Humor

Capítulos 19 y 20 (Un cadáver exquisito)

Capítulos 19 y 20 (Un cadáver exquisito) - Humor

Capítulo 19.- Tu nombre me sabe a plasma

 

Justo cuando Pedro, decidido a salvar a la sangre de su sangre, entraba por encima de la puerta de la valla de su casa, por medio de una patada emuladora de Bruce Lee, que más bien le quedó tipo Torrente… le llegó un mensaje de Violeta al móvil: “Patético inútil. Los nenes a salvo. Te vas a enterar de lo que vale un peine. Payaso”.

Se notaba que Tita estaba todavía loquita por él… pensaba para sí Pedro, mientras -como Nerón- veía arder su chalet y especialmente el del gilipollas de Jacinto. “¡Diossshhh! ¡Que ganas le tengo! Si no fuera por mis hijos le iba a meter el GiñaPlus Forte directamente por vía rectal en dosis de elefante… hasta que se le salieran las tripas pidiendo confesión”.

Una vez más tranquilo, decidió, que ya que estaba ahí… ¡ale! a disfrutar del espectáculo pirotécnico. ¡Buuumba! El plasma 60» full HD con home cinema sensorround dolby digital de Jacinto emergió por el balcón del salón haciendo doble pirueta con tirabuzón, empotrándose en la cabeza de un enano de jardín. El mudito para dar más detalles. “Jódete, Monteperales”.

 

“La verdad es que era un donjuan de joven -seguía enfrascado en sus pensamientos Pedro, viniéndose arriba en su moral a la vista de las Fallas Colladescas-. Cómo supo entrarle a Violeta, en ese verano que estaba visitando a su tío Aniceto (que Dios tenga en su gloria), en la sala de espera del dentista de Tomelloso, el Dr. Pancracio Piños Turbios, conocido en su peña taurina como ‘El alicate veloz’, ‘Sacamuelas precox’ y ‘La bestia de La Mancha’. Motes ganados a pulso de 30 años terribles de profesión. Si hicieran psicofonías nocturnas en ese gabinete del dolor, el Iker Jiménez iba a babear de gusto hasta dejar un reguero para practicar bobsleigh”.

Capítulo 20.- Todo queda en casa

 

– Dígame -contestó el agente de policía- Sí, sí… aquí los tengo. ¿Cómo? ¿Está seguro? Sí, sí, lo que Vd. diga…

Colgó el teléfono algo decepcionado. Su bolígrafo estaba preparado para hacer los dos mil metros vallas en multas y sanciones, pero por orden superior tuvo que guardarlo de mala gana.

– Me han llamado de comisaría y me han dado instrucciones precisas, porque parece que usted –dijo el agente dirigiéndose a Violeta- es la pieza clave en un asunto de gran trascendencia.  Un  tal  Toribio,  que  ahora parece que está más con un pie en el otro barrio que en éste, ha contado una historia rarísima en el cuartelillo de la Guardia Civil, cuando estaba detenido

Violeta giró en seco y le miró inquisidora:

– ¿Qué ha contado exactamente ese señor, al que aún no estoy segura de conocer? -preguntó a Violeta, que no paraba de abrazar a sus hijos a los que creía perdidos.

Pía y Edu, al ver la reacción de su madre, se acercaron al agente, expectantes.

David aprovechó para hacer mutis por el foro. Tenía un par de multas de tráfico impagadas y no le hacía ninguna gracia tener que tratar con un agente de la ley. Sin embargo, mientras se apartaba del grupo, no pudo evitar pensar en la mirada de Pía y sus rizos cayendo sobre su frente… Quizás en otras circunstancias, hubiera podido… hubiera sido capaz de decirle… Pero ¡que idiota era! Sólo era un repartidor de pizzas, y con la racha de entregas fallidas que llevaba, probablemente pasara a ser un repartidor despedido….

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