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COMO ACTIVAR LA MENTE PARA QUE FUNCIONE DIFERENTE

COMO ACTIVAR LA MENTE PARA QUE FUNCIONE DIFERENTE - Salud

La mente es el dinamismo energético de millones de neuronas que trabajan en tu masa cerebral para dirigir el funcionamiento total de tu ser. Es la encargada de originar y ordenar las imágenes, ideas, pensamientos y conceptos, los cuales son  resultado del contacto con los objetos del mundo y  de la comunicación que entablas con los demás y contigo mismo mientras estás despierto o durante el sueño. Asimismo, se ocupa de conservar a corto, mediano y largo plazo todos tus conocimientos y recuerdos que obtienes desde que comienzas a ser conciente hasta el final de tus días. Y también es la responsable de la idea que tienes de los demás o de ti mismo, así como de tu actitud ante las circunstancias, los desafíos, los cambios y los ajustes de tu supervivencia conforme creces, cambias y te desarrollas. En suma, es la que gobierna y conduce como quiere tus actos y tu comportamiento. Pero no te pide permiso para hacerlo porque se sobrepone a tu voluntad, a tu libertad y a tus deseos. Por ello, comprenderás cómo activarla para que cambie su manera habitual de funcionar y la puedas mantener saludable e higiénica. Esto es lo que te ayudará a obtener el bienestar.

En realidad, la mente está activa todo el tiempo. Sin embargo, debes cuidar con frecuencia su actividad. Esta no es una labor fácil, pero tampoco imposible de hacer. Se trata de que pongas mucha atención a lo que te dice mientras realizas alguna actividad durante el día o la noche, en cualquier rol o contexto de tu vida personal y comunitaria. Esta actitud te conducirá a dialogar con ella como si lo estuvieras haciendo con cualquier otra persona. Pero no va ser necesariamente como cuando habla tu conciencia porque no siempre tratas con ella un asunto relacionado con el bien o el mal, sino más bien vas a charlar de acuerdo a lo que te vaya sugiriendo. Para darme entender mejor, supón que vas despertando y en ese momento te dice: “quédate acostado unos cinco minutitos más”. Aunque tú sabes que es necesario arrojar la sábana, levantarte y prepararte para salir a trabajar, ella te insiste y si le haces caso, después te acostumbras a llegar tarde o a faltar a tus labores. Otro escenario que quizás ya te presentó alguna vez, se refiere al momento que deseas lograr una meta o quieres conseguir tu superación personal, entonces se expresa así: “Ah, tú no puedes lograrlo, siempre que intentas algo, fracasas; ni siquiera vale la pena que te esfuerces, además, ¿qué van a decir de ti los demás cuando se den cuenta de tu fracaso?” Y en la medida que le sigues haciendo caso, en esa misma medida va debilitándose tu voluntad y bajando tu autoestima, al grado de que será muy difícil tumbar esa barrera de ti mismo para rebasar cualquier límite y conseguir lo que te propongas.

También hay muchos momentos en que te habla resaltando tus mejores cualidades, felicitándote por tus logros o inspirándote la suficiente confianza para que sigas adelante. Te ayuda a razonar o a reflexionar sobre alguna situación que le parece debes estar más concentrado en la vida. La hace de buena consejera e intenta guiarte por caminos más convenientes, sobre todo, cuando no tienes a nadie que lo haga. Se llega a lucir cuando te auxilia en tus actividades intelectuales; al momento que realizas tus estudios o desempeñas tu trabajo. No deja de estar al tanto de todo lo que necesitas tal como lo harían algún amigo, tus padres o cualquier otra persona que te estime o le importes mucho. Esto y mucho más hace por ti tu mente de manera cotidiana y durante todo el tiempo que dure tu vida. Entonces, ¿por qué hacer que funcione diferente?

