Salud

Carta a mi «Yo» de 22 años



Carta a mi «Yo» de 22 años - Salud

Hola Sara,

Hoy cumplo 35 años.

Ayer vi una foto nuestra, bueno, tuya, de cuándo tenías 22 años. Digo tuya, porque apenas queda nada de ti, pero ¡cuánto hemos aprendido en estos años!, ¡todo lo que hemos pasado!

Maduraste muy rápido, demasiado, pasaste de niña a mujer sin darte cuenta y viviste de manera muy intensa y con prisa. Buscaste la felicidad de diferentes maneras, planeándola, sin dejarte llevar, pero al final, nada te llenaba, hasta que te diste cuenta de que no había un guión.

 

Me gustaría decirte varias cosas, no a modo de consejo, porque sé cuánto odiabas que «te comieran la cabeza» y eso es lo primero que te digo: Qué escuches más, sobretodo a la gente que te quiere.

-No tengas tanta prisa por crecer, déjate llevar y no te ates a responsabilidades.

-Estudia, pero lo que realmente te gusta y sobretodo ¡vive! Vive como si no hubiera un mañana: sal, ríe alto, baila, viaja, enfádate si hace falta y no te tomes las cosas tan en serio, porque lo único irremediable, es la muerte.

– Pide perdón cuándo te equivoques, porque el orgullo no sirve de nada. No hagas caso al que dirán y haz lo que te de la gana.

-No critiques, porque no sabes lo que hay detrás de cada unx  y si miras a alguien hacia abajo, que sea para ayudarle a levantarse.

-A esas personas tóxicas, sácalas de tu vida y rodéate de gente positiva, sana, que te aporte y no te reste.

-Sé fiel a ti misma, a tus creencias, a tus valores y expón tus opiniones, siempre con respeto.

-Sobretodo, no quieras ser tan perfecta ¡cuánto te costó aprender lo aburrido qué es eso! y  no tengas miedo a equivocarte, porque cómo tú y yo sabemos, cuándo te equivocas, aprendes.

-Nunca, bajo ningún concepto, aceptes menos de lo que das. Quiérete y respétate, absolutamente nadie es más que tú.

Disfruta del camino, celébralo todo, porque cuándo llegues a tu meta, te darás cuenta de que la verdadera felicidad era el viaje, no el fin.

¡Qué guapa eras! Recuerdo que odiabas esa foto porque no te gustaba tu nariz y decías que «salías» muy pálida. Sin embargo, ahora son rasgos que me definen y que no me disgustan en absoluto.Veo tu mirada perdida, que todavía conservo. Veo como sonríes y me invade aquel sentimiento de infelicidad, porque llorabas por dentro, porque nada, ni nadie te hacía feliz, porque tus complejos eran grandes, aunque absurdos y en parte marcados por una sociedad que buscaba la perfección en un único prototipo de mujer, al que tú querías pertenecer o eso creías.
Siento también aquella inseguridad, qué hacía que quisieras desaparecer, ser invisible…Lo que tú no sabías es que eras perfecta y que no le deberías haber permitido a nadie que te convenciera de lo contrario.
Sé que parezco enfadada, pero no lo estoy en absoluto. Al contrario, me gustaría agradecerte, porque gracias a lo que eras tú, soy lo que soy hoy en día y que, aunque apenas queda nada de ti y echo de menos aquella inocencia, todavía conservo tu rebeldía, que te hacía salir a flote a pesar de todo, renovarte y reinventarte.

Vive Sara, vive, porque el tiempo pasa volando y al final lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.

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SeZ

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