Sociedad

Carta abierta de un autista.



Carta abierta de un autista. - Sociedad

Has abierto una puerta. No es la puerta para entrar en mi enigmático mundo. Es la puerta de mente la que has abierto al momento en que captas estas palabras. Te das cuenta? Voy a entrar en tu mente. Sigue leyendo. Sigo encontrando un lugar dentro de ti. No me puedes ver con los ojos del cuerpo; ni escuchar con tus oídos corporales; ni sentir con tus manos físicas. Sin embargo, me concibes como un ser corpóreo. Tu imaginación de forma inconsciente me ha dado un rostro, unas manos, un cuerpo, una voz… Así, te resulta más fácil captar lo que vas escuchando con tus ojos. Como ves, ya habito dentro de ti, cual si fuera un ser real que abstrajiste por ti sólo. Quieres seguir leyendo? Hay todavía muchas palabras delante en este texto. Vas captando palabra por palabra, pero delante de éstas, se extienden a la lejanía muchas más. Como cuando miras el Sol en horizonte. Observas la lejanía, pero no te detienes en cada objeto intermedio. Simplemente, diriges tu mirada hasta los matices dorados que se difuminan por el cielo al caer la tarde. Pero sabes que para llegar al horizonte, que si te pones en marcha hacia él, te encontrarás con infinidad de detalles, personas, árboles, arbustos, caminos, piedras, animales, etc. Del mismo modo, diriges tu mirada al final de este cúmulo de líneas, e intuyes que más abajo, escondido en algún lugar, se encuentra el fin de este discurso en bloque. Ahora tomas una pausa para pensar si continuar leyendo o no…

Te ha vencido tu propia curiosidad. Veo que has decidido regresar al flujo de palabras. No sabes a dónde te llevará esta corriente, pero sientes la necesidad de sentirte satisfecho de haber recorrido esta lectura, hasta el momento hecha sólo de un cúmulo de pensamientos sin sentido. Bueno, querías saber cómo piensa, verdad? Ya te perdiste? Ya te extraviaste? Sigues aquí. Yo sigo aquí. Y estaré a partir de este momento contigo siempre. Ya estoy en tu mente. No hay ya nada que puedas hacer para borrarme de aquí. O sí? Tal vez… O quizá vuelva aparecer en un pensamiento fugaz en algún momento imprevisto en el día… O podrías hacerme partícipe en uno que otro sueño, siempre que no sea una pesadilla… Pero eso ya no dependerá de mí… o quizá, sí… Es suficiente para mí vivir de tus pensamientos, de energía psíquica… Bien, no quiero que os asustéis. No soy más que errante imaginación jugando con una aguja, que es esta hoja de papel, insertando palabras en un orden coherente, o casi coherente. Qué esperábais? Un insulso contenido sin ideas que deambulan a su antojo como ya hartos textos existen por doquier? Aquí, todas las palabras están vivas. Todas las ideas son seres con vida propia. Aquí se tuercen los pensamientos. Ellas, en esta diversidad colorida y frenética, gustan de destrozar el discurso tradicional. Es otro mundo. Un universo incorpóreo que se ha creado sus propias leyes, o, mejor dicho, que han abolido a todas ellas. A eso le llaman libertad? No es ésta otra palabra con vida propia? Aquí nadie caza definiciones. Aquí nadie encierra conceptos. Aquí todo es un caos en perfecta armonía.

Y no te preocupes por mí. Preocúpate por ti. Yo en mi mundo, en este universo interior, yo soy feliz. En cambio tú, en tu mundo, en tu mundo real,  vives agobiado de toda una fauna angustias y preocupaciones, las cuales bañas día con día de una delgada capa de barniz de aparente alegría. Todos creen que te invade la alegría. En tu puesto laboral, trabajas sin descanso, y ese cansancio se vuelve un lastre más pesado con el pasar de los días. Los momentos de relajación y distracción se vuelven escasos y difusos. Se agolpan las cuentas bajo las carpetas de tu escritorio. Tu vida personal se hace más impersonal. Te vas vaciando de ti mismo. Y de ti no va quedando nada. Sí, recuerdo tus palabras. Sí, tus prejuicios acerca de mí, y mi mundo, el mundo en el que vivo ensimismado. Aquí yo, sigo siendo yo. Qué dices, que yo evado mi realidad? Tal vez, eres tú quien evade la suya. Desempeñas un trabajo que no te satisface; te involucras en relaciones interpersonales de las cuales mañana te arrepientes de haberlas abordado; te arrepientes de haber comprado tal o cual cosa que con el tiempo te ha ocasionado multitud de inconvenientes… Y crees que todo ocurre allá afuera para hacerte infeliz… No será que nunca has mirado en tu interior para saber qué es lo que realmente deseas, lo que realmente anhelas, lo que te hace feliz de verdad? Esto, ni siquiera te lo quieres preguntar; evades la pregunta; ésta, y mil cuestiones más; te evades a ti mismo; te olvidas de ti mismo… Eres un ser impersonal, sin vida interior, vacío por dentro… Así que, no te preocupes por mí…