Quizá te parezca una locura si te digo que muchas personas viven sucias y enfermas de la mente. Con esto no quiero decir que sean depravadas o psicópatas. A lo que me refiero es que hasta ahora no han conocido lo suficiente su mente para provocar que trabaje para ellas a fin de mantenerla higiénica y saludable, generándoles su bienestar. Ahora, tal vez te preguntes, ¿eso es posible? Te comprendo que lo cuestiones porque yo mismo lo hice antes de caer en cuenta que si bien es cierto es un trabajo nada fácil, también es verdad que sí es verdaderamente posible. De hecho, estamos naturalmente diseñados para vivir siendo un terreno de conocimiento continúo porque ninguno está completamente terminado desde que ha nacido. Si fuera esto lo contrario, entonces no habría necesidad para nadie pretender la satisfacción de pasar por esta vida de una manera feliz, realizada y con cada vez más ganas de trascender sin esperar el momento de que nuestro cuerpo deje de funcionar para siempre.

Voy a ser más claro contigo. La mente se parece a un banco: lo que le depositas, eso recibes. O bien, es parecida a un paracaídas: abierta, te salva la vida; cerrada, te causa la muerte. Y te tengo otra metáfora. Es como un contenedor: sucio, da muy mal aspecto; limpio, atrae a cualquiera. Hay muchas formas de comprenderla con metáforas, pero más allá de ello muchos desconocen que les conviene conocer bien a su propia mente para que la mantengan higiénica y saludable. Y si como leíste arriba, es la que gobierna tu voluntad, tu libertad, tus deseos y todo tu ser, entonces es comprensible que por consecuencia si la conoces más, toda tu persona gozaría de la salud y de la limpieza que se llegan a reflejar en todas tus acciones, conductas y actitudes que hablan de quién eres y cómo eres ante ti mismo y ante las demás personas.

Ahora bien, si algo está sucio, es porque antes estaba limpio; y si está enfermo, se debe a que estaba saludable. Lo mismo pasa con la mente. A medida que vas creciendo y te vas desarrollando, tu mente se va alimentando de muchos contenidos que están representados por todas las ideas y los pensamientos generados por ella. Por lo regular, desde que comienzas a usar la conciencia y la inteligencia, la mente se ha encargado de hablarte con la negación de todo. Se sabe que esto pasa en cualquier ser humano de manera natural, lo cual supone que de algún modo hemos nacido con la palabra “NO” o con las negaciones. La fuerza de esta palabra y de ese sonido negativo los  recibiste desde que estabas pequeño hasta hoy; y conforme ha pasado tu vida, sigue generando en ti actitudes y comportamientos que enferman y ensucian tu ser y el de los otros. Por el contrario, la palabra “Sí” y la aceptación, las has tenido que aprender, y lo has hecho a medida que las has ido entendiendo a través de ser optimista y de recibir los mejores resultados en todos tus esfuerzos. O bien, te has dado cuenta del modo positivo que algunas personas viven en cualquier situación que se les presente por más difícil que sea. Esa y otras actitudes manifiestan su limpieza y su salud mental porque no permiten que ni su misma mente les contradiga en sus acciones, las cuales implican el ejercicio de su libertad, su voluntad y sus deseos.

Como es evidente, una mente sucia es aquella que está llena de ideas y pensamientos negativos, de prejuicios inconvenientes, de tabúes, de escrúpulos o hasta de creencias aparentemente verdaderas, los cuales no reflejan un sano juicio. En cambio, una mente sana es la que tiene pensamientos e ideas positivos, optimistas, realistas, innovadores, empáticos y de cualquier otra índole que hacen ver a la persona con un comportamiento atrayente, íntegro y más armónico consigo misma y con las otras personas. Piensa, por ejemplo, en aquellas  que están muy acostumbradas a hablar mal de otras o a difamarlas. Ese comportamiento manifiesta una mente sucia y no muy sana. Por otro lado, considera a las que ante lo que llegan a escuchar sobre otras, se portan respetuosas, tolerantes y prudentes. Esa conducta expresa salud e higiene mental. Como estos hay muchos escenarios de la vida real que pienso tú has visto o has vivido a lo largo de tus años.

