Literatura

Calles en penumbra



Calles en penumbra - Literatura

Caminaba distraída entre las calles obscuras y pequeñas, apenas podía distinguir sombras que pasaban a lado mío, despreocupada de cualquier amenaza, el frio recorría hasta mi respiración tranquila, podía escuchar el tintinar de mis llaves y pasos a lo lejos, por un momento caminé sin pensar en nada, caminaba sin rumbo, por inercia, caminaba más entre recuerdos y cosas que tenia que hacer que por llegar a algún lado, mi mente divagaba tan lejos de donde me encontraba que no
note que me había equivocado de callejón, me había metido por una calle equivocada y justamente en ese momento caí en la cuenta de que varias miradas posaban sobre mí.

La gente reconoce a sus vecinos, y más cuando las calles son tan cortas, estrechas que a solo un paso de donde quiera que te encuentres puedes tocar otra puerta, y yo, yo bueno me había equivocado de calle, de colonia, o delegación ya ni sabia, para mi habían pasado unos cuantos segundos cuando en realidad fijándome en el reloj que posaba en mi muñeca eran más de un par de horas las que habían pasado yo caminando.

Pensé que era momento de regresar, quizá a mi casa, quizá a donde realmente quiero estar, en ese momento no sabia donde podía estar mas cerca, era tarde, el frío era cada vez más intenso, me había cansado y mi única opción era tomar una bocanada de aire y retroceder en mis propios pasos, pero por donde, camine sin sentido, recordé que fue lo que me hizo salirme en ese momento y ahora parecía algo sin sentido, en mi mente solo podía pensar en los problemas que voy a tener, que si se habían preocupado de que ya era tarde y aun no llegaba o quizá ya habían hecho un alboroto por que me había salido, pensé en cada respuesta a las posibles opciones que tenia de preguntas en mi cabeza.

Después de preguntar unas cuantas veces mi dirección di con la esquina que ya reconocía, en la calle por la que muchas veces pasaba cada día, me encontré con vecinos que me dieron las buenas noches, y con caras amables y familiares, el  olor al pasto que recién cortaban cuando me fui invadió la calle por completo, sentí alivio de por fin llegar a lugares conocidos, camine un poco más lento evitando el momento en que entrara por esa puerta que mucho antes azote, pero ya habían pasado más de cinco horas desde que me había ido, supongo tiempo suficiente para poder relajarme y entrar.

Cuando por fin me vi parada enfrente de esa puerta recolecte el valor que me quedaba después de sentir mis pies punzantes, y mis piernas agotadas, respire profundo y entre, me encontré con él sentado frente al televisor tan tranquilo, su expresión al verme llegar su de sorpresa y con la voz tan estúpida que siempre hace su única pregunta fue… ¿saliste?, como de costumbre no había notado que no estaba, quizá por eso este no era el lugar al que quería regresar, pero una vez más sigo aquí.

 

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