Literatura

Carta de amor a su psiquiatra

Carta de amor a su psiquiatra - Literatura

Queridísima Laura:

“Como la tierra absorbe la lluvia en momentos de sequía, así han penetrado tus palabras en mi corazón”. Así empezaba un texto que me escribió la primera mujer de la que me enamoré -yo tenía 15 años, ella más de 30, era mi profesora de lengua y puso una v en el lugar de la segunda b de “absorbe”-. Lo traigo aquí porque me ha venido a la memoria inesperadamente, buscando una frase que recoja lo que ha supuesto para mí trabajar contigo (deja que sea precavida y me reserve el conocerte). Cediéndole un poco de terreno a la cursilería (Sofía era bastante cursi) puedo compararte con el bosque que contiene tu nombre, paciente e impertérrito ante mis vaivenes, has sido un refugio a veces, otras me has obligado a reaccionar, me he sentido protegida y querida, siempre escuchada. También me he mantenido siempre alerta ante la certeza, necesaria, de que no puedo, ni debo, conocer todo lo que guardas.

Reconozco que cuando intento clasificar mi relación contigo tengo algunas dificultades. Te aprecio, hice desde el principio un esfuerzo consciente por no precipitarme minusvalorándote cuando no coincidíamos, cuando no me leías como yo consideraba que tenías que hacerlo. También me esforcé en no dejarme llevar por el entusiasmo cuando veía que era capaz de sorprendente o cuando despertaba tu afecto. No quería, no debía convertirte en otra de esas mujeres guapas, inteligentes y poderosas, a las que tengo tendencia a retar continuamente. A desarmarlas, a seducirlas (siempre en el plano intelectual o emocional, la conquista en el plano físico ha ido interesándome cada vez menos con el paso del tiempo). Me hago notar y me marcho o, si la ocasión lo merece, termino encontrando un sitio a su lado, distante en la práctica, cercano en momentos de introspección. Intentar conquistarte a ti habría sido un fracaso; todos los resultados posibles me resultaban aterradores: tu desprecio, tu indulgencia, tu rendición; me habrían dejado completamente sola conmigo misma.

Sin embargo, para que nuestra peculiar relación funcionara el primer paso consistía ineludiblemente en mostrarme ante ti. Yo escogía el ritmo, yo escogía los medios, contaba de antemano con tu interés. Era fácil y apetecible poner a prueba mis habilidades y ponerte a prueba a ti transformando la exposición de mis inquietudes en un desnudo pausado. El tempo y los matices en la interpretación determinan el efecto de la obra. Intenté hablarte de esto, pero me dio la sensación de que no quedó claro. En cualquier caso, perdió relevancia después de un tiempo, y perderá la poca que le queda ahora que me sincero. Mi esfuerzo dio su fruto, me abrí y confié en ti cuando no rehusaba instintivamente a hacerlo; me contuve cuando el contexto pedía que diera más de lo que yo consideraba que podía manejar (nada nunca fue grave). Creo que lo hice medianamente bien dada mi poca pericia en la autocontención.

Creo que me cuesta tanto aceptar el fondo monetario de la relación porque en este caso el pago banaliza lo que considero más valioso: mi apertura honesta, mis debilidades, la llave para someterme. No te entrego nada físico, no te autorizo a manipular ninguna parte de mi cuerpo, no compro nada. A veces pienso que compro el derecho a decir lo que pienso sin miedo a las consecuencias de lo expresado. Pago, y con ello me aseguro de que tu distanciamiento no sea posible, o al menos no lícito. Tengo permitido pensar lo que quiera, expresarme como quiera sin pagar las consecuencias que habitualmente acarrea este comportamiento en las relaciones sociales; tú estás obligada a escucharme. Dado que tu atención no ha sido entregada libremente, ¿cabe valorarla?

Por otro lado, no sería justo no mencionar tu contribución a lo que considero un éxito. Has sabido amortiguarme, hacerme consciente de algunos errores, me he sentido querida cuando correspondía, escuchada siempre. Fuiste crítica y explícita cuando fue oportuno. Me has ayudado, y no puedo más que agradecértelo.

Entre el placer y el miedo con lo que te venero, me despido.

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wasp304

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