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Colombia: El desafío de Bogotá para modernizar un “país archipiélago”

Colombia: El desafío de Bogotá para modernizar un “país archipiélago” - Política

La definición de “país archipiélago” puede ser utilizada para definir la complejidad de un territorio tan extenso y heterogéneo como Colombia, y da sobre todo la imagen de una sociedad que a través de una impermeable geografía ha sedimentado espacios y comunidades fuera de la órbita de la autoridad estatal.

Estas economías marginales han caracterizado la Colombia de los años 80 y 90, clasificándola como el “Estado fallido” por antonomasia, gobernado por poderes fronterizos tales como grandes latifundistas, guerrilla, narcotraficantes y paramilitares.

Un país inexplicable, donde cada aspecto de la cotidianidad respondía a una lógica privada de conquistas e intereses.

La Colombia “archipiélago” no podía tener ni un alma, ni una capital, siendo sus fronteras y sus carteles los únicos protagonistas en el mercado mundial. Bogotá se presentaba como la triste imagen de una capital ornamental, sumisa ante los vicios criminales y plebiscitarios del país.

Bogotá cambia y comienza a cambiar el país

Si hoy en día Colombia es un país nuevo y, sobretodo, diverso, es gracias a la nueva dimensión social y cultural de su capital. El cambio ha sido implementado en todos los aspectos de la convivencia: desde la recuperación cultural de la ciudad a los transportes, desde la educación hasta la seguridad urbana.

En el 2007 fue proclamada por la UNESCO “Capital Mundial del Libro” y en el 2009 le fue asignado, por la Biennale di Venezia, el León de Oro en Arquitectura, con la mención especial de haber afrontado problemas ligados a la integración social. En el 2012, de nuevo la UNESCO la proclamó “Capital de la Música”.

El factor Bogotá se convierte en un tema central en la dicotomía centro-frontera en un país históricamente construido sobre un “conventio ad excludendum” (acuerdo explícito entre partes sociales, políticas o económicas, que tenga como fin la exclusión de alguna tercera parte de ciertas formas de alianza, participación o colaboración) de amplios estratos de población marginalizada, fácilmente condicionable con el uso de la fuerza.

Una capital central y un país con dobles pulsaciones

El referéndum por la paz, ha mostrado una vez más las dos caras y las dos pulsaciones que conviven en el país. Por un lado, la Colombia que vive con esperanza el nuevo curso y sus nuevas oportunidades, y la Colombia en donde todavía prevalece el odio y el rencor; la Colombia de la reconciliación como una gran oportunidad de integración internacional y la Colombia de la perenne indignación y el autoaislamiento.

El cambio exige ética y ejemplo, fundamental en una sociedad históricamente subyugada por la fuerza. Pero, sin ninguna duda, nada de esto se podría realizar sin el sustento concreto, maduro, e incluso vibrante, de una sociedad colombiana que tiene en sus principales centros urbanos los más activos sujetos modernizadores.

Las elecciones presidenciales de 2018 se antojan como el último y decisivo paso de la transición. La nueva Colombia ha archivado el viejo esquema de alternancia (simbólica) entre conservadores y liberales por una confrontación política verdadera, pero culturalmente representativa, de las dinámicas de contaminación que desde el centro llegan a todas las fronteras del país.

Hoy Bogotá es central en el “archipiélago Colombia”

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CarlosGarciaGC

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