Sociedad

Cambiar tu vida

Cambiar tu vida - Sociedad

Yo hace 3 años no estaba bien. Era una persona frustrada y amargada. Cada día me levantaba con la esperanza de que sucediera algo interesante, pero eso no pasaba, y entonces me deprimía más, convirtiendo así los días en una pesadilla recurrente. Estaba tocado anímicamente porque no me sentía a gusto con mi existencia. No tenía metas ilusionantes, no tenía objetivos reales. Y eso realmente era lo de menos, lo que más me desilusionaba era ver por las redes sociales como la gente salía de fiesta, viajaba, compraban coches, móviles, ropa, como parecía que exprimían las naranjas de la diversión y hacían zumo todos los días, mientras yo no era capaz de cogerlas del árbol. Parecía que todo el mundo se divertía, menos yo. Y me sentía aún más frustrado si trazaba un plan de ocio, debido a que no tenía dinero para ejecutarlo. Tampoco tenía amor, mientras que todo el mundo tenía pareja o al menos alguien a quién aferrarse.

Un día estaba con mi madre en nuestro campo. Era verano y nos refugiábamos bajo la sombra de una higuera. Yo nunca he sido muy abierto con mi familia, pues siento que cuánto menos me conozcan mejor, así no podrán juzgarme y me dejarán más libertad. Esto es algo que me pasa con mi familia y también con mis amigos. Pero aquel día caluroso bajo ese árbol necesitaba desahogarme. Le dije a mi madre que no estaba contento con mi vida, que quería hacer muchas cosas pero que no tenía dinero, y que eso me frustraba profundamente. Entonces mi madre me dijo que tenía dos caminos: uno, el de ponerme a trabajar para conseguir el dinero que quería, o dos, estudiar para que el día de mañana tuviera un gran sueldo, y poder hacer todo eso que deseaba.

Ese verano era el previo al primer año de universidad. Yo no quería ponerme a trabajar, pues pensaba que era mejor dedicarme a la carrera 100% ya que nuestra economía familiar lo permitía. Entonces, ahí lo comprendí. Entendí que no servía de nada centrarse en el pasado, pues este ya no existe, y que el presente es efímero y se nos escapa de las manos. No tenía sentido que yo me frustrase por situaciones pasadas que ya no podía cambiar. Comprendí que el verdadero placer no es tratar de satisfacer tus deseos presentes de forma inmediata, si no saber esperar para obtener un placer mucho mayor en el futuro. No sirve de nada que yo quiera tener un coche ahora y me enfade con mi padre porque no me lo compre. Lo realmente placentero, es que yo trabaje para conseguir ese coche por mí mismo, y que cuando lo tenga, no le daba nada a nadie, y sea un triunfo enteramente mío. Esa es la mejor sensación que puede tener un ser humano, el ser libre y conseguir sus metas por méritos propios.

Con esta nueva mentalidad, empecé a dejar de impacientarme por los resultados inmediatos y empecé a, como digo yo, a sembrar. Me marqué el objetivo de aprobar la carrera en tiempo y forma, por lo que me puse esa meta como el vértice sobre el que giraría mi vida. Consideré que con una carrera tendría más formación y por tanto ganaría más dinero en el futuro. A ese propósito principal, le añadiría otros pequeños propósitos que me ayudarían a crecer como persona. Así empecé a hacer deporte, a leer libros, a ver películas, a preocuparme más por mi familia y amigos, a tratar de hacer cosas buenas. Aprendí a crear una rutina, de tal manera que cada día que me levantaba sabía lo que tenía que hacer y las metas diarias que debía conquistar. Así no perdía días enteros vagueando pues me di cuenta de que el tiempo no avanza, si no que se descuenta, y que cada minuto estamos envejeciendo. Como diría Jordan Peterson, primero ordené mi habitación y luego ordené mi vida.

Todo esto al principio se hace muy cuesta arriba y es muy fácil abandonar, pero hay que pensar en lo bien que te sentirás el día de mañana. Hoy estás sembrando el éxito que recogerás mañana.

Y en cuanto a las redes sociales, el gran Kase O dice que las apariencias aparecen cuando hay mucha mierda escondida. Y tiene toda la razón. Aprendí que cuando la gente realmente está feliz, no tiene la necesidad de mostrarlo, simplemente lo vive. Y conocí a gente de esas que veía tan contentas en la red, pero que verdaderamente estaban tristes, pues debajo de esa careta de intentar demostrar a los demás lo guay que eres, no hay nada.

Yo no me comparo con nadie ni busco quedar por encima de otros, porque estoy a gusto conmigo mismo.

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Acerca del autor

Mario Redondo Cordero

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