Historia

Café Pretexto



Café Pretexto - Historia

Un café tiene una deliciosa textura de ébano que se mezcla con el placer, la nostalgia y la bohemia… puedo añadirle cucharadas de lujuria, gotitas de beso y esencia de ti.
Un café pasado gusta para conocedores y es de preciso sabor para escribir, como yo ahora; no conozco café alguno que el de tu piel, guarda tu cuerpo esa fragancia de un instinto sutil placentero, cada sorbo de tus labios estremece el cuerpo, hace sentir esa calma en el alma… tu aroma envuelve a mi cama como una inmensa taza de café.
Tengo un café pendiente contigo, excelente pretexto para volver a verte… hacen de mis dedos una imitación de aquella cucharita que recorre el fondo de una humeante tacita desmenuzando el edulcorante sabor de ti… como Alejandro Dumas diría “La mujer es como una buena taza de café; la primera vez que se toma no te deja dormir”… será porque prefiero pensar en ti a que soñar contigo.
Charles Maurice de Talleyreand decía que el café debe ser caliente como el infierno, negro como el diablo, pero puro como un ángel y dulce como el amor”… y créeme que la grandeza de tu sabor me sucumbe en ese infierno caliente, semejante, endulzado por ese amor guardado y una ternura ajena.
Ahí en mi cama donde reposa tu anatomía, se mezcla tu piel café con las sábanas blancas, dándole el toque de un interminable capuchino y en tu espalda se siente el manjar blanco de tu pureza, dos onzas de moca te despiertan sonriente y tu cuerpo se revela a la luz del amanecer, un beso a vainilla late nos da el buenos días y el aire sacude las cortinas que nos da la bienvenida… tu existencia deambula desnuda hacia la ducha y coqueta me invitas a compartir tu piel húmeda.
Y en esa ducha donde el vapor y nuestro aliento se mezclan nos hacemos el amor descafeinado, es tu piel absoluta amante del agua y mis manos le hacen espacios a tu piel para el descenso del agua; entre el agua y tu piel saboreo otro café madrugador que satisface mi lengua, y me reto a duelo con el agua de esa lluvia artificial porque mientras apaga el fuego que nace de ti yo lo azuzo.
Entrelazados y húmedos bebo gota a gota de tu cuerpo desnudo tendido en la cama y hago de mi lengua una ligera toalla que absorbe ese café que destila de ti, sonríes complacida de ser amada y me invitas nuevamente a ese sabor de placer que nace de ti.
Al momento de irte un beso achocolatado se despide con un “te veo pronto” y entenderé que siempre, cuando quieras habrá un café express que será un café pretexto… simplemente para verte.

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Oscar Martins

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