En mi mundo interior, todo es vibrante, armonioso, brillante, increíble. Llámalo caótico, si quieres. Y el tuyo, cómo es? Cómo es tu mundo allá afuera? Sí, ya veo… Tienes un mundo tecnológico maravilloso… Un mundo de comunicaciones. Un mundo de entretenimiento. Un mundo de progreso. Un mundo donde el diálogo profundo se ha extinguido por completo. Las ciudades las has saturado de ruido. Las calles, de basura. Tomas tu móvil y buscas entretenerte (o evadir el propio cuestionamiento de tu ser?), pero para ti desaparece la persona que está a tu lado… Aunque sea tu esposa, o tu hijo, o tu padre, o tu madre, o tu hermano, o tu amigo, o tu compañero de trabajo. Me reprochas mi aislamiento, y tú, como persona normal, te aíslas de los demás. Sigue en tu entretenimiento; continúa repasando la cartelera cinematográfica; investiga el lugar y fecha del próximo concierto de tu grupo favorito. Cualquier lugar será mejor que tu casa. Tu casa ya casi se ha convertido en sinónimo de hastío y estancamiento. Bueno, al menos has comprado en oferta aquella pantalla con lo último de la tecnología. Cuánto entretenimiento en esa infinidad de canales. El clásico. La pelea tan esperada. El mejor canal de noticias. Noticias que causan más miedo que las más torcida película de terror. Ya el miedo ha invadido la vida cotidiana. Temes a tantos fantasmas que, en un pasado remoto, no eran más que entes que desaparecían con el más leve soplo de viento. Ahora, son tan reales… Ahora los ves por los cielos, y los llamas smog; los ves por las aguas, en forma de residuos industriales o domésticos; los ves en los campos, en forma de plaguicidas que adhieren microscópicamente a tus alimentos. Y algunos aparecen en tu billetera, fantasmas de crisis económicas. Y van creciendo y expandiéndose en tamaño y en su capacidad de destrucción, y los identificas en las guerras, en las invasiones, en las amenazas de grupos a naciones, en los regímenes totalitarios, en las opresiones a las manifestaciones, en pueblos enteros que padecen hambre y miseria, epidemias, y enfermedades nuevas que ocupan los titulares de las noticias… No sé cuántos fantasmas he omitido en esta lista y ahora me reprochas no haberlos mencionado. Lo siento; pero tú los conoces mejor que yo; es tu mundo; no? Allí tienes tu entretenimiento. Por eso te digo, no te preocupes por mí.

En mi mundo, me reprochas de ser insensible al dolor de los demás. Sí; me adivinaste las intenciones… Ejemplos en tu mundo, tienes de aquí hasta los confines de la galaxia. A tu lado está tu pareja que ha lidiado todo el día con tus pequeños, y no le diriges una palabra de agradecimiento, menos una caricia que alivie su fatiga emocional. Pero has optado por mirar la televisión con ella; qué sabes de tus niños? Seguro alguno esperó en la ventana tu regreso con mucho entusiasmo. Y al llegar a casa, lo apartaste de ti, pues el pequeño no sabe que tuviste un día terrible en la oficina, y no estás de humor para hablar ni jugar, mucho menos, para mimarlo un poco… Por la calle, de regreso a casa, tal vez te topaste con un anciano que deseaba cruzar la calle; pero tú estabas absorto en tus pensamientos, y ni para qué pensar en la molestia de bajar de tu auto para ayudarle a cruzar… Y de aquel mendigo que, en nombre de Dios, te solicitó una moneda… Que se las arregle como pueda; no? Ellos, y los que viven fuera de mi familia, los extranjeros, los expatriados, aquel país que es invadido por una potencia imperialista, igual, para todos esos, que corran la misma suerte. Les aplicas aquella máxima de «te ignoro; luego, no existes»… No te interesan… O sí? Bueno, en ese caso, no te preocupes por mí, sino por ellos…

En mi mundo hay una lógica, un orden a seguir. En el tuyo?

Vuelvo a mi mundo interior. Y no te preocupes por mí; preocúpate por ti…

 

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Acerca del autor

Gabriella Roxanne

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