante el poder. Necesita que otros le idolatren para sentirse fuerte y amado, ya que, puede que en su ambiente mas cercano, no tenga ese cariño deseado, de la manera adecuada, que le haga sentirse querido, sin necesidad de hundir a alguien para ello. Para conseguirlo, utiliza las humillaciones disfrazadas de “bromas divertidas e inofensivas” haciendo que el resto, les siga el “juego” para “pasarlo bien”.

Cuando hay una broma inofensiva hacia una persona, ésta puede que no se lo tome a modo personal, sino con humor, quitando importancia al asunto y olvidando lo sucedido en el siguiente minuto, pero en el caso del Bullying o acoso escolar, las bromas son hirientes y reiteradas, hacia alguien que tiene alguna vulnerabilidad, generalmente reflejada en una autoestima baja. Esta debilidad, será aprovechada, por la persona que necesita un estado de poder, para alimentar su propia autoestima, que, como he comentado anteriormente, también suele estar dañada, pero es algo que tratará de disimular a toda costa, provocando intimidación, admiración y/o miedo en los demás, que normalizan su alarde de poder, con quien no sabe, o no se atreve a defenderse.

Aquí ya, por tanto, aparecen tres tipos de roles, el del líder o acosador; los que le siguen el juego, absorbidos por su poder, actuando con él u observando sin hacer nada, por miedo a que sean ellos, los que puedan estar después en el punto de mira; y la persona que recibe burlas y humillaciones constantes, disfrazadas en muchos casos de “bromas indefensas” para el que las hace.

Lo que poco a poco pudo empezar como una broma sin importancia, puede ir subiendo de tono, hasta crear humillaciones constantes cada vez mayores, que hagan que la persona que está siendo afectada se hunda cada vez más, destrozando del todo su autoestima y su valía, que le crearán secuelas importantes de por vida.

Es importante que reflexionemos sobre ello. La falta de autoestima, es lo que produce que una persona termine como víctima, como observadora o como abusadora de otro. Las bromas, en muchos casos son inofensivas, y no buscan otro fin, más que pasar un buen rato, pero en otros, es el camuflaje perfecto de las humillaciones, para conseguir que estos tres roles aparezcan, tanto en el ámbito escolar como en el laboral.

Es importante, no solo que sepamos distinguir lo que es una broma inofensiva, de la broma que hace sufrir a otro, sino que además, les hagamos ver a nuestros hijos desde pequeños, la diferencia, para evitar, que ellos lleguen a verse inmersos en un ámbito de acoso, tanto en un rol como en otro, o puedan defenderse de forma correcta, en el caso de que ésto ocurra.

Las bromas, dejan de ser juegos, justo en el instante en el que para alguien, se produce sufrimiento.

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Chus Rosillo

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