Humor

Capítulos 3 y 4 (Un cadáver exquisito)

Capítulos 3 y 4 (Un cadáver exquisito) - Humor
Capítulo 3.- Espasmos chopédicos

 

Toribio, con la tráquea llena de chopped no podía articular palabra y empezó a gesticular y hacer movimientos espasmódicos mientras salía al exterior al tiempo que David, el repartidor de pizza llegaba a la misma.

– Hey, Tori -saludó David (a lo cual no pudo contestar Toribio en medio de unos extraños gruñidos y estertores), aquí te traigo la cuatro estaciones que me habías pedido de postre.

Viendo como Toribio se le abalanzaba, David se puso eufórico y dijo:

  • Ole, Tori, qué bien embistes.

Toribio seguía dando bandazos y moviendo las manos, tanto que David no pudo menos que sentarse, dar palmas y cantar unas sevillanas, después una soleá (y eso que ya era casi de noche) y finalmente un fandango.

– Venga, Tori, un poquito de zapateado -le animó David.

 

En esto se presentó una pareja de la Guardia Civil que estaba casada por la Iglesia. Ellos eran Manuela y Enrique, dos jóvenes Guardias Civiles (de estado civil casados) que llegaban con cara de pocos amigos:

– ¿Así que ha sido este payaso, el Toribio, el que nos ha dado una falsa alarma? Pues te vas a enterar, te vienes al cuartelillo y mañana nos lo cuentas. Y lo esposaron (a pesar de que Toribio no conocía mujer ni había tenido noviazgo alguno).

– ¿Y a mí quién me paga la pizza? -gimió David.

– Pues más vale que la tires porque se te ha quemado. ¿No lo hueles? -le espetó Manuela, mientras Enrique asentía.

 

 

Capítulo 4.- El laxante es lo que tiene

 

Pedro, no se había enterado del guirigai que estaba sucediendo en la garita del pobre Toribio. Bastante tenía con lo suyo. Sin dejar a Violeta defenderse, colgó el teléfono y giró violentamente la llave de contacto del coche. El chillido que lo acompañó fue digno de “la niña del exorcista”. El coche ya estaba en marcha.

Pero tuvo un efecto colateral positivo. Toribio, sordo desde la mili, cotilla por vocación, que llevaba el audífono a tope de volumen para enterarse de todo, con el impacto del chirrido que hizo el motor de arranque, expulsó el trozo de bocata de chopped con fuerza “match 2”. Destino: el tricornio de Enrique. Se iba a liar una buena.

 

Pedro tenía que volver al chalet. Corriendo.  A rescatar a sus hijos. Mientras conducía como un poseído, volando sobre los badenes de la urbanización, veía como su vida se iba a la mierda. ¡Cómo no! ¡La mierda (y nunca mejor dicho) le había acompañado en los últimos años!

Él era Pedro Bareta, el Product Manager con más éxito de Future Farma Inc., con el producto de menos glamour del Vademécum: GiñaPlus Forte; el líder del segmento de los laxantes. Pedrito Bareta, como le conocían en el sector, era el único superviviente del antiguo Laboratorio del Dr. Rodríguez, especializado en aliviar trastornos digestivos y que fue comprado por la multinacional Future Farma Inc. hacía 5 años. Al Dr. Petronilo Rodríguez, Pedro le tenía más que aprecio. Le tenía devoción. Él sí que era un señor con clase. No como Mr. McKarran, el nuevo dueño, americano, de Texas y gangoso. Sólo escucharle intentar decir el nombre de su antecesor (aunque fuese para ponerle de vuelta perejil) hacía que mereciese la pena asistir a las insufribles convenciones anuales. Pero si había alguien a quién no soportaba, que le alteraba hasta lo más profundo del ADN, era Jacinto Monteperales. Su jefe inmediato. Su vecino de chalet. Quizás el tipo más creído de sí mismo que había forjado el MBA Pharma Business de la Universidad de Chicago, la Meca de los estreñidos.

(Continuará…)

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