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Ciudad Capital - Literatura

Caminaban cansados, agitados, todos los habitantes de Ciudad Capital, la tarde caía y las luces humildes y cohibidas padecían resignadas la lóbrega determinación de la oscuridad, no parpadeaban, no temblaban tampoco, pero su luz débilmente iluminaba sus calles y callejas.
Había demasiado ruido en Ciudad Capital, pero por encima de la algarabía podía oírse la megafonía difundiendo el mensaje repetitivo de cada atardecer, la voz venía de todas partes, incluso de más allá del parque frente a la parada de autobuses atestada de gentes que volvían del trabajo. Los coches pasaban veloces, no se detenían ni en los pasos de peatones, parecían desconocer el significado de la palabra paciencia; y más allá de todo, donde la gran avenida se hacía infierno, gritos, pasos marcados, murmullos, coros como rezos al mensaje y multitudes acaloradas, respaldaban la teoría del caos desde la más absoluta locura hasta la menos aconsejable aventura de caminar por Ciudad Capital. Un complejo y concurrido regreso a casa de toda esa barahúnda hacía irrespirable un aire ya viciado por sí mismo.
En esa desesperación ciega y en la carrera por llegar primero, la tranquilidad perfecta de una noche hermosa, cálida y estrellada pasa totalmente desapercibida, nadie le presta atención, nadie se detiene para atrapar un poco de aquella maravilla. Está prohibido. El mensaje es claro y contundente. Hay que volver a casa sin detenerse. Pronto sonará la alarma del toque de queda.
Yo sé que en Ciudad Capital habitan máquinas revestidas de piel humana, cuyo objetivo es producir, sobrevivir, esconderse. Ese es el principio; una humanidad artificial, algunos van y otros vienen, pero nadie regala una sonrisa a los demás, sus rostros programados no la reconocerían si la viesen, algunos contemplan el frío del anochecer en la humedad de sus miradas, de sus ojos, de sus pestañas, arrastrando a sus espaldas el cansancio de Ciudad Capital, el miedo, la tribulación. Se mueven entre quejas y juramentos de olvido por otro día que se fue igual. Escuchan el mensaje.
Quien se atreve a mirar más allá de Ciudad Capital para buscar quizás un respiro de paz, o simplemente contemplar que hay vida fuera del caos, quien de todos esos autómatas se atreve a guardar en sus ojos la imagen de una noche mágica con el baile del viento entre los árboles y tejados, con las nubes pasando ensoñadoras al acariciar la luna; Ciudad Capital lo engulle y sus habitantes lo devoran. Yo, aún estando en medio de todos, lo hago, no demuestro emoción alguna, vivo los días que pasan entre rutinas y avenidas repletas de vacío en toda su caótica confluencia. Pero miro en cada charco el reflejo de la luna y el cielo esperando la ocasión propicia para escapar.

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Aicrag

2 comentarios

  • ¿Que será que propicia en Ciudad Capital el toque de queda? Es fácil identificarse, parece que todo el mundo en la actualidad tiene prohibido o demasiado poco tiempo para parase a ser cortés u observar las pequeñas cosas de la vida.

    Buen escrito.

    ¡Saludos!

    • Así es, me horrorizan esas anodinas ciudades dormitorio, bajo la vacuidad de la vida cotidiana, donde pueden yacer latentes inmemoriales horrores para los que la era actual no es más que un parpadeo.
      Gracias por tu comentario.
      Un saludo.

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