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Bullying. La cueva de los lobos

Bullying. La cueva de los lobos - Salud

Esta mañana, en el colegio de mis hijos, podríamos decir que por casualidad, (aunque yo ya no creo en las casualidades), he comenzado una conversación con dos madres, que habían cambiado hace un par de años a sus hijos a este colegio. Era la primera vez que hablaba con ellas, y me comentaban, que en nuestro cole se sentían mucho más tranquilas, mientras que el anterior no querían verle ni de lejos. Los motivos eran muy diferentes para ambas. Mientras que una comentaba sus quejas en cuestiones burocráticas, la otra comenzaba a contarme la pesadilla que había pasado con su hijo allí. El niño había sufrido un acoso fuerte por parte de sus compañeros, y no solo la dirección lo negaba, sino que no hicieron nada por pararlo. La madre, desesperada, había terminado por cambiar a su hijo del colegio. Su angustia al contarme su relato, era palpable en el ambiente. Había pasado tiempo ya de aquello, pero su preocupación permanecía. Su hijo era bastante tímido y retraído, y a pesar de que ella había podido descubrir lo que le estaban haciendo a su hijo, aún a día de hoy, ella no sabía por todo lo que él había pasado, porque el niño había guardado silencio.

Puedo imaginar la angustia de esos padres, por no saber que es lo que le ha ocurrido a su hijo, pero sobre todo, puedo imaginarlo, porque cuando los niños entran en el colegio, la verja se cierra tras de ti, y en ese intervalo de horas desde que entran hasta que salen, no puedes protegerles, ni garantizarles que no les vaya a pasar nada. No te queda más que confiar, en que los adultos que están dentro del recinto, no solo enseñen a los niños lengua y matemáticas, sino también respeto por sus compañeros. Solo puedes confiar en que velen por ellos, y en que no permitan que sufran ningún tipo de humillación, aunque solo sea, por el hecho de que tú no puedes estar allí, dándoles el amparo que necesitan. Puedo entenderlo, porque, cuando la confianza que hay detrás de la verja se rompe, comienza la desesperación y el sufrimiento, de no saber que es lo que le ocurrirá a tu hijo cada día, una vez que entre por esa puerta maldita, que le separa de la seguridad, llevándole al abismo y al miedo.

Nosotros como padres, sabemos que no podemos protegerles de todo, pero cuando entran en el colegio no tenemos otro remedio que confiar, en que allí van a tener un ambiente seguro en el que crezcan, no solo físicamente, sino personal y socialmente, adquiriendo una serie de valores propios de solidaridad y compañerismo, con las personas que se rodean a diario. Valores no solo necesarios para una buena convivencia, sino también para un sano desarrollo personal y emocional.

Desgraciadamente, hay niños que no viven este ambiente soñado, sino que cuando entran en el colegio, es como si entrasen en una cueva donde dentro le esperan varios lobos desafiantes, enseñándole sus dientes afilados, preparados para atacar. En muchos casos, el colegio, cuando se da cuenta de estos hechos, se implica totalmente y pone rápidamente los medios para cortarlo, pero desgraciadamente, todavía existen muchos colegios en los que la propia dirección y sus profesores, cuando se enteran de que hay Bullying entre sus alumnos, lo ocultan y lo niegan, aumentando el sufrimiento y el peligro del niño que es acosado.

La desesperación de esos padres que ven, que nadie les ayuda, es terrible, porque además, aunque descubran lo que le está pasando a su hijo, saben que estos niños, tienen que continuar acudiendo cada día al infierno que se ha creado en torno a su persona, y si desde el colegio no reciben ayuda, se encuentran perdidos y desamparados, sin saber muy bien lo que hacer para parar esa situación.

Desde aquí yo les pregunto a esos profesores y directores, que siguen pensando que el Bullying es “cosa de niños”. Les pregunto a aquellos que valoran más el prestigio, que el hecho de que se destroce la vida a una persona… ¿Meterías a tu hijo en una cueva, donde sabes que van a estar los lobos esperándole? ¿Imaginas el terror que te podría aparecer cuando vieras que el colegio cierra sus puertas y tú quedas al otro lado, sabiendo que tu hijo está en peligro diario, y que tienes que seguir llevándole sin remedio?

Imagina que no hay nadie que te escucha, que nadie hace nada para pararlo, y que ves que la persona que más quieres en este mundo, está siendo destrozada poco a poco cada día. ¿Seguirías pensando que son cosas de niños? ¿Seguirías mirando para otro lado como si nada sucediera? ¿Dormirías tranquilo por las noches sabiendo que tu hijo está sufriendo, y que su vida ya nunca será la misma?… Yo creo que no.

Si. Puedo comprender la angustia de esos padres cuando ven que tras esa verja nadie protege a sus hijos, porque los adultos que miran para otro lado, les preocupan más las apariencias de prestigio de un buen colegio, que el daño que se ocasiona al menor para el resto de su vida.

Está demostrado que el Bullying deja a la persona que lo sufre secuelas de por vida. No es algo que se acaba cuando cesan los golpes, los insultos, las bromas y las burlas. El miedo, el sufrimiento, la desconfianza, la falta de autoestima, el vacío, el desamparo, el riesgo de depresión y de suicidio perdura a lo largo de los años, incluso cuando ese niño se convierte en adulto, y todo queda anclado en su alma, determinando cada paso que da en el futuro. El infierno continua dentro de si mismo con el paso de los años.

Ya es tiempo de que dejemos de tomar a la ligera algo tan serio. Ya es tiempo de empezar a mirar justo donde hay que mirar, y de afrontar este grave problema que existe en la sociedad. Todos tenemos que estar alertas ante el Bullying. Es necesario que padres, alumnos, profesores y equipos directivos, se unan para luchar contra las cuevas de lobos que aparecen en los colegios. Es necesario que nos pongamos de una vez, en la piel de cada niño que se enfrenta cada día, a los que afilan sus dientes contra él, y tomemos las medidas necesarias para protegerle.

Te pido por favor que lo leas detenidamente y lo compartas. Cualquier persona puede verse involucrada en mayor o menor medida en un caso de Bullying y todos podemos colaborar con un pequeño gesto, a que se tome una mayor conciencia de la gravedad de este problema, que crece cada día en nuestra sociedad.

Gracias.

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Chus Rosillo

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