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Cataluña: ¿Política o Marketing?

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Cataluña: ¿Política o Marketing? - Política

Como la mayoría de los españoles, sigo muy de cerca todo lo relacionado con el asunto de la pretendida independencia de Cataluña. Mucho se ha hablado ya de este tema, especialmente desde el referéndum del 1 de octubre de 2017, y la más breve proclamación de República de la historia de la humanidad, el 10 de octubre. Creo que los antecedentes son conocidos por todos, por lo que no me detendré a hacer análisis de lo que ya sabemos. Lo que sí me interesa, y mucho, es comprender las razones de todos aquellos que apoyan y defienden esa independencia, muchas veces incluso con argumentos que, desde mi punto de vista, poco tienen de razonables.

Las razones de los partidos políticos son más obvias; no depender de un Gobierno central, no tener que rendir cuentas al mismo, es más provechoso para ellos que sí hacerlo. Y con “ellos” me refiero a la cúpula de todos los partidos independentistas. Estoy convencida de que tienen un plan y una estrategia que, sin duda, al conseguir la República, les otorgaría unos beneficios particulares a muy corto plazo, el principal controlar los presupuestos públicos. Pero, ¿qué ocurre con ese ciudadano de a pie? ¿Ha valorado realmente lo que supondría constituirse en una República? Y me refiero a su día a día, a su economía, a sus derechos como ciudadanos. Porque si algo tenemos claro los que tratamos de analizar lo que sucedería con la mayor imparcialidad posible, es que de lograr dicha independencia, Cataluña saldría de la Unión Europea, ya que no está contemplada la secesión y para formar parte de nuevo tendría que solicitarlo y ser aceptada por todos sus miembros, incluida España, lo cual, en el mejor de los casos, ni sería rápido ni sería fácil. Se pondrían fronteras donde ahora no las hay, lo cual dificultaría el comercio. Necesitarían una nueva moneda, puesto que tampoco sería factible continuar utilizando el Euro. Y todo ello por no hablar de las dificultades relacionadas con el turismo, empresas e inversión, que cualquiera puede deducir con un mínimo esfuerzo. Siendo muy optimistas, lo mínimo que se les avecinaría es un futuro más que incierto, muchos años -posiblemente décadas- de una gran inestabilidad y grandes dificultades para adaptarse a su nueva condición como República.

Por otro lado, existiendo una gran parte de catalanes que no desean tal independencia -según las últimas elecciones, algo más de la mitad-, ¿qué es lo que les hace pasar por encima de todo esto, para tratar por todos los medios posibles de imponer su deseo, no solo a dichos catalanes sino a toda España? Porque Cataluña, les guste o no, forma parte de un país que es España, y cuyos ciudadanos, en el improbable caso de que se llegase a celebrar un referéndum, tendrían todo el derecho a opinar sobre la variación en sus fronteras. Pensar lo contrario es como si yo, en mi madrileño barrio de Salamanca, convenzo a la mitad de habitantes que residen en él, para que nos independicemos de Madrid y del resto de España. ¿Solo votaríamos en dicho barrio? ¿Y si en vez del barrio, decido que simplemente se independice mi edificio? Convencer a la mitad de mis vecinos me parece aún más fácil, y si solo votamos en el bloque, hay muchas posibilidades de que la respuesta sea afirmativa. Sí, lo que acabo de decir es una soberana tontería, pero creo que ha quedado clara la idea de que la independencia de Cataluña no es solo un asunto que competa a los catalanes. Nos afecta a todos los españoles.

Partiendo de estas ideas, que creo que cualquier persona con un mínimo de razonamiento puede entender, ¿por qué el problema continúa y parece no tener una solución que satisfaga a todos, o al menos a la gran mayoría de catalanes? Creo, y es una valoración totalmente personal, que es principalmente por el marketing realizado por los partidos independentistas. Ha sido una ardua labor realizada durante años. Y además, apuntando directamente a los sentimientos y no a la razón. La razón puede ser rebatida con argumentos, puede ser razonada, sometida a escrutinio y confrontada con argumentos contrarios. Los sentimientos, no. Los sentimientos son los que son, y cualquier experto en marketing que intente venderte un producto lo sabe. Sabe que tiene que crear una expectativa, hacerte desear el producto, presentarlo de un modo atractivo y hacer que pienses lo menos posible y sientas lo máximo, para que simplemente lo compres, sin razonar si lo necesitas o no.

No hay más que recordar aquel famoso artículo de Oriol Junqueras que publicó hace años ya, en el cual hablaba de esas diferencias genéticas con “los españoles“. No voy a entrar en la base científica de esa premisa porque es nula, pero sí en el trasfondo y lo que dicho artículo quería transmitir al pueblo catalán. Les estaba diciendo: “somos diferentes, somos mejores, los españoles son un lastre para nosotros“.  Y todos sabemos que el ego y el sentirse superior, es una emoción muy poderosa.

Otro, puede que el más conocido, de sus recursos es el “España nos roba“creado por López Tena. Esa simple frase no solo ataca a los principios de solidaridad más básicos de cualquier sociedad evolucionada, sino que además es un dardo envenenado al corazón del catalán de a pie que, como cualquier ciudadano que paga sus impuestos, se siente inclinado a cuestionar lo que hacen con ellos. Si una figura pública, no solo el citado autor de la frase sino muchos que vinieron después, transmiten el mensaje de que esos impuestos son despilfarrados y mal utilizados en el resto de España, y que poco de ellos se utilizan para mejorar la vida de quien los paga, es evidente que el impacto está garantizado. Da igual que después de eso se presenten cifras o se intenten rebatir esos argumentos, porque nada que provenga de esos “ladrones españoles” va a causar el menor efecto.

Si a esta mezcla ya explosiva de por sí, le unimos una laboriosa acción en colegios, TV3, una propaganda a nivel social en el que se utilizan hermosas palabras como “libertad”, “derecho a decidir“, o la literaria imagen de esos “presos políticos” que han sacrificado su libertad por la causa, o de esos otros que “valientemente” se han “exiliado” para continuar luchando, pues el pastel está servido. Y creo, sinceramente, que con esas armas contaban desde un principio. Creo que a ese nivel propagandístico, el “Procés” fue perfectamente ideado, planificado y ejecutado.  Y creo que esa vertiente emocional es la que mantiene el conflicto muy presente, latente y a la espera de una nueva explosión. Espero equivocarme, pero lamentablemente opino que lo que hemos visto hasta ahora es solo el principio. No se puede luchar con razonamiento ante premisas que parten de los sentimientos.

Es triste y es preocupante, porque una sociedad que evoluciona debería estar enfocada hacia la cooperación y la unión, y nunca hacia la separación. Cuantos más “nosotros” y “ellos” existan, más dificultades, injusticias sociales y guerras son facilitadas, mientras las cúpulas se reparten el poder y los ciudadanos de a pie pagamos las consecuencias de su irresponsabilidad. Respeto profundamente cualquier ideología política, así como el derecho a manifestar dicha opinión, pero no me gusta la manipulación desde el sentimentalismo con aportes propagandísticos. Apoyo cualquier aportación que pretenda mejorar nuestro país. No puede ser de otro modo, porque formo parte de él, pero la solución no es fraccionarlo, sino mejorarlo. Construir, y no destruir.

 

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Acerca del autor

Cristinace2018

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