Si mantienes limpia y saludable la mente, también tu espíritu estará saludable y limpio. La salud es uno de los bienes más grandes que nos conviene cuidar porque es demasiado preciosa para desperdiciarla o deteriorarla a causa de una sucia forma de pensar. Todas las ideas y los pensamientos que usas diario, se quiera o no, pasan a formar parte de tu organismo, por ejemplo, en el mantenimiento de la sangre, de los tejidos, de los huesos, de los órganos vitales. Tu manera de usar la mente actúa directamente sobre tu carácter, tus emociones, tus sensaciones, tus sentimientos e incluso en tu buen y mal humor. Por eso es de suma importancia ocuparte de manera oportuna por la calidad de tu actividad mental, pues ello determina la calidad de tu vida y la de los demás.

Para muchos, la actividad de pensar significa de modo sencillo llenar la mente de conocimientos y usarlos, pero eso no significa que sepan cómo hacer que esa adquisición sea realmente racional. Con el saber debe producirse un cambio significativo en los hábitos mentales. Esto quiere decir que no es suficiente saber mucho si tu vida no es de calidad. No es  lo mismo vivir sabiendo que saber vivir. Si añades a esto la complejidad de los problemas humanos,  las dificultades actuales de salud personales y la fuerza de voluntad para adoptar un estilo de vida saludable que prolongue tu existencia, te das cuenta que si quieres estar sano, tu prioridad es insistir en los cuidados pertinentes de tu ser y en una buena manera de usar tu mente.

No todos tenemos los mismos deseos ni los mismos hábitos, pero estarás de acuerdo conmigo que todos queremos vivir mejor, todos optamos por la salud. Aspiramos a una actividad mental genuina que englobe abundante satisfacción, placer y equilibrio que contribuyan a ese bienestar que interesa a la inmensa mayoría. La salud no es sólo ausencia de la enfermedad; es también la expresión de la lucha que hace nuestro organismo y nuestro ser para rechazar o deshacerse de lo que nos deja fuera de la armonía completa. En cuanto a la limpieza, no se trata nada más de la inexistencia de la suciedad; consiste además en remover todo aquello que quiera corroer la mente y el espiritu para dejarlos, si me permites decirlo, “lustrados”.  Para que esto pase necesitas estar atento a las personas que se aproximen a ti; tratar de percibir sus intenciones para determinar con un sano juicio si te parce que son bien intencionadas o mal intencionadas en cualquier tipo de relación que pretendan tener contigo.

Estoy muy convencido de que no hay fortuna o infortunio en las relaciones interpersonales que llegamos a entablar; no es cuestión de la suerte o del azar que intervengan en tu vida aquellos que se comportan egoístas, injustos, aprovechados, envidiosos, codiciosos o avariciosos por mencionarte las actitudes negativas más recurrentes. No se trata de una “ruleta rusa”,  sino del hecho de que ellos ya son así desde antes de conocerte o empezarte a tratar. Y es hasta que convives con ellos que te vas enterando cómo son realmente. Lo mismo pasa con ellos; hasta que conviven contigo se dan cuenta de tu comportamiento y de tu manera de ser. Y tan libres son ellos como tú lo eres para aceptar o rechazar a alguien en tu vida. En esto consiste el libre albedrío. Sin embargo, a algunos les falta la sensatez y la entereza para ejercer esa libertad de decisión que les permita vivir con quienes de manera recíproca haya manera de mantenerse en el bienestar.

Sin duda la vida afectiva y emocional juega un papel de mucha importancia para desarrollar tu higiene y salud mentales. Por ello, voy hablarte sobre ella en un próximo artículo para que vayas comprendiendo su origen, desarrollo y manifestación tanto a nivel individual como interpersonal a fin de que vivas con bienestar.

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Acerca del autor

Ricardo Sosa

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