Literatura

Casualidades [Historia Corta]



Casualidades [Historia Corta] - Literatura

He vivido en la misma casa durante toda mi vida, 28 años y algunos meses. pocas veces salí a la calle y hablé con mis vecinos, menos aún me fijaba en sus intereses. Estaba en internet casi todo el día o trabajando en un nuevo libro. Las cosas iban muy bien en cuestión de mi trabajo, pero ya saben: afortunado en el trabajo, desafortunado en el amor.
La cuestión es que un amigo me recomendó una página para conocer mujeres, pero no una de esas en que sólo buscan tener relaciones casuales, sino una más seria (y de verdad así parecía). Lo digo porque las personas se comportaban como si tuvieran modales exacerbados. Me parecía contradictorio y hasta absurdo por el lugar. Aun así, cree mi perfil y esperé.
Después de unos minutos, una mujer de 30 años me saludó y yo hice lo propio. Platicamos durante horas a pesar de que no sabíamos qué decir por momentos. Era divertido, emocionante y atractivo, como si estuviera rompiendo las reglas de algo.
Nos despedimos en la madrugada para dormir unas horas, pero desperté muy tarde. Ella me había dejado un mensaje en mi perfil que decía algo así: «Que tengas una linda mañana. Escribe mucho. Tengo que salir».
En primer lugar, me impresionó que me deseara una «linda mañana» a tan sólo horas de conocernos. En segundo, me gustaron las oraciones cortas y tajantes. En tercera, me había adjuntado un enlace que me llevaba a sus fotos. En ella aparecía en mi calle. Me impresioné porque creí que me había investigado, sólo que en el pie de página decía: «Lista para ir a trabajar. Hora de adentrarse en el tráfico». Reconocí el auto que se veía en la foto, era el que se estacionaba a pocas casas de distancia de la mía.
Podría ser una coincidencia, una casualidad, pero quizá no, ella fue la que me habló. Tal vez ella lo supiera.
Por la tarde platicamos como si nada, pero el tema no podía mantenerlo sin tocar.
-Oye, ¿de dónde eres?
-Del Estado de México.
-Yo también, ¿de qué parte? Disculpa si te hago muchas preguntas, pero el lugar de tu imagen se me hizo conocido.
-Sí, lo sé. Vivo a unas casas de ti, ¿verdad? Tampoco lo supe hasta que revisé también una de las tuyas, fue por eso que te compartí mis fotos.
No sabía qué decir, así que pregunté lo que mejor quedaría.
-¿Quieres salir por un café?
-No. Mejor sigamos platicando aquí. Finjamos que aún existe la distancia. No quiero que esto se eche a perder por vivir cerca. No quiero que dentro de unos días me pidas que vivamos juntos. Lo harías, ¿verdad?
-Bueno… yo…
-Lo sabía.
-Está bien. ¿Qué me quieres contar? ¿Cómo es que no me reconociste por mi foto?
Pero ya no me contestó.

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Acerca del autor

Angel González Ramírez

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