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Cambio de Aire

Cambio de Aire - Literatura

En una esquina, oscura por un prematuro epílogo del día, se encontraba ella de pie, apoyada contra la pared, esperando ansiosa.

Cortos y dorados sus cabellos, se revolvían con cierta brisa audaz que se atrevía a tocarlos.

Sus piernas, cubiertas de negro, bailaban al ritmo del nerviosismo.

Por sobre su cintura, una blanca remera sin mangas ascendía por su humanidad.

Cerca de sus manos, guardaba cicatrices de una vida pasada que quiso terminar.

Al rato, El viento le recordó el abuso de tiempo que había pasado desde que llegó a esa esquina. Tuvo que mover su pelo para hacer algo.

La quietud de la noche hacía de su mente un lugar violento para habitar.

De pronto, no pudo resistir más.

Tomó su teléfono móvil y llamó a su amor.

Sus manos ejercían mucha presión sobre el aparato y lo cubrían de sudor.

A punto estaba de destrozarlo hasta que oyó como una voz lejana pero conocida, le decía que nadie iría a su encuentro, ya que el romance había desaparecido.

Entonces sus ojos se hicieron enormes y de sus manos se escurrió El teléfono.

Éste terminó estrellándose contra el piso, al tiempo que ella se sentaba en el cordón de la vereda.

Por sus mejillas rodaban lagrimas frías que habían nacido de un despiadado dolor.

Su mente la laceraba con odio, y se sentía culpable de este final.

“Tengo que irme lejos de aquí” fue la abrupta reflexión que gobernaba su mente.

En eso, se puso de pie con seguridad, secó sus lágrimas y empezó a caminar.

Contra el pavimento, fueron cayendo de sus bolsillos las monedas y otras pertenencias.

Los pequeños aretes que llevaba, fueron a morir en el piso sin que el andar de ella se detuviese.

Por un instante miró hacia atrás, como con la ingenua esperanza de que su amor vendría a rescatarla, pero nada pasó y su mirada se volvió a perder entre tinieblas.

De golpe, se detuvo. Estaba frente a su casa en la cual entro rápidamente.

Puso algunas pertenencias en una mochila y volvió a la calle.

Ante su mirada, el mundo parecía violentarse entre sí como empatizando con el dolor de ella.

Un estertor le hizo saber que la decisión ya era inevitable.

Cerro sus ojos fantaseando con el último beso de su amor y así, se lanzó a caminar, sin ningún rumbo…sin ningún destino.

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Acerca del autor

Britania

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