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Casas de apuestas, la droga del s.XXI



Casas de apuestas, la droga del s.XXI - Sociedad

Las casas de apuestas se han convertido en la nueva droga entre los jóvenes y la clase obrera. La cocaína, la heroína, el MDMA o el cannabis han sido substituidos por William Hill, Bet365, bwin o betfair. En los años 80 los adolescentes malgastaron su salud y ahorros en drogas, hoy en día lo hacen en apuestas deportivas. Algunos diréis: “pero al menos las apuestas no son lesivas para la salud”, ¡error! Quizás no lo será en el aspecto físico, pero os invito a hablar con alguien adicto a las apuestas, horas sin dormir por estar atentos a una apuesta nocturna (NBA por ejemplo) o cancelación de planes por estar atento a apuestas diurnas. Los más adictos dedican todo su tiempo y energía (por no hablar del dinero) en las apuestas, tanto en analizar los posibles resultados que se pueden dar, como en visualizar esos partidos en los que han ‘metido’ dinero. Lo que acaba comportando desórdenes mentales como la ansiedad, depresión, problemas de sociabilidad, etc.

Uno de los mayores problemas de este fenómeno que cada vez afecta a más gente, en particular a jóvenes, es la falta de regulación. Los anuncios de casas de apuestas se emiten a todas horas, sin respetar siquiera el horario infantil. Viendo un vídeo de Youtube nos aparecen anuncios, en la media parte de un partido nos bombardean con más anuncios, en el intermedio de una película nos ponen más anuncios. Sumado a la gran campaña publicitaria que hacen estos negocios, tenemos el uso de personajes famosos, respetados por gran parte de los espectadores, para anunciar estas casas de apuestas. Podemos encontrar famosos como Cristiano Ronaldo (futbolista), Maldini (periodista) o José Coronado (actor), incluso equipos que los llevan por patrocinador (véase https://www.elconfidencial.com/deportes/futbol/liga/2018-08-17/apuestas-patrocinios-laliga-bet365-betway_1604885/). El uso de personas que son un ejemplo para muchos jóvenes es una técnica publicitaria deleznable, pues el joven piensa; si mi ídolo publicita esto, es que no debe ser tan malo.

Las casas de apuestas tienen especial peligro en los barrios obreros, donde los vecinos sueñan con la posibilidad de ganar un buen puñado de dinero, y así poder ascender en la escalera social, sin parar a pensar en lo que realmente están arriesgando. Y en particular, los jóvenes, son los que corren más peligro, pues el dinero que apuestan en muchas ocasiones es dinero que obtienen de sus padres y por tanto no les importa usarlo sin pensar, al tratarse de un dinero que no han ganado ellos. Además las casas de apuestas ya no hacen todo su negocio en tiendas físicas, sino que el mayor volumen de actividad es en las páginas online, por lo que el joven, incluso menor de edad, tiene muy fácil el acceso y el poder gastar dinero sin salir de casa.

Los ‘tipsters’, son una modalidad de apostadores que crean un grupo de whatsapp o telegram (medio más usado), en dicho grupo, comparten recomendaciones de apuestas de forma regular, que ellos consideran de alta posibilidad de acierto. Los integrantes del grupo que siguen a este tipster, los clientes, deben pagar a cambio una cuota semanal o mensual para poder formar parte del grupo y así poder seguir recibiendo las recomendaciones de apuestas. Como podéis ver, estamos ante una técnica perniciosa, pues no existe ningún tipo de regulación en este formato, los jóvenes confían a ciegas su dinero a estos ‘gurús’ de los aciertos en resultados deportivos. Lo que acaba pasando al final, es que el tipster se hace rico (imaginar el caso de un grupo de 500 personas con una cuota mensual de 30€), mientras los usuarios pueden ganar algo de dinero o perder lo apostado más la cuota pagada, puesto que estamos ante un juego de azar  y nada es seguro.

Estos últimos años, movimientos vecinales, estudiantiles y organizaciones de izquierda, han llevado a cabo una reflexión sobre las casas de apuestas, llegando a un pensamiento común bajo el lema #apuestaportubarrio. Este movimiento reclama una profunda regulación de las casas de apuestas, eliminar los anuncios de televisión, reducir la ingesta cantidad de casas de apuestas en los barrios más pobres del país, evitar que figuras mediáticas formen parte de la publicidad, entre otras reivindicaciones. La lucha acaba de empezar, pero la unión de la ciudadanía permite mirar con cierto optimismo a un futuro donde las casas de apuestas no sean una herramienta para empobrecer a los más pobres y condenar a los jóvenes a un futuro sin esperanzas.

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Dagosa

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