Literatura

Capitulo: Visitando a un viejo Maestro



Capitulo: Visitando a un viejo Maestro - Literatura

Me encontraba ante Sankat, sosteniendo la lágrima de la oscuridad, en mi mano derecha y una daga en la izquierda.

-Con está lágrima, te doy una nueva vida, para que cumplas tu misión, mi Heraldo- Levantó su mano derecha- Y te concedo parte de mi poder-

De la mano, en la que sostenía la lágrima, surgió un tatuaje negro, que empezó a cubrir todo mi cuerpo. En mi interior, sentía un gran poder, con el que lograría hacer cualquier cosa. Sentía que, ya nadie me vencería, incluyendo a Eliot…

Recuerdo que la ceniza, alrededor, empezó a levantarse y en un momento, el tatuaje, cubrió mi mano, sintiendo una gran fuerza en ella.

-Ahora, podrás usar magia negra, a tu conveniencia. Las sombras, las cenizas y las oscuridad, están a tu disposición- Sonrió – La daga que sostiene, está hecha de diamante negro, un mineral, que solo se consigue mediante la alquimia. Es capaz de rompe cualquier hechizo de sellado o protección.

-Me haz dado el arma y el poder para iniciar mi mision- La daga fue cubierta por el tatuaje y desaparición, al igual que la lágrima. Pero los sentía y sabía que solo tenía que invocarlo y ya- ¿Donde se encuentra la Katana?-

-La tienes tu viejo maestro, el Líder de lo Caballeros del Reino, Arturo Magno. En su oficina, en el castillo de la capital- Río por un segundo- Después de que la gran Aldea de Fuego cayera, perdieron la Katana y después de pasar por muchas manos, termino en una subasta ( como una reliquia antigua) y en la compro- Sonrio- ¿Quién diría que una de las creaciones más poderosa, que hicieron mis Nigromantes, terminaría en una repisa-

– Un momento ¿Es la Katana de escama de dragón, que está en la repisa, de vidrio de protección mágica?-

-Estas en lo correcto mortal- Dijo. Es una espada, forjada con escamas y un mango de cuero.

Recordé, haberla visto, ciento de veces y el Capitán la uso, en mi nombramiento como Caballero.

-Entonces sé muy bien cuál es, acercarme lo más posible al castillo, lo obtendré-

-No irás solo, te acompañará Irá, para asegurarme de que cumplas tus misiones- Alzó su brazo izquierdo y en él se posó un halcón, el cual se le veía el cráneo- El se esconderá en las sombras o en la forma de otros seres vivos y podrás pedirle ayuda cada vez que la necesites-

-No estoy de acuerdo, de que me siga, unos de tus demonios, pero si sientes la necesidad de vigilarme… Supongo que no me queda de otra- Se posó en mi hombro aquel ser.

-Es hora de que vayas-

Las cenizas me cubrieron, no veía, aquel halcón raro, ya no están en mi hombro, pero lo sentia en mi interior (al igual que la daga y la lágrima) y de pronto… Aparecí, en un callejón, cerca de la entrada del castillo de Saru, era tan imponente como siempre.

Sus seis torres, su altura y su muralla de piedra pulida a mano, sentía a cualquiera como un enano de cueva.

La imponente puerta de la muralla, estaba vigilada por guardias, caballeros, que en su tiempo, considere grandes compañeros e incluso amigos. Pero, en ese momento, usando una armadura oxidada, telas negras y viejas, y un tatuaje de líneas oscuras, recubriendo mi cuerpo. Dudaba mucho que me dejaran entrar o que me reconocieran. Además de que, ya había pasado unas semanas desde mi muerte y de seguro Eliot habría mandado una carta, avisando a la Hermandad, de dicho suceso.

En ese punto, empecé a pensar en una forma de entrar sin se visto.

-Por que piensas tanto mortal, solo entra y el que te trate de detener, lo matas- Dijo una voz en mi cabeza.

-¿Quien me habló?-Miraba a los lados, buscando a aquella persona.

-Soy aquel, al que llamaste demonio, tonto humano- rió por un segundo- Estoy escondido en los tatuajes y te hablo a través de tu mente-

-Entonces eres, el Halcón feo, que mandó Sankat a vigilarme-

-No me ofendas mortal. Tengo suficiente poder para ir a ese castillo y matar a todos los guardias, sin que se den cuenta de los que paso. Y así no estaríamos, perdiendo el tiempo, mientras tú piensa en como entrar, sin ser visto-

-No los mataré, si no es necesario, mi venganza es con Eliot, no con ellos- Recordé, que muchos de ellos entrenaron conmigo, en la academia y tenía familia, que dependían de ellos- Además, si tienes tanto poder ¿Por qué Sankat no te mando a ti a buscar las armas?-

-Los demonios no pueden manifestarse, en la tierra, si no están vinculados a un ser vivo. Y las pruebas que se te avecinan, con los demás artefactos, solo la pueden hacer un humano- Hizo una pausa, como si pensara, en otra razón por la que, me necesitaba Sankat- Por eso te eligió a ti, como su Heraldo-

-«Ya veo, solo un humano puede obtenerla»- Pensé

-Exacto. Por cierto, puedo leer tus pensamientos, siempre que esté dentro del tatuaje. Así que no trates de ocultarme nada mortal-

Después de eso, recuerdo, está un tiempo analizando, como entrar sin ser percibido por alguien. Mientras el demonio, me trataba de converse, de matarlos a todos.

Pasaron unos minutos, hasta que recordé, que había un túnel. El cual iba, desde una fuente, ubicada al frente de la segunda entrada de a muralla, hasta el sótano del castillo. Del sótano, me dirigía a la oficina del General, solo esperaba a que él no tuviera ahí.

-¿Por qué sigues pensando? Vamos a la fuente- Dijo, en un tono molesto- Usa la magia que se te dio y desplacémonos a través de las sombras-

-¿Cómo hago eso?-

-Tonto humano, solo únete a ella-

«Unirme a ella»-Pense

Toque la sombra que había en el callejón, con mi mano derecha. Los tatuajes me empezaron a cubrir el cuerpo y de un momento a otro, entre en una especie de dimensión alterna. En este lugar la luz está como sombra y la sombra era luz, al caminar, era como si fluyera a través de aquellas zonas iluminadas.

-Bienvenido, al mundo de las sombras, eres el segundo humano, en estar aquí. Aquí nadie te puede ver o tocar, y podrá desplazarte, grandes distancias, en poco tiempo, siempre que haya sombras, en el camino-

-Esto es mejor, de lo que pensé ¿Y quién fue el primer humano en estar aquí?-

-Un hechicero, que hace un siglo, trato de dominar, por completo, la magia oscura-

-¿Y qué pasó con él?- Pregunté con intriga

-Perecio ante su avaricia- Rio- Pero no es tiempo de hablar. Vayamos a los túneles-

Empecé a desplazarme a través de los focos de luz (sombra), sentía que volaba y que no podían detenerme nadie. En poco minutos estaba en la fuente y entré a los túneles. Cómo estaban oscuro, estando en el mundo de sombra, pude recorrerlos rápidamente.

Nos encontramos en la salida y pasamos al sótano, había algunos guardias.

– Mátalos, aprovecha que no pueden hacerte nada-

-¡No! No mataré a inocentes, solo para hacer pagar a Eliot- Dije, tratando de sacarme la idea de la mente, de asesinar a aquellos caballeros.

-Fuera del sótano, de seguro no hay muchas sombras, tendrás que volver al mundo real, en algún momento y en tu posición, más vale que no te vea nadie, tonto humano-

Lamentablemente, el demonio, tenía razón. Salimos del sótano y todos los pasillos, tenía grandes ventanas, iluminando cada rincón. En los lugares con pocas ventanas, había antorchas, que se encargaba, de que no hubiera oscuridad.

Solo avance un piso, cuando ya estaba acorralado. Todavía faltaban diez y una torre de distancia, para llegar a la oficina. Salí de las sombras y me desplace con sigilo.

-Demonio ¿No puedes usar tu magia para hacer que me vea distinto?-

La armadura cambio a una de la hermandad, las telas que recubrian los tatuajes, desaparecieron, juntos con ellos. Era como una magia de ilusión, que hizo que me viera como uno de ellos.

-De nada y me llamo Drogo-

Subí piso, tras piso, algunos se me quedaba viendo, como si fuera un extraño, pero no se me acercaba. Sentí que pase horas dentro del castillo, hasta llegar al puente, que daba a la torre, donde se entrenaba y se dirigía los Caballeros del Reino.

Cuando pasaba el puente, se me hizo un nudo en la garganta y un dolor en el pecho, como si algo terrible fuera a ocurrir. Caminamos unos pasillos más, para llegar a la puerta de la oficina.

-¿Track? ¿Eres tú?- Pregunto la voz, que no quería escuchar en esta misión.

Volteo y ahí estaba, mi antiguo maestro, Arturo Magno. Tenía una armadura dorada, llevaba su casco en la mano, el cual tenía forma de cabeza de león, en su cintura, colgaba su espada, la Cortadora de Almas, con la cual usaba a la perfección, su magia de sonido, un tipo de magia, que tiene la familia noble, Magno, capaz de manipular el sonido a su antojo. Se veía tan imponente como siempre y su poder había aumentado desde la última vez que lo vi, en mi nombramiento, como Caballero del Reino de Siru.

-¿Realmente eres tú? Hace unos días, recibir una carta de tu amigo Eliot, en la que decía, que habías muerto en un accidente. No lo podía creer, incluso mandé a un escuadrón, a buscarte en el sitio- Se veía triste, muchos decian que me quería como su hijo, cuando supo de la muerte de mis padres, tanto él, como su esposa, me querían adoptar- Estoy tan feliz de verte, te que estés vivo ¿Y esta armadura?

-Yo también estoy feliz de verlo, los extrañaba a todos- En realidad estaba feliz, el era como un padre para mí- Si hubo un accidente y casi muero, pero después de recuperarme, quise venir y darle una sorpresa, usando mi propia armadura-

-«No trates de mentirle, te descubría y tendrás que matarlo. Así que es mejor que lo mates de una vez, tomes la espada y no vayamos»- Decia Drogo, constantemente en mi cabeza.

-Pues en serio es una sorpresa, imagino que querías entrar para hablar conmigo. Así que entremos y charlamos hijo mio-

Entramos y al mira a a derecha, ahí estaba, La Katana que corta el Sol, hecha con escamas de dragón, llamada por los antiguos, Mandra la que repele el fuego. Tan solo tenía que romper el cristal de protección y agarrarla, pero primero tenía que resolver lo del General.

-Sabes Track, cuando leí la carta, de me rompió el corazón y a mi esposa igual, tu eres como mi hijo y el día de tu nombramiento, fue unos de los momentos más feliz de mi vida- Se apoyo de su escritorio- Así que no podía creer lo que leía. Pero estás aquí, así que no importa lo que leí, tal vez Eliot se apresuró a enviar esa carta, pero no importa ¿En qué te puedo ayudar? Faltan dos meses y medio, para que inicie el cumplimiento de tu cargo…-

-No vine para pedirle ayuda en algo, o sobre mi cargo- Lo interrumpí, sentía que si dejará que hablara, me dolería mucho más, lo que pudiera pasar- Necesito llevarme la Mandra-

-¿A qué te refieres?-

-Esa espada, no es una simple reliquia, es una antigua Katana, que repele la magia de fuego- Sentia cierto dolor a decirle eso, como un tipo de remordimiento- La necesito, para tomar venganza contra Eliot-

-¿De qué hablas Track? ¿Venganza contra Eliot? Él es tu amigo- Se veía confundido.

-Es difícil de explicar pero…-

-«Me cansé de que des tanta vueltas»- Mi armadura cambio, volviendo a su forma original.

Recuerdo a la perfección, la expresión de sorpresa y dolor, en la cara, de aquel que llegué a llamar Padre, tan solo a verme.

-¿Qué te ha pasado?- Hubo un momento de silencio- Nosé que paso en ese viaje, pero estoy seguro, de que tú eres Track ¿Quien eres?-

-Soy yo maestro, solo tuve que cambiar, para sobrevivir y vengarme-

-No, tú no puedes ser mi Track, sus tatuajes eran distintos y él jamás intentaría matar a Eliot, eran como hermanos-

-Las cosas han cambiado, en poco tiempo. Solo deme la espada y me ire- Trataba de calmarlo.

-No, dime qué hiciste con Track- Empuñó su espada.

-No lo eres- La espada empezo a vibrar- Corte Sónico- Se formó un sello, en su muñeca, que se veía como ondas de sonido

Al hacer el hechizo, blandió su espada tan rápido, que corto la barrera de sonido y una ráfaga de aire salió de filo de a misma. Me empujó hacia atrás, destruyendo la biblioteca que estaba al lado de la puerta.

-Maestro, soy yo, Track-

-Track, no me hubiera engañado, usando magia de ilusion- Lanzó otro corte sónico, lo esquive, pero la puerta salió volando- ¿Quien eres realmente?-

-«Basta, si no lo atacas, lo haré yo»- De mis tatuajes, salió una quimera con cuerpo de león y alas de murciélago.

Drogo se abalanzó sobre Arturo. El general uso una barrera de sonido, para protegerse.

-Si piensas, que atacando con una bestia, me vencerás, entonces, en definitiva, no eres Track- Levanto su espada- Onda espansiva- Salió una onde se su espada, que expulsó a Drogo contra una pared y destruyó casi toda la habitación.

Sentía miedo y nervios, al no saber que hacer, entre en una sombra. Estando ahí, pensaba que hacer, mientras veía a Drogo pelear contra mi antiguo maestro.

-No intenté esconderte falsante- Apoyo la Cortadora de Almas en el piso- Canto de Sirena- Un sonido agudo retumbaba, incluso en el mundo de la sombras.

Aquel ruido, que se asemejaba a una mujer gritando, hacía temblar las paredes y me desorientaba. Me llevo al límite de salí y caer al piso.

-Tu no lo atacas, pero él si y a este paso te matará también- Dijo Drogo- Es hora de que hagas algo.

Me sentía en un abismo, como en el momento en que caí, no sabía que hacer, pero lamentablemente, mi instinto me decía, que debía defenderme y si era necesario, atacar.

-Corte Sonico- Otra ráfaga venía hacia mi.

– Pared de Sombras- Un sello de color morado, salió debajo de mi y de la sombra que yo formaba, se creó una pared, que resistió el ataque- Solo me defenderé, pero como usted me enseñó, no dudaré en atacar si es necesario. Así que escuché, yo soy Track-

-Citas las enseñanzas, que le di a mi hijo y dices eres él. Tendrás que hacer más, para engañarme- Su espada volvió a vibrar- Cortés de Eco- Realizó un movimiento de la espada, como si cortará el viento, por un momento no pasó nada, pero de pronto, múltiples ráfagas, salieron de donde hizo el gesto.

Aquellos cortes chocaban con todo alrededor, me defendía usando la pared, pero no sabía, cuándo aguantaría.

-¡Ataca!- Dijo Drogo, esquivando las ráfagas y tratando de acercarse a él.

«Tengo que hacerlo»-Pense-«No! Él es inocente y mi maestro»-Estaba confundido-«Pero tengo que cumplir la misión. Tengo que obtener las armas y matar a Eliot. Tengo que vencer a mi viejo maestro»-

-«Usa la daga que te dio y las sombras a tu antojo»-

La Daga apareció en mi mano y mientras pensaba que hacer, está brillo y supe que si podía usar esta magia, con cualquier ataque, podría improvisar hechizos.

Entre otra vez, a ese mundo alterno, los ecos seguían saliendo y chocando con todo. Me acercaba al General.

-Escondiendote otra vez. Canto de…- Antes de que recitarra el hechizo, salí cerca de su posición.

-Aprecionamiento de oscuridad- Las sombras cerca de él, lo atraparon, como si fuera cadenas.

-Con esto no me detendras. Vibración de celulas- Recordaba ese hechizo, hacia que sus células, vibraran a tal frecuencia, que se podía salir de cual artatura, como si traspasará las cosas.

Justo antes de que escapara, lo intente atacar con la daga… Pero fue tarde y bloqueo el ataque con su espada.

-Eres ágil, quien quieras que seas, pero te falta mucho por vencerme- sonrió

-Soy Track y para demostrarlo, puedo decir, que ya lo vencí- Antes de atacarlo, use una forma de sombra, el cual desaparecio.

Salí de su propia sombra y lo apuñal en una vieja herida, que tenía en la costilla. Me la mostró el día en que empezó a entrenarme, quiera mostrarme, se la hizo un samurái del país Nazcar, en una guerra que hubo con ellos hace 30 años. Recuerdo que me dijo, que aunque estaba lastimado, aún así, siguió combatiendo y que nadie, aparte de su esposa y yo, sabíamos que la tenía.

Escupió sangre y al sacar la daga, cayó de rodillas, no se movía y le costaba respirar.

-Track, no lo puedo creer, eres tu- Quedó en silencio un momento-¿Qué fue lo que pasó?-

-Traición, eso fue lo que paso. Una traición, que me llevo a la muerte misma, pero regrese más fuerte, pero vengarme- En ese momento caí en cuenta de lo que estaba pasando- Lo siento, perdoné lo que he hecho, no quise hacerlo, pero la circunstancia, me a llevado a esto- Empecé a llorar.

-No me pidas perdón, hijo mio, te conocido, desde que eras un niño, te entrene desde que entraste a la academia, eres y serás como mi hijo- vomitó sangre, mientras caían lágrimas- Sin importar lo que hayas hecho, o lo que hagas, te deseo todo el bien, que la luz de Hauka, ilumine tu camino- cayó al piso.

Recuerdo, el dolor que sentía ese momento, las lágrimas que caían al piso, mientras cerraba sus ojos- Gracias Padre- Fue lo último que le dije.

-Otro humano que muere, que estupidez- Dijo Drogo al acercarse.

Tome la daga, rompí el cristal y tome a Katana, la cual fue absorbida por el tatuaje.

-Es hora de irnos, antes de que lleguen los caballeros- Me limpié las lágrimas de la cara.

-¿Por qué tan serio? era un simple mortal-

-Un ser sin sentimientos, como tú, no lo entendería nunca- Me monte sobre su espalda.

Los guardias llegaban, mientras huimos volando, por la ventana de la oficina. En dirección a las montañas Atlas. En busca de la Lanza de Odín.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

5.00 - 1 voto
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Javier Díaz

